Capítulo 1: Josh
Josh entró de espaldas desde el garaje de sus padres, arrastrando tras de sí el cesto de la ropa rebosante. La lavadora y la secadora estaban en el estrecho pasillo entre el garaje y la cocina, así que dejó caer el cesto con un golpe seco.
—¿Hola? —llamó Lauren desde la sala.
Josh reconoció su voz al instante. Era la niñera adolescente que sus padres siempre contrataban cuando trabajaban hasta tarde o salían. Venía de la casa de enfrente para cuidar a sus tres medias hermanas menores. Cuando su padre se volvió a casar y formó su nueva familia, Josh estaba en el instituto y Lauren era una preadolescente responsable. Ahora que él terminaba su primer año de universidad, ella estaba en el instituto y se había convertido en parte fija de la familia.
—Soy yo. Se me acabó la ropa interior.
Josh empezó a meter la ropa mientras la lavadora se llenaba de agua. Cuando estuvo llena, echó un tapón de detergente y cerró la tapa. Lauren estaba apoyada en el marco de la puerta con unos shorts caqui y una camiseta rosa de tirantes cuando terminó.
—No te importa si la ropa blanca te sale gris, ¿verdad? —dijo Lauren con una sonrisita.
—No tengo nada blanco. Hasta los calzoncillos y los calcetines son de colores.
Josh se apoyó contra la lavadora, que vibraba, y cruzó los brazos. Lauren había crecido. Aunque seguía siendo unos centímetros más baja que él, sus caderas ya llenaban esos shorts ajustados. Al subir la mirada hacia su rostro, se detuvo al notar que los picotazos de mosquito en su pecho se habían convertido en dos tazitas de té bien puestas.
La sonrisa de Lauren se esfumó al levantar una ceja. —¿Cuándo te convertiste en un cerdo?
Pillado. —No puedo evitar fijarme —se encogió de hombros.
Tras un resoplido exagerado, Lauren se dio la vuelta y regresó a la cocina. Desde atrás, los shorts le quedaban aún mejor, pero entonces recordó que seguía siendo una cría. Una cría descalza, con las uñas de los pies pintadas de rojo, piernas esbeltas y un cuerpo que ya no era tan infantil.
Josh sacudió la cabeza para ahuyentar esos pensamientos y se dirigió a la despensa, contento al ver que su madre seguía guardando sus snacks favoritos. Agarró una bolsa de palomitas con mantequilla y la metió en el microondas. Mientras el paquete giraba y el ventilador zumbaba, se asomó por encima de la encimera y vio los libros de Lauren esparcidos sobre la mesa de centro. Estaba escribiendo en un cuaderno de anillas.
—¿En qué andas?
—Un trabajo sobre un libro —murmuró sin levantar la vista.
—¿Qué libro?
Le lanzó una mirada de fastidio por encima del hombro. —¿No tienes nada mejor que hacer que molestarme?
—No. —Las palomitas empezaron a reventar. El olor a mantequilla le hizo la boca agua.
—Emma, de Jane Austen. —Volvió a su trabajo y siguió escribiendo.
—¿Has visto la película? —preguntó Josh con una sonrisa, sabiendo que la estaba sacando de quicio—. La tenemos por si quieres verla conmigo. —Se sentó, pero no se giró—. Estoy haciendo palomitas.
—Ya lo oigo, idiota —gruñó.
—¿Entonces, la ves o no? —preguntó Josh con una risita. Tenía carácter, eso había que reconocérselo.
—¿Me vas a dejar en paz si la veo? —preguntó por encima del hombro, fulminándolo con la mirada.
—Puede.
—Vale.
Josh vació las palomitas en un bol grande y sacó un par de refrescos de la nevera antes de ir a la sala. Lauren estaba sentada en el suelo, frente al sofá, junto a la mesa de centro. Dejó el bol a su lado, abrió las latas y las colocó sobre la mesa.
—Pensé que ibas a poner la película —dijo Lauren, agarrando un puñado de palomitas sin mirarlo.
Josh sacó la película del estante junto al televisor y la metió en el reproductor de DVD. Luego volvió al sofá y se tumbó detrás de Lauren. La película empezó con los típicos avisos antipiratería, pero Josh los ignoró, igual que ignoraba la voz más fuerte que le resonaba en la cabeza. Sin pensarlo, alargó la mano y le acarició la coleta. Su pelo castaño era sorprendentemente suave.
—¡Basta! —gritó Lauren, apartándole la mano de un manotazo y mirándolo con confusión—. ¿Qué haces?
—¿Te hago cosquillas? —se rio Josh.
—¿Así que ahora que te has dado cuenta de que me han crecido las tetas ya crees que puedes tocarme? —preguntó con tono molesto.
—¿Por qué no? —preguntó Josh con una sonrisa pícara.
