Capítulo 1
–Al ver esto, no es difícil creer en la institución del matrimonio, ¿verdad? –comentó Oh Sehun. Estaba observando cómo bailaba su amigo, Park Chanyeol, con su flamante esposo, Baekhyun.
El banquete se estaba celebrando en un edificio municipal de isla Jeju. No era el lugar más apropiado para una fiesta de ese tipo y nunca se habría imaginado que su amigo acabara celebrando allí su boda. Pero se dió cuenta de que era normal que Chanyeol y Baekhyun quisieran casarse en esa isla que tanta importancia había tenido en su relación.
El novio estaba bellísimo y su incipiente barriguita lo hacía brillar aún más. En medio de la pista, Baekhyun bailaba abrazado a su marido. Solo tenían ojos para ellos dos. No parecían conscientes de todas las personas que los observaban. Y su amigo Chanyeol sonreía como si fuera el hombre más feliz del mundo.
–Parecen muy felices, casi demasiado –comentó Kim Jongin a su lado.
Sehun se echó a reír al oírlo. Miró a Jongin. Contemplaba a los recién casados con una mano en el bolsillo del pantalón y una copa de vino en la otra.
–Sí, es verdad –repuso él.
Se echó a reír al ver que Jongin hacía una mueca de desagrado. Sabía que iba a verse en esa situación muy pronto. Vió que la idea no le agradaba demasiado, pero decidió sacar el tema de todos modos.
–¿Qué es lo que te ocurre? ¿Sigue insistiendo Lee?
–Sí. Y no sabes hasta qué punto. Está empeñado en que me case con Jennie. No va a aceptar nuestro acuerdo empresarial hasta que consienta. Ahora que hemos encontrado el sitio adecuado para el complejo hotelero, estoy preparado para dar el siguiente paso. Pero Copeland quiere que salgamos antes durante un tiempo. Quiere que Jennnie tenga tiempo para acostumbrarse a mí. No lo entiendo, ese hombre parece vivir en el siglo xix. No conozco a nadie más que intervenga de esa manera en el matrimonio de su hijo. Y, para colmo de males, es una condición indispensable para que podamos seguir haciendo negocios. No consigo comprenderlo…
–Al menos se trata de Jennie, se me ocurren otras personas con las que estarías mucho peor –le recordó Sehun pensativo.
Jongin lo miró con gesto comprensivo.
–¿Sigues sin saber nada de Luhan?
–No. Pero llevo poco tiempo buscando, acabaré dando con él.
–No sé por qué quieres encontrarlo. Creo que sería mejor que lo olvidaras y siguieras adelante con tu vida. Estás mucho mejor sin él.
Apretó los labios y miró a su amigo antes de contestar.
–Ya sé que estoy mejor sin él. No quiero encontrarlo para pedirle que vuelva a formar parte de mi vida.
–Entonces, ¿por qué has contratado a un detective para que lo encuentre? ¡No lo entiendo! Creo que deberías dejar que el pasado siga en el pasado. Supera de una vez lo que ocurrió y mira hacia el futuro.
Sehun se quedó unos segundos en silencio. Era difícil de explicar, pero sentía la necesidad de saber dónde estaba y qué estaba haciendo. Tenía muy claro que no debía importarle si estaba bien o no. Sabía mejor que nadie que le convenía olvidarlo, pero no podía.
–Quiero conseguir algunas respuestas –murmuró entonces–. No llegó a cobrar el cheque que le di y quiero asegurarme de que no le ha pasado nada.
Sabía que era una excusa muy poco convincente, pero era todo lo que tenía. Jongin frunció el ceño al oír sus palabras y tomó un sorbo de vino.
–Después de lo que hizo, me imagino que se siente algo avergonzado y no quiere dar la cara.
–Puede que tengas razón –repuso Sehun.
Pero tenía la sensación de que había algo más. Le molestaba que ese hombre siguiera preocupándole, pero no podía evitarlo.
Y le había extrañado mucho que no cobrara el cheque que le dio.
No entendía por qué seguía pensando en él, pero era así, estaba presente en cada uno de sus pensamientos. Había pasado muchas noches en vela durante esos últimos seis meses, preguntándose si estaría bien y a salvo. No quería sentirse así y trataba de convencerse de que era normal que le preocupara y que se sentiría igual con cualquier mujer que estuviera en las mismas circunstancias.
–Bueno, se trata de tu dinero y de tu tiempo –le dijo entonces Jongin–. Mira, ahí esta Jongdae. Creí que ese ermitaño no iba a salir de su fortaleza ni siquiera para una ocasión tan especial como esta. Kim Jongdae se abría paso entre los invitados. Vio que la gente se apartaba instintivamente para dejarlo pasar. Era elegante y fuerte. Emanaba poder por los cuatro costados. Su carácter frío hacía que no fuera una persona demasiado afable, pero normalmente conseguía relajarse cuando estaba con sus amigos.
