Él no lo sabe pero, va a ser mi esposo

Sinopsis

Izuku y Gogo han sido amigos de toda la vida. Él y el menor de los Bakugo hacen todo juntos, la escuela, las clases, los amigos, ¡ellos han compartido la bañera! Y se siente bien, su mejor amigo es como su hermano y no le gustaría perderlo, pero hay un pequeño problema, tiene nombre y apellido: Katsuki Bakugo, el odioso hermano mayor de Gogo, solo verlo le duele en las entrañas. Por eso todo fue perfecto cuando Katsuki se fue a la universidad, pero cuando volvió... ¡santo cielo, cuando volvió! Izuku solo desea meterse entre esos dos enormes pectorales y mover la cara de un lado al otro aunque se asfixie. Maldición, él moriría feliz asfixiado entre esos pectorales. ¿Qué pasará cuando Katsuki se entere de lo que el pequeño omega siente? ¿Qué dirá Gogo de que su mejor amigo/hermano de otra madre (de 17 años) quiera una relación con su hermano de sangre que además tiene 24?

Genero:
Romance/Drama
Autor/a:
Bakugo_Yuu
Estado:
Completado
Capítulos:
12
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1. Amigo, date cuenta

Una vez, a los 7, mientras jugaba en la sala de mi casa escuché un ruido poco frecuente desde la calle, cuando mamá me explicó que era un camión de mudanzas entendí que habría gente nueva en el vecindario. No fue hasta el día siguiente, cuando mamá me llevó con ella y un gran cuenco de galletas de chispas, que por cierto no me dejo tocar, que conocí a la familia Bakugou.


Gogo y yo nos hicimos amigos casi de inmediato. Recuerdo pasar casi todas las tardes de mi infancia jugando en casa de los Bakugou.


Katsuki, el mayor por algo más de 6 años, a veces se nos unía, aunque estoy seguro de que la mayoría de esas ocasiones o no había tenido nada mejor que hacer o lo habían obligado. Seguro lo obligaban.


Mi madre y la tía Mitsuki son mejores amigas desde entonces también. Por aquel tiempo no me di cuenta de lo que significaba algo de compañía para mi mamá. Papá trabaja en el extranjero casi desde siempre, y durante muchos años solo habíamos sido ella y yo. Así que los Bakugou nos habían caído del cielo.


Cuando la escuela comenzó de nuevo, Gogo estaba a mi lado, desde entonces hemos estado en las mismas escuelas, con los mismos horarios y casi siempre en la misma clase. No es de extrañar que prácticamente seamos como hermanos.


Así es como se siente, mamá confía en que Mitsuki y Masaru cuidan de mi como si fuera su propio hijo. Ellos me adoran y mamá adora a Gogo.


Cuando cumplimos 12, Katsuki se fue de la casa, la universidad en la que estudia está relativamente cerca, pero supongo que ya se había hartado de ser el niñero de los dos mocosos inútiles (como nos decía) y anhelaba algo de esa mentada independencia. Por su puesto no se fue para siempre, sin embargo, durante las vacaciones, que es cuando él regresa, yo no estoy. Desde los 10, mamá y yo viajamos durante los periodos vacacionales para ver a papá, así que él y yo no nos hemos vuelto a topar. Aunque Gogo dice que está bien.


En sus palabras: "El maldito cada vez es más genial".


Sé que Katsuki es un alfa dominante, así que le creo a Gogo cuando dice genial. Gogo también es un alfa, y su último chequeo médico decía que tiene un 87% de probabilidades de ser dominante, en realidad aún no ha tenido ninguna experiencia que deje claro si es así. Aunque a él le preocupan otras cosas.


Estaba agradecido de ser un alfa, y rayos ¿quién no? Son los que la tienen más fácil. Por otro lado, yo presenté como omega por ahí de los 14, justo el día antes de mi cumpleaños. Maldición, el peor maldito regalo del mundo, y no me malentiendan, me agrada ser un omega, encaja bien con mi apariencia, o eso dicen todos. La verdad es que, no me molesta la idea de embarazarme o tener un alfa. Me gustan los chicos, eso lo tengo claro, pero el celo, es odioso.


Una vez cada 3 meses tengo un ciclo de calor que dura, afortunadamente en mi caso, 2 días, no es nada que no pueda superar, pero es una molestia. Ya sabes, es esa tía que llega a tu casa sin avisar justo el día que toda la familia iba a salir a comer fuera y ahora nadie puede ir porque ni la quieren invitar ni les agrada salir con ella.