Lauren puso los ojos en blanco y lo imitó: —¿Por qué no?
Fastidiar a Lauren era más divertido que molestar a sus hermanas. Ellas acababan ignorándolo, pero Lauren siempre se enfadaba más. Al criarse como hija única, actuaba como una adulta en miniatura en lugar de como una cría. Además, al no tener hermanos, no estaba acostumbrada a las bromas pesadas que estos se hacían entre sí.
Alargó la mano y le pasó la palma por la espalda para ver si lograba sacarle otra reacción. Las finas tiras del sujetador se marcaban a través de la tela de la camiseta. La coleta dejaba su cuello al descubierto, con algunos rizos sueltos en la nuca. Un perfume sutil le cosquilleó la nariz. Olía a menta y manzana, y le dieron ganas de acercarse para aspirar más hondo el aroma de su pelo.
Al principio se tensó con su contacto, pero luego se relajó mientras él seguía frotándole la espalda. Después presionó un poco más para darle un masaje con una mano. Bajo sus dedos notó unos músculos bien definidos. Cuando ella giró un poco la cabeza para mirarlo, sintió un cosquilleo en los pantalones.
—¿Qué haces?
—¿Un tío no puede darte un masaje en la espalda?
—Tú no —susurró. Una expresión de dolor cruzó su rostro—. Yo no.
—¿Por qué no? —preguntó él en el mismo tono. Sabía que la estaba torturando. De pequeña, había tenido un crush evidente por él. Aunque sabía que debería parar, siguió masajeándole los hombros.
Ella entrecerró los ojos y se echó hacia atrás, apartándole la mano. —Tengo que terminar este trabajo esta noche. No me queda tiempo para hacerlo este fin de semana.
—Te ayudo si quieres —ofreció con una sonrisa burlona.
—Es viernes por la noche. Estás haciendo la colada y ofreciéndote a ayudar a una chica del instituto con los deberes. ¿Nadie te ha dicho que se te da fatal la universidad, tío?
—Buena esa —se rio de su pulla—. Igual solo intento ser amable.
—Ah, no, no creo que sea eso. —Se dio la vuelta y volvió a coger el lápiz.
La película ya había pasado los tráilers y los créditos, pero Josh se inclinó para leer su trabajo por encima de su hombro.
La tesis de Lauren era que Jane Austen había tomado a una Emma Woodhouse joven y vivaz y la había convertido en la esposa sumisa de un hombre mayor y rico. En el proceso, había perdido lo que la hacía interesante y única a cambio del amor y la seguridad de una figura paterna. Luego daba buenos ejemplos del libro que respaldaban su teoría. Josh recordaba haber leído la historia y se quedó fascinado por su análisis y su perspicacia.
Lauren se estremeció y le apartó la cara de un empujón. —Deja de echarme el aliento —siseó, realmente enfadada.
—Perdona, solo estaba leyendo tu trabajo. Está muy bien, Lauren.
—¡Déjalo ya! —Lauren se giró hacia el sofá con las mejillas encendidas—. ¿Tan tonta me crees? Sé que no te caigo bien. Nunca me has hecho caso y ahora se supone que tengo que creer que Joshua Alexander… —Se calló justo cuando la cosa se ponía interesante para gritar—: ¡Déjame en paz!
—Espera —dijo Josh, incorporándose para pausar la película con el mando—. No era un rollo. Vi un par de frases demasiado largas y alguna que otra expresión rara, pero la tesis es muy buena.
—¿Qué frases? —preguntó, desafiándolo.
—Aquí —dijo, girando el cuaderno—. Una página atrás. Este párrafo es básicamente una sola frase larga y no debería serlo. Lo dividiría aquí y aquí. —Señaló con el dedo los puntos donde se refería—. Esta parte del medio es en realidad la oración principal de ese punto, así que reordénalas así. —Indicó con el dedo el orden que proponía.
Lauren no dejaba de mirar alternativamente la página y su rostro, como si midiera su sinceridad. Josh intentó mantener una expresión seria, pero el enfado la hacía aún más atractiva. Al final, Josh se sentó en el suelo junto a ella y hablaron durante diez minutos sobre el libro y su trabajo.
Hablar del trabajo la relajó. A Josh le encantaban los debates de su grupo de estudio en la universidad y notó que a ella también le gustarían cuando llegara. Verla apasionarse por un personaje literario era contagioso. Le encantaba provocarla, pero al terminar la conversación se dio cuenta de que no quería arruinar el momento que acababan de compartir.
—Vaya, gracias —dijo Lauren al fin, con un tono que delataba su sorpresa.
—Para que conste, siempre me has caído bien. Es solo que no teníamos mucho en común cuando eras más pequeña. Perdona por haberte chinchado antes. ¿Empezamos de cero?
