Oh, Love. You're The Pleasure, The Pain »L.S por RedAsHell en Inkitt
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Oh, love. You're the pleasure, the pain »l.s

Sinopsis

Una acalorada tarde en las salas de té del Palacio de Aurea desata un escándalo que involucra al Príncipe Tomlinson y a su consorte Harry.

Genero:
Fantasy,Erotica
Autor/a:
RedAsHell
Estado:
Extracto
Capítulos:
1
Rating
5.0 (3 reseñas)
Clasificación por edades:
18+

Forever cursed in love are the observant


.Forever cursed in love are the observant.

Forever a slave to the detail.


La luz entraba a raudales por los ventanales, chocaba con los cristales del candelabro en el techo cerca de la ventana y esparcía patrones de colores por toda la sala de té. Las cortinas color hueso resplandecían y hacían una armoniosa combinación con el color pastel de las paredes y los intrincados diseños dorados escupidos sobre la superficie de estas. Los ventanales se encontraban abiertos al igual que las pesadas cortinas, pues luego de una noche de imparable lluvia, el caliente sol deAureaevaporaba los charcos que plagaban los exteriores del palacio, aumentando el típico calor de la capital a una temperatura tal que incluso molestaba a los citadinos más adaptados.

Apartándose los ondulados mechones del rostro, Harry decidió tomar el cordón que llevaba en la muñeca y utilizarlo para atarse el cabello en un moño flojo y descuidado, pero al menos su nuca estaba despejada y no sentiría que se ahogaba. Incluso estar sentado entre los almohadones le resultaba sofocante aún luego de haberse quitado las botas y calcetas. Concentrarse estaba siendo un trabajo difícil cuando cada posición que tomaba le daba una incómoda punzada en la cadera. Definitivamente el haber cargado a Fizzy por más de dos horas en brazos mientras paseaban por la ciudad le estaba cobrando con creces.

Entornó los ojos y detalló la ilustración en el libro frente a él, un mapa con la división territorial del mar, siendo surcado por un barco. Con el índice, trazó una línea imaginaria a través de la distancia que había desdeVitrum MaritimayAurea.

—Hay algo que no termino de comprender, Lou —musitó, y alzó la vista para ver al alfa que estaba de pie frente al amplio ventanal. Este le devolvió la mirada, con su elegante traje azul haciendo juego con sus ojos—. Sobre la apreciación del tiempo estipulado de viaje para una embarcación.

Louis ladeó un poco el rostro, el ángulo provocando que el sol perfilara sus rasgos.

—¿Te refieres al tiempo estimado para llegar a un destino? —preguntó, dejando caer los brazos a los costados del cuerpo para moverse hasta la mesa de caoba y tomar una de las tazas servidas con sidra.

Harry asintió, y volvió a trazar la improvisada ruta que descubrió hacía unos momentos.

—Sí, hay algo que no entiendo del todo... —susurró, y se sentó apoyándose sobre las rodillas—, gracias. —Tomó la taza que Louis le ofrecía y bebió dos pequeños sorbos.

—Creí que habías finalizado esa clase… —De reojo, miró el sitio en el que el libro estaba abierto—, de hecho, el Consejero de Comercio te felicitó. Estoy muy orgulloso de ello.

—Así es, pero según lo que él me enseñó, y lo que dice el texto —comenzó, tamborileando los dedos sobre la taza—. Un viaje hastaVitrum Maritimadesde aquí no toma un mes.

Louis parpadeó al escucharlo, y tomó el resto de la sidra de un trago, dejando la taza sobre la mesa. Se secó los labios con la manga del traje.

—No —confirmó—. Normalmente no.

Harry asintió.

—Pero yo tardé ese tiempo en llegar aquí, cuando pudieron ser diez días.

El alfa señaló el título del capítulo que Harry leía para su lección del día y suspiró antes de comenzar a caminar por la sala e iniciar su explicación:

—Contra todo pronóstico, al ganar la guerra pudimos reclamar más territorios. Islas, tierras y porciones de mar. No sólo tendríamos una gran bonificación a causa de las indemnizaciones que el Consejo de Guerra decidió, sino de las sanciones. —Harry lo seguía con la mirada mientras tomaba los restos de su bebida—. Castigamos monetariamente a muchos líderes que estuvieron en nuestra contra, y les restringimos el paso por nuestros dominios.

