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Al caer la nieve (Libro 1)

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Sinopsis

Cielo Navarro es una chica amable, soñadora y sobre todo seria con respecto a los temas del amor. A comparación de ella, sus tres mejores amigas han descubierto esa bonita etapa e intentan presionarla para que esta pueda experimentarla. La presión de su círculo de amigas se vuelve tan agotadora, que Cielo decide hacer una apuesta con ellas, el cual se basa en salir y enamorar a cualquier persona que estas elijan. Sin pensarlo, las tres eligen a Santiago Valenzuela, el típico chico popular de todo el colegio, el cual no está interesado en tener una novia oficial por su primera mala experiencia y que, además tiene una pésima relación con Cielo. A pesar de todo y al borde del colapso, Cielo acepta el reto y para su sorpresa, Santiago es el primero en proponerle un trato. Sintiéndose ventajosa y haciéndole creer que ella solo quiere realizar un experimento con él, ambos fingen tener una relación amorosa. La “supuesta” relación va marchando bien hasta que la atracción es evidente. El que no desarrollen ninguna clase de sentimientos es inválido en su pequeño juego, en donde solo el que termine enamorado, será el perdedor.

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Elis Angell
Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1 - La apuesta

Recuerdo que mi madre siempre solía decirme que hay una edad para cada etapa de tu vida: La de tu primer amor, tu primer beso, tu primera vez, la del matrimonio, la llegada de los hijos, los nietos y, por último, terminar como una anciana a la que deben cambiarle el pañal. Bueno, no lo dijo de ese modo, pero el que lo imagine lo hace ver gracioso. Tomé cada uno de sus consejos, guardándolos muy al fondo de mi corazón, planteándome que «Mi etapa» comenzaría cuando cumpliera los dieciocho años. Ahora, tenía solo quince años, no estaba enfocada y menos desesperada en que un chico se fijara en mí y viceversa. Me sentía bien sola, atenta a mis estudios, sin tener que preocuparme por cosas sin importancia. Al contrario de mis mejores amigas que no dejaban de lanzar miradas a todos los chicos de nuestra escuela, esperando que alguno de ellos las note, les hablen para finalmente declararse y convertirlas en sus novias…

Así como Milagros que ha logrado conseguir su segunda declaración de amor.

— ¿Y qué fue lo que le respondiste?

Todas la miramos muy atentas. La tenemos rodeada en su carpeta y ella no puede dejar de jugar con sus dedos. Sus mejillas están levemente encendidas, se le forma una sonrisa en los labios y…

— ¡Que sí!

Los gritos eufóricos por poco me dejan sorda.

— ¡¿Lo dices en serio?! —habla Stefany.

— ¿Crees que bromearía con algo como eso?

—No pensé que te gustara tanto… —las tres me miran como si estuviera diciendo una estupidez— ¿Qué?

—Tu capacidad intelectual me preocupa.

—No soy como tú Stefany que anda al pendiente de cada detalle y no se le escapa nada.

—Lo sé.

Ruedo los ojos.

A veces, es tan insoportable.

— ¡Ya! —exclama Liliana— Dejen que Mili siga contándonos.

—No hay nada más que contar.

—Oh, claro que sí. —Stefany la toma por los hombros— Confiesa… ¿Se besaron o no?

Tanto Liliana como yo nos quedamos a la expectativa de su respuesta.

— ¿Creen que no?

Mis dos amigas vuelven a dar gritos mientras que yo no puedo con tanta información. Milagros Salazar era mi mejor amiga desde el kínder, la conocía desde que se comía los mocos y ahora estaba saliendo con alguien. Bueno, ¿Quién podría culparla? Si era la más bonita de las tres, tanto así que el primer chico que me gustó terminó enamorándose de ella.

— ¿Y sí se habrán lavado la boca? —Susurro y al parecer, he hablado en voz alta, ya que todas me miran como si estuvieran a punto de asesinarme. Antes de que lo hagan, el tutor entra por arte de magia, por lo que aprovecho esa distracción para correr a sentarme en mi pupitre.