—¿Vas a volver a mirarme las tetas? —bromeó. Por desgracia, su comentario hizo que los ojos de Josh se fueran directos a su pecho. Ella le dio un puñetazo en el brazo antes de quejarse—: ¡Joder, Josh!
—¡Lo siento! —Se frotó el brazo—. No puedes hablar de tus tetas sin que me fije. Te juro que ni siquiera estaba pensando en ellas hasta que las mencionaste.
—Ya es bastante malo tener que aguantar estas mierdas en el instituto. Te juro que es como ese episodio de South Park de Raisins. Los tíos gruñen como animales. Antes creía que eras más maduro.
—Oye —advirtió Josh—. Sí que soy maduro.
—Mi novio es más maduro que tú —dijo Lauren, negando con la cabeza con cansancio.
—¿Novio? —preguntó Josh, incrédulo—. ¿Tu padre sabe que existe?
—Claro —se rio Lauren—. A papá le cae genial.
Imaginarla besando a algún chaval del instituto con granos le provocó un pinchazo en el pecho sin motivo. El sentimiento le hizo querer bajarle los humos. —Seguro que ahora está siendo encantador para que bajes la guardia.
—No es así. Es majo.
—Si es tan majo, es gay y tú eres su tapadera.
—¡Dios mío! —exclamó Lauren entre risas—. ¡No puedes hablar así de Bruce!
—¿En serio? —se rio Josh—. ¿Se llama Bruce? Pues sí, definitivamente es gay.
—Definitivamente no es gay —murmuró Lauren sin mirarlo, antes de volver a hacer los cambios en el trabajo que habían discutido.
Ahora se la imaginaba haciendo algo más que besar a Bruce. Mierda, no era que realmente quisiera tirarse a la niñera de sus padres. La miró de nuevo. Quizá.
La lavadora terminó el ciclo y se detuvo. Josh se levantó para pasar la ropa mojada a la secadora y cargó el resto de su ropa sucia en la lavadora. Mientras echaba el detergente, decidió dejar de provocarla. Ya no tenía gracia.
Cuando volvió al sofá, agarró el mando para reanudar la película y se sentó en el extremo más alejado, lejos de Lauren. Intentó concentrarse en la película, pero sus ojos volvían una y otra vez a esas uñas rojas brillantes que se movían mientras escribía.
Un mechón de pelo le rozaba la mejilla. Cuando se lo recogió distraídamente detrás de la oreja, a Josh se le aceleró el corazón. Preciosa. Debió de notar su mirada, porque él apartó los ojos hacia la pantalla justo cuando ella giraba la cabeza. Por el rabillo del ojo, la vio sonreírle un instante antes de volver a su trabajo.
Josh sacó el móvil y le mandó un mensaje a su ligue habitual de la universidad. Gillian y sus amigas habían organizado una fiesta a principios de curso. Después, Josh había pasado el tiempo suficiente con ella para calentarla y hacerla llegar al orgasmo. Le había costado un poco más que a otras chicas, pero eso solo lo hizo más satisfactorio al final. Resultó que nadie la había hecho llegar antes. No quería nada serio, pero seguían viéndose un par de veces por semana para follar.
Necesitaba sacarse a Lauren de la cabeza rápido. Gillian solía estar disponible para una llamada a deshoras, pero su respuesta decía que estaba fuera de la ciudad con una carita triste.
—¿Cuándo vuelven mamá y papá? —preguntó Josh, esperando que fuera pronto. Guardó el teléfono mientras Lauren terminaba de comer un puñado de palomitas.
—Tarde. Es una especie de evento formal del hospital. Tu mamá llevaba un vestido negro espectacular y tacones. No sé si tu papá iba a lograr salir de la casa, con la forma en que no le quitaba los ojos de encima.
Josh suspiró y repasó mentalmente su lista de opciones. El problema era que la mayoría de las chicas que conocía no eran tan descomplicadas como Gillian. Algunas se ofenderían con una llamada de madrugada para un revolcón, y otras le darían más importancia de la que tenía.
Lauren subió las piernas y las cruzó mientras se inclinaba sobre la mesa de centro para revisar su trabajo desde el principio. Se le asomó un destello de bragas blancas por la pierna del short. Josh intentó ignorarlo, pero su propio pantalón se ajustó más al pensar en lo que cubría ese trozo de algodón. No podía ver la película sin mirarla a cada rato.
—Listo —anunció Lauren.
Cerró y apiló sus libros, luego tomó la lata de refresco y el tazón de palomitas antes de sentarse en medio del sofá. Si se hubiera sentado en el otro extremo, quizá habría podido ignorarla hasta terminar con la lavadora. Pero entonces enganchó los dedos de los pies descalzos en el borde de la mesa.