—Prohibieron que se transportaran por cualquier suelo o mar que le perteneciera aAurea —entendió, razonando que una violación a esa condición conllevaría a otra garrafal deuda monetaria que quizá no se pudieran permitir—. Y entre esos líderes estaba...estámi padre, ¿cierto?

—Sí —contestó, deteniéndose al inicio de la alfombra donde Harry se hallaba sentado—. Todos sus viajes de comercio y demás tienen que rodear el territorio que le fue arrebatado, tardándose mucho más. Cuando se confirmó que serías mi prometido y tendrías que vivir aquí, ofrecimos enviar a uno de nuestros embajadores por ti.

—Pero eso nunca pasó.

—Tu padre dijo que mientras los dioses le dieran fuerza, ningún aurence desembarcaría en su puerto —citó con pesar—. Con nuestro embajador habrías tenido un viaje seguro y...

Definitivamente no tenía el humor ni la disposición para llevar a cabo esa discusión, no cuando el calor y el punzante malestar en su cuerpo lo tenían tan indispuesto.

—Está bien, Lou. —Lo detuvo a tiempo, dejando la taza de lado y cerrando el libro—. No es tu culpa, y no hay ganancia en lamentarse por algo que ya es tinta seca. —Enfatizó sus palabras cerrando el frasquito de líquido oscuro, y acomodando los pergaminos sobre la mesa.

Louis le sonrió débilmente, y asintió.

—¿Listo para el interrogatorio?

—Ya estudié todo lo que podía, y creo que puedo visualizar la mayoría de los puntos del mapa. —Utilizó la mano para abanicarse, y suspiró aire caliente. Sentía las gotas de sudor resbalar por su cuello—. Pero deja que me ponga de pie, estar en este sitio me está ahogando y así no podré contestar nada del cuestionario.

—Como estés más cómodo, amor.

Apoyó el peso en las rodillas para levantarse, el piso era frío contra la planta de sus pies descalzos ahora que no estaba sobre la alfombra, y estirar el cuerpo le valió otra fuerte sacudida de dolor. Contuvo la respiración y caminó con algo de rigidez. Mientras daba pasos el dolor migraba lentamente desde la parte baja de su espalda hasta rodear su cadera e invadir también su pelvis. La sensación estaba resultando tan familiar, que para cuando llegó a una de las paredes y tuvo que sostenerse del marco del ventanal en un jadeo, ya estaba seguro de lo que le pasaba.

—Oh, mierda... —maldijo bajo su aliento.

Louis estuvo enseguida a su lado, moviéndose tan rápido que apenas lo escuchó, curvando un brazo alrededor de su cintura para sostenerlo. Lo tenía contra su duro cuerpo, y una clara mirada azul lo estudiaba buscando cuál era la razón de su malestar.

—¿Te duele algo? —Buscó su mirada—, ¿Tienes algún golpe de tus lecciones de espada, algo que deba ver el fisiólogo?

Harry rió bajito, conmovido por la genuina preocupación de su alfa, que al estar tan cerca sólo le ponía las cosas más difíciles. Su fuerte y adictivo olor, el calor de su cuerpo que lejos de ser molesto enviaba olas de necesidad por todo su ser. Cerró un puño sobre la manga del traje ajeno y dejó escapar un jadeo.

—Me duele, pero no es eso —negó, sintiendo la cara arder.

El pulgar de Louis le rozó la encendida mejilla, encontrando su piel resbaladiza por la ligera capa de sudor. Y Harry supo que eso era suficiente.

Se pertenecían tanto el uno al otro, que bastaba con un suave toque para que las defensas de ambos sucumbieran desde los cimientos y se reclamaran. Para que sus cuerpos se reconocieran ferozmente y el control fuese algo que simplemente no tenía lugar en ellos.

Harry sabía que sus feromonas habían encontrado su camino hasta Louis, porque vio cómo su mirada se oscurecía y tragaba como si repentinamente tuviera la garganta hecha polvo. Lo sujetó más firme de la cintura y todo rastro del tranquilo hombre que hacía unos minutos estaba dispuesto a darle una clase de diplomacia, se esfumó.

—Ha comenzado tu celo —declaró en voz baja.

El vientre de Harry se apretó, y una descarga de fría necesidad partió desde su coxis y ascendió por toda su espalda. Presionó el cuerpo contra el del alfa y asintió.

—Sí, Lou... y me está retorciendo. —Tensó las piernas cuando una delgada línea de lubricante se deslizó por su pierna y humedeció el pantalón.

