Please Please Please | | Honghwa২

Sinopsis

Seonghwa decía que están equivocados, incluso su omega sabía que nada era como ellos pensaban, que era diferente y que el amor entre ellos era más que suficiente, simplemente ellos no lo entendían. No era como decían Eso era lo que más le rogaba a Hongjoong ८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ Oneshot basado en Please Please Please de Sabrina Carpenter ८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ──८ ' ᵔ ' ა─ׄ─ׄ

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16+

𝒟𝑜𝓃'𝓉 ㅤ𝓅𝓇𝑜𝓋𝑒ㅤ 𝒯𝒽𝑒'𝓂ㅤ 𝓇𝒾𝑔𝒽𝓉

Su relación era todo un dilema

Era un tanto difícil

Indescifrable

Sin duda linda

Enigmática

Cálida

Cambiante

Impredecible

Y sobre todo muy juzgada

Al menos así la recuerda

Seonghwa era un omega había aprendido a navegar por su vida con una rutina meticulosa, una danza constante entre su inmensa pasión por la gimnasia rítmica y sus estudios universitarios. Sin embargo, su mundo se había sacudido de una manera inesperada desde que ese olor a café negro tan espeso y oscuro como su dueño había entrado en escena tal como una flor que brota repentinamente de entre las grietas del pavimento, su esencia la flor misma y ambas ramitas alzadas similares a sus brazos, esos que extendía de par en par cuando lo abrazaba al salir de las prácticas.

A juzgar por su apariencia de rosas listones, corsés, maquillaje suave y finos ojos que parpadeaban con delicadeza cualquiera pensaría que el tipo ideal de Seonghwa eran los más recatados o finos partidarios.

Contrario a como lo esperaban Seonghwa se inclinaba más hacia los cortejos rápidos, duros y crudos.

En Seonghwa había algo contradictorio entre su apariencia y gustos internos, una estupidez para cualquiera, un laberinto entretenido para Hongjoong. Siendo hijo de uno de los cenadores de la región así como el mejor estudiante de Artes Escénicas, Kim Hongjoong terminó siendo ese por quien Park Seonghwa coloreaba su rostro de colores pasteles. De prendas negras como botas, camisetas de alguna banda, cadenas frías, tatuajes en los hombros, plata enroscada alrededor de sus dedos y ojos filosos Hongjoong era alguien que atraía muchas miradas de omegas, cosa que el mismo Seonghwa nunca le dedicó dos veces para ese entonces.

Seonghwa difería del qué le veían, entonces ¿Exactamente cómo era que había terminado tatuándose su apellido en la dócil carne de su muslo interior?

Detrás de esa fría cubierta Seonghwa descubrió una criatura tan diferente del como se rumoraba, le fascinó con el tiempo.

En realidad Hongjoong era un alfa que no escatimaba esfuerzos para demostrar su cariño. Con una sonrisa que parecía tener el poder de iluminar incluso los días más nublados, de alguna manera Hongjoong había terminado por llevarle flores en cada presentación que tenía, una tradición que había convertido en su favorita. Cada ramo de flores tenía un significado especial, y Hongjoong conocía la historia detrás de cada una de ellas, un lenguaje secreto entre ellos que Seonghwa atesoraba y provocaba que su omega correteara en el mismo lugar.

De ese afecto y efecto Seonghwa tenía probaditas por montones, algo que sin saberlo terminaría por condenarlo.

Cuando Hongjoong no estaba presente, la ausencia le dejaba un vacío profundo. Seonghwa continuaba con su rutina diaria con sus propias cosas, pero había un rincón en su corazón que estaba reservado para esos momentos en que el alfa aparecía en su vida, a menudo en su motocicleta negra, con su sonrisa ladeada que parecía desafiar a cualquier tristeza o pensamiento que le atormentara. El rugido del motor, el olor a café negro y el crujido de la piel del asiento de cuero parecían ser las notas de una melodía que se había convertido en la banda sonora de sus días.

El alfa podía estar a metros que su omega levantaba las orejas atento y cuando su nariz se movía inquietamente hasta captar su aroma era cuando chillaba y aullaba con anticipación hasta que se presentaba a su vista, daba vueltas en el mismo lugar, se revolcaba panza arriba, le daba la pata y gimoteaba bajito para agrado del alfa. tanto Seonghwa como su omega parecían ser presos de los efectos de Kim Hongjoong, su interior apenas podía contener el amor que el alfa había cultivado con el tiempo.

Cada que tenía un mal el alfa lo sentaba en su regazo para largas sesiones de mimos. Mientras sus lobos jugueteaban por medio de la conexión el pelirrojo le contaba todo tipo de ocurrencias, sus historias llenas de vida y humor, mientras sus manos recorrían la espalda de Seonghwa con caricias suaves, como si cada toque pudiera borrar las preocupaciones y el cansancio.

Cada engrane parecía estar superficialmente bien ¿Entonces dónde estaba el problema?

El dilema radicaba en que, a pesar de todo el amor y la atención que Hongjoong le brindaba, había momentos en los que él simplemente desaparecía sin aviso dejándolo todo frío y drenado de vida. Atormentado por combatir su propio yo Hongjoong llegaba a un punto donde solo se despedía sin más.

De pronto Seonghwa salía del gimnasio y el alfa no estaba ahí, la bandeja vacía de mensajes, su casillero carente de dedicatorias, las llamadas sin respuesta, el aroma a café extinto de su cuerpo y su interior sin fuerza.

La necesidad que sentía por Hongjoong se volvía casi un tormento, un deseo de tenerlo siempre a su lado, pero también un tormento porque nunca podía predecir cuándo se iría, porque Hongjoong podía ser la cosa más inquieta a su alrededor, pero luego de la nada parecía estar ausente y desconectado al punto que Seonghwa había llegado a dudar si había dicho algo de más.

Esa incertidumbre provocada de los cambios mantenía en un estado constante de anhelo y preocupación, preguntándose si el amor que le ofrecía Hongjoong era tan sólido como parecía o si en realidad estaba destinado a desaparecer tan inesperadamente como había llegado.

La primera vez que sucedió fue horrible

Creyó que había estado enfermo, que algo le había sucedido y que algo andaba mal. Se había quedado sin pequeños papelitos de felicitaciones luego de las prácticas por siete días, días en los que su rendimiento se había desequilibrado.

Hongjoong no apareció hasta días después en la puerta de su casa con un enorme peluche de una Furia luminosa y un par de disculpas en los labios que esa noche le devolvieron vida; la mirada abatida del alfa detrás del detalle de los tulipanes blancos fue la que más le preocupó. Siempre fue consciente de los problemas que el alfa conllevaba por ser hijo del cenador, obligado a comportarse de cierta manera y educado para bajar siempre la cabeza Hongjoong tenía un enorme peso en lo hombros, peso con el que llevaba batallando desde que lo conoció. El temible alfa también era un humano y tenía problemas como todos, él era el refugio en quien Hongjoong se acurrucaba mientras se enterraba en ese cuello con aroma a panquecito recién horneado.

El omega amaba infestarlo en su aroma, amaba que lo buscara a él y sólo a él.

Amaba ser ese rinconcito donde Hongjoong podía ser él mismo.

Donde Hongjoong acudía

Donde reposaba

Donde se saciaba

Donde sanaba

Y donde sin aviso luego se marchaba

Justo en esa parte era cuando Seonghwa lloraba

Al principio le costó habituarse a este tipo de comportamientos donde los cambios repentinos le desconcertaban, le hacían cuestionarse la situación, le hacía tener noches de insomnio, llenarse de inseguridades, le hacía a su lobo retorcerse en el suelo llamando sin repuesta.