Fuera de eso, en realidad es ciertamente conveniente. Más o menos, los chicos omegas no somos tan comunes como las chicas omegas, igual que las chicas alfa. Una alfa dominante es un caso en cada 100,000. No soy tan exótico, pero me gusta ese 1 en cada 100. Y no ser recesivo le coloca otro 0.


Cuando descubrí mi ser omega, Gogo y yo entramos en mucho pánico. Gogo presento un mes antes que yo y durante todo ese mes rezamos a los cielos y la tierra que yo también fuera alfa porque si no, quizás nuestros padres nos obligarían a distanciarnos. Fueros días tensos, mi mamá habló con Gogo a solas durante lo que me pareció una eternidad después de pasado mi primer celo, aunque al final solo resultó que le pidió cuidarme, deposito su entera confianza en que no sentíamos nada romántico el uno por el otro y todo regresó a la normalidad.


En fin, volviendo a la realidad, el verano está por comenzar en una semana, después de vacaciones Gogo y yo habremos pasado por nuestro último verano como estudiantes de instituto, y el siguiente marzo tendremos que someternos a la inevitable separación. Gogo quiere seguir los pasos de su hermano y estudiar administración. Y yo seguiré mi propio sueño convirtiéndome en maestro, me gusta enseñar, me apasiona y si hay una oportunidad de que me paguen por eso lo hace ideal.


Aunque esto significa que estaremos en diferentes facultades, además dependiendo de los resultados de los exámenes, incluso podríamos terminar en universidades diferentes. La vida después de eso será muy distinta. Es por esta razón que por al menos este año preferí quedarme con Gogo durante el verano, pasaré las vacaciones con él y su familia mientras mamá se va al extranjero y, por si fuera poco, Katsuki y yo nos reencontraremos. Aunque no me entusiasma mucho.


En boca de Gogo parece seguir siendo tan prepotente y necio como lo recuerdo. Pero estoy dispuesto a soportar eso por el que pude ser mi último verano a lado de mi mejor amigo.


.


Martes por la tarde, en la penúltima semana antes de las vacaciones, Gogo y yo regresábamos a su casa después de la escuela, mi madre trabaja así que paso la tarde con los Bakugou hasta que ella regresa y vamos a casa.


—Y cuando dijo eso, claramente supuse que se refería a mí, ¿crees que exagero?


Hay un chico, un alfa de nuestra clase al que no le va bien en física y al que yo le doy tutorías porque, sin ánimos de presumir, soy el mejor de la promoción. Creo que se nota, mientras Gogo trae el saco en la mano, la corbata deshecha y la camisa fuera del pantalón, yo acorde con el reglamento no llevo ni una sola arruga en mi pulcro habito. En fin, Shindo hablaba sobre invitar a salir a su, y lo cito:—Lindo tutor, fue lo que dijo, dijo que soy lindo.


—Izu, no me malentiendas, eres lindo, sobre todo desde que te quitaste los frenillos, pero... ese idiota no te merece, para ser honesto ni siquiera sé como te fijaste en él.


Lanzo un resoplido mientras me deshago de mis zapatos para colocarlos uno junto al otro en el mueble de la entrada y posteriormente acomodar los de mi querido y desordenado amigo que siempre los vota por donde sea.


—Quiero decir, yo sé que podían referirse a cualquier otro omega que sea tutor, pero, ¿y si en serio se refería a mí?


Gogo lanzó sobre la silla de la estancia su saco y corbata con hastío. —Izu, cariño, yo te amo, y sé que eres lo suficientemente inteligente como para estar en el cuadro de honor toda tu vida, pero evidentemente no te das cuenta de lo obvio.


Levanto una ceja en clara expresión de: —¿Qué no hablaba de mí?


—¡Que ese hombre solo sale con omegas para presumir! —Cerré los ojos ante el grito, juro que sentí la fuerza del aire con la que dejo salir esas palabras de su pecho.


Pero no me convencía. —Yo sé, yo sé que solo sale con chicos lindos para conseguir favores—. Enfaticé la palabra favores haciendo comillas con los dedos mientras nos acomodábamos en el comedor con dos vasos de agua que Gogo amablemente sirvió. —Pero... si por pura casualidad no es el caso.


—Sería un milagro.


Fruncí el ceño. —La gente cambia Gogo.


—Shindo es más como... —Movió su vaso en círculos como si tomara vino mientras pensaba. —Como un perro.


—¿Sabes qué? No importa, no sé por qué me molesté en contártelo.


—Porque soy tu persona favorita en el mundo.