—Puedo olerte. —La potente fragancia del celo hizo que Louis cerrara los ojos un momento y respirara profundo. Era como si le cantaran al animal en su interior, despertándolo de su letargo para que se levantara de un gruñido y reclamara a la suave presa que esperaba por él.

—No quiero que los otros me huelan. —Su ser, lo que le hacía un omega, se negaba a la idea de salir por ese pasillo y recibir las miradas indeseadas de otros alfas o incluso betas. No quería que nadie más que Louis sintiera su olor, pero más importante, le enfadaba la idea de que al salir, algún omega estuviera cerca y posara sus impertinentes ojos sobre Louis.

Porque el hombre era suyo, su alfa, su esposo y la razón de sus latidos.

El celo lo volvía posesivo y era algo que no planeaba frenar.

—Tampoco quiero eso —decidió Louis, perdido en la curvatura de su hombro, besando el nacimiento de su cuello.

Arqueando la espalda, Harry se mordió el labio inferior cuando percibió la erección de Louis rozar contra su pelvis.

—Entonces tómame aquí —ordenó, susurrando justo sobre su oído. La anticipación lo estaba matando, odiaba el control que aún así Louis podía mantener—. Hazme lo que quieras, pero por favor...

—Maldita sea, Harry. —Louis enganchó los dedos en la cinturilla del pantalón, que al no ponerse chaqueta o jubón ese día a causa del calor, logró encontrar el broche con facilidad y abrir la prenda—. Me pides estas cosas insensatas —jadeó besándole el cuello—, cuando sabes malditamente bien que no puedo negarte nada.

Con el pantalón flojo y colgando de sus caderas, Harry se deshizo del agarre del alfa y retrocedió precariamente, pero con una sonrisa en los labios. Disfrutó de la expresión ansiosa del alfa, y bajo su atenta mirada se bajó el ajustado pantalón hasta que este cayó al piso, y lo pateó.

—Hacía tanto calor hoy, Lou —comenzó, levantando el borde de la única prenda que restaba en su trabajo de cubrirle el cuerpo. Con las piernas separadas, la camisa a su paso dejaba ver el brillante rastro del lubricante en la cara interna de sus muslos—, que tuve la escandalosa idea de prescindir del calzón de lino.

La expresión de Louis era de pura lujuria contenida mientras lo miraba, dejando ir el aire que guardaba en el pecho.

—Hazz... por los dioses —rogó, comenzando a sacarse la parte superior del traje, deshaciendo las pequeñas ataduras de la chaqueta hasta tenerla abierta y tirarla a las baldosas, hizo lo mismo con la camisa de algodón que llevaba debajo, su vista fija en los tersos y bonitos muslos que se exponían para él.

—Mi alfa no tiene necesidad de súplicas. —Harry negó suavemente, tirando de los delgados cordones en el frente de la camisa blanca que lo cubría. La prenda se abrió y cayo ondeando desde sus delgados hombros hasta revelar su figura desnuda—. Sólo tiene que venir y tomarme.

Deshaciendo con brusquedad el botón del pantalón Louis liberó su impaciente erección, y avanzó hasta él. Gruñó cuando Harry retrocedió con una sonrisa traviesa.

—De rodillas —demandó, señalando el lugar detrás de Harry, donde iniciaba uno de los tapetes bordados con el escudo de la nación. Lo obedeció enseguida en un movimiento tembloroso—. Separa las piernas y... ¡No! —Apuntó a la mano de Harry que buscaba aliviar su propia excitación—, no te toques.

—Lou, pero… —Sus grandes y brillantes ojos verdes lo miraban desde abajo, suplicantes, y no lo dejaron ir incluso cuando se agachó a su altura—. Me duele.

—Mi placer es aliviarte, amor. —Le alzó suavemente la barbilla y depositó un casto beso en sus labios—. Deja que cuide de ti. —Y contrario a su gesto anterior, lo tomó con rudeza de la cintura para subirlo a su regazo.


Quedarse encerrada en una habitación era la última de sus opciones ese día. Por supuesto que antes consultó con el fisiólogo y sólo entonces se preparó junto a sus doncellas para dar un paseo por el palacio. Los jardines estarían con una horrible bruma de calor, así que sólo recorrería las zonas más despejadas de estos y luego se limitaría a los patios adoquinados. La ligera falda rosa de su vestido ondeaba con la suave brisa mientras sentía sus sandalias humedecerse con las gotas que permanecían atrapadas en la grama.