Uñas rojas, perfectamente pintadas. La piel delicada alrededor de los tobillos. Los gemelos y los muslos se marcaban al sentarse, resaltando sus curvas. Josh tuvo que acomodarse un poco porque el vello se le erizó al endurecerse. Quería tocar esas piernas, besar esos tobillos y separar esos muslos para saborear su centro. Mierda, es demasiado joven.
Se preguntó si Bruce ya la había probado. ¿La había hecho llegar al clímax? ¿La había llevado a ese estado de abandono salvaje que estaba seguro de que podía alcanzar? La presión de su deseo se multiplicaba por los celos irracionales. No tenía sentido que estuviera tan molesto. Era una amiga de la familia, no una compañera de la universidad.
—Es tan tonta —murmuró Lauren mirando la pantalla—. Sé que Austen la escribió así, pero duele verlo representado de esta manera.
—¿Qué? —Josh intentó sacar su mente del lodazal en el que estaba.
—La película —dijo sin apartar los ojos de la pantalla—. Duele ver películas donde la gente hace cosas tan idiotas. Como *Napoleon Dynamite*. No puedo terminarla.
—¿No te gusta *Napoleon Dynamite*? —Josh la observó mientras estiraba la espalda y levantaba los brazos por encima de la cabeza. La camiseta se le ajustó al pecho y le dirigió la mirada hacia abajo.
—Ojos aquí arriba —dijo chasqueando los dedos para apartar su atención de sus pechos—. No soporto las películas donde los personajes se meten en situaciones incómodas como esta.
—Pero te encanta el libro.
—Sí, pero es distinto verlo. —Bajó los brazos después de estirarse, agarró un puñado de palomitas y las masticó rápido—. Como el porno. Podría leer erotismo todo el día, pero el porno no me dice nada.
—Eh… —Josh de pronto se sintió como un boxeador aturdido—. ¿Lee erotismo? ¿De qué tipo?
—Excepto el porno gay. No sé por qué me gusta, pero siempre parecen disfrutarlo. —Hablaba como si discutir erotismo y porno con él no le afectara, pero hasta Josh, confundido, notó el rubor que le subía por las mejillas.
—Los tipos están buenos y hay el doble de pollas —dijo Josh antes de darse cuenta de lo que había soltado.
—¿Eh?
Volvió a mirar la película para no perder el hilo. —Como cuando los tíos ven porno lésbico. El doble de lo que nos gusta. Bueno, excepto las lesbianas con uñas postizas y zapatos de stripper. Eso no le gusta a nadie.
—Ah. —Lauren comió otro puñado de palomitas—. Perdona, no puedo seguir viendo esto. Me da escalofríos. —Alargó la mano y agarró el mando para parar la película.
—Bueno —dijo Josh, intentando retomar el control—. ¿Erotismo? Apuesto a que tu padre no sabe nada de eso.
—Ni de coña —respondió. Su expresión era neutra, como si intentara mantener la compostura, pero el rubor se le acentuó—. Ahora ya sabes lo mío con Bruce. ¿Tú sales con alguien?
—Gillian. —Se sintió aliviado de poder usar su nombre como escudo, aunque su cuerpo estuviera lejos—. Solo somos amigos.
—¿Con derechos? —preguntó Lauren arqueando una ceja.
—Sí. —Hablar de esto con Lauren le oprimía el pecho—. Ella está muy ocupada con la carrera de Derecho y yo no soy de compromisos.
—Ya me lo imaginaba —dijo con un resoplido.
—¿Y eso qué significa?
—Vamos, siempre has sido un mujeriego. Las chicas seguían hablando de ti cuando yo entré al instituto.
—¿Quién hablaba de mí? —preguntó Josh, girándose hacia ella en el sofá.
—¿Te acuerdas de Marissa Long? Siempre alababa lo bueno que eras.
—Nunca me enrollé con ella —respondió Josh por instinto, y luego tuvo que pensarlo—. ¿O sí?
—No tuviste sexo con ella, pero la hiciste correrse después del partido de vuelta al cole el año pasado. Fue en una fiesta a la que viniste, creo.
Creía recordarla. —Pelo largo y oscuro, ¿no? ¿Bailarina o algo así?
—Sí, esa. —Lauren levantó la vista y puso los ojos en blanco—. Dios, estaba hasta el moño de oír hablar de eso. —Se terminó el refresco y se levantó sin mirarlo—. Voy a ver si las niñas duermen bien.
No pudo apartar la vista de su short ajustado mientras subía las escaleras. Josh estaba seguro de que iba a decir estaba tan celosa, pero se contuvo en el último momento. Quizá ella también sufría el mismo tormento que él.