¡Uf! Por ahora, estoy salvada.

El problema es que no lo van a dejar pasar y estoy segurísima de que me castigarán con su indiferencia. ¡Pues quién me al no controlar mi lengua! Maldigo por no ser más prudente, fue tan obvio mi malestar porque de las cuatro éramos las dos “solteras” y ahora soy la única.

A la hora del receso, solo Stefany aceptó acompañarme al quiosco debido al pésimo comentario que le hice a Mili.

—Debiste morderte la lengua antes de decir esa tontería.

—No creas que no me arrepiento. —pago por un par de sándwiches y unos chicles mientras que ella solo compra una botella de agua— Creí que solo hablaba para mí misma.

— ¿Y cómo fue que se te escuchó?

Su ironía me molesta.

—Ya lo sé. No tienes por qué ser tan sarcástica.

— Era el momento especial de Milagros y tú terminaste por joderlo.

—No entiendo qué lo hace especial, no es el primer chico con el que esté saliendo.

— ¿Sigues resentida por lo que pasó el año pasado?

—Claro que no. —bufo— La amistad que tengo con ella siempre será primordial, por eso siempre digo que los hombres son una pérdida de tiempo.

—Aún tienes el corazón roto, ¿no?

Niego con la cabeza.

—El día que tenga el corazón roto será cuando me haya enamorado. —le doy un mordisco a mi sándwich— algo que nunca pasará.

—No hables con la boca llena, puerca. —río por dentro— En fin, me alegra tanto que Mili esté con Leonardo. Hace tiempo que se moría por ser su novia.

— ¿Así? —ella asiente— No sabía que le atraía tanto. Parecía que más lo odiaba, ya que ante cualquier situación lo golpeaba.

—De eso se trata.

— ¿Qué?

—“Más te pego, más te quiero”. —me muestra un guiño.

—Dime que estás bromeando.

— ¡Ay, Cielo!

Sí, ese es mi nombre. Y existen dos motivos por el que mi madre decidió llamarme así. El primero es que quiso siempre recordar a su hermanita menor que falleció de leucemia cuando solo tenía tres años (Se llamaba igual que yo), y el segundo fue porque a una de sus pacientes le gustaba tanto el color de sus ojos que no dejaba de mencionarle que eran iguales a los del mismo cielo.

— ¿Acaso no conoces las leyes del enamoramiento? —interrumpe Stefany mis pensamientos mientras nos encaminamos de regreso al aula.

— ¿Existen leyes? —resoplo— ¡No puedo creerlo!

—Necesitas salir con alguien. —palmea mi hombro— ¡Urgente!

—No tengo prisa por hacerlo.

—Pero si te morías por…

—Error. —la corto— Tiempo pasado y solo fue una pequeña atracción.

—Pues si o si debieras enamorarte. —da un suspiro— Se siente tan bonito.

—Y te vuelve medio estúpida.

Ella se detiene, me mira enfadada y cruza sus brazos. Hay momentos en el que no me gustaría ser tan directa, no es malo el decir lo que uno piensa, pero siempre con la precaución de no ofender a nadie.

—Lo siento. —digo apenada y continuamos caminando— Sabes perfectamente que me estresa hablar de este tema.

—Solo digo que no quisiéramos que te sintieras sola. —arrugo la frente— Las tres ya tenemos novios y tú…

—Lo haces sonar como si estuviéramos en una competencia y no es así. —pronuncio firme— Ustedes quisieron adelantarse y voy a respetar sus decisiones, así que solo les pido que dejen de ofuscarme y lidien con las mías.

—De acuerdo, no te enojes —bebe un poco de agua— Por lo menos, ¿Podrías sentirte contenta por Milagros?

—Lo estoy. Es solo que no quisiera verla llorando cuando le rompan el corazón.

— ¿Y por qué supones que eso ocurrirá?

—Tengo a mi lado a la persona más experimentada del mundo… —sonrío y la señalo con mi dedo— tú, tú y tú.