—¿Desea un cáliz de agua, milady? —Una de las doncellas le tendió una taza de cerámica, en cambio, con agua fresca, y Gigi la tomó con una sonrisa agradecida.

—Es nefasto el clima de hoy, ¿no es así? —comentó, tomando un sorbo pausado. Por suerte, ese pequeño trayecto que recorrían daba con un amplio paredón del palacio, que les proporcionaba sombra y algo de frescura. Y era justo lo que ella necesitaba siendo que el embarazo jugaba demasiado con la temperatura de su cuerpo.

—Está en nuestras plegarias que esta noche llueva de nuevo —contestó la doncella pelirroja. Gigi le devolvió la taza y continuó su camino.

De nuevo, sin haber avanzado demasiado, la débil brisa trajo consigo un aroma fuerte, viciado. Era la combinación de dos esencias y le erizó los vellos de los brazos. Una de las doncellas, de cabello oscuro y ojos grises, notó su turbación y le ofreció su mano.

—¿Está mareada, milady? —preguntó cuidadosamente—. ¿Quiere regresar a sus aposentos?

—Sólo... —comenzó a negar, y entonces un quejido retumbó entre las paredes exteriores del palacio que formaban ese pequeño paso entre el jardín y las murallas.

Las mujeres se quedaron en silencio, desconcertadas por ese desesperado sonido, y entonces se repitió, más claro y firme. El grupo de mujeres avanzó en esa dirección cuando Gigi dio el primer paso para averiguar qué ocurría, pero tras unos escasos momentos el olor que se filtraba en el aire junto a los sonidos cada vez más nítidos reveló de qué se trataba. Las doncellas, todas omegas o betas, se cubrieron la nariz y boca con la pañoleta que llevaban atada a la muñeca. El fuerte olor a alfa las aturdía, una reacción dominante e instintiva cuando se consumaba el acto sexual con un omega en celo y el alfa deseaba marcarlo completamente con su olor para alejar a otros que quisieran tomar ventaja de las feromonas de apareamiento.

—¡Esta es el ala de las salas de té! —exclamó una de ellas.

—¿Alguien se atreve a usar las habitaciones de visitas de los príncipes? —susurró otra, igual de horrorizada.

—¡Que acción más impropia e insultante manchar la propiedad de la corona con semejante acto!

El olor molestaba a Gigi, sí. Pero había permanecido el suficiente tiempo conviviendo con los nobles de la corte para reconocer el olor propio de algunos de sus miembros. Con más de un año viviendo enAurea, relacionaba rápidamente el olor de unos de los príncipes cuando lo percibía.

—Por el santísimo Viajero del Viento... —juró por el dios de los aires, y no puedo evitar esbozar una sonrisa sorprendida por el atrevimiento de, no sólo su inocente y adorable amigo Harry, sino el respetado príncipe que se oía gruñir por debajo de los agudos gemidos del omega.

—Señoritas, creo que lo prudente es volver sobre nuestros pasos... —comenzó a llamar la atención de las doncellas, que parecían muy curiosas y atentas a lo que ocurría detrás del ventanal a unos escasos metros de ellas—. Porque esto no nos incumbe y...

—Sí... Lou, así. —La voz de Harry sonaba ahogada por un sollozo, y apenas podía imaginarse lo que el príncipe debía estarle haciendo para que gimiera en ese estado. Gritó, sonando al final como un gimoteo—. Por favor, por favor.

Varias de las doncellas se sonrojaron, emitiendo un jadeo sorprendido cuando por fin comprendieron de quiénes se trataba todo el asunto. Y es que era alucinante pensar que un par de miembros de la realeza, representantes de la corona misma, decidieran omitir la privacidad de su recamara para usar una sala donde los pasillos como las ventanas que los bordeaban eran altamente concurridos por adeptos a la corte. Además, el matrimonio de Louis y Harry era bastante privado, íntimo, y eso sólo causaba más curiosidad y ansiedad en torno a ellos. Todos querían saber si los rumores eran ciertos. Si el príncipe realmente estaba tan enamorado como para incluso matar por ese bonito extranjero de ojos verdes y expresión dulce.

Otra cadena de gemidos, profundos y suplicantes, llegaron con la voz de Harry y el sonido de la risa de Louis, clara y aguda.

—Oh, gatito. Si pudieras contemplarte como yo lo hago —suscitó—,con este adorable rubor en tu pálida piel.