Josh se levantó y fue al cuarto de la lavadora a sacar la ropa de la secadora y poner la última carga. Cuando volvió al sofá, Lauren estaba sentada en el extremo más alejado, frunciendo el ceño mientras miraba el móvil. Dejó la ropa caliente en medio del sofá para crear una barrera entre ellos y acercó un poco la mesa de centro para doblar la ropa sobre ella.
Lauren tecleaba como loca en el móvil, con ráfagas de mensajes seguidos del pitido de una notificación, pero seguía sin sonreír. Después de unos cuantos intercambios más, el teléfono sonó y puso los ojos en blanco al levantarse. —¿En serio? —espetó al contestar.
Josh la escuchó deambular por la cocina. Su voz enfadada subía y bajaba, pero no distinguía las palabras. Cuando terminó de doblar unos calzoncillos azules oscuros, ella volvió y se dejó caer en el otro extremo del sofá.
—¿Todo bien? —preguntó mientras colocaba la ropa interior doblada en la pila.
Lo miró con rabia un momento y respiró hondo. —No.
—¿Quieres hablar de ello?
Negó con la cabeza.
Josh tomó la siguiente prenda de la pila y empezó a doblarla. Ella seguía mirándolo, pero el gesto de enfado se había suavizado, dejando solo confusión y dolor. Cuando dejó la camiseta doblada sobre la mesa, Lauren agarró otra para ayudarlo a doblar.
—¿Cómo conociste a Gillian?
A Josh le molestó la pregunta. Su humor se había agriado mucho después de la llamada. En lugar de perder el tiempo preguntándose el motivo, respondió sin más. —Hizo una fiesta. Después nos liamos.
—¿Así, sin más?
—Así, sin más.
Lauren negó con la cabeza mientras añadía la camiseta doblada a la pila.
—¿Qué? —preguntó Josh al detenerse para mirarla.
—No lo entiendo. ¿Cómo funciona eso?
—Estás pensando demasiado —dijo Josh—. No es una relación. Los dos queríamos tener un orgasmo o dos. Yo la ayudo. Ella me ayuda. Eso es todo. —Solo pensó un segundo en su siguiente pregunta antes de soltarla—. Tú te masturbas, ¿no?
Los ojos se le abrieron como platos y un rubor intenso le subió desde el cuello. —Sí —susurró.
—Es como hacer eso, pero con otra persona. No salimos, ni nos abrazamos, ni hablamos del futuro. La hago correrse un par de veces, luego tenemos sexo un rato y terminamos juntos. Es un buen ejercicio.
—¿Ella se acuesta con otros?
—No lo sé. Ni me importa.
—¿Y tú? —preguntó. El rubor le había llegado hasta la raíz del pelo.
—Claro, cuando la química es buena. —Josh vio su mirada de confusión y respondió a su pregunta no formulada—. ¿Nunca has conocido a alguien y te has sentido fascinada? Luego lo conoces mejor y se te mete tanto en la cabeza que no puedes dejar de pensar en esa persona?
—¿Te refieres al amor? —preguntó con una risa confundida.
—No —dijo Josh—. Eso es solo química. El amor es algo que haces, no algo que sientes. En fin, si ella siente lo mismo que yo, nos liamos un tiempo.
—¿Y cómo no te… encariñas?
—A veces pasa, pero por eso intentas no pasar mucho tiempo juntos fuera del sexo. Y nada de dormir juntos. Nunca.
Lauren tomó unos calzoncillos de la pila y los dobló sobre la mesa. —Me equivoqué con Bruce. O sea, sigue sin ser gay, pero ahora mismo está follando con alguien en una fiesta.
—¿Qué? —preguntó Josh, sintiendo cómo la piel se le erizaba de rabia—. ¿Ahora mismo?
Asintió. —Yo tenía que cuidar a las niñas esta noche, así que él fue a una fiesta sin mí. Mañana vamos al baile de graduación.
—¿Y vas a ir con él después de esto? —preguntó Josh con incredulidad.
—Me gasté demasiado en el vestido y no pienso ir sin pareja. —Colocó los calzoncillos doblados en la pila.
Josh tomó la última prenda, otro calzoncillo, y lo dobló mientras la cabeza le daba vueltas. —Dijiste que era tu novio.
—Lo era, pero ya no —dijo con un tono que parecía mitad miedo, mitad deseo—. Quiero tener un orgasmo.
—Eh… —Se incorporó para mirarla, dejando el calzoncillo a medio doblar. La confusión le nubló la mente.
Ella se acercó más en el sofá. —Tú has inspirado tantos de los míos a lo largo de los años que pensé que quizá querrías estar presente al menos en uno.
¿Espera, se tocaba pensando en mí? —No estoy seguro de que sea buena idea. —Josh no podía creer que esas palabras salieran de su propia boca.