— ¡Claro que no!

—Por supuesto que...

—¡CUIDADO!

No me da tiempo de reaccionar y trato de no ponerme a llorar cuando el balón golpea fuertemente mi rostro. Caigo de espaldas y rápidamente, me cubro con las manos al sentir que la piel me arde. Por más que quiera hacerme la valiente, el dolor es tan intenso que las lágrimas no tardan en aparecer. «¡Au! Eso sí que dolió»

—Cielo, ¿Estás bien?

Stefany y sus preguntas tontas que ya ni vienen al caso. Ojalá y se dé cuenta el por qué estoy acostada en el suelo y no quito las manos de mi rostro. ¡Ay! Cómo quisiera masacrar al idiota que lanzo esa bendita bola y de paso…

—Déjame verte.

¡No! ¡No! ¡No! Es esa maldita voz, la cual cada vez que la escucho me pone de muy mal humor. ¿Por qué de todo el alumnado tenía que ser él? Claro, no existe alguien que pueda quitarle el puesto del idiota número uno de la escuela… Ese puesto que se ha ganado el payaso de…

— ¡Santiago! —exclaman sus amigos y se escuchan algo agitados— En verdad estás loco, por poco y la dejas sin cara.

—Exagerados. —siento el tacto de su piel al tratar de apartarme las manos de mi rostro. No permito que lo haga y soy yo la que poco a poco deja verse— Te ves bien.

El dolor ha cesado, pero la ira me consume.

— ¡IDIOTA! —grito tan fuerte que logro sobresaltar a todos, menos a este. Me levanto como puedo y lo enfrento— ¡¿No se supone que deberían jugar en la cancha y no en el patio?!

—Está en mantenimiento y cómo sabrás, los entrenamientos no pueden esperar.

—Como siempre pensando más en ti que en los demás.

—Claro que no. —coge mi rostro con sus manos lo que me hace agrandar los ojos— ¿No ves que me preocupa arruinar tu belleza?

Logro captar algunos suspiros, incluyendo el de mi mejor amiga. Estoy dando tremendo espectáculo con este patán en medio de todo el colegio, no tardarán las malinterpretaciones y obviamente, es algo que no puedo dejar que pase.

Me quedo mirándolo y noto una pequeña sonrisa en sus labios.

Se está burlando de mí.

—Tus palabras harán efecto en estas locas, menos en mí. —susurro, lo empujo y él ríe bajo— Ahora tienes serios problemas.

— ¿En serio?

—Por supuesto. —esbozo una sonrisa de victoria— Se lo diré a la auxiliar y ella no tardará en decírselo a la directo…

— ¡Cielo! —Stefany me interrumpe con su grito y noto cierta palidez en su rostro. Me fijo que señala el piso— ¿Ese es tu diente?

Sigo su dirección y me quedo atónita al notar una pequeña pieza de color blanca. Por intuición cubro mi boca. ¡Dios mío! ¡¿Acaso me he quedado chimuela?!

— ¡Vas a pagar mi cita con el dentista! —debo estar luciendo como una loca al tratar de gritarle cuando a las justas se escucha mi voz— ¡Imbécil con poca educación!

Santiago ignora mis palabras, se agacha un poco y recoge mi supuesto “diente” para luego ingerirlo como si nada. Mis ganas de vomitar desaparecen ni bien veo que él mastica y…

—Sabe bien.

Mierda.

El idiota palmea mi cabeza, quito su mano con algo de vergüenza y sin dejar de sonreírme se da la vuelta para volver a su entrenamiento con sus amigos. ¡Demonios! Al parecer aquel pedacito blanco solo era uno de los chicles que ha debido caerse cuando recibí el fuerte golpe.

—No puede ser…

— ¿Qué sentiste cuando acarició tus cabellos? —me corta Stefany y tiene los ojos brillosos. Menos mal que la multitud de chismosos ya desaparecieron— ¿Fue cálida?