Gigi hizo una mueca, aguantando una risa que le sacudía el cuerpo, y tomó el brazo de la doncella pelirroja. Harry le había comentado una vez que Louis solía llamarlo por un apodo, pero cuando le cuestionó cuál era, el menor se sonrojó enseguida y tartamudeó hasta decidir que realmente no estaba listo para decirlo. Luego, le confesó que no deseaba revelarlo porque únicamente quería que Louis pudiera pronunciar ese apodo. Nunca dejaría que nadie más le llamara así.

—Hay que irnos, veamos que ese pasillo no se use mucho —anunció, tirando de la muchacha para empezar a caminar y obligar a las demás así, a que la siguieran—. Debemos darles un poco de privacidad y... Oh, dioses, espero que Harry pueda caminar para el día de su cumpleaños.


A horcajadas sobre el regazo de Louis, intentaba mantener la cordura sosteniéndose de los hombros del alfa mientras éste trabaja empujando los dedos en su interior. Aunque tenía la orden de quedarse quieto, resultaba imposible no mecer la cadera para obtener no sólo los dedos de Louis más profundo, sino crear esa deliciosa fricción entre sus penes. Las gotitas de líquido pre seminal resbalaban y encontraban un lugar en la piel del abdomen de ambos cada que se movían. Arqueó la espalda, los dedos en su estrecho canal presionando el sitio que le hacía correrse.

—¡Lou! —lloriqueó sobre el hombro del alfa mientras este utilizaba una de las servilletas de la bandeja de las bebidas para limpiar el desastre en el torso de ambos—. Quería correrme con tu nudo, quería...

Porque si bien alcanzar el orgasmo atenuaba por un momento la ansiedad del celo, sus paredes se contraían en busca del nudo que debería estarlo llenando; y sin eso el dolor de la necesidad volvía con más fuerza. Los expertos dedos de Louis ya no estaban en su interior. Ahora lo sostenían de la cadera.

—Ya lo tendrás, gatito —aseguró, obligándolo a que se reclinara hasta que estuvo recostado en el tapete, las rodillas flexionadas y muy separadas dejándolo totalmente expuesto en una invitación para que Louis se acomodara allí. Se inclinó para besar una de ellas y deslizó los labios por la suave piel del muslo.

La barba de Louis raspaba en cada beso sobre su pierna, pero le dejó ser emitiendo un leve siseo cuando lo mordió apenas. Quemaba, dolía, pero era placentero.

—Me gusta que dejes marcas ahí —confesó, viendo a través de ojos empañados la zona irritada de su piel ser aliviada por la lengua caliente de Louis—. Porque sólo tú puedes tocarme así.

—Únicamente yo.

Dándole un último beso, lo cubrió con su cuerpo, las piernas de Harry rápidamente enganchándose entre su cadera y cintura. Un almohadón estaba oportunamente acomodado bajo su coxis, elevando su pelvis. Las manos de Louis trazaron una caricia por su vientre, delineando sus costados hasta abrazarlo y sostenerlo contra su pecho. A su vez, Harry envolvió un brazo alrededor del cuello del alfa, empujando su nuca suavemente con la palma para así encontrarse en un beso. Con parsimonia, probó el sabor de la sidra en sus labios, succionando y acariciando. Louis separó los labios en un jadeo cuando comenzó a empujar en su interior, enfundándose en su calor y disfrutando de los estremecimientos de los músculos que lo recibían. Harry fue al encuentro de su lengua, deslizándola sobre la ajena para profundizar el beso.

—Estás muy apretado, amor —murmuró sobre su boca, y observó su rostro cuando acabó por hundirse en él—. ¿Duele?

Ambos, placer y dolor, recorrían el cuerpo de Harry mientras intentaba regular la respiración. Apretó los labios y se quejó un poco, curvando los dedos de los pies, y la mano libre sobre el tapete. Acarició el cabello en la nuca del alfa y le sonrió.

—Un poco, pero ya sabe cómo calmar eso, príncipe.