Oh

Pero siempre regresaba a él

Porque lo necesitaba, necesitaba a su lobo, necesitaba de su atención, de sus dulces palabras, porque necesitaba de él.

Esa noche como se esperaba Seonghwa lloró mientras buscaba consuelo en su cuello y Hongjoong hizo lo mismo después cuando estuvieron juntos en la cama. Hongjoong se disculpó y se lo folló como tanto le suplicó. Por un tiempo pareció regresar a ese novio atento y dispuesto como si nunca se hubiera ido.

Pero luego hizo lo mismo de nuevo

La flor que el alfa tantas veces germinó comenzó a marchitarse por los bordes cada vez un poco más.

Cuando el alfa interior de Hongjoong lo mataba por dentro era cuando regresaba, tomaba lo que podía de Seonghwa y así se había vuelto, a veces se aparecía en su apartamento sin aviso, subía la ventana encontrado al omega dormido con una prenda suya y la reemplazaba con su calor. Otras veces lo esperaba luego de clases, lo llamaba en las reuniones con sus amigos, follaban en el auto y todo volvía a la normalidad. Seonghwa dejaba a todos de lado cuando sus notificaciones iluminaban su teléfono así como a su propia alma.

— Vamos Seonghwa, no tienes por qué estar así — habló Wooyoung precalentando sus extremidades en la colchoneta.

Seonghwa llevaba horas viendo a lo lejos el bolso que había dejado a la orilla del podio esperando el tono personalizado para Hongjoong.

— Si tanto le interesas te llamará de vuelta ¿Cómo es que toleras este tipo de cosas? — dijo San ayudando a Wooyoung a acomodar las mazas que el menor había dejado regadas.

— Por eso es que eres tan lamentable Seonghwa, siempre regresas cada que te lo pide, no eres juguete de nadie.

— ¿Qué pasa si no llama? No, él siempre lo hace. — aseguró volviendo a estirar sus extremidades. — Le enviaré un mensaje, quizás olvidé mencionarle la presentación de hoy ¿Lo hice? No puede ser ¿Qué tal que no lo hice? — habló preocupado.

Wooyoung lo tomó del brazo antes que fuera por el celular.

— No te comportes así. Hwa, ya es hora que le pongas un alto.

— Woo tiene razón, no tienes que esperar a ser usado de esa manera. — dijo San.

— No me está usando, ya les dije que tiene la cabeza ocupada y que tiene problemas, no es fácil lidiar con uno mismo.

— ¿Pero qué hay de ti? — respondió Xion integrándose a la plática obligando a Wooyoung a tocar el piso con el vientre mientras estiraba sus piernas — ¿Qué hay de tus problemas? Tú también los tienes y nunca se los dices por su supuesto bien, no tienes que fingir estar bien cada que te busca. En una relación ambos deben pedir y dar por igual.

— No lo entienden, Hongjoong es alguien herido y soy la única persona que lo entiende, sólo me tiene a mí en este mundo. Mientras yo tengo muchos amigos él solo me tiene a mí.

— ¿Son esas palabras tuyas, Seonghwa?

Molesto se mordió el labio al levantarse para practicar dando por finalizada la conversación. Sí, quizás no estaban del todo mal. Seonghwa podía no conocer a Hongjoong del todo, pero aún así sabía que era el único que lo hacía.

El regresaría, siempre lo hacía

Seonghwa llevaba horas esperando, sentado en un rincón apartado, con la vista fija en su celular, en espera de esa llamada que nunca llegaba. La fiesta de aniversario de la universidad seguía su curso a su alrededor, pero para él, el ruido y las luces solo eran un fondo borroso. Había prometido que esta vez no se iba a hacer ilusiones, que no iba a esperar como la última vez, cuando Hongjoong lo dejó plantado sin dar explicaciones. Pero ahí estaba otra vez, convencido de que las cosas serían diferentes, que esta vez Hongjoong no lo haría sentir así de nuevo.

A medida que pasaban las horas y la gente se despedía, Seonghwa no podía evitar sentirse un poco decepcionado. Intentó distraerse, se fue con sua amigos que lo distraían por ratos, pero ni eso le ayudaba. En su cabeza solo había una cosa: el hecho de que Hongjoong no había respondido ni una sola vez a sus mensajes. Justo cuando pensaba que iba a rendirse, su celular vibró. Un mensaje de Hongjoong.

Seonghwa suspiró al leerlo, tratando de calmar su mente. Al menos sabía que, aunque tarde, al fin había recibido algo. La pregunta era: ¿valdría la pena esperar otra vez.

 ̄ ̄ ̄ ̄ ̄ ̄ ̄ ̄ ̄ ̄ ̄

ִ 🖤՞⁩ ִ Hₒ𝚗g₋𝚗ᵤ𝚝𝘴𑁤ㅤׄ ᪈ ִ

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¿Estás en casa?

¿Panquecito?

¿Hwa?




Perfecto

Lo había olvidado

Eso solo confirmaba una vez más que Hongjoong no le prestaba atención a lo que le decía.

Hongjoong había enviado el mensaje hacía una hora. Sentado en el retrete con las manos en el rostro, no sabía qué sentir ¿Cómo podía ser que Hongjoong hubiera olvidado la fiesta de la que le había hablado durante semanas? Lloró de nuevo, pero esta vez de frustración y necesidad por el alfa.

La celebración culminó con otra ronda de aplausos y gritos de celebración..

Cuando fue la hora Seonghwa se despidió de sus amigos con una sonrisa, cuando Wooyoung lo jaló del brazo en busca del auto de San el omega lo detuvo.

— Woo, en verdad te lo agradezco, pero en realidad Hongjoong está de camino — dijo suavemente, Wooyoung lo vio con confusión y luego vino el reproche.

— ¿Cómo, habló contigo? Seonghwa, se supone que te terminó ¿Qué hace escribiéndote mensajes? ¿No lo tenías bloqueado?

Xion, al lado de ellos, suspiró, aliviando un poco la tensión.

— No importa, ¿Bien? Hemos celebrado juntos, eso es lo que importa, déjalo por hoy Wooyoung — dijo, tocando el hombro de Seonghwa.

Poco después, Leedo llegó por Xion, y tras una rápida despedida, San y Wooyoung se marcharon. Seonghwa los vio irse y levantó la mano en un gesto de despedida, pero cuando el carro dio la vuelta en la esquina, su sonrisa desapareció por completo. En silencio, se quedó ahí, observando hasta perderlos de vista.

Finalmente, tomó un Uber hasta su departamento. Al llegar, se dirigió a la puerta y, mientras buscaba las llaves en su bolso, una figura apareció al final del pasillo, deteniéndolo en seco. Era Hongjoong, parado ahí, mirándolo fijamente.

Hongjoong lo miró en silencio, sin decir palabra, desarmando al omega con sus feromonas. Seonghwa abrió la puerta y lo dejó pasar. Hongjoong cerró la puerta a sus espaldas y notó la tiara de flores sobre la mesa, luego miró el maquillaje que aún quedaba en el rostro de Seonghwa ... entonces su expresión cambió. Consciente de todo intentó acercarse a Seonghwa, pero este lanzó un gruñido provocando que su aroma se intensificara.

— ¿Dónde estabas?

— Hwa

— No me mientas, Hongjoong ¿Dónde estabas? Te hablé de esto por semanas y no apareciste ¿Qué pasó?

— Lo siento Hwa, amor, tuve asuntos que resolver, no me sentía bien y no pude...

Seonghwa lo interrumpió, el tono en su voz cada vez más firme y quebrado.