Lo medito.

Sentir el roce de su mano sobre mis cabellos lacios, el enredo de sus dedos sobre estos en donde lo más probable haya dejado impregnado su sudor y algo de tierra por su maldito deporte.

Tenía una respuesta clara para ello.

—A - S - C - O —lo deletreo— ¡Asco! Llegando a casa, me lo lavaré miles de veces.

—No exageres. —suspira e intenta tocar mi cabeza. Le doy un leve golpe— Deberías sentirte alagada de que el chico más popular te haya golpeado.

— ¡¿Estás loca?! —exclamo atónita— ¿Por qué a todas las chicas les gusta un tipejo como ese?

—Pregunta errónea —ruedo los ojos— ¿Por qué nos gusta un tipejo como él? Porque está buenísimo.

—Gracias por recordarme tus gustos raros.

—La rara eres tú.

— ¿Te recuerdo que tienes novio?

—Los ojos están para apreciar la hermosura de ese hombre. —retornamos nuestro camino— Además, aunque Santiago sea muy atractivo, nunca saldría con él.

— ¡Vaya! —aplaudo— Por fin dices algo coherente y ojalá todas esas “ciegas” pensaran lo mismo que tú.

Santiago Valenzuela es el tipo ideal de todas las chicas de mi escuela. Solo tiene quince años y, aun así, mantenía un cuerpo bien desarrollado. Era alto, de aproximadamente 1.75 cm. Su cabello de color castaño combinaban perfectamente con su par de ojos mieles. Los labios delgados y rosados se translucían cada vez que ampliaba una sonrisa… brillante, cálida, coqueta… o bueno, eso es lo que siempre dice Stefany cuando lo menciona porque en mi caso, a mí me importaba una mierda su físico.

Claro que no todo puede ser “perfecto” en él, su desventaja es romperles el corazón a cada una de sus fanáticas que se les cruza en su camino. No quiere una novia formal, por lo tanto, no duda en rechazarlas y ya perdí la cuenta de todas las chicas que han llorado por él en los pasillos de la escuela.

Y es así como mientras todas esas locas se morían de amor por ese, yo lo odiaba a muerte. ¿Por qué? Porque desde las clases vacacionales, no ha parado de molestarme. Odiaba su personalidad y su manera de burlarse.

Creo que tiene una especie de fetiche hacia mí o solo es un completo imbécil que quiere llamar la atención.

—Dicen que su primera novia fue una chica mayor que lo dejó por otro. —susurra Liliana al encontrarnos todas en el aula. El receso aun no acababa. — De seguro, quedó traumado.

— ¡Qué maldita!

— ¿Maldita? Yo le daría una medalla de oro por la valentía que tuvo para salir con ese idiota…

El que me miren con tanta seriedad solo me hace recordar que no han olvidado mi comentario anterior. Solemos apoyarnos entre todas, así que comprendo que estén de lado de Milagros y a mí me anden tildando de la “mala”. Stefany me codea y yo decido enfocarme en ella.

—Mili... —carraspeo y respiro hondo— Me siento muy apenada por lo que dije hace rato.

— ¿El de no haberme lavado los dientes?

—En sí, lo dije más por Leo que por ti.

Stefany se golpea la frente mientras que las demás agrandan los ojos. ¡Rayos! Debería no empeorar las cosas y hago justamente lo contrario.Niego con la cabeza y junto mis manos en forma de súplica.

—Perdón. —bajo la mirada— Te juro que amarraré mi lengua.

—Me agrada saber lo que piensas, Cielo. —me confunden sus palabras— Claro que no espero que me insultes.

— ¡No quise hacerlo!

—Lo sé. —toma mis manos y me jala, dándome un efusivo abrazo— Me molestó, pero eres mi mejor amiga y te quiero.

— ¿Más que a tu novio?

—Mucho más. —las dos sonreímos— A todas.

Las demás se incluyen a nuestra pequeña reconciliación.