El problema era que solo tenía tres amigos: Sehun, Jongin y Chanyeol. No tenía paciencia para nadie más.
–Siento el retraso –les dijo Jongdae cuando llegó a su lado.
Se quedó mirando unos instantes a los recién casados. Seguían en la pista de baile.
–¿Qué tal ha sido la ceremonia? –preguntó Jongdae.
–Preciosa –repuso Jongin–. El sueño de cualquier doncel. Pero sé que a Chanyeol poco le importaba cómo fuera la boda. Solo quería que, al final del día, Baekhyun fuera suyo. Jongdae rió al oírlo.
–Pobre desgraciado. No sé si debería felicitarlo o darle el pésame –dijo el recién llegado.
–Baekhyun es un doncel bueno y encantador, Chanyeol ha tenido suerte de encontrarlo –repuso Sehun.
Jongin asintió con la cabeza y Jongdae sonrió.
–He oído que a ti tampoco te queda mucho para dar este paso –le dijo Jongdae a Jongin.
El aludido maldijo entre dientes.
–Preferiría no hablar de eso. Lo que de verdad me interesa es saber si has conseguido adquirir el solar donde se edificará el hotel ahora que sabemos que no podrá ser en isla Jeju.
Jongdae lo miró con incredulidad.
–¿Acaso dudas de mi capacidad para los negocios? He llegado a un acuerdo y tenemos ocho acres frente a la playa de Saint Angelo. Además, he conseguido muy buen precio. La construcción comenzará en cuanto consiga organizar a los trabajadores. Si trabajamos duro, creo que conseguiremos terminarlo a tiempo y cumplir así el plazo que nos habíamos propuesto en un principio.
Los tres hombres miraron entonces a Chanyeol, que seguía bailando con su flamante esposo. Habían tenido que cambiar por completo sus planes después de que Chanyeol decidiera que el hotel no podía construirse en isla Jeju, pero a Sehun le resultaba difícil enfadarse con él al verlo tan feliz.
Sintió que algo vibraba en su bolsillo y sacó el teléfono móvil. Estaba a punto de rechazar la llamada cuando vio en la pantalla quién era. Frunció el ceño y se disculpó mientras salía rápidamente del edificio.
Le sorprendió una fuerte brisa marina que le agitó el cabello. Le encantaba el olor del mar.
Hacía muy buen tiempo. Era el día perfecto para celebrar una boda en la playa.
–¿Diga?
–Creo que lo he encontrado, señor – le dijo el detective sin siquiera pararse a saludarlo.
Se quedó sin aliento al oírlo.
–¿Dónde?
–Aún no ha dado tiempo a enviar a uno de mis hombres para que lo confirme. Acabo de recibir la información hace unos minutos y tengo la suficiente certeza de que es él como para avisarlo. Mañana podré decirle algo más.
–¿Dónde? –preguntó Sehun de nuevo.
–Está en Daegu, trabaja en un restaurante. Nos costó localizarlo porque había un problema con su número de identificación. La persona que lo contrató se equivocó en una de las cifras. Cuando corrigieron el error, no tardamos en dar con él. Podré entregarle un informe completo y unas cuantas fotografías mañana por la tarde.
Daegu. Le pareció muy irónico. Llevaba todo ese tiempo viviendo muy cerca de él y sin saberlo.
–No, no es necesario –le dijo Sehun–. iré yo mismo. Podría llegar a Daegu en un par de horas.
El detective se quedó unos segundos en silencio.
–Pero puede que no se trate de él. Preferiría terminar de recabar toda la información y evitar que vaya a Daegu para nada.
–Acaba de decirme que piensa que se trata de él –repuso Sehun con impaciencia–. Y, si no lo es, no pienso hacerle responsable del error.
–Entonces, ¿quiere que le diga a mi ayudante que no vaya a hacerle fotografías?
–Si se trata de Luhan lo sabré de inmediato –le dijo después de quedarse unos segundos pensativo–. Si no lo es, me pondré en contacto con usted para que continúe buscándolo. De momento, no hay necesidad para que envíe a nadie al restaurante. iré yo mismo.
Sehun condujo por el barrio de Jukgok intentando encontrar lo que buscaba. Llovía a cántaros. El detective le había dicho que Luhan trabajaba en un pequeño restaurante en la zona oeste de Daegu. No le había sorprendido que eligiera ese tipo de trabajo. Cuando se conocieron, era camarero en un restaurante de moda en Gangnam. Si hubiera cobrado el cheque que le había dado, no habría necesitado trabajar, al menos durante algún tiempo.