—Seguro que no lo es, pero… —Se apretó contra él, sujetándole la nuca para juntar sus labios. El beso empezó caliente y fue subiendo de intensidad mientras Josh la acercaba más.
Sabía dulce, como miel tibia. El corazón le latía con fuerza mientras su respiración acelerada le rozaba la cara. Con dedos temblorosos, le acarició la mejilla, le tomó el mentón con ambas manos y, tras romper el beso, lo miró a los ojos.
—Vaya —susurró Josh mientras le recorría el rostro con la mirada. El miedo había desaparecido de su expresión, dejando solo el deseo ardiente.
Le pasó un dedo desde la oreja hasta la barbilla. Ella inclinó la cabeza para besarle la yema del dedo y luego lo introdujo entre sus labios con la lengua. Josh la observó mientras una corriente eléctrica le recorría el cuerpo. Cuando lo soltó con un último beso, le deslizó la palma por el brazo hasta tomar su pecho.
Lauren cerró los ojos y se inclinó hacia su tacto. Al besarla de nuevo, le apretó el pecho suave mientras el pezón se le endurecía contra la palma. Ella jadeó en su boca y él lo ahogó con otro beso. Se subió la camiseta y le metió la mano por debajo.
Piel cálida en el vientre. Su lengua le separó los labios. Su mano encontró el cierre delantero del sujetador. Cuando se abrió al tocarlo, susurró: —Sí.
Los pezones lo provocaban. Tenía que probarla. La empujó contra el respaldo del sofá y le subió la camiseta para dejar al descubierto esos pechos perfectamente redondos. Estaban coronados por círculos bronceados del tamaño de monedas. La piel tensa alrededor de los pezones erectos, del grosor de una goma de lápiz. Ella le sostuvo la cabeza mientras se llevaba sus pechos a la boca, uno tras otro.
El sabor cálido de ella solo avivaba su hambre. Chupó con más fuerza para atraer más de su piel suave hacia su boca. Sus pechos firmes sabían a gloria. El aroma de su jabón y perfume le nublaba la cabeza. Josh mantuvo la lengua suave mientras lamía hasta que ella gimió.
Se apartó de sus labios el tiempo justo para quitarse los shorts, la camiseta y el sujetador. Con los pulgares enganchados en el elástico de las bragas, esperó a que él se deshiciera de los shorts y los bóxers, enredados en el suelo, antes de bajarlas lentamente. Primero apareció el vello recortado, luego el mechón en la parte superior de su hendidura. Hubo un instante en que la entrepierna se quedó enganchada en los muslos, hasta que la tela húmeda se soltó de golpe.
La visión y el olor de su desnudez lo inundaron. Se sentó en el sofá mientras las bragas caían más allá de sus rodillas. Una mano se movió para acariciar su culo suave, mientras la otra volvía a sus pechos. Cuando ella apretó su verga dura, el estómago se le subió al pecho. Tenía los ojos entrecerrados de placer mientras él le acariciaba los pechos a cambio.
—Quiero saborearte —dijo Josh con la voz ronca y cargada de deseo.
Lauren contuvo el aliento y luego se apartó para tumbarse en el sofá. Josh le besó el arco del pie y luego subió besando hasta el tobillo. Sus dedos se deslizaron entre el vello fino sobre su hendidura, y arqueó la espalda con un gemido.
Josh le besó la pantorrilla, tomando un camino lento y deteniéndose en el trayecto. Lauren siguió acariciándose mientras soltaba un quejido urgente. Su aroma lo atraía más que su voz. La promesa fresca y tentadora de calor y lujuria. Le costó todo su autocontrol no abrirle los muslos y devorar el calor húmedo entre ellos. Provocándola, pasando de un muslo al otro, estaba a centímetros de su centro cuando sus dedos temblorosos se enredaron en su pelo.
—Necesito… —Su voz se cortó cuando lo atrajo hacia sí.
Hasta el dolor que le causaba era excitante. Deslizó los brazos bajo sus muslos, tirando de ellos hacia atrás con las manos para dejar al descubierto sus labios hinchados y rosados. Estaban empapados. Cerró los ojos al rozarlos con los suyos. Su aroma era abrumador. Era intenso, con un dejo metálico que le hizo salivar.
Cuando su lengua la abrió, ella contuvo la respiración y se empujó contra su boca. Húmeda y caliente. Vello corto y cosquilleante. Chupó sus labios internos, arrancándole un grito ahogado. Sus dedos se aferraron a su pelo, pero él ignoró todo para darle el alivio que anhelaba.
Llevando las manos más allá de sus caderas, la abrió para su boca. El botón hinchado en la parte superior de su hendidura asomaba bajo un mechón de vello. Lo rodeó con los labios y lo succionó suavemente, sin moverlo apenas. Lauren reaccionó como si la hubieran electrocutado: gritó y se apartó en un instante, solo para empujarlo de vuelta al siguiente. Josh la mantuvo cautiva, sus brazos impidiéndole escapar del calor y la succión de su boca.