Desde el kínder, mi grupo de mejores amigas siempre han sido tres: Liliana, Milagros y Stefany. Somos el cuarteto con personalidades diferentes y gustos diferentes que terminaron por complementarse bien y ahora somos inseparables. Mili, como le decimos de cariño es la más sensible y la que sueña en casarse con el príncipe azul. Lili es la intelectual, la que suele sacar veinte en los exámenes y a la vez, no se pierde ningún chisme. Stef, la atrevida, coqueta, directa y la menos inteligente de las tres. Y yo, la “santurrona” que no se anima a revelarse y quiere mantener su “A” en la nota conductual.

Es así como me describe la última.

— ¿Qué les parece si el domingo vamos al cine y vemos una película romántica?

— ¡Si, suena genial!

Ellas exclaman felices para luego posar sus miradas en mí. Últimamente, la hora de salida se me está siendo la menos preferida del día, ya que me hace pensar que me están excluyendo del grupo al planear lo que harán con sus novios los fines de semana.

—Al parecer, tendré que irme sola, Stefany. —finjo sonreír— Nos vemos.

— ¡No olvides que iremos juntas a la fiesta de Liliana, Cielo!

Tan solo asiento.

Tenía la necesidad de llegar rápidamente a casa, encerrarme en mi habitación, olvidar los sucesos de hoy y prepararme mentalmente para los que vendrían.

———————————————

El sábado por la noche, llego junto con Stefany a la casa de Liliana para celebrar su cumpleaños. Ella nos recibe contenta, modelando su vestido floreado que a las justas puedo apreciar debido a las luces de colores que se deslumbran en los alrededores de su sala. La música me rompe los oídos y debo fingir con una sonrisa que me gusta este ambiente cuando en realidad, hubiera preferido quedarme en casa viendo una película con mis padres y mi hermano menor.

Antes de seguir recibiendo a sus demás invitados, Lili nos pide disfrutar de la fiesta y deleitarnos con los bocaditos dulces que posan sobre su mesa. Resistir las ganas de probarlos o aguantarme los golpes al tropezarme con mis compañeros que, en vez de estar sentados en las sillas, están bien parados y ubicados al centro.

Ganó lo primero.

— ¿Ya habrá llegado Mili?

Al no recibir respuesta por parte de Stefany, giro mi rostro y ni su sombra. «Mierda» Maldigo el hecho de que todo esté a oscuras y es que por más, que trato de visualizarla no lo logro… «Ahí está» Hallo a mi mejor amiga bien contenta a lado de su novio Felipe, un chico de cabellos morenos y de estatura media. Podría jurar que ella es cinco centímetros más alta que él. Doy un suspiro y me encamino hacia ellos. Mis pies van dejando de funcionar cuando me fijo en Milagros y Leonardo, juntándose con ese par. Al mismo tiempo, lo hace Liliana y ya me estoy sintiendo bien incomoda y algo presionada al tener que salir con alguien lo más rápido posible… ¡No! No puedo dejar que sus decisiones interfieran con las mías.

— ¿Bailas?

La voz de un chico interrumpe mis pensamientos. Se me hace conocido, pero como ando en otro planeta, solo acepto y me dejo guiar por él. El sonido de la música se escucha cada vez más fuerte, por lo que se me dificulta seguirle la conversación. Continúo bailando, el ritmo cambia a uno más suave y…

— ¿Te gustaría salir conmigo?

Su pregunta me deja tan perpleja que debo limpiarme el oído por si he escuchado mal. Es raro que me esté pidiendo ser su novia cuando solo hemos bailado una vez y hasta ahora no puedo saber quién es él.

— ¿Salir contigo? —digo confundida— ¿Y eso?

—Eres algo bonita y tienes unos ojos preciosos, Cielo.

— ¿Algo… bonita?

Omito los ojos porqué soy consciente de la herencia genética de mi madre. Respiro hondo porque estoy a punto de golpearlo lo que me ocasionaría un disgusto con la cumpleañera.