Los brazos de Louis se apretaron a su alrededor, y balanceó la cadera hacia atrás, moviéndose para entrar de nuevo y fundirse con la fricción que creaban sus cuerpos. Lento y profundo, cada estocada enviaba una descarga en el cuerpo de Harry, primero de ardor y luego denso éxtasis que le arrancaba pequeños gemidos, y por cada uno de ellos, esa soberbia y atractiva sonrisa de Louis lo recibía. La intimidad con Louis la disfrutaba de cualquier forma, en cualquier lugar o situación, pero había algo especial en perderse en sus ojos cuando lo reclamaba como suyo; cuando se clavaba en su interior hasta marcarle hasta el alma y podía observar no sólo el deseo que sentía por él, sino su amor, la devoción absoluta.

Mientras se sostenía de su espalda, mientras cada estocada empujaba su cuerpo sobre el tapete y le deshacía el rodete en el cabello, desperdigando sus rizos, Harry entendió que aunque él llevara una cicatriz en el cuello, Louis era suyo más allá de instintos y olores. Era suyo desde los cimientos de su ser, su alma. Y ese enlace, quizá, ni siquiera los mismos dioses podrían corromper con la muerte.

—Te amo, Harry... —gimió el alfa, como si pudiera leer su pensamiento, moviéndose más fuerte con la necesidad de llegar más lejos, de mancillar cada rincón en el interior de Harry para que lo sintiera en todo momento. Lo penetraba duro, haciendo que en cada golpe los músculos del omega se tensaran en anticipación y luego recibieran una sacudida de placer.

El eco de la sala se basaba en los bajos gruñidos de Louis, en el sonido que hacían sus cuerpos al chocar por el sudor y lubricante, las respiraciones entrecortadas y los gemidos de Harry –altos y bajos- cuando el pene de Louis presionaba justo sobre esa zona que le llenaba los ojos de lágrimas.

—Siempre, Lou —gimoteaba, justo cuando el ritmo de las embestidas aumentaba y sentía que se saturaba de sensaciones, que su cuerpo iba a colapsar por la presión en su vientre y el orgasmo que se iba construyendo poco a poco tensando sus testículos. Louis deshizo a medias el abrazo para sostenerlo de la cadera con rudeza, sus dedos clavándose en la suave piel—. Siempre me vas a tener.

Tragó como pudo, sintiendo la garganta seca y cansada, irritada por contener gemidos y sollozar el nombre del alfa. Porque estaba soportando su peso en un ángulo más inclinado, haciendo que cada golpe lo hiciera presa de la desesperación; lo suficientemente fuerte para hacerlo gritar, pero no con la velocidad de permitirle correrse. Atrapándolo en un espiral de placer que cada vez lo llevaba más profundo, Louis lo tenía totalmente bajo su control.

—Quiero —dijo en un jadeo el alfa, su duro cuerpo moviéndose sobre él, el brillante sudor decorando su piel bronceada y marcando su musculatura—. Quiero que te quedes... muy quieto —masculló, arrastrando los dedos por su piel en una posesiva caricia—. ¿Puedes hacer eso por mí, amor?

Harry asintió, incapaz de hablar porque estaban tan cerca, sofocándose el uno al otro con el calor de sus cuerpos. La ocasional fricción entre sus vientres atrapaba su erección aumentando la tensión en esta, pero sin aliviarla del todo.

Seguía empujándose con fuerza, implacable en su agujero, pero con esa tortuosa lentitud que sólo provocaba a su cuerpo tensarse más a su alrededor en cada estocada.

Louis se inclinó hacia él, y estaba seguro que lo besaría, por lo que alzó la barbilla para ir al encuentro de sus labios, pero en cambio sintió el tibio aliento golpear su cuello, un escalofrío recorriendo su cuerpo cuando los labios de Louis repasaron la suave piel de la marca que tenía poco tiempo de haber cicatrizado.

—Todavía... todavía no, Lou —gimió bajito, con la voz temblorosa. Louis nunca lo mordía a menos que estuviera cegado por la culminación, donde el intenso placer podía desterrar el dolor de su cuello siendo desgarrado. Y no sabría cómo sería sentirlo esta vez.

Pero el alfa soló gruñó, y dejó un par de duros besos antes de presionar el cuerpo de Harry contra el tapete, inmovilizándolo de manera que sólo podía someterse a sus estocadas y el peso que ejercía sobre él. En un segundo el lacerante dolor de los colmillos en su piel le oprimió los nervios del cuello y el hombro. Gritó y sollozó con la respiración irregular mientras el dolor se abría paso en él y luego un extraño deleite nació de la sangre que resbalaba de la herida., de la barba de Louis dando puntadas en la sensible zona mientras lo lamía, del súbito aumento del vaivén de las penetraciones que comenzaron a ir rápido y golpeando repetidamente en su punto.