—¡Joder! —gritó—. ¡Dios! ¡Josh, no pares!
No tenía intención de parar. Ella contuvo la respiración cada vez más, jadeando y volviendo a contenerla. Estaba al borde, y Josh necesitaba una mano libre para empujarla al abismo. Sacó una mano de su muslo, colocó la palma bajo su mentón y deslizó dos dedos dentro de ella. Cuando sus músculos se cerraron, se detuvo y retrocedió, enseñándole que ella tenía el control. Entonces se abrió por completo, gritando mientras él comenzaba a follarla lentamente con los dedos. Giró la lengua alrededor del pequeño botón atrapado entre sus labios.
—Me corro —anunció mientras su cuerpo temblaba—. ¡Sí! ¡Sí, por favor, sí!
La acompañó en el viaje. Ella se incorporó un poco, llevando las manos detrás de su cabeza para mantener su rostro donde estaba. Cuando sus músculos internos se cerraron alrededor de sus dedos, Josh comenzó a lamer con movimientos largos y suaves, de abajo arriba, al ritmo de su cadencia insistente. Convulsionó y se estremeció con cada pulsación hasta que estas se ralentizaron. Josh siguió lamiendo alrededor de su botón sensible hasta que por fin se quedó quieta, entonces retiró los dedos con cuidado y le dio un último beso en su monte velludo.
—No puedo moverme —susurró, con las piernas abiertas y los brazos enredados sobre el estómago.
—¿Te traigo un poco de agua? —preguntó Josh con una sonrisa de satisfacción. La experiencia había superado incluso lo que había imaginado. Lauren era tan receptiva como un gatito y el doble de adorable.
—Por favor —dijo, levantando una rodilla y apoyándola contra el respaldo del sofá.
Al volver, Josh se sentó en el suelo cerca de su cabeza. Tomó un sorbo de agua del vaso y luego se inclinó para besarla, dejando que un poco del líquido le resbalara en la boca. Eso la hizo sonreír.
—Más —exigió con una sonrisa somnolienta.
Lo repitió unas cuantas veces más, luego sopló aire fresco sobre su pecho y su estómago. —¿Ya vuelves a la Tierra? —preguntó.
—¿Tengo que hacerlo? —se rio—. Ha sido increíble.
—Bueno, podría ponerme un condón y unirme a ti ahí —dijo Josh, alcanzando sus shorts y sacando la cartera.
—Creo que me gustaría —suspiró Lauren.
Había soltado tanto líquido preseminal mientras la complacía que tuvo que limpiárselo con los calzoncillos. Solo le llevó un momento abrir el paquete de aluminio y colocarse el condón sobre su verga rígida. —¿Quieres que nos movamos? —preguntó.
—No —se rio—. Aquí está bien.
Subió al sofá, besándola hasta llegar a sus labios. Ella se movió un poco para hacer más espacio y deslizó los pies por la parte trasera de sus piernas. Observó su rostro mientras se alineaba. Al entrar en ella, su boca se abrió y sus ojos se cerraron con fuerza. Se tomó su tiempo, entrando y saliendo unas cuantas veces para que se acostumbrara a su grosor, antes de hundirse por completo.
—Te sientes increíble —susurró, atrayéndolo para besarlo—. Que me llenes así, despacio, me pone la piel de gallina.
Josh empujó su peso hacia abajo para frotarse un poco contra ella. Tuvo que dejar de besarlo para morderse el labio. Al principio fue despacio, pero luego comenzó a follarla a fondo. Quería hacerla correrse otra vez antes de unirse a ella, así que se contuvo contando números primos.
Sus manos estaban en su culo, instándolo a ir más hondo y más rápido, pero eso lo habría terminado en un santiamén. Se acercaba y tenía que detenerse un momento, pero ella solo gemía y lo besaba con más fuerza para que siguiera. Empujando profundo, se aseguró de añadir un poco de presión extra para estimularla. En un momento, se limitó a frotarse contra ella hasta que sus uñas le arañaron la espalda.
Al final, ella volvió a estar al borde, con el cuerpo cubierto de sudor. Ver sus reacciones hacía que contenerse fuera aún más difícil. Estaba perdida en el momento. Nunca había estado con alguien tan entregada. No pudo evitar unirse a ella, besándola con más pasión y energía de la habitual. Cuando empezó a temblar, se levantó un poco para poder embestir más rápido.
—Oh, sí —suplicó—. ¡Por favor! ¡Sí, sí!
—Estoy a punto —susurró Josh—. ¿Puedes correrte conmigo?