Recordó que, incluso después de comprometerse, Luhan le había asegurado que quería volver a la universidad. Entonces, no había entendido su deseo, pero había decidido apoyar su decisión. Habría preferido que dependiera completamente de él, aunque sabía que era algo egoísta por su parte sentirse así.
Cada vez le costaba más entender por qué no había cobrado el cheque que le dio.
Después de hablar con el detective, se había despedido de Chanyeol y Baekhyun, deseándoles mucha felicidad. No le había dicho a Jongdae ni a Jongin que por fin había dado con el paradero de Luhan. Se limitó a comentarles que tenía un asunto urgente y que debía marcharse.
Había tomado el primer transbordador hacia Daegu. Pero cuando llegó a Daegu ya era demasiado tarde y pasó la noche en un hotel del centro de la ciudad. No había podido dormir.
Había amanecido con el cielo gris y cubierto de nubes. Empezó a llover en cuanto salió del hotel y no había parado desde entonces. Pensó en la suerte que habían tenido Chanyeol y Baekhyun el día anterior. imaginó que ya habrían salido hacia su luna de miel.
Miró la pantalla de su GPS y vio que aún estaba a varias manzanas del restaurante. Para colmo de males, todos los semáforos que se encontraba estaban en rojo. No entendía por qué tenía tanta prisa por llegar. No era probable que fuera a marcharse antes de que llegara él.
Tenía infinidad de preguntas en su cabeza, pero sabía que no iba a poder conseguir ninguna respuesta hasta que hablara con él.
Pocos minutos más tarde, aparcó frente a un pequeño restaurante. Se quedó mirándolo perplejo, no podía creer que Luhan trabajara en un sitio como aquel.
Sacudiendo la cabeza, salió de su BMW y fue corriendo hasta la puerta del local. Entró mientras trataba de sacudirse la lluvia de la ropa.
Miró su alrededor y fue a sentarse a una mesa al fondo del restaurante. Un camarero que no era Luhan se le acercó poco después y le entregó la carta.
–Sólo quiero un café, por favor –murmuró él.
–De acuerdo –repuso el camarero. Regresó un par de minutos después con el café.
–Si quiere algo más, no tiene más que pedirlo.
Estaba a punto de abrir la boca para preguntarle por Luhan cuando vió a otro camarero. Era él.
Llevaba su melena rubia algo más larga que antes y recogida en una cola de caballo, pero estaba seguro de que se trataba de él. Sintió una corriente eléctrica que le recorrió el cuerpo al verlo allí.
Cuando se giro y lo vio de perfil, se quedó sin aliento y sintió que estaba a punto de desmayarse.
No podía creerlo.
La curva de su vientre no dejaba lugar a dudas.
Estaba embarazado.
Levantó la vista y vió que Luhan también lo había visto. Abrió sus ojos miel y se quedó inmóvil.
Antes de que pudiera reaccionar de algún modo, vió que Luhan apretaba con furia los labios.
No entendía por qué parecía estar tan enfadado con él.
Vió que apretaba los puños, le dió la impresión de que estaba deseando darle un puñetazo. Después, sin decir nada, se dió media vuelta y fue hacia la cocina.
Frunció el ceño al verlo desaparecer. El encuentro no había ido tal y como había previsto. No tenía muy claro qué tipo de reacción había esperado, pero parte de él había soñado con que Luhan se disculpara y le pidiera entre lágrimas que volviera a aceptarlo. Lo último que había esperado era encontrarlo embarazado y trabajando en un restaurante de mala muerte como aquel. Era el tipo de situación en el que era normal encontrar a un padre soltero sin recursos, no a un hombre que estaba a punto de terminar una carrera universitaria con excelentes calificaciones.
Embarazado…
Inhaló profundamente para tratar de calmarse. Necesitaba saber de cuántos meses estaba. Parecía estar de siete meses o quizás más.
Se le hizo un nudo en la garganta al pensar en las posibilidades que esa situación presentaba. No podía creerlo. Sintió de repente tanta angustia que le costaba respirar.
Si estaba embarazado, embarazado de siete meses, cabía la posibilidad de que aquel fuera su hijo.
Pero también podía ser el bebé de su hermano.
Luhan entró corriendo en la cocina y trató de quitarse el delantal. Maldijo entre dientes mientras intentaba desatar sin mucha suerte el nudo. Era casi imposible con las manos tan temblorosas.