Clavó las uñas en los hombro del alfa, retorciéndose apenas bajo su peso. Sintió un beso sobre la barbilla, húmedo, y que seguramente dejaría un rastro carmesí de su propia sangre. Escuchó a Louis gemir mientras iba más rápido y sonrió, dejándose ir porque su alfa estaba a instantes de anudarlo.

Se corrió en un alarido cuando el nudo comenzó a presionar en su interior, manchando los estómagos de ambos y se sostuvo del cuello de Louis como si necesitara abrazarse a él en busca de soporte. Dejó de respirar, de la nada sintiéndose demasiado lleno para hacerlo, incapaz de siquiera abrir los ojos mientras el nudo de Louis crecía y le expandía hasta el límite de atascarlo allí. Le oyó gimotear algo parecido a su nombre, y enseguida su caliente corrida le abordó el cuerpo.

—¿Te lastimé mucho, gatito? —balbuceó, tratando de sostenerse de los codos para no aplastarlo demasiado. Pero estaba agotado, y no era como si el nudo le permitiera moverse demasiado.

—Creo… —Su propia voz le sonó ajena—, no podré mover mucho el cuello pronto —suspiró y se mordió el labio inferior, demasiado distraído para llevar esa conversación. Desde que era el omega de Louis, encontrada pocas cosas más placenteras que sentirlo correrse copiosamente en su interior.

—Lo siento. —Se relamió los labios, y dejó un suave beso sobre los de él—. Quiero controlarme, pero tus feromonas me vuelven loco, gatito —murmuró, dejando más besos en su rostro—. Eres tan bueno.

—Está bien, de verdad. —Por fin se animó a mirarlo, enfocando su rostro. Vio su barba con salpicaduras de rojo, y enjugó las gotitas atrapadas allí con el pulgar—. Apuesto a que llevas mucho tiempo queriendo hacer eso, morderme antes de terminar.

Un levísimo rubor tiñó las mejillas del alfa.

—Quería que te sintieras totalmente mío —confesó—, antes que ambos nos perdiéramos en el frenesí...

Harry rió y lo atrajo por otro beso.

—El único problema que veo, mi príncipe —ronroneó—. Es que manchaste este ancestral tapete de mi sangre, y otras cosas... —Lo besó de nuevo—, y que esta sala tiene tanto eco que debimos dar un gran espectáculo.

Louis parpadeó y torció las comisuras de los labios hacia abajo, de la nada siendo consciente.

—Mierda.


El pasillo era el contenedor de un millar de murmullos y sonidos de zapatos que iban de aquí para allá. Los malditos cortesanos, los chismosos y más liberales, no dejaban de rondar las cercanías de esa infame sala de té con la esperanza de escuchar algo más. De tener una tajada más de información sobre lo que estaba pasando en plena tarde entre los dos miembros más callados y discretos del palacio.

Bueno, ese título ya no se les podía conceder. Al menos, no el de callados.

—Le pido me disculpe, mi lord. —Danielle trataba de tranquilizar a unos visitantes que encontraban indecoroso y vulgar ese tipo de demostraciones públicas. No ayudaba en nada que Zayn, en lugar de estar dando explicaciones al igual que ella, estuviera mofándose de la situación con su esposa.

Los Malik sólo eran otra pareja de chismosos en esa corte. No hacían otra cosa que reír, tomarse de las manos y susurrar chistes en la oreja del otro.

—Entiendo su vergüenza, Majestad —indicaba el anciano lord, que al ser un beta consideraba como un tabú las urgencias del instinto entre alfas y omegas—. Pero las afiladas lenguas de esta corte, sus nobles, indican que quien orquesta esta obscenidad es uno de los príncipes. El que no se encuentra aquí.

Ese recordatorio sólo hacía que el ácido ascendiera desde el estómago de Danielle y le quemara la garganta. Tensó los labios en un mohín y negó con la escasa calma que pudo reunir.

—No estoy del todo segura de eso, mi lord —respondió, entrelazando las manos sobre la falda del vestido—. Así que no puedo arriesgar a confirmar nada, pero le aseguro que su familia no presenciará algo como esto de nuevo en mi palacio.

El anciano miró hacia la puerta, de imponente diseño, que transmitía esos ordinarios sonidos.

—¿Tengo su palabra, Majestad?

—Por supuesto.