— No mientas, Hongjoong. Estoy harto de que me dejes esperando. Todo el maldito día esperando y claro te vas sin dejar algún mensaje e incluso hoy ... y tú nunca llegaste.

Hongjoong, visiblemente nervioso, dio un paso hacia él.

— No es lo que piensas, en serio. Yo ... se me olvidó por completo —respondió Hongjoong, pero su voz sonaba vacía.

Seonghwa negó con la cabeza, incapaz de contener las lágrimas que ya caían, su garganta estaba presa en una presión horrible.

— Deja de inventar excusas. Siempre lo haces, Hongjoong. Siempre te justificas y yo me quedo aquí, esperando ¿Por qué no puedes estar cuando te necesito? — su voz se rompió.

Hongjoong intentó acercarse de nuevo, pero Seonghwa dio un paso atrás, su respiración agitada.

— No te acerques — dijo con firmeza, y sus ojos, aunque llenos de dolor, estaban llenos de enojo.

El silencio se hizo pesado entre ellos. Hongjoong miró al suelo, sin saber qué decir, mientras Seonghwa, con el corazón roto, trataba de calmarse. Su lobo gimoteaba con orejas gachas y eso solo hacía que el alfa de Hongjoong arañara por salir a consolar a su omega.

— ¿Por qué? — dijo, casi en un susurro, mirando a los ojos de Hongjoong. — ¿Por qué siempre estás haciéndome esto?

Hongjoong cortó la distancia cuando lo vio hipar, odiaba verlo llorar. Con la mano en la mejilla pidió con la mirada atención de su omega, Seonghwa abrió esos bonitos ojos que el alfa tanto amaba.

— Eres hermoso

Seonghwa desfallecía ante los halagos, ante esos toques en sus mejillas, ante esas sedosas manos, a ese fuerte aroma, a esos ojos, a esa sonrisa, Seonghwa desfallecía ante Hongjoong.

— No llores mi flor, sabes que luces etéreo cuando lo haces — Seonghwa se dejó llevar por el calor que el alfa emanaba — Pero no cuando siento que tu lobo sufre, ven a mis brazos.

Y entonces llegaban esos ensordecedores besos, ese aroma lo sedó hasta que sintió el cuerpo caliente de Hongjoong encima, Hongjoong le susurraba lo mucho que lo había extrañado revoloteando el pulgar sobre el pulso de su cuello. Sumido en el aroma del alfa el pelirosa aniquilaba sus defensas, las preocupaciones, detenimientos y pensamientos eran sometidos por los embriagantes succiones de Hongjoong. Seonghwa abrió de par en par sus piernas, apretando la sábanas bajo sus manos apenas pudo levantarse un poco solo para ver la cabeza de Hongjoong entre sus piernas sorbiendo de su lubricante natural, era tan sucio como excitante.

Porque, dioses

Hongjoong era bueno en la cama

Por desgracia Seonghwa nunca tuvo voluntad de acero

Hongjoong lo vio con esa sonrisa que lo ponía de rodillas en segundos, pero a diferencia de lo estipulado el del mullet alzó el dedo haciendo espirales por el aire, el pelirosa lo entendió y se giró justo como a Hongjoong le gustaba: Brazos estirados tocando el respaldo de la cama, espalda arqueada, piernas abiertas y el perfil visible para que pudiera ver bien sus expresiones.

— Eso es mi linda flor, abre tus pétalos y déjame ver tu centro.

Seonghwa jadeó cuando Hongjoong gruñó amenazante, como lo ordenó abrió más las piernas. El resbaladizo lubricante chorreaba, el aroma natural era más intenso abajo y eso solo hacía que Hongjoong se pusiera más duro.

— Hongjoong ...

— Guarda silencio

El alfa lo torturó a su antojo, trenzó los dedos justo en su próstata, la lengua no dejó de sondear zonas erógenas y justo cuando el omega sentía alcanzar el soñado orgasmo Hongjoong lo arrastraba lejos solo para jugar con él de nuevo.

Sabía que adoraba verlo llorar por sobreestimulación, así que ahí estaba con mirada suplicante luego de que se corriera con solo restregarse en su muslo, Hongjoong lo sostuvo del cuello con esa dominancia destellando de sus ojos. El omega vio estrellas, sintió ese típico hormigueo por viajando por todo su cuerpo, cuando Hongjoong lo atrajo para comerle la boca supo que apenas había llegado lo mejor, habían ciertas veces que lo dejaba tener el control.

Hongjoong lo hacía sentir siempre en celo

Justo ahora sentía que lo estaba

— Ah ... ah ... ah-

— Más fuerte Hwa, eso — gruñía mientras sorbía entre sus piernas — Justo así, eso es

El omega estaba sentado sobre la cara de Hongjoong, justo como se lo ordenó abrió más las piernas mientras aumentaba el movimiento de sus caderas, la lengua ajena dibujaba espirales en su interior, esas grandes manos amasaban a su antojo sus glúteos al mismo tiempo que lo guiaba. Era tan bueno, tan enloquecedor, estimulante y no podía tener suficiente, nunca lo hacía, adoraba perderse en ese placer que lo reducía a nada.

Follando como animales en celo, gruñendo, arañando, dejando mordidas y gimiendo. Hongjoong hizo un sonido bestial cuando lo penetró hasta el fondo, los ojos de Seonghwa rodaron cuando sintió lo sintió hasta las bolas. Podría describirlo como un vaivén absorbente que alternaba entre dos extremos. Por un lado, estaba la ansiedad eterna en que lo sometía, una sensación de inquietud que le hacía llorar. Seonghwa tenía las piernas alrededor de sus caderas empujándolo más hacia a él, mientras gemía exhalando aliento tibio su mente estaba atrapada, el corazón martillando fuerte y constante como las caderas de Hongjoong impactando.

— Saca la lengua para mí

Otra debilidad era ver jadear al omega con la punta fuera

El chapoteo del lubricante y la presión alrededor del pene mandaba una descarga casi eléctrica en sus cuerpos. Sus cuerpo estaban llena de adrenalina, era adictivo y embriagador, ese contraste entre la tensión y el alivio que encontraban perforando sus cuerpos al final lo hacía sentir aún más intenso.

La luna yacía oculta entre la neblina, bañando el parque en tonos dorados y anaranjados. El aire estaba cargado con el aroma del pasto fresco y el eco distante de las aves preparándose para la noche. Hongjoong y Seonghwa jadeaban, sus respiraciones descompasadas resonando en el espacio abierto después de una intensa sesión de ejercicio.

— Una más — dijo Hongjoong con una sonrisa entrecortada, tendiéndole la mano a Seonghwa, a quien las piernas le estaban fallando. Con el rostro perlado de sudor, hizo un débil gesto con la cabeza, pero sus piernas temblaron y terminó desplomándose en la almohada con un suspiro.

— Ya no puedo más, considérame muerto — murmuró, cubriéndose los ojos con un brazo mientras su pecho subía y bajaba rápidamente.

Hongjoong soltó una carcajada suave. Se inclinó hacia él, rodeándolo y lo arrastró suavemente hacia su lado. Seonghwa no opuso resistencia; estaba agotado, y en ese momento, no había lugar más seguro que los brazos de su alfa.

Se recostaron juntos en el pasto, las hojas verdes amortiguando su peso. Hongjoong acomodó a Seonghwa contra su pecho, sus manos buscando instintivamente el cabello oscuro y húmedo de su compañero. Sus dedos comenzaron a moverse con ternura, apartando mechones pegados a su frente, deslizándose con cuidado para aliviar cualquier tensión que quedara.

