Prólogo
Tomados de la mano, sonrientes y felices nos encontramos Felipe y yo, el sol ilumina su rostro embelleciéndolo más de lo que ya es.
—Te amo—me dice.
—Yo también te amo—le contesto.
Su sonrisa lentamente se va apagando a la vez que todo a nuestro alrededor oscurece con una espesa neblina. Hasta ahora me percato del lugar en el que estamos. Siempre que tengo a Felipe frente a mi, todo a mi alrededor deja de existir.
Nos encontramos en medio de la carretera, no se ve nada más allá porque la neblina se hace más espesa.
La carretera parece no tener fin o nosotros nunca llegamos al final. Felipe me detiene, sus manos acunan mi rostro a medida que acaricia mis mejillas con suavidad. Lentamente se deslizan por mis hombros y brazos hasta llegar a mis manos y sostenerlas con delicadeza.
—¿Sucede algo?
Con una mirada triste que me preocupa, me da un beso en la frente para luego abrazarme.
No necesitamos palabras para saber que es una despedida. Se separa limpiando mis lágrimas y las suyas para luego regalarme una sonrisa triste.
Se aleja dándome la espalda y yo no entiendo porque no me muevo, por qué no voy tras él. Cuando por fin reacciono, alguien sujeta mi mano impidiéndome avanzar, lucho por zafarme sin dejar de mirar la espalda de Felipe y gritarle:
—¡Regresa!
No voltea en ningún momento y yo sigo luchando por alejarme de la persona que me tiene sujeta.
Me giro hacia el hombre luchando por apartarme, pero al mirarlo no tiene rostro, es oscuridad dentro de esa capucha y el miedo me recorre el cuerpo.
Giro en busca de mi Felipe y lo veo alejarse entre la neblina.
Vuelvo a ver a la persona confundida y asustada de no poder ver su rostro, me zafo de su agarre y corro tras Felipe, sin embargo, el desconocido me grita “no me dejes”, me giro desconcertada buscándolo porque era su voz.
El desconocido me pidió que no lo dejara.
La persona ahora tiene rostro y es Felipe, giro de nuevo y el Felipe que se alejaba desapareció, al igual que la neblina y la carretera despejada con un sol resplandeciente.
De pronto todo a mi alrededor también desapareció.
Me despierto con la frente empapada en sudor y el corazón latiéndome con fuerza.
Quién iba a creer que ese sueño tendría un significado importante.