Dios sálvame si eres tú.

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Sinopsis

Cuentos que van hacia la hagiofobia y cosas relacionadas al fanatismo religioso de manera excesiva. No busco tachar de mala la religión católica y sus variantes, simplemente es ficción y mi manera de ver a ciertas personas extremas en estas religión pero sin ofenderlas.

Estado:
En proceso
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Un Milagro

Otro día, otra semana, otro mes, otro año y todas las mañanas sigo escupiendo este rosal que cada vez me mata.

¿Cuándo acabará esta rutina? ¿Algún día mi garganta podrá descansar de las espinas de las rosas que salen de mi boca? ¿Seré capaz de sacarlas todas y terminar este sufrimiento?

Son las preguntas que siempre pasan por mi mente al ver el lavabo lleno de pétalos y sangre, podría ser una linda pintura el acabado de mi baño, pero su significado no es para nada hermoso. Van varias veces que intento sacar las flores con mis propias manos, pero eso solamente me provoca el vómito, una vez llegué hasta desmayarme, no es algo que me enorgullezca de hacer y más cuando es algo que a mamá le prometí que jamás volvería a hacer, pero ya estoy cansada de tener que despertar casi ahogándome por las rosas que salen.

Quiero dejar de sufrir todo esto. ¡Dios, por favor, libérame de esta tortura que quiero despertar sin esto en mi boca y volver a tener una vida normal! Te prometo que jamás volveré a mortificar a mi madre con mis visitas constantes al hospital. Te juro a ti, Dios, que ya aprendí a no juzgarme tan cruelmente y que t eres el único que puede juzgarme y darme mi castigo, este pesar es peor que estar encerrada en hospitales por la anorexia que me causé.

¡Dios mío, te lo suplico! Tú que todo lo oyes, ayúdame otra vez, si es que tan bueno eres, te imploro que me quites mi sufrir, no te volveré a pedir que me des la delgadez que buscaba en mi cuerpo porque cuando te lo pedí, me diste este rosal en mi interior, ya aprendí mi lección.

Otra mañana y otra vez al baño a recrear esa bonita obra de sangre y pétalos. Está claro que Dios me odia. Prefiero morirme, quiero morirme. ¡Dios, mátame de una vez! Me tiré al suelo llorando, este cansancio me estaba consumiendo y no sé cuánto tiempo soportaré. Me he ocultado años por el miedo del qué dirán mis amistades o mi madre, más que nada mi señora madre que es a la que tanta preocupación le doy desde que nací. Me siento tan mal el hecho de haber nacido por darle responsabilidades a una adolescente, aunque sé que no es mi culpa el que ella me tuviera a sus 17 y siempre me repita que soy su milagro de Dios sigo sintiendo que soy el mal en su vida.

¿Y si Dios en realidad no existe? ¿Estoy pagando el castigo de mi madre por tenerme a tan corta edad?

Ya no sé qué más pensar debería levantarme a limpiar todo este desastre, espero que mañana Dios me cumpla el milagro que quiero.

Y así fue, a la mañana siguiente de la ventana del baño salía un hermoso rosal y todas las señoras que pasaban por la calle se quedaban fascinadas por lo bien tratado que se veía, se escuchaba cómo es que tocaban la puerta, pero nadie respondía. Una de esas señoras le preguntó a una de las vecinas y la respuesta que le dio fue: “Es un milagro del Señor, nuestro Dios”, y así quedó el bello rosal de la ventana. Lo llamaron el milagro de Dios cuando nadie sabía que el rosal se mantenía vivo por mi cuerpo sin vida en la tina de baño justo al lado de la ventana. Al final, Dios me dio mi milagro, no como quería exactamente, pero por lo menos me concedió el deseo de haber muerto y librar las preocupaciones de mi madre.