~ 1. The Fall ~
Una respiración agitada y unos pasos cautelosos en el solitario bosque nevado eran el único sonido que se podía oír a kilómetros.
Una gruesa capa blanca de nieve cubría casi la totalidad de la flora del frío lugar, pero él ya estaba acostumbrado a la vista y al aire gélido. A lo que nunca se acostumbraría era a las tormentas de nieve y justamente habían estado informando por la radio durante toda la semana que se avecinaba una justo en la tarde de ese mismo día.
De hecho, la poca visibilidad ya estaba dificultando su camino por el fuerte viento que golpeaba su rostro que ya escocía y lo hacía estremecerse cada ciertos minutos.
Una nube de vapor escapaba de su boca por el esfuerzo en cada paso que daba y se relamía los labios por la sequedad cada tanto.
Luego de unos minutos, a un par de metros al fin pudo ver lo que perturbó su tranquila y monótona mañana, alterando así toda su rutina y lo hizo ponerse velozmente sus botas, su chaqueta negra Columbia y su escopeta de caza, fiel compañera de aventuras, al hombro para luego salir corriendo en dirección al estruendo y luego al humo que alcanzó a divisar antes de perderse entre los frondosos pinos.
Se fue acercando sigilosamente, midiendo cada paso cauteloso hasta que su cerebro logró comprender lo que era: una avioneta... o un helicóptero, o lo que quedaba de este. El fuselaje casi estaba destruido por completo. Solo podía oír el sonido de un pequeño fuego repiqueteando al haberse extinguido casi por sí solo, un par de alarmas y luces que provenían de lo que se suponía era la cabina del piloto y... ¿un quejido, tal vez?.
El hermoso y pétreo rostro de Taehyung palideció ante la escena, su corazón se detuvo por unos segundos, sus ojos se abrieron con miedo al darse cuenta de lo que ésto significaba... había un sobreviviente.
Se relamió los labios y con cuidado fue removiendo partes sueltas del fuselaje de la nave hasta que al fin lo vió. Aún estaba con vida, sostenido de costado solo por el cinturon de seguridad que prácticamente pendía de un hilo. Su cara estaba cubierta, una parte por su pelo castaño y la otra por la sangre que desprendía desde alguna parte en su frente.
—Ah... A...yuda. —decía la voz débil, en apenas un susurro dolorido.
Taehyung raudamente acomodó la escopeta en su espalda y tomó su navaja que siempre lo acompañaba y cortó de un solo movimiento el cinturón atrapando al tripulando que lentamente fue deslizándose en sus brazos hasta que ambos cayeron en un colchón nevoso y frío.
El clima estaba empeorando, así que velozmente buscó por los rededores con su vista alguna cosa que pudiera necesitar. Luego de unos minutos encontró un par de bolsos, una maleta de primeros auxilios y una manta. Volvió a poner su escopeta al hombro y tomó al sobreviviente semi inconsciente y le puso una mochila a la espalda, dentro de esta iba la manta, el kit de primeros auxilios y cosas de aseo personal que encontró dentro de los equipajes.
Subió al extraño a su espalda y dio una última barrida con la mirada al lugar percatándose de que efectivamente nadie más había sobrevivido al impacto de la nave; así que emprendió camino hacia su cabaña lo más rápido que podían sus pies y sus fuerzas.
Y si el camino de ida hacia el sitio del suceso fue arduo, volver a su hogar se estaba volviendo casi imposible.
Sentía los cortes por el gélido y fuerte viento en su rostro ardiente, sus piernas temblaban por la fatiga y sus pies se hundían en las capas de nieve. Pero no se rendiría, ha pasado por situaciones mucho peores que esa, así que tomó coraje, dio un saltito para acomodar al hombre que llevaba a sus espaldas, subió el cierre de su chaqueta hasta tapar su nariz y continuó el camino. No se iba a detener.
Cuando logró divisar su casita suspiró de alivio y continuó, no se detendría hasta abrir la puerta de su cabaña y cerrarla a sus espaldas y fue justamente lo que hizo y al cerrar la puerta cayó de rodillas, casi sin fuerzas, pero se sintió orgulloso de sí mismo por su hazaña.
Arrastró al extraño hasta el pequeño sofá acomodándolo torpemente sobre él, después de quitarle la mochila y sacar la manta que había dentro de ella para posteriormente cubrirlo.
Echó un poco más de leña a la débil llamarada de fuego y puso la tetera con agua en la cocinilla, para luego suspirar sonoramente agotado y sentarse en su silla favorita, sonriendo por su logro.
