Prólogo
Daiki tenia una vida que consideraba feliz, presumia de sus padres siendo heroes profesionales y del amor que estos se tenian.
Que podria salir mal?
Esa tarde salió más temprano de lo previsto, las clases se suspendieron por asuntos a los que no presto atención cuando los explicaron, decidió caminar a casa como cada vez que eso pasaba
Distraído como iba, no se dio cuenta que tomo mal una calle y termino dando un gran rodeo, suspiro cuando al fin se ubicó, decidió seguir adelante en vez de volver.
Mientras vagaba por la calle, pensaba en que sus resultados de casta llegarían esa tarde, desde siempre supo que no sería un alfa como su papá Katsuki, no le molesto, se sintió bien al saber que será un omega como su mamá Izuku.
—Deberías tener cuidado Kats, alguien podría vernos— la voz femenina llamo su atención por el nombre qué pronunció.
Más adelante estaba un pequeño callejón, lo iba a dejar pasar cuando la voz qué respondió se le hizo mucho más que conocida.
Avanzó hasta quedar detrás de un contenedor de basura, era su papá el qué estaba ahí, entre él y la pared estaba una mujer de cabellos verdes y mirada sería.
La conocía, Setsuna, una heroina de la misma generación qué sus padres pero de la clase B.
—Nadie nos ve cielo— soltó Katsuki acercándose hasta besar a la chica que no tardo en responder el contacto.
Daiki estaba en shock, era su papá con otra omega, eso no estaba bien.
Salió de ahí despacio al inicio y cuando estuvo fuera del callejón, corrió como alma en pena hasta llegar a casa.
—Amor estas aqui— sonrió Izuku asomándose por la puerta de la cocina.
Daiki miró la hermosa sonrisa de su mamá y sus lágrimas cayeron solas, sacudió su cabeza y corrió escaleras arriba sin decir nada.
Izuku se quedo confundido, volvió a la cocina apagando las hornillas y asegurandose qué Dai dormía.
—Daiki?
—Dejame solo— grito el pequeño qué estaba sentado en la esquina de su habitación abrazando sus piernas.
—Amor qué pasa!?
—Dejame.
No sabía como manejar demasiado dolor en su pequeño corazón, tenía miedo de decirle a su mamá y que también sintiera dolor.
Una pequeña idea cruzo en su cabeza. Tomo su teléfono y tecleo llamando así a su mejor amigo.
Kio, el hijo de su tía uraraka y si tío Iida tenía la misma edad e iban al mismo colegio.
—Hola? — respondió Kio a la llamada de Daiki.
—Necesito ayuda— susurro poniendo en alerta al contrario.
—Paso algo Daiki? — Kio solía ser demasiado cuidadoso con el pequeño peliverde.
—Vi a mi papá con la heroina Lizardi, ellos se estaban dando un beso en un callejón, me duele mucho Kio— susurro angustiado.
Kio guardo silencio hasta que al fin volvió a hablar—Quieres quedarte en mi casa? Puedo pedirle a mamá que hable con tu mamá para que te deje venir.
—Si, pero que haré con papá?
—Ya veremos Iki
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Katsuki llevaba ya varios meses en ese juego peligroso con Setsuna, después de que ella volviera a su vida las cosas solo pasaron y ninguno había puesto de su parte para detenerse ni tampoco deseaban hacerlo. Ya no querían ir en contra de sus deseos, ya los habían pausado por más de diez años por culpa de un lazo qué no debía existir.
Amaba a Izuku pero después de tener a Daiki y Dai las cosas cambiaron, el tiempo en pareja ya no era lo mismo, el sexo era aburrido e Izuku terminaba tan agotado en el día que pocas veces se daba como debía.
Por ello le gustó aquellos encuentros qué poco a poco consumían más su tiempo
Setsuna sabía que tanto Katsuki como ella tenían culpa en sus hombros por verle la cara a Izuku, pero ella era la que menos tenía que perder y el alfa cenizo era demasiado bueno en la cama.
La tomaba sin reparos donde deseaba, no era dulce ni calido, al contrario, era posesivo y salvaje, no podía ir en contra de las peticiones de él por que su omega estaba encantada con el alfa.
Por eso permitió esos encuentros y ahora solo deseaba más llegando a llamar al cenizo en horas libres para pedir un encuentro a sabiendas qué Katsuki siempre dirá que si.
—Llegaste—sonrió a medias Izuku, nuevamente Katsuki tenía ese aroma sobre él, era sutil pero sus sentidos bien entrenados lo detectaban, hacía varios meses que las cosas entre ellos cambiaron, ya no habían besos de bienvenida, Katsuki ya no lo abrazaba como antes y tampoco hacía por tocarlo aunque Izuku se ofreciera.
—Llegue— comento con simpleza.