Seonghwa cerró los ojos, su respiración aún entrecortada, pero poco a poco más tranquila bajo las suaves caricias. Un suspiro escapó de sus labios, mezclándose con el susurro del viento.

— Eres importante para mí, eres al único a quien necesito ¿Lo sabes? Solo te tengo a ti —murmuró a su lado.

Seonghwa abrió los ojos a ese, sus orbes brillando con una mezcla de sorpresa y emoción, Dios, era tan débil. Hongjoong sonrió con esa sonrisa presumida, inclinándose un poco más cerca de su glándula odorífera, sus dedos aún entrelazados en su cabello formando pequeños remolinos.

— Me encanta así, tu cabello es tan perfecto.

Tanto su omega interior como Seonghwa ronronearon gustosos

Para cuando fue la mañana siguiente el otro lado de la cama estaba fría.

Seonghwa cerró los ojos con resignación, inhalando profundamente antes de soltar un suspiro que parecía salir directo de su omega interior, al parecer estaba enroscado en lo profundo sin hacer presencia.

Lo mejor era dejar de buscar respuestas al enigma que era Hongjoong. Ya no pensaba en ello. ¿Para qué? Así era Hongjoong como lo conoció, así impredecible como el viento, cálido y presente un día y distante al siguiente.

Sin prisa, se incorporó y se dejó llevar por la rutina, aquella que lo mantenía anclado cuando Hongjoong desaparecía. La bañera se llenó con agua tibia, y Seonghwa se sumergió en ella, buscando algo de consuelo en el abrazo del agua. Apoyó la mejilla en el borde frío de la tina y cerró los ojos, dejando que el tiempo se deslizara sin sentido.

No supo cuánto tiempo estuvo así, pero algo llamó su atención: los tulipanes en la mesita junto a la ventana. Flores perfectas, frescas y ... rosas, con una nota cuidadosamente doblada junto al jarrón. Era de Hongjoong, por supuesto. Seonghwa apenas les dedicó una mirada de soslayo.

Sabía lo que diría la nota sin siquiera leerla: “Lo siento, te veré luego, mi padre llamó”O tal vez algo similar, acompañado de las típicas palabras dulces y vacías que dejaban un vacío aún mayor en su pecho.

Su mirada se detuvo un instante más en las flores, hermosas pero irrelevantes. Los regalos, las notas, los gestos. Todo eso no significaba nada. ¿Cuándo entendería Hongjoong que no quería tulipanes, disculpas ni promesas?

Lo quería a él. A su presencia. A su risa, sus caricias, a sus toques, a ese aroma a café negro, a esas palabras dichas en voz baja al oído. Lo quería completo, pero eso era mucho pedir.

Tampoco podía pedir demasiado

El sol se ocultaba lentamente, dando paso a la noche mientras los estudiantes salían en grupos dispersos tras un largo día en la universidad. Seonghwa caminaba hacia el vestíbulo del gimnasio con pasos lentos, la mochila colgada al hombro y el peso de sus pensamientos cargando más que los libros. La semana había sido pesada, y su ánimo parecía estar por los suelos, hasta un muerto estaba más arriba.

Soobin, que había estado observándolo desde lejos durante la práctica no pudo ignorar el aire melancólico que rodeaba al omega. Sin decir una palabra, lo alcanzó y le dio un ligero empujón hacia la pista vacía.

— ¿Qué haces? —protestó Seonghwa con una mezcla de sorpresa y cansancio.

— Sacarte de ese agujero en el que te metiste, eso hago — respondió Soobin con una sonrisa traviesa.

— ¿Agujero?

— Estás uhmmm apagado, tienes pulgas de tristeza picándote el lomo.

— ¿Pulgas?

Soobin ladeó la cabeza y lo miró de arriba abajo, como si estuviera evaluando algo evidente.

— Tu olor lo delata — a respuesta fue directa, casi burlona, pero sincera.

Seonghwa sintió una punzada en su interior. Maldita sea, su lobo. Lo había reprendido tantas veces para que no revelara sus emociones al aire, nadie necesitaba saber que andaba chillando por allí, rodando los ojos lo reprendió de nuevo. Por su parte su lobo interior bufó, herido, escondiendo el hocico entre sus patas como un cachorro regañado.

— No sé de qué hablas, estoy como siempre — murmuró Seonghwa, desviando la mirada.

— Claro que lo sabes. — Soobin tomó su mano de manera firme pero reconfortante y lo arrastró al centro de la pista, ignorando sus débiles protestas.

— ¿Qué haces ahora?

— Sacudirte esas pulgas — dijo Soobin mientras programaba una canción en el equipo de sonido.

Seonghwa lo observó con el ceño fruncido, pero ese gesto pronto dio paso a una expresión de sorpresa, y luego, una sonrisa que no pudo ocultar cuando reconoció las primeras notas de “You’re the One That I Want” de Grease.

— ¿En serio? —preguntó, sin poder contener una risa ligera.

Soobin giró sobre sus talones y comenzó a moverse con pasos precisos, imitando al personaje de Danny.

— Vamos, Hwa, te la sabes — dijo Soobin, sonriendo ampliamente, sus hombros moviéndose de atrás hacia adelante mientras bailaba alrededor de él.

Seonghwa cruzó los brazos, tratando de parecer indiferente.

— Ni siquiera lo pienses

— ¡Vamos, Sandy! —exclamó Soobin en tono dramático, extendiendo una mano hacia él mientras seguía bailando con exageración.

Seonghwa no pudo aguantar más. Una carcajada escapó de sus labios, rompiendo la coraza que había construido durante toda la semana. Sus pies comenzaron a moverse de manera involuntaria, siguiendo el ritmo contagioso de la música.

— Solo esta vez — como decía, Seonghwa nunca tuvo voluntad de acero.

Con una sonrisa cómplice, Soobin tomó el listón que Seonghwa llevaba en la muñeca derecha

— Con tu permiso — tras una mirada de aprobación Soobin lo usó para atarle una coleta improvisada, dejando algunos mechones caer de manera despreocupada. Luego se colocó una chaqueta de cuero, imitando la actitud confiada de John Travolta.

— Eso Hwa, vamos a sacudir esas pulgas.

Juntos, empezaron a bailar, sus movimientos perfectamente sincronizados como si hubieran ensayado la coreografía mil veces. La energía de la canción los envolvió, y poco a poco, Seonghwa se dejó llevar por completo.

El rock and roll siempre había sido su debilidad, y bailar con Soobin, que irradiaba pura diversión, lo hizo olvidarse de todo lo demás.

Las risas resonaron en la pista mientras sus pasos se entrelazaban en perfecta armonía. Por un momento, el peso que cargaba en el pecho desapareció, reemplazado por la alegría de un baile sin sentido alguno.

— Eso fue divertido — dijo Seonghwa mientras pasaba una mano por su cabello ligeramente desordenado.

— Sabía que lo necesitabas, no hay mejor cura que liberar todo de la manera más divertida — Soobin caminó hacia el equipo de sonido y apagó la música, dejando que el silencio volviera a llenar la sala.

Seonghwa lo observó desde el centro de la pista, todavía recuperándose del entusiasmo del momento. Un suspiro tranquilo salió de sus labios, como si se hubiera quitado un peso invisible de los hombros.

— Eres un caso, ¿Lo sabías? Deberías considerar ser animadora — dijo Seonghwa, cruzándose de brazos mientras miraba a Soobin, quien regresaba hacia él con una sonrisa triunfante.

— ¿Ah, sí? Y tú necesitas relajarte más seguido ¿Estás mejor? ¿Pulgas fuera? —Soobin le dio un suave golpe en el hombro antes de apoyarse casualmente contra una de las barras de la sala.