Miró en dirección al castaño.
¿Qué habrá pasado?, ¿cómo fue a dar a ese lugar tan inhóspito y desolado? Las ráfagas de viento que azotaban con vehemencia las puertas y ventanas que ya se encontraban reforzadas y preparadas para el temporal que se avecinaba lo sacaron de su ensoñación y se volvió a levantar. —Bien, Kim Taehyung, es hora de poner en práctica los cuatro años de enfermería que alcanzaste a estudiar en la universidad, vamos.
Se relamió los labios. Lavó muy bien sus manos unas tres veces hasta que se sintió limpio y suficientemente desinfectado y luego se colocó unos guantes quirúrgicos y un tapabocas. Se acercó lentamente al hombre que yacía tranquilo en el sofá. Parecía como si estuviera tomando una siesta, si no fuera porque su cara y su ropa estaban teñidas de carmesí.
Primero tomó su cabeza y revisó de donde provenía la sangre y notó un sencillo corte en su ceja, nada grave.
Fue hasta el cajón de la mesita de luz de su sala y tomó unas tijeras para luego regresar hasta el cuerpo dormitante y cortar una a una sus prendas hasta dejarlo solo en ropa interior. Fue revisando seriamente y con el ceño fruncido, totalmente concentrado en su tarea: encontrar indicios de hematomas internos o externos, pero pronto descubrió que todo estaba bien, excepto por un feo y profundo corte en su muslo, a unos veinte centímetros de su rodilla izquierda. Ahí tenía incrustado en su músculo un trozo de lata algo oxidado.
—Vaya que tuviste suerte, hombre, saliste casi ileso, ahora roguemos que no seas alérgico a algún medicamento.
Fue hasta su dormitorio y de un pesado mueble tomó un frasco con un líquido cristalino y preparó una jeringa contra un posible tétanos.
Tomó además un ibuprofeno y se dirigió hasta donde estaba el hombre. Tomó entre sus manos el brazo del hombre, mientras una gota de sudor caía por su sien, ya casi no recordaba como poner una vacuna, pero se esforzaría. Ubicó donde podría ir la aguja, "parte superior, musculo deltoides", recordó. Hizo una pinza con sus dedos pulgas e indice atrapando un trozo de piel y enterró ahí la aguja con el medicamento. Suspiró de alivio, luego lo volvió a acomodar, tapándolo con la manta.
—Bien, ¿tétanos?, cubierto, esperemos que no desarrolle una infección, aunque si tengo penicilina para una inyección. Pero bueno, ahora a limpiar esas heridas. —Se decía a sí mismo.
Tomó el kit de emergencia y al abrirlo tomó todo lo básico para hacer una curación.
Descubrió nuevamente la pierna del castaño y con unas pinzas quitó el cuerpo extraño que tenía incrustado en la piel. Rápidamente hizo presión con una gasa estéril sobre la herida hasta que dejó de sangrar lo suficiente. Lo peor ya había pasado... o eso creía hasta el momento. Aplicó el suero en el feo corte aún un poco sangrante. Puso unos puntos adhesivos para unir las carnes, colocó una venda envolvente en su muslo y volvió a acomodar la pierna en el sillón, para finalmente tapar la extremidad inferior.
Fue hasta la cocina, preparó agua tibia y unos trapos limpios para limpiar su cara. Se acercó lentamente hasta él y apartó el cabello que cubría faz. Mojó un poco el paño, lo estrujo y fue limpiando con suavidad el rostro del extraño, describiendo poco a poco las hermosas y delicadas facciones que éste poseía.
Sí, es hermoso, muy hermoso...
Taehyung quedó admirado por la hermosura del hombre extraño y sin pensarlo deslizó sus dedos por sus párpados, nariz, pómulos hasta finalmente sus labios llenos y carnosos. Era muy guapo. Al darse cuenta de lo que hizo se ruborizó de inmediato.
—¿Qué estás haciendo, pedazo de idiota?— se regañaba a sí mismo, sacudiendo su cabeza, hace casi cuatro años que no venía a un hombre casi de su edad. La mayoría de las personas que ahí habitaban eran adultos mayores. Probablemente la curiosidad le había ganado, así que volvió a sacudir su cabeza para despejarse y volver a su trabajo.
Finalmente, aplicó suero en la herida de su ceja, la limpió bien y puso un parche. —Listo, ahora a esperar a que despierte. — Se lavó las manos, se preparó un té, se volvió a sentar en su silla y por fin descanso, complacido por toda su labor.