Con una leve inclinación, despachó al anciano, y apenas le dio la espalda su expresión cambió a la furibunda que estaba tratando de disimular. Se acercó a uno de los consejeros y lo abordó sin ningún tipo de reparo en amabilidades.

—¿¡Entonces qué hará Zayn?! —exigió saber—. Tenemos que despachar a toda esta gente, y sacar a esos dos... —Se tragó un apelativo grosero—. Tienen que salir de ahí, están causando un bochorno.

—Si están consumando el coito, princesa... Entonces debemos esperar a que puedan, eh… —El viejo hombre no encontraba las palabras para darse a entender sin perder el decoro que lo caracterizaba.

Danielle lo fulminó con la mirada.

—¡Zayn! —Dándose la vuelta, encontró la mirada del moreno y le exigió que se acercara, una vez estuvo al frente, golpeó el tacón contra el piso—. Entra allí y dile a Louis que debe acabar este circo.

—No estés tan enojada, Danny. —Se rió, el maldito no había dejado de sonreír desde que todo comenzó—. Nuestro Louis se está divirtiendo, ¿Cuándo lo habías visto... escuchado ser tan insensato y feliz?

La princesa apretó la mandíbula con fuerza.

—Sácalo de allí —ordenó.

Zayn no se vio afectado por su mal humor. En cambio, miró a la puerta y evaluó la situación por un momento.

—Pues bien, a juzgar por ese último grito que escuchamos hace bastante rato. —Empujó el labio superior en una mueca, encogiendo los hombros—. Creo que Louis ya debe ser capaz de levantarse y abrocharse el pantalón.

Danielle sintió que en cualquier momento tendría que inclinarse para vomitar la taza de té que consumió.

—¡Sólo anda! —chilló.

—Si me destroza por ver a su omega desnudo, pesará en tu conciencia.

Así se hizo. Zayn se detuvo un momento en la puerta, luego tocó un par de veces y tras unos tensos minutos fue abierta. Hablaron en susurros mientras los guardias despejaban el pasillo de nobles y sirvientes. Sólo dejaron a uno de los guardias y al mocoso omega que servía a Harry y lo seguía a todas partes. Este llevaba una gruesa túnica en los brazos, seguramente para envolver al niño cuando saliera.

Zayn se retiró de la puerta para darle paso al sirviente que entró rápidamente y con la misma velocidad sacó a Harry cubierto de pies a cabeza. Iba descalzo, notó, y caminaba con dificultad. Las náuseas se hicieron peor.

Por último, Louis salió tratando de acomodarse el jubón, que sólo se lo echó encima, sin abrocharlo. No parecía arrepentido ni avergonzado de lo que hizo. Miró a los consejeros y a ella.

—Harry tuvo su celo mientras tomaba una de sus lecciones de diplomacia —explicó, como si eso fuese suficiente—. Y no pude sacarlo de allí.

—Si era un caso de emergencia, Majestad, no hay nada más que se pueda discutir —comentó el consejero que permanecía junto a Danielle—. Pero alarmó a muchos nobles, nuestros visitantes y...

—Eres un insensato, ¿Estás fuera de tu cordura? —explotó Danielle, con las manos apretadas en puños—. Eres un príncipe, ¡Somos príncipes y tenemos una reputación que cuidar!

—Danielle, soy un alfa y estoy casado, si tengo que cumplir con mi deber... —comenzó Louis con calma.

—¡Entonces llevas tus asuntos a la recamara, no a un sitio donde todos te podemos escuchar!

El alfa suspiró y buscó apoyo en Zayn, pero este ya se escabullía lejos de la conversación.

—Ya ocurrió, y no hay nada más que pueda hacer —decretó—. Así que ya imaginarán que estaré ocupado hasta que el celo de mi esposo pase. —Y con eso dio media vuelta para caminar en dirección de su recamara.

Los consejeros se quedaron en silencio, aceptando eso, pero Danielle no.

—El Consejo dijo que tienes que hacer una disculpa pública —soltó—. Así que vuelve y hazlo mientras tienes tiempo.

Sin dejar de avanzar, Louis giró y caminó de espaldas.

—Será luego. —Se encogió de hombros—. Ustedes me estaban exigiendo un heredero, ¿No es así? —Se despidió sacudiendo la mano—. Estoy trabajando en ello.

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Ver 2 comentarios anteriores...
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me Encanta ♥️

3 años
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amo aquí

2 años
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Me encanta

2 años

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