Esa sonrisa, esa brillante sonrisa que me da siempre que se siente a gusto. Gogo no sabe que esa sonrisa lo hace ver tan egocéntrico como el propio Shindo. Entre los omegas de nuestro grado tiene tanta mala fama como él, aunque no tiene nada que ver.


—Quita tu horrenda cara de mi vista.


—Vamos Izuku, escucha, de todos modos, si habla de ti o no, lo sabremos en algunas horas, pero desde ya te digo que, si te invita a salir y te lleva al cine, los asientos de atrás definitivamente no son los mejores.


Volteé los ojos tan atrás que vi mi propio cerebro. —Ese chico podrá gustarme, pero no dejaré que una mentira tan tonta me atrape.


—Más te vale puerquito. Como sea cambiemos de tema. ¿Ya decidiste?


—Licenciatura en enseñanza. Es definitivo, Chako y yo fuimos a ver la facultad este fin de semana. Es grandiosa. ¿Y tú?


—Me alegra, yo en realidad no estoy seguro, pero creo que Administración no está mal, como sea aún tengo algunos meses para decidir.


Justo en ese momento el bolsillo de mi pantalón comenzó a vibrar, era mi celular. —¡Es él! ¡Shhhhh!


—No estoy diciendo nada.


—Cállate—. Respira profundo Izuku, esto ha sucedido otras veces, en tu cabeza, pero lo ha hecho. —¿Diga?


—Izuku, hola, ¿estás ocupado? —. Su voz en mi oreja se escuchaba tan bien.


—Justo ahora estaba por ir a ver a Gogo, pero dime, ¿en qué puedo ayudarte?


Bakugou me hizo señas obscenas desde el otro lado de la mesa mientras yo le pedía silenciosamente que se callara con mi dedo medio. —¿Quería saber si quieres, digo, si te gustaría, salir conmigo el jueves?


—¿Salir?— Gogo quedó de piedra con esa pregunta. —¿El jueves?


—Si, quizás, no lo sé, ¿ir al cine?


—¿Al cine? Déjame ver si mi agenda está vacía—. Coloque mi palma sobre la bocina del celular mientras me tragaba el grito que me venía aguantando desde hace 15 segundos.


—¿Agenda? —susurro Gogo —¿Qué edad tienes, 50?


—No sabía qué decirle.


—Creí que querías salir con él.


—Si quiero, pero no debes ceder tan fácil Gogo, es lo que hacemos los omegas—Esta vez fue el turno de mi bff de mirarse el cerebro. Diablos, hasta yo lo hubiera hecho.


Coloqué de nuevo el teléfono contra mi oreja. —Creo que puedo el jueves.


—¡Genial! Entonces, afinamos detalles por texto ¿te parece?


—Claro.


Colgué sin despedirme.


—Si se vuelven novios y te deja, no quiero que vuelvas llorando cuando lo haga, porque lo único que recibirás de mí será un Te lo dije.


—Cállate, como mi mejor amigo deberías apoyarme y desearme lo mejor, no echarme sal.


—Lo que hago es advertirte, eso si lo hacen los amigos. Además, ¿no estás olvidando algo importante?


Fruncí el ceño. Gogo me miró como si fuera obvio, pero a mí no se me pasaba nada, nunca. —Si lo que quieres es persuadirme de que no vaya no va a funcionar.


—El jueves, ¿no tienes nada qué hacer?


Pensé por un instante. —La cena con tus padres, ¡es el jueves!


—No me digas.


El jueves el mayor de los hermanos Bakugou regresaba de la universidad. Katsuki se había graduado hace algunos días y antes de comenzar a trabajar, Mitsuki y Masaru lo habían convencido de pasar algún tiempo en familia mientras Katsuki arreglaba lo que restaba de sus papeles. Él regresaba el miércoles por la noche y el jueves cenaríamos todos juntos como parte de la celebración y la bienvenida.


—Mierda.


Me tragué el agua del vaso de un solo sorbo, tomé mi mochila y mis llaves para salir corriendo. Apenas escuche las palabras de Gogo cuándo me iba.


—Parece que si te hace falta una agenda.


Le mostré mi dedo de en medio como señal de despedida.


.


Para el día miércoles ya lo tenía todo resuelto así que como buen amigo obligué a Gogo a escuchar mi plan.


—Entonces, solo necesito que mañana me entren las clases, el club, la cita y la cena, todo en el mismo día y con tiempo suficiente entre una y otra.


Le dije, recostado sobre su cama tirando la pelotita para el estrés hacia arriba para volverla a atrapar, una y otra vez, mientras él hacia quien sabe qué enfrente del ordenador.