Seonghwa negó con la cabeza, pero la sonrisa en sus labios lo delataba.

— Pulgas fuera

— ¿Un batido de fresas?

— Sentaría perfecto

— ¿Con leche condensada?

— Definitivamente

— Bien, vamos por él — dijo antes de tomar ambas mochilas

— Gracias, Soobin. En serio — sus palabras fueron sinceras.

— Para eso estoy, Hwa. —Soobin le guiñó un ojo antes de girar sobre sus talones — Pero la próxima vez, te toca a ti elegir la canción para el sacudón de pulgas.

— Dalo por hecho

La charla fluía ligera mientras caminaban por el pasillo vacío, sus pasos resonando en el eco de la noche. El ambiente estaba tranquilo, demasiado tranquilo, hasta que una figura oscura apareció al final del corredor, bloqueando la luz que entraba desde las ventanas laterales.

Soobin se detuvo de golpe, su cuerpo tenso como una cuerda a punto de romperse. Su instinto alfa lo alertó de inmediato, aunque, extrañamente, no podía percibir el aroma de la figura para identificarlo.

— ¿Quién está ahí? —preguntó Soobin con voz firme, sus ojos clavándose en la silueta mientras daba un paso al frente, colocándose delante de Seonghwa.

— ¿Qué pasa? —susurró Seonghwa, confundido al ver al alfa adoptar una postura defensiva.

Soobin no respondió de inmediato, sus sentidos agudizados mientras trataba de evaluar la situación. Pero entonces, Seonghwa sintió algo. Un tirón en su pecho, una respuesta visceral que no podía ignorar. Su lobo interior, que momentos antes había estado ausente tras el baile, levantó las orejas de golpe y tironeó de su pecho.

Hongjoong

El nombre resonó en su mente como un trueno. Sus ojos se entrecerraron mientras la figura avanzaba lentamente, dejando que la luz revelara su rostro poco a poco, el aroma espeso no dejaba dudas. Era él.

Hongjoong se detuvo a unos metros de ellos, su expresión difícil de leer bajo la penumbra del pasillo. Había algo en su postura, en la forma en que sus ojos buscaban los de Seonghwa, que hacía que el aire en los pulmones de este último se sintiera pesado.

— ¿Tú lo conoces? — murmuró Soobin, sin apartar la vista de Hongjoong, sus músculos todavía tensos como si esperara una amenaza.

—Sí ... es él. — la voz de Seonghwa salió más baja de lo que pretendía, casi como un susurro cargado de emociones encontradas.

Soobin relajó un poco su postura al reconocer el olor, el mismo del que Seonghwa parecía llegar ciertas veces repleto. Hongjoong no se movió ni dijo nada de inmediato, solo observaba, su mirada clavada en Seonghwa con una intensidad que parecía atravesarle la vida, ahí estaba jugando con el piercing de su lengua.

El lobo de Seonghwa bufó inquieto en su interior, pero esta vez no por enojo, sino por algo mucho más complicado. Ansias, duda, y una pizca de esperanza.

— Seonghwa — dijo el alfa pronunciando su nombre al fin, su voz baja pero clara, llenando el pasillo con un peso que parecía detener el tiempo.

El omega tragó saliva, su mente luchando por procesar todo lo que sentía al ver a Hongjoong allí, después de días de ausencia, después de todo lo que había pasado.

Soobin, notando la tensión, retrocedió un paso, aunque aún mantenía una postura protectora.

— Si necesitas algo, solo dilo, Hwa —susurró Soobin, su tono amable pero vigilante.

Seonghwa negó levemente con la cabeza, sus ojos todavía fijos en Hongjoong.

— Gracias, Soobin ... creo que quedará para otra vez.

El alfa asintió con cierta renuencia antes de lanzarle a Hongjoong una última mirada para luego caminar hacia el extremo opuesto del pasillo.

Seonghwa respiró hondo y avanzó un paso hacia Hongjoong, su lobo interior ya completamente despierto, mirándolo desde el interior de sus ojos como si esperara algo.

— ¿Por qué estás aquí? —preguntó finalmente, su voz firme aunque ligeramente temblorosa.

Hongjoong no respondió de inmediato. En lugar de eso, dio un paso adelante, lo suficiente como para que la distancia entre ellos ya no pareciera un abismo.

— Quería verte, pensé en venir a traerte y llevarte a algún lado ¿Interrumpí algo?

— ¿“Algo”? No me veas así

Hongjoong sonrió, esa sonrisa suya que siempre lograba desarmarlo un poco, como si supiera exactamente qué cuerdas tocar para hacer que todo el enojo de Seonghwa se desvaneciera.

— Te descuido un poco, y los insectos ya quieren infestar mi flor. — dijo juguetón, mientras levantaba una mano para tomar un mechón de cabello de Seonghwa y apartarlo suavemente detrás de su oreja.

— No soy tuyo, Hongjoong —respondió Seonghwa, intentando mantener la compostura mientras daba un paso hacia atrás, cruzándose de brazos.

— ¿Ah, no? —Hongjoong inclinó la cabeza, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y ternura — ¿Entonces por qué tu lobo no deja de moverme la cola? No subestimes nuestra conexión.

Seonghwa sintió cómo su interior se retorcía. Su lobo quería saltar, quería acercarse, quería mucho más de lo que Seonghwa estaba dispuesto a admitir. Pero no iba a ceder tan fácilmente.

— No puedes simplemente desaparecer y luego volver como si nada — su voz, aunque más firme ahora, dejaba entrever su frustración — No soy un lugar al que puedas venir cuando te conviene.

Hongjoong dejó escapar un suspiro

— No es así, Hwa. — su tono se volvió más serio — Lo sé, soy un desastre, y sé que te he dado motivos para sentirte así. Pero no hay un solo momento en el que no piense en ti, mi vida puede ser un mierda allá fuera, puedo hacer todo mal y sé que es así, pero eres lo único que me mantiene en tierra y en pie. Mi flor, eres toda una maravilla, jamás podría merecerte. Debe ser un castigo de la luna que nos haya trenzado de esta manera ¿Por qué conmigo? De todo lo bueno que pudiste merecer ...

Seonghwa bajó la mirada, luchando contra el torbellino de emociones que lo atravesaba. Era difícil, imposible, no sentir algo cuando Hongjoong estaba tan cerca, cuando esas palabras salían de su boca con un peso que parecía más real de lo que quería admitir.

— Deja de decir cosas bonitas si no puedes quedarte. Sabes que siempre seré quien nunca te dice que no — se alejó de esa mano para ver hacia otro lado.

Hongjoong acarició sus mejillas, acortando la distancia otra vez, hasta que apenas unos centímetros los separaban.

— No vine para irme otra vez, Hwa. No esta vez. — su mirada estaba fija en la de Seonghwa, como si quisiera asegurarse de que entendiera cada palabra—. Vine para estar contigo, si me dejas.

Seonghwa lo observó, su corazón latiendo con fuerza mientras las palabras resonaban en su mente. Su lobo, que antes observaba en silencio saltó en círculos imparable. La bonita sonrisa de Seonghwa fue suficiente para que Hongjoong juntara sus labios.

El alfa lo besó con delicadeza, lo estrechó para sí mismo saboreando la gloria, degustando sus feromonas juntas, su dulce panquecito. Liberó más esas feromonas liberadoras formando en el aire una cúpula de hogar seguro.

Hongjoong lo llevó a su departamento, el chocolate caliente encajó perfecto con la saga de El Planeta de los Simios. Hongjoong lo vistió con una pijama que había comprado específicamente para él blanca con estrellas rosas. La tela suave y el aroma familiar lo envolvieron, dándole la sensación de hogar que no sabía necesitaba.