I—¿Acaso a los chicos de esta edad, solo les interesa el físico de las chicas?

— ¿Qué?

—Que ya me cansé de bailar. Adiós. —respondo firme e intento alejarme de él, pero siento su mano alrededor de mi antebrazo— Suéltame.

—No has respondido mi pregunta.

—No estoy loca para salir contigo. —volteo y esbozo una sonrisa— ¿Algo más?

— ¿Estás rechazándome? —me suelta— ¿A mí?

— ¿Qué eres? ¿Mi personaje literario favorito? —ruedo los ojos— Si, a ti.

Ni idea qué expresión pone, pero por el sonido de su voz no debe ser nada bonito.

— ¿Te hago un favor y así es cómo me pagas?

— ¿C-Cómo?

—Que eres igual a todas esas perras presumidas. —aprieto los puños— Trato de elevarles la autoestima y resultan siendo unas malagradeci…

No lo dejo terminar al golpear su rostro con fuerza. Este cae al suelo, soltando quejidos de dolor que son bien escuchados cuando la música cesa. «Genial» Acabo de llamar la atención de los presentes, incluyendo de mis mejores amigas.

En fin, ya es tarde para arrepentirme de mi acción.

— ¡En tu vida vuelves a insultarme! —exclamo— Y no, no es que sea una “perra presumida”, es solo que no me gustan los pendejos e imbéciles como tú.

Me doy la vuelta, saliendo de ahí para poder tomar un poco de aire. El tener que lidiar con chicos patanes me pone realmente furiosa y al mismo tiempo, me provoca jaqueca. Era la primera vez que recibía ese tipo de comentario lo que me conllevo a reaccionar de la peor manera.

— ¡Cielo!

Es la voz de Stefany.

No me sorprende el que ella me haya seguido.

— ¿Qué fue eso?

—Mi defensa. —luce incrédula— Ya te había dicho que odio asistir a esta clase de reuniones porque siempre suele estar presente algún idiota.

— ¿Qué te hizo Alex? —su pregunta me hace agrandar los ojos— ¿No reconociste al primo de Liliana?

— ¿Cómo se supone que lo reconozca si toda la casa está llena de luces de colores? —niego con la cabeza— Da igual si era él, merecía ese golpe.

— ¿Por qué lo merecía si solo estaba bailando contigo?

—Porque me insultó ante mi negativa de salir con él.

— ¡¿Se te declaró?!

—Si a eso le llamo una declaración, me proclamo soltera toda la vida.

—Pues entonces, ¿Qué te dijo? —Stefany me toma por los brazos. Ella suena desesperada y me mira muy atenta. Es raro— ¡Habla!

Hay algo que no me gusta.

— ¿Sientes ese olor?

— ¿Cuál olor? —olfatea y me deja libre— No huelo nada.

— ¡Es el olor de la traición! —ella frunce el ceño— ¿Cómo es que sabías que estaba bailando con él cuando la casa está prácticamente oscura?

Su rostro palidece y el nerviosismo la delata.

— ¿Tú se lo pediste no?

—Bueno…

— ¡No puedo creerlo!

—No pienses mal, Cielo. —cruzo los brazos— Te conozco y como sé que no te gusta conocer nuevas personas y menos quedarte sola, creí que, si era alguien conocido, tú…

— ¡¿Yo qué, Stefany?!

Ella niega con la cabeza.

—Mejor olvídalo y regresemos a la fiesta que…

— ¡No! —estoy ardiendo en llamas— Es decepcionante el hecho de que hayas tratado de juntarme con él. ¡¿Acaso no te es suficiente el que me tengan excluida?!

— ¡¿Excluida?! —resopla— se supone que es Alex quién debería delirar por el golpe, no tú.

—Claro que lo hacen y es por eso, que como sea quieren que yo salga con alguien para que, de ese modo, sus consciencias estén más tranquilas.

— ¡Eso no es verdad!

— ¡Lo es! —freno las lágrimas que están a punto de traicionarme— Pues te informo que yo no ando desesperada por tener un novio.