—Aja.


—Mañana me despierto temprano y dejo preparado el outfit para la cita y salgo para las clases, a las 8 estamos en la escuela y a las dos llegó temprano al club, termino actividades a las 3 y regreso a casa, a las 4:30 me encuentro con Shindo en el cine, dos horas de película y quizá 30 minutos de comentarios sobre ella con un helado después de la función y me regreso a casa en el tren de las 7 para llegar a tu casa a eso de las 7:30 justo a tiempo para la cena.


—Aja.


Frunció el ceño, apreté la pelotita en mi mano y la lancé con todas mis fuerzas hacia la nuca de Gogo.


—¡Ay! —se quejó, el chillón.


—¡No estás escuchando!


—¿No es demasiado? Zuzu los chicos como él no son de fiar y yo... No quiero que salgas lastimado, él no me agrada.


Fruncí el ceño. —No es que él me guste para algo más que solo salir ¿sabes?


Él resopló. —Lo mismo dijiste de Todoroki.


—Es diferente. Todoroki es Todoroki. Cualquiera sabe que solo basta hablar con él para enamorarte de su increíble personalidad.


Solo pude ver como Gogo torcía los ojos antes de que volviera a darme la espalda.


A Gogo no le gustaba hablar de la "competencia", odiaba particularmente a Shoto porque en la página web del alumnado había ganado 2 años consecutivos el premio a "El chico más lindo" y pues, no había nada que decir, estaba que ardía.


Hace dos años estaba perdidamente enamorado de él desde que me prestó un lápiz, fue tan amable y lindo cuando lo extendió hacia mí y dijo "toma, me sobra este". De nada sirve decir que no se lo regresé y que se convirtió en mi reliquia/amuleto de la suerte/posesión más preciada. Y si, yo también vote por él.


A pesar de todo comenzó a salir con un alfa dominante a mitad de segundo año. Yo también fui de los que quiso matar a Inasa.


Como sea, el caso con Shindo es distinto, él solo era el lindo de la clase A, no el lindo de la escuela como Todoroki, era inaudito compararlos.


—No regreses llorando cuando comience a salir con alguien más.


Abrí la boca indignado. Gogo a veces no tenía tacto.


Al día siguiente hice justo lo que había planeado, desayuné temprano y deje lista la ropa para la tarde antes de encontrarme con Bakugo para ir a clases. A las dos, llegué temprano al club de matemáticas, porque si, si soy ese nerd. Ese que en primaria le recordaba a la maestra "había tarea miss".


Lo sé, se me quitó después de mis varios años de bullying.


Una hora de estudio/puro chisme, porque ya se acabaron los eventos donde somos importantes, pero debía asistir porque significaba créditos extra y si, Shindo me gusta, pero no tanto.


Salí temprano y prácticamente corrí a casa, Gogo se iba a la suya porque su hermano ya debería haber llegado, efectivamente cuando pase a carrera larga frente a la propiedad de los Bakugo había un carro negro bastante bonito enfrente de la casa. La puerta estaba abierta y parecía que estaban metiendo cosas por las cajas que cargaba Masaru san, apenas vi salir a, quién yo creo, era Katsuki porque era demasiado alto para ser Gogo, cuando pase del otro lado de la calle que era donde estaba mi casa.


Me cambié rápidamente, un conjunto simple. Siempre me había gustado vestir con ropa holgada, eso me hacía ver más pequeño y sé de buena fuente que a los alfas les agrada eso, soy tierno, no puedo evitarlo. Un pantalón negro de bolsas a los costados porque hacía ver a mis piernas más rellenas y, ya que se detenían en mis tobillos, me sentía genial. Una playera básica blanca con un suéter color caqui que me quedaba enorme. Mis lentes de pasta delgada regalo de Gogo porque:


"—Así te ves sofisticado"


Algo de corrector para las ojeras, rubor sobre mis pecas y gloss color cereza.


—Ay que sabroso me siento.


Dije mientras me miraba al espejo y posaba como supermodelo, porque justo así me sentía.


Tenía tiempo así que solo avance a paso veloz porque no necesitaba sudar, muchas gracias. Nos encontramos enfrente de la plaza y yo estaba soñado, cuando lo vi, se veía muy apuesto, sin uniforme era como conocer a otra persona.


Llevaba las expectativas hasta las nubes y él, como todos los alfas con los que había salido antes, se encargó de bajármelas con tres palabras.


Me miró de arriba a abajo y exclamó: —Wow... Te ves... Gordo.