A la siguiente semana, Hongjoong recuperó su esencia: el alfa audaz que hacía latir el corazón de Seonghwa con adrenalina y emoción. Subidos en su motocicleta, Seonghwa iba sentado al contrario, mirando hacia atrás mientras sus risas se ahogaban contra la chaqueta de cuero de Hongjoong. El viento les golpeaba el rostro, y la velocidad hacía que el mundo alrededor se desdibujara. Cada curva, cada acelerón era una excusa para que Seonghwa se aferrara un poco más fuerte a él.

Hongjoong lo llevó a una feria para sorprenderlo. La música alegre, las luces de colores y el olor a algodón de azúcar crearon un escenario perfecto para compartir momentos que parecían sacados de una película cliché, maldita sea que lo era, pero se sintió tan estúpidamente bien.

Jugaron a los dardos, tiraron pelotas para derribar latas, y, en una de tantas actividades, Seonghwa perdió un juego al intentar ganar un premio. Se quedó mirando la máquina mientras una sonrisa resignada que cruzaba su rostro. Al voltear, se encontró con los ojos de Hongjoong, que lo observaban con intensidad suave.

— ¿Qué? —preguntó Seonghwa, riendo nerviosamente bajo esa mirada, Hongjoong era demasiado para su corazón. Gracias a la luna que no padecía de arritmia o tendría una lápida personalizada.

— Nada — respondió Hongjoong, con una pequeña sonrisa antes de acercarse para entregarle un peluche rosado en forma de conejo, el premio que había ganado por él en otra de las atracciones.

Cuando el frío caló lo suficiente sus huesos de pronto llegó la lluvia. Encontraron refugio en una caseta abandonada, su entrada protegida apenas por un techo improvisado. Las gotas resonaban contra la madera mientras el viento helado se colaba por las grietas, haciendo que Seonghwa se abrazara a sí mismo.

Hongjoong se quitó su abrigo y, sin decir una palabra, lo colocó cuidadosamente sobre los hombros de Seonghwa. La tela estaba cálida, impregnada de aroma a café, y el gesto llenó el espacio con algo más que calor físico.

— Gracias — murmuró Seonghwa, mirando de reojo a Hongjoong, quien simplemente le sonrió de vuelta, un gesto pequeño pero lleno de esa ternura silenciosa que a veces mostraba.

Mientras el alfa revisaba el exterior, buscando señales de que la lluvia cesara, Seonghwa se perdió en sus pensamientos ¿Cuánto tiempo tendría esto? ¿Cuánto tiempo antes de que Hongjoong se desvaneciera otra vez, dejándolo con recuerdos que dolían tanto como alegraban? Quería que esos momentos fueran eternos, quería que este Hongjoong, el que lo cuidaba y lo hacía sentir amado, no se desvaneciera en las sombras de la incertidumbre.

Pero cuando sus pensamientos amenazaban con oscurecerlo, Hongjoong lo miró nuevamente, esa sonrisa todavía presente, cálida y desarmante.

— Disfruta esto, Hwa —le dijo en voz baja, como si leyera sus pensamientos.

Seonghwa asintió lentamente. Si Hongjoong le ofrecía solo fragmentos de él, entonces se rendiría a disfrutarlos. Lo que importaba ahora era este momento, aquí, con el sonido de la lluvia envolviéndolos y el calor del abrigo del alfa sobre sus hombros.

Cuando finalmente salieron de la caseta, listos para enfrentar el frío dejaron atrás el dibujo de una delicada flor de loto, trazada por los dedos de Hongjoong y junto a ella, una pequeña una luna, el símbolo que representaba a Hongjoong, algo tan fascinante como cambiante, pero eso no debía saberlo el alfa.

La escena de ambos alejándose se vislumbró entre los trazos ya desdibujados por el frío.

Hongjoong siempre dejaba marcas, pequeñas pero profundas, donde quiera que fuera.

Duró menos de lo que pensó

Porque semanas después Hongjoong lo terminó

Y cuando menos lo necesitó

Porque esta vez no se trataba de algo carente de importancia, sino de su propia presentación. Una por la que trabajó meses y meses de ardua dedicación.

La invitación debió llegarle al siguiente día que Hongjoong lo terminó diciéndole que lo amaba, pero no más que a su libertad. No pudo cancelar la entrega a tiempo.

Se había esforzado más de lo habitual esa noche: el traje mandando a hacer específicamente para su cuerpo, el conjunto que se ajustaba perfectamente a su figura, y el cabello rosa, un detalle que había elegido solo porque sabía cuánto le gustaba a Hongjoong. Pero Hongjoong no llegó a recogerlo como habían planeado, de nuevo plantado.

Sentado en el borde del sofá, Seonghwa miraba fijamente su teléfono, la pantalla brillando con los mensajes que había enviado y que seguían sin respuesta.

— Por favor, no me hagas llorar esta vez... — susurró para sí mismo, sus dedos temblando levemente mientras se aseguraba de que su maquillaje siguiera perfecto. — No cuando apenas pude dejarlo bien — había pasado tanto tiempo tratando de dejarlo perfecto.

Finalmente, con un suspiro, envió la dirección del lugar y pidió un Uber rogando que se apareciera en medio de la nada. Sonrió forzadamente cuando llegó al teatro, disculpándose con todos.

— Se atrasó un poco, pero seguro viene más tarde — le mintió a todos.

En el centro de la ciudad, dentro del elegante teatro se preparaba el escenario para una noche muy especial. El auditorio estaba lleno de expectación; las luces se atenuaban mientras el telón se alzaba. En el camerino, Seonghwa se encontraba ultimando detalles ajustando los listones de su traje. Cada pincelada de maquillaje y ajuste en su vestuario eran como una extensión de su pasión y esfuerzo. Sus ojos reflejaban la ansiedad y determinación mientras repasaba mentalmente la coreografía de la última práctica. Con la brocha en mano llevó la mirada de nuevo a su teléfono.

Dos meses, dos meses desde que Hongjoong había terminado todo

— Te ves bien — habló Soobin con quien haría pareja en la presentación.

Seonghwa le regaló una sonrisa forzada y siguió dándose retoques en los pómulos mientras Soobin lo observaba por el reflejo del espejo con bombillos.

Durante meses, había trabajado incansablemente, perfeccionando cada línea y cada movimiento. La pieza, que combinaba delicadeza y fuerza acompañada de ese complemento que Soobin portaba junto a la habilidad que Seonghwa poseía, todo aquello era más que una simple presentación; era su declaración personal al mundo.

Su profesión como gimnasta rítmico le permitía canalizar sus emociones y ansiedades a través del arte. Cada rutina era un acto de entrega total, donde su cuerpo se movía con gracia y precisión, y sus emociones se liberaban en una explosión de energía y belleza. Este tipo de autoexpresión era su refugio, una forma de sentir el control que a menudo le faltaba en su asco de vida personal.

— Hwa, es hora — con el atuendo glauco Soobin estaba de nuevo en la puerta del camerino, por sexta vez.

Con una última mirada al aparato cerró los ojos y se dijo al espejo que no podría esperar más.

Mientras la melodía programada comenzaba y el público se acomodaba en sus asientos, Seonghwa se dirigió hacia el escenario con una sonrisa forzada. Soobin estaba en su posición esperándolo, alzando su mirada comenzó la danza, los reflectores hacían iluminar su tul rosa. Soobin, con movimientos fluidos y elegantes, guiaba la coreografía, mientras Seonghwa, con una gracia etérea, se deja elevar con delicadeza.