Ahora es ella la que luce furiosa.

— ¡¿Estás diciendo que nosotras somos las desesperadas?!

—Tan solo tenemos quince años como para andar aceptando al primer chico que se nos declare.

—No te equivoques, Cielo… —habla firme— que ni Lili, ni Milagros ni yo tenemos la culpa de que nadie se fije en ti.

¡Au! Eso sí qué dolió. Y ahora puedo comprender mejor al imbécil de Alex cuando dijo que era “algo bonita”. Al parecer, ante los ojos de los chicos, yo no tenía nada de atractivo y ellas tenían belleza de sobra.

— ¿Por qué tardan tanto? —Mili y Lili se incluyen, interrumpiendo nuestra discusión y se ubican a lado de Stefany. Ninguna de las dos responde la pregunta— ¿Ha pasado algo?

—Si… —sonrío con nostalgia, para luego darme la vuelta— que me voy a casa.

— ¡¿Qué?!

Es Stefany la que me detiene al coger mi muñeca y me suelto con brusquedad.

—No puedes irte sin mí.

— ¿Pretendes que siga escuchando tus insultos? —la vuelvo a enfrentar— ¡Pues no!

—Si te afecta es porque tengo algo de razón, ¿no?

— ¿Qué te hace suponer que no le gusto a nadie?

— ¡¿Eso le dijiste, Stefany?!—menciona Milagros sorprendida— ¡¿Cómo se te ocurre decirle algo así?!

— ¿Estás diciendo que si hay alguien que se te haya declarado? —ignora las otras preguntas y me mira fijamente. Me quedo en silencio— Eso es un…

—No necesito tener una confesión de amor cuando… —la corto y no puedo contener la rabia, por lo que continuo: — ¡Yo misma puedo hacerlo!

Ella se quedan en shock mientras que yo trato de pensar el por qué he dicho una barbaridad como esa. Dios, ¿Será tarde para arrepentirme?

— ¡Wow! De tímida no tienes nada, Cielo.

Lo es.

Demonios.

— ¿Quieren apostar?

Y sigo hundiéndome en ese pozo de mentiras gracias a sus malditas provocaciones.

— ¿Apostar? —murmura Milagros— ¿Estás hablando en serio?

—Así es. —lo suelto tan firme que me asusta— o qué… ¿Temen perder?

Las tres forman una ronda y conversan tan bajito que no logro escucharlas. Me quedo esperándolas unos minutos hasta que, finalmente se separan y es Liliana la que me da una respuesta.

—De acuerdo. —carraspea un poco— ¿Qué quieres si perdemos?

—Que no salgan con nadie más hasta que cumplan los dieciocho años.

—Eso es un abuso. —se queja Stefany.

— ¿Lo toman o lo dejan?

—Esta bien.

Doy un suspiro.

—Pueden elegir al que quieran.

—Ya lo hicimos. —arrugo la frente— Pero… él tiene que aceptarte como su novia oficial y gritar que te ama delante de toda la escuela antes de que finalice el año escolar.

— ¿Novia… oficial? —trago grueso al pensar en quién se refieren... ¡No! ¡No puede ser él! — ¿Están hablando de…?

— ¡Bingo!

Las tres me indican que gire un poco mi cuerpo y al hacerlo, observo de lejos al idiota de Santiago quién conversa animadamente con sus amigos. ¡¿Por qué de todos los chicos tenían que elegir a este?! ¡Esto me pasa por no saber controlar mi mal temperamento y abrir la boca!

Siento que voy a colapsar.

—Entonces... ¿Qué dices? —Stefany me hace reaccionar y alza una ceja— ¿Comenzamos con la apuesta, Cielo?

¡¿Cómo se supone que salga victoriosa si estamos hablando del chico que no cree en el amor y mucho menos quiere titularse como novio?! La cabeza está a punto de explotarme y es que ahora sí, estoy en un grave problema.

Capítulos
1. Capítulo 1 - La apuesta
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