Perdió la paciencia y se arrancó el delantal sin esperar a desatarlo. Lo dejó en la percha donde todos los camareros colgaban los suyos.
No entendía qué hacía Sehun allí ni cómo había conseguido dar con él. Se había ido de Seúl sin saber qué iba a hacer con su vida. Pero era algo que en ese momento apenas le había importado. No había tratado de esconderse, incluso había imaginado que Sehun podría haberlo encontrado si se lo hubiera propuesto. Pero ya habían pasado seis meses y no entendía por qué había aparecido justo en ese momento.
Estaba seguro de que no se trataba de una coincidencia. Ese restaurante no era el tipo de lugar que frecuentara alguien como Oh Sehun. Sabía que nadie de su familia se dignaría a entrar en un restaurante que no fuera de cinco tenedores.
Pero sacudió la cabeza al ver lo que la presencia de ese hombre estaba consiguiendo. No le gustaba sentirse así ni quería sentir tanta amargura.
–¿Qué te pasa, Luhan? –le preguntó Zhan.
Se dio la vuelta y vio que el otro camarero lo observaba con preocupación.
–Cierra la puerta –susurró Luhan.
Zhan hizo lo que le había pedido.
–¿Estás bien? No tienes buen aspecto, Luhan. ¿Se trata del bebé?
Sus palabras le hicieron recordar que estaba embarazado y lo que Sehun habría pensado al verlo en ese estado. Tenía que salir de allí cuanto antes.
–No, no me encuentro bien –le dijo entonces–. Dile a Sooman que he tenido que irme, por favor.
–No le va a gustar –le advirtió Zhan–. Ya sabes cuánto se enfadaba cuando faltamos al trabajo. Hay que estar casi moribundo para que te permita tomarte un descanso.
–Entonces, dile que dejo el trabajo –murmuró Luhan mientras iba hacia la puerta trasera.
Pero, antes de salir al callejón, miró de nuevo a su compañero.
–Hazme un favor, Zhan. Es muy importante, ¿de acuerdo? Si alguien en el restaurante te pregunta por mí, cualquier persona, no les digas nada.
Zhan abrió mucho los ojos.
–¿Es que estás metido en algún lío? –preguntó el chico.
–No, no es eso. Te lo prometo. Se trata de mi exnovio. Es un verdadero canalla y acabo de verlo en el comedor.
Zhan apretó furioso los labios y lo miró con decisión.
–De acuerdo, cariño. No te preocupes por nada, yo me encargo de él.
Salió por la puerta y fue por el callejón hacia su apartamento, estaba muy cerca. Iba a quedarse allí y pensar en lo que podía hacer.
De camino a casa, se detuvo enfadado. ¿Por qué tenía que salir corriendo de su trabajo y debía esconderse? Después de todo, no había hecho nada malo. Sabía que debería haberse acercado a él y darle un puñetazo en vez de salir huyendo como si fuera un delincuente.
Subió las viejas escaleras hasta su apartamento. Cuando entró, cerró la puerta y se apoyó en ella.
Tenía los ojos llenos de lágrimas. No quería volver a verse en esa situación. No deseaba que nadie volviera a tener tanto poder sobre él. Ese hombre le había roto el corazón.
Al pensar en él, se llevó las manos al vientre y lo acarició despacio, tratando de calmar al bebé y a él mismo.
–Nunca debí enamorarme de él –susurró–. Fui un tonto al pensar que podría llegar a formar parte de su mundo y que su familia llegaría a aceptarme.
Se sobresaltó a sentir que se movía la puerta en la que estaba apoyado. El corazón comenzó latirle con fuerza.
–¡Luhan, abre la puerta ahora mismo! ¡Sé que estás ahí!
Tal y como había temido, se trataba de Sehun. La última persona a la que habría querido ver en esos momentos.
Golpeó de nuevo la puerta y lo hizo con tanta fuerza que tuvo que apartarse de ella.
–Vete de aquí –gritó él–. No quiero hablar contigo.
De repente, la puerta tembló y se abrió de golpe. instintivamente, dió algunos pasos hacia atrás y se cubrió la barriga.
Sehun llenaba el umbral de la puerta y le pareció más alto y fuerte que nunca. Lo fulminaba con la mirada, como si pudiera ver lo que estaba pensando.
No podía creer que estuviera allí, de nuevo en su vida. Temía que volviera a romperle el corazón.
–Fuera de aquí –le dijo él tratando de controlar su voz para parecer tranquilo–. Sal de aquí o llamo a la Policía. No quiero hablar contigo.
–Pues es una pena –repuso Sehun yendo hacia él–. Porque yo sí quiero hablar contigo. Para empezar, quiero saber de quién estás embarazado.