“Gisselle’s Melody”

Como había elegido la pieza hablaba de un melancólico relato.

Basado en lo que investigó la pieza había sido compuesta por un ángel del amor por el arte, un espíritu celestial destinado a guiar a los humanos a amar mediante la belleza del ballet.

En su devoción por el arte, creó piezas que reflejaban la pureza del alma y la pasión del corazón. Pero en medio de su misión, se enamoró perdidamente de una humana, una figura etérea cuyo talento y gracia parecían hechos del mismo cielo. Su amor era profundo, pero prohibido. Como castigo por su pecado, la baletista le fue arrebatada y él quedó condenado a vagar eternamente, componiendo melodías que narraran su pena y el amor que jamás olvidó.

En este contexto, Soobin y Seonghwa danzan con una intensidad que trasciende lo terrenal, encarnando esa historia de amor y pérdida. En un momento culminante, Soobin elevó a Seonghwa hacia el cielo, como si intentara alcanzar aquello que se ha perdido, un gesto lleno de esperanza y desolación. La música se torna más suave, casi un susurro en medio del silencio del público cuando Seonghwa comienza a alejarse lentamente. Sus pasos, ligeros como el aire, lo conducen hacia el borde del escenario, su figura desvaneciéndose en las sombras, dejando a Soobin solo bajo la tenue luz.

El ángel, incapaz de detener lo inevitable, se arrodilla en el centro, sus manos temblando mientras la última nota de la melodía resuena en el aire. La escena queda inmortalizada en el cuadro desgarrador: Soobin, el ángel castigado, solo con su amor perdido, en un gesto de resignación y eterno arrepentimiento.

El silencio inunda la sala mientras el público contiene el aliento, testigo de una historia de amor, arte y sacrificio que quedará grabada en sus corazones.

Entonces Seonghwa quien tiene los cabellos pegados en el cuello por el sudor queda a la espera y justo cuando la última nota de piano terminó el público se alzó en aplausos.

Soobin hizo una reverencia y estrechó su mano hacia él, así fueron recibidos por la audiencia. Con la manos unidas Soobin giró hacia Seonghwa y, con una sonrisa llena de orgullo y ternura, lo alzó en sus brazos. Seonghwa, con lágrimas adornando sus mejillas, ríe y llora al mismo tiempo, con el pecho agitado por la emoción. Había logrado proyectar todo el sentimiento de la canción, y ese logro brillaba en su rostro.

Entre el público, Wooyoung estaba en primera fila, aplaudiendo con lágrimas en los ojos, conmovido, siempre fue todo un llorón. A su lado, San levantaba en el aire el banderín diseñado especialmente para ese día por Xion ondeándolo con energía mientras animaba con euforia. La presencia de sus amigos, tan fieles y emocionados como él, amplificó ese momento.

Soobin, con los brazos firmes sosteniendo a Seonghwa, lo bajó con suavidad, mirándolo directamente a los ojos. Entre las sonrisas y los aplausos que llenando la sala, se inclinó un poco y le susurró con cariño un “Lo lograste”

Más tarde esa noche Wooyoung y San lo llevaron al salón de celebración porque la presentación de Seonghwa ganó el primer lugar. El ambiente dentro del restaurante donde estuvieron fue maravilloso, aunque el lugar estaba lleno de personas Seonghwa pudo pasarla bien en el karaoke bailando las canciones de Chappell Roan y estuvieron gritando Radio Ga Ga como desquiciados, a las dos horas Xion se unió llevando alitas en barbacoa como tanto le gustaban. Culminaron la celebración con Mojitos cubanos. Pasar el tiempo con amigos era lo mejor que podía experimentar, pero entonces las llamadas perdidas que habían aguardado silenciosamente en su teléfono se alzaron en la pantalla.

Seonghwa estuvo a punto de sucumbir y dejarse caer de rodillas, Hongjoong lo atormentaba y su sombra no lo dejaba en paz.

Pero entonces algo hizo clic

En medio de ese sonido sordo y sombras borrosas a su alrededor su mente divagó y finalmente lo entendió.

Una verdad que nunca negó era lo mucho que lo extrañaba, abismalmente, ese vacío que Hongjoong dejaba nunca era lo suficientemente profundo.

Hongjoong se iba y venía como si nada, su atención en otro lado, sin escuchar realmente lo que tenía por decir.

Prueba de ello era que todas esas veces que buscó su rostro entre el público ninguna de esas sonrisas orgullosas fue de su alma trenzada.

Hongjoong no era un imbécil, un patán ni un idiota

Hongjoong no era como todos decían

Seonghwa se dejó manipular todo ese tiempo, que no insultaran su inteligencia porque estaba consciente.

Él solo se dejó arrastrar por esa sensación de necesidad que Hongjoong generaba con él.

Sabía que todo ese tiempo fue un escape para los demonios internos de Hongjoong, un refugio donde el alfa se liberó de sus propios tormentos, un sedante para su caos.

Pero ese refugio que él había sido para Hongjoong, poco a poco, lo fue destruyendo.

En el proceso, la flor de Hongjoong se fue marchitando.

Ahora que finalmente se había dado cuenta, ya estaba emocionalmente drenado, incapaz de ser siquiera ese refugio que una vez había sido.

La flor había perdido su color

Y fue entonces, cuando dejó de ser útil, porque luego Hongjoong lo abandonó sin mirar atrás. La crueldad de ese abandono, lo hiriente que resultó ser, destrozó a Seonghwa por completo.

La vida que habían compartido ahora solo eran pedazos rotos que Seonghwa ya no quería ni mucho menos podía recuperar.

Sintió arcadas subir por su garganta, náuseas incesantes le hicieron tambalearse.

Tomó un vaso de agua que milagrosamente encontró en la mesa y se dijo que estaría bien, podía estarlo sin Hongjoong.

Por suerte ubicó a Wooyoung, San y Xion del otro lado del salón antes que su teléfono vibrara de nuevo, se unió a ellos dejando que sus bromas y risas llenaran el silencio incómodo que sentía dentro de él. A pesar de sus esfuerzos por parecer relajado, constantemente viendo hacia la salida.

Xion lo miró de reojo antes de inclinarse hacia él.

—¿Estás bien, Hwa? ¿Tienes prisa por irte?

Antes de que pudiera responder, Wooyoung intervino.

— ¡Ni lo pienses, Hwa! La estamos pasando bien, esta es tu noche.

— No pensaba en hacerlo

— ¿Entonces?

Una mirada bastó para que su preocupación se redujera a un solo nombre.

— No tienes que mencionarlo. Nunca aprendes ¿Cierto? Cada vez lo manejas de peor manera, no tienes que irte cada que llama. Cada uno tiene sus problemas, pero se manejan como se puede, no tienes que consumir a alguien más sanar. Hwa, no eres centro de rehabilitación de nadie. Siempre estaremos aquí para ti, pero no podemos ayudarte cuando tú mismo no lo quieres. Entre más inviertas emocionalmente más difícil va a ser salir de ahí, sé que es tu destinado y esas cosas, pero alguien que de verdad dice amarte no te haría esto ¿Entiendes?

Seonghwa recordó que esa noche que había llegado destrozado a las puertas de Wooyoung luego de que Hongjoong lo terminara, fue con Wooyoung porque su cuerpo entró en colapso. Ya había pasado tiempo de eso, pero Wooyoung parecía que no podía olvidarlo.

— Si él no está aquí, es él quien se lo pierde, no tú — añadió Xion dándole un abrazo.

Seonghwa intentó sonreír ante el comentario, pero el peso en su pecho no se disipaba.