—¡Sí! —Su grito lo anunció antes de que Josh sintiera cómo esos músculos poderosos se cerraban alrededor de él.
Aceleró el ritmo para ella, aguantando su propio final unos cuantos latidos más. Cuando se corrió, empujó con movimientos lentos y profundos. Sus piernas se enredaron en sus muslos para atraerlo más hondo, mientras lo usaba para levantarse del sofá. Dejó escapar un grito sin palabras, respondiendo a su último y resonante *¡Sí!*
También fue un sí para Josh, y para las alturas, y para el cielo. Cuando volvió a la Tierra, Lauren temblaba entre sus brazos, llorando contra su cuello con sollozos profundos que lo destrozaban.
—Oye —dijo, intentando apartarse. Los brazos de Lauren lo sujetaban con fuerza—. ¿Te hice daño?
—No —respondió con un resoplido húmedo.
—¿Entonces qué pasa? —preguntó.
Ella negó con la cabeza, luego aflojó el agarre. Echó un vistazo al reloj, se soltó y se secó los ojos. —Tenemos que vestirnos antes de que lleguen tus padres —dijo sin ningún calor en la voz.
Josh se apartó para dejarla levantarse. Ella recogió su ropa y lo dejó lidiando con el condón que goteaba sobre sus muslos. Pero primero observó su caminar ondulante hacia el baño bajo las escaleras. El pelo revuelto, la piel sonrojada. Ya no le parecía una niña, sino una mujer menuda como su madre.
Después de anudar el condón para que no goteara más, se puso los calzoncillos y los shorts. En lugar de la habitual sensación de bienestar poscoital, se sintió inquieto. Obviamente no era la primera vez de Lauren, pero no quería lastimarla. Bruce ya le había hecho suficiente daño. Josh se puso la camiseta y se quedó pensando qué decir o hacer cuando Lauren regresó con expresión decidida.
—Vaya, aquí huele a sexo que tira de espaldas —dijo, agitando la mano frente a su cara al entrar en la cocina—. ¿Te ayudo a doblar esa última carga? Así puedes irte antes de que lleguen tus padres y empiecen con preguntas incómodas.
Josh hizo una mueca ante su tono frío. Se dio cuenta de que las chicas con las que había estado debían sentirse igual cuando las apuraba para que se fueran después de terminar. —Sí, gracias, déjame traerlas.
Doblaron la ropa juntos, pero Lauren parecía estar pensando en otra cosa. Josh recordó que aún planeaba ir al baile de graduación con Bruce. *Que se joda*. El pensamiento lo sorprendió. Aunque había visto posesividad en otros, rara vez había sentido envidia o celos.
—¿En serio vas a ir al baile con Bruce mañana?
—Sí —respondió, apilando otra camiseta en el cesto.
—¿Por qué?
—Ya te lo dije. El vestido está pagado y no pienso ir sin pareja. —Agarró otra camiseta y la extendió para doblarla—. Además, ahora hasta tengo ganas de verlo.
—Eh… ¿por qué? —A pesar de ser una chica de instituto, no la había entendido en absoluto.
Lo miró. —Voy a esperar a que el muy cabrón confiese lo que hizo esta noche. Con el tiempo, puedo sacarle cualquier cosa. Luego le diré que me parece bien, siempre y cuando no le importe que yo haga lo mismo. No creo que le siente muy bien. Y entonces *yo* le confesaré. —Su sonrisa habría enorgullecido a un tiburón.
—Joder —murmuró Josh, repentinamente más preocupado, pero por razones distintas.
—Ahora que lo entiendo mejor, me gusta la idea de *friends with benefits*. Si a Bruce no le importa que me ría cuando intente excitarme, hasta puede que lo deje follarme en el hotel como habíamos planeado.
La oleada de ira que lo invadió con sus palabras fue completamente inesperada. Josh sintió cómo se le erizaba el vello ante la idea de que Bruce la follara. La ironía de pensar eso le pareció una broma kármica, con él como el hazmerreír.
—Y tengo que agradecértelo a ti. —Lauren colocó la última camiseta doblada sobre el cesto de la ropa—. Ya está. Déjame ayudarte a llevar esto a tu coche.
Josh levantó el cesto y siguió a Lauren hasta la puerta principal de sus padres. Ella la abrió de par en par y se apartó antes de que pudiera darle un beso de buenas noches. Salió aturdido y se volvió hacia ella, intentando pensar en algo que decir, pero Lauren habló primero al cerrar la puerta.
—Gracias por todo. Seguro que nos vemos por ahí. —La puerta se cerró en su cara, dejándolo fuera mientras los mosquitos lo acribillaban bajo la luz del porche.
—Joder —murmuró—. *¿Qué coño acaba de pasar?*









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That was beautiful.😅
you were just used Josh