Dulce tentación…

Sinopsis

Un encuentro inesperado que se volvió obsesión, el no debió haber estado ahí, ni mucho menos debió esperar a poder tenerlo, sin embargo, aún así ambos lo querían…

Estado:
Complete
Capítulos:
1
Rating
4.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
18+

Capítulo Único.

No debería haberme fijado en el, un criminal como yo no debería aspirar a tener algo bueno en su vida, sin embargo mientras más lo veía más lo quería solo para mí. Nuestro primer encuentro fue accidente, aún recuerdo lo asustado que se miraba mientras mi mano cubría su boca, sus ojos se abrieron tanto que por un momento temí que se le salieran, su olor impregnó mis sentidos a pesar de que estaba empapado por el agua de la alberca, un desconocido que ingresó a su pateo, me molestó que fuera tan fácil llegar hasta el, pero sobre todo, me molestó lo sexi que se miraba con ese traje de baño, su pecho descubierto y empapado mojaba mi camisa, pero no me molestaba, su piel blanca se veía apetecible, se me hizo agua la boca solo de imaginarme dejando marcas por todo su delicado cuerpo, y ese fue el comienzo de mi obsesión.

Desde ese día comencé a seguirlo, a la escuela, sus extra curriculares, su trabajo, no importaba a donde fuera, yo seguiría a mi dulce chico, verlo sonreír cuando sus amigos decían algo, fruncir el ceño cuando algo se le dificultaba, morderse el interior de la mejilla cuando estaba nervioso, todas esas cosas me hacían perder un poco más la cabeza por él y lo quería solo para mí.

Phuwin, el tierno chico siete años menor que yo, no debía saber su nombre ni su edad, pero me acababa de enterar eso justo en este momento, cuando lo seguí hasta un bar para que festejara su cumpleaños, no entendía porque no podía sacármelo de la mente, solo sabía que quería más. 

No podía soportarlo más, me molestaba verlo sonreírle a alguien más, todo había empeorado desde su cumpleaños cuando tuve que deshacerme de un imbecil que lo molestaba, mirarlo nadar me relajaba, con cuidado me acerqué hasta el borde de la piscina esperando a que llegara ¿cómo era posible que no estuviera consiente de su entorno? Estaba preparado para tener que silenciar sus gritos cuando me viera sentado al borde de la piscina, sin embargo me sonrió y salió sentándose a mi lado – ¿Por qué no estás asustado? — pregunté con curiosidad, sus mejillas estaban rojas posiblemente por el esfuerzo, las gotas de agua recorrían su piel y yo quería limpiarlas con la lengua, el simplemente se encogió de hombros — Sabía que vendrías — dijo después de un rato.

Su cuerpo estaba muy cerca del mío, su respiración aún no se calmaba y yo perdí la cabeza, mis labios chocaron con los suyos, sus brazos me rodearon por el cuello atrayéndome más hacia el, fui inclinándome hasta que su espalda chocó contra el suelo, abandoné el beso para recorrer su cuello con mis labios hasta la clavícula donde lo mordió suavemente haciéndolo gemir, con mi lengua hice todo el camino de regreso mientras una de mis manos masajeaba su cadera, sus manos frías se perdieron bajo mi camisa, me aparté del beso para podérmela quitar, me las arreglé para levantarlo sin dejar de besarlo y llevarlo hasta su mesa del comedor, sus gemidos iban creciendo haciendo que el bulto en mis pantalones se hiciera más grande, me deshice de mi pantalón antes de quitarle su traje de baño y continuar besándolo, mi mano rodeó su miembro, comenzando a masturbarlo lentamente mientras mi lengua jugueteaba con uno de sus pezones — Ma-más — gimió arqueando su pecho, chupe y mordí ambos pezones mientras aumentaba el ritmo de mi mano llevándolo hasta el orgasmo, unté su semen en mis dedos y volví a besarlo antes de introducir dos dedos en su interior, me tragué su grito mientras sentía como su canal se contraía apretando mis dedos, comencé a moverlos lentamente, metiéndolos y sacándolos, mientras pasaba mi lengua por las lagrimas que cubrían su rostro — Te sentirás mejor, lo prometo — dije con voz entrecortada a su oído, Phuwin volvió a gemir mientras asentía, sus ojos se ponían en blanco mientras el rubor en sus mejillas iba en aumento, ingresé un tercer dedo haciéndolo gruñir, volví a adueñarme de sus labios antes de sacar mis dedos y penetrarlo de golpe, su aro se contrajo al rededor de mi longitud apretándome haciéndome gemir, sonreí limpiando las lágrimas que habían vuelto a correr por su rostro antes de comenzar a moverme, entraba y salía lentamente de él, sus gemidos resonaban en la habitación mientras me miraba, el recostado sobre la mesa con su pecho cubierto de mis mordidas me excito demasiado, así que comencé a entrar y salir más rápidamente — Ah, si, así — gimió, coloque una de sus piernas sobre mi hombro y comencé a moverme más rápido — Dios, si — gritó cuando encontré aquel sensible punto, golpee dos veces más ese dulce lugar antes de sacarlo por completo, me miró con fastidio haciéndome sonreír, lo gire para que quedara boca abajo? Sus piernas colgaban a escasos centímetros de la mesa — Oye, no voy a poder así — se quejó, levante su trasero y volví a penetrarlo de golpe, llevé mi boca hasta su oreja — Me llamo Pond — dije antes de comenzar a moverme sujetándolo de la cadera, sus manos se aferraban al borde de la mesa mientras sus pies se aferraban a mis muslos, yo continuaba follandomelo tal y como me lo había imaginado muchas veces, sus gemidos fueron en aumento junto con el sonido de nuestras carnes chocando, sujete su cabello levantando su cabeza de la mesa — y eres mío Phuwin — dije antes de morder su cuello haciéndolo gritar.


Mi dulce chico descansaba sobre mi pecho, estuvimos al rededor de tres horas haciéndolo y terminamos en su habitación — ¿Por qué tardaste tanto en venir? — preguntó — ¿De qué hablas? — dije confundido, levantó la cabeza para mirarme — ¿Tienes idea de lo difícil que era para mí fingir que no te sentía acompañándome? Quizás no te vi, pero sabia que estabas ahí — su declaración me hizo reír — ¿O sea que hiciste todo consiente? — pregunté jalando su cabello — Tenías que ser mío — gimió mientras lo mordía — Soy tuyo — dije a su oído antes de volver a ponerme sobre de él riendo.