—Kacchan podrías ver a Daiki, llego esta tarde llorando y no ha bajado, intente hablar con él y no acepto nada— pidió preocupado.
—Tsk, claro.
El cenizo llego hasta la puerta de su cachorro, toco un poco y suspiro al no recibir respuesta.
—Enano, tu madre esta preocupada por ti, no has bajado a comer y ya es tarde.
Daiki podía ser el ser más dulce pero también podía ser digno hijo de su padre.
Abrió la puerta y encaro al héroe, podría ser mucho más alto y fuerte qué él pero ya no merecía ni una pizca de su respeto.
—Ah ya llegaste— soltó con sorna pasando al lado del cenizo— ya puedes irte.
—No me hables así mocoso
—o si no que? Eh? Quien crees que eres tu para amenazarme
—Tu padre
—Por desgracia— siseo el peliverde siguiendo por el pasillo y dejando ahí a Katsuki con una extraña sensación en su cuerpo.
El aroma de Daiki era de odio puro y no entendió que hizo para que su hijo tuviera ese sentimiento hacia él.
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Durante aquella semana, Daiki solo empeoró su comportamiento.
Le sonreía a su madre y adoraba pasar tiempo con su hermana de tres años, pero odiaba cuando Katsuki aparecía.
Se iba sin decir palabra o solo le lanzaba miradas llenas de ira.
Kio le acompaño una vez al lugar donde los había visto, y para suerte o desgracia ahí estaban de nuevo, eso destrozó por completo a Daiki qué cada día en la escuela era más retraído.
—Daiki? — shoto miraba al pequeño qué estaba al frente de su puerta en la agencia.
—Mi mamá —asomo su cabecita viendo a Izuku llorando.
El peliverde mayor limpio sus lágrimas cuando vio a su hijo.
—Daiki mi amor qué haces aquí, deberías estar en la escuela.
—Estas llorando otra vez mamá, lo haces muy seguido últimamente, que paso?
Daiki iba con la intención de pedir un consejo a su tío favorito, no espero que su mamá estuviera ahí menos llorando, otra vez.
—son cosas de adultos mi amor, todo esta bien.
Aquello hizo qué Daiki al fin se viera rebasado.
Se giro con la intención de salir de la agencia cuando vio a Setsuna llegar junto a su padre.
Quizá fue su don demasiado explosivo, o quizá su dolor guardado en su pecho, pero no dudo.
Una bola de fuego fue lanzada directo a Lizardi y luego exploto cuando hizo contacto con la heroina.
Katsuki y los demás vieron aquello con asombro, Daiki jamás fue así, jamás actuó de aquella manera.
—Qué te pasa?
—Solo se me salio de control mi don, perdon— susurro.
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—como esta setsuna? —pregunto Izuku cuando Katsuki entro a la casa.
—Estará bien, por suerte no fue una quemadura grave—respondio—iré a hablar con Daiki.
Subió las escaleras sin mucha prisa, no se molestó en tocar, solo entro viendo al niño sentado en un puf leyendo un libro.
—Por que atacaste a Setsuna? — gruño molesto.
Daiki lo ignoro, estaba molesto y solo odiaba casa vez más a su padre.
—Te estoy hablando— demandó Katsuki
Daiki apenas y se inmutó ante el tono usado por su padre, se mantuvo en silencio con su vista en el libro aunque no estaba leyendo más.
Katsuki molesto por ello avanzó hasta el pequeño peliverde y lo tomo con fuerza del brazo, Daiki apenas hizo una mueca, apretó sus labios para evitar hacer ruido.
Katsuki lo saco a rastras de la habitación y lo llevo a la sala donde Izuku miraba confuso al cenizo.
—Qué haces!? Lo lastimas Katsuki! — soltó molesto Izuku.
Lanzó al pequeño al sofá y lo miró con molestia.
—Vas a hablar, te has vuelto rebelde, faltas a clases, atacas a una heroina.
Daiki cerro con más fuerza su boca aunque eso le causaba dolor, miró a su papá con ira dejando que su aroma hablara.
Dai comenzó a llorar asustada por los gritos y el aroma, Izuku se levantó y la llevo arriba anunciando qué no tardaría en volver.
—Estoy esperando.
—Atacare a Setsuna cada vez que la vea si así lo quiero, estoy cansado de ti, de escuchar llorar a mamá, de hacer como si jamás los he escuchado peleando y las cosas que dicen pero más estoy enojado por que tu estas con ella, yo los vi, y te odio por eso— soltó Daiki Bajito conteniendo su ira.
Katsuki estaba pálido por la confesión de su hijo, Daiki no debía saber eso, como es que.
—Daiki
—Callate, te odio.
Se levantó casi corriendo a las escaleras y parando en seco al ver a Izuku una vez más llorando.
—Quiero que se vaya— soltó Daiki— ya no quiero verte llorar más mami.









me encanto