Más tarde, cuando regresaba del baño, se movía entre la multitud cuando chocó de lleno contra alguien. El impacto lo hizo caer al suelo, el contenido de su vaso derramándose.

— Lo siento, no vi por dónde ... — comenzó a decir mientras levantaba la vista, sus palabras quedándose atrapadas en la garganta cuando reconoció ese aroma a eucalipto.

Soobin lo miraba con sorpresa y preocupación.

— Seonghwa, ¿Estás bien? —preguntó mientras extendía una mano para ayudarlo a levantarse.

Seonghwa parpadeó, aturdido, antes de aceptar la ayuda.

— Oh Soobin, estoy bien, gracias —respondió rápidamente, intentando recomponerse mientras limpiaba torpemente las gotas que habían salpicado su ropa.

Soobin frunció el ceño al notar la expresión cansada del omega, esa que intentaba ocultar tras una sonrisa forzada.

— ¿Seguro? — insistió Soobin, inclinándose muy cerca para observarlo mejor.

— Sí, de verdad. Solo fue un pequeño accidente, creo que solo estoy cansado por lo de hoy. Por cierto estuviste genial, no había encontrado el momento para decirlo, pero felicitaciones a ti también. Diste lo mejor y gracias a eso es que todo esto fue posible.

— Ambos lo hicimos posible, tú también estuviste maravilloso, siempre lo estás.

El omega sonrió forzado bajando la mirada

La mano del alfa con aroma a chocolate se posó sobre su hombro. Soobin ladeó la cabeza ligeramente, estudiando a Seonghwa como si pudiera ver a través de la fachada que intentaba mantener.

— No pareces del todo bien ... ¿Quieres salir un momento? No me digas ¿Las pulgas de nuevo? — su voz era tranquila pero firme, como si estuviera decidido a no dejarlo solo en ese estado.

Seonghwa lo miró por un momento, dudando. No era lo que había planeado para esa noche, pero, tal vez, necesitaba un respiro.

— Solo unas pocas

Necesitaba un momento lejos de las expectativas rotas y de ese vacío que se lo estaba carcomiendo.

— Está bien — susurró, dejando que Soobin tomara su mano, listo para guiarlo fuera del bullicio.

Sin embargo, apenas habían dado un paso hacia la salida, Seonghwa se detuvo abruptamente. Un aroma familiar lo golpeó de lleno, helándole la sangre.

Oh, no.

Su lobo interior rugió con una mezcla de emoción y advertencia, levantando las orejas en alerta. Lentamente, Seonghwa alzó la mirada, buscando entre la multitud, y lo vio: Hongjoong.

El alfa se movía con firmeza, su rostro serio y sus ojos escaneando el lugar como si estuviera buscando algo—o alguien. Seonghwa sintió cómo su pecho se apretaba, como si su corazón intentara escapar. Y entonces, como si ese lazo invisible entre ellos hubiera vibrado con fuerza, Hongjoong giró la cabeza directamente hacia él.

Sus miradas se encontraron.

Soobin frunció el ceño, su agarre en la mano de Seonghwa tensándose.

— ¿Qué está pasando? —preguntó Soobin, su voz baja pero cargada de tensión.

Seonghwa no respondió. Su mandíbula se apretó mientras el enojo subía por su pecho como un fuego imparable ¿Ahora? ¿Después de todo, ahora se aparecía?

Cuando sus ojos se encontraron, Seonghwa sintió un escalofrío. La intensidad en la mirada de Hongjoong, esa mezcla de autoridad y necesidad, lo paralizó por un segundo antes de que su ira tomara el control.

Soobin frunció el ceño, sus sentidos alertas al captar el cambio en la atmósfera.

—¿Ese es...? —comenzó Soobin, pero no terminó la frase. El aroma lo confirmó antes de que Seonghwa pudiera decir algo.

Hongjoong no perdió tiempo. Sus pasos se aceleraron entre la multitud, cortando la distancia entre ellos con una seguridad que solo un alfa podía mostrar.

Seonghwa apretó los puños. No esta vez.

Cuando Hongjoong llegó frente a ellos, Soobin dio un paso adelante, interponiéndose como una barrera natural.

— ¿Qué quieres? — espetó Seonghwa, su tono gélido.

— Hablar contigo — respondió Hongjoong, ignorando deliberadamente a Soobin, quien lo miraba con desconfianza.

— ¿Hablar? —Seonghwa soltó una risa seca —¿Y eso no podías hacerlo antes? ¿Tenías que esperar a que estuviera aquí para buscarme?

— Hwa, lo sé, yo ...

—¡No, no lo sabes! — lo interrumpió Seonghwa, su voz subiendo un tono, lo suficiente como para que algunos en la fiesta volvieran la cabeza hacia ellos. —¡Si lo supieras, no estarías aquí ahora, como si todo fuera tan simple!

Hongjoong respiró hondo, su lobo interior aullando con culpa y necesidad, pero sabía que no podía mostrar debilidad.

— Por favor, solo... déjame explicarte.

— No quiero escuchar tus estúpidas explicaciones.

Seonghwa hizo una pausa, su voz temblando al borde de las lágrimas. Sus manos apretaron el borde de su ropa con fuerza, luchando contra el impulso de dejarse llevar por el dolor y el enojo.

Soobin miró a Seonghwa y luego hacia Hongjoong.

— Creo que ya fue suficiente — dijo Soobin, su tono bajo pero amenazante. Dio un paso adelante, colocando su otra mano protectora sobre el hombro de Seonghwa.

Hongjoong lo miró por primera vez, su rostro endureciéndose aún más al darse cuenta de lo que Soobin representaba.

— Esto no es asunto tuyo.

— Lo es, si él lo quiere así — respondió Soobin, su postura firme.

— Basta — susurró Seonghwa, alejándose de ambos. Su voz, aunque baja, cargaba una autoridad que ninguno de los dos pudo ignorar, Hongjoong siendo el más sorprendido.

Seonghwa miró a su alfa con ojos enrojecidos y un nudo en la garganta.

— Si quieres explicarte, hazlo rápido. Pero no aquí, no ahora.

Hongjoong asintió lentamente, reconociendo que esa batalla la había perdido. Pero sabía que todavía tenía una oportunidad, por pequeña que fuera.

Mientras Seonghwa se alejaba hacia la puerta con pasos rápidos, Soobin se quedó atrás, mirando a Hongjoong con un aire desafiante.

— Soobin — el alfa prestó atención al omega pelirosa — Volveré en unos minutos ¿Puedes esperarme?

Hongjoong soltó un gruñido bajo cuando el omega le habló con calma a otro alfa que no era él.

Hongjoong siguió a Seonghwa en silencio, los pasos resonando en la calle desierta mientras el aire fresco de octubre comenzaba a morder la piel. El viento helado se colaba entre sus ropas, pero no era nada en comparación con el calor que sentía cada vez que su mirada caía sobre el omega frente a él.

Seonghwa caminaba con paso firme, su cabello rosa ondeando suavemente detrás de él como una promesa de algo cálido en medio de la oscuridad de la noche. Hongjoong deseaba acercarse más, sentir el suave brillo de su melena entre sus dedos, abrazarse a su cuello y desaparecer en ese refugio.

Sin embargo, cuando el omega se detuvo, Hongjoong tropezó con su propia ansiedad. Seonghwa se volteó hacia él, con una expresión seria.

— No quiero que me toques el cabello —dijo Seonghwa, su voz calmada pero firme — Concéntrate en lo que tienes que decirme que no tengo mucho tiempo.

Hongjoong se quedó en silencio por un momento. Bajó la mirada, avergonzado, y trató de encontrar una forma de decirlo sin que sonara como una excusa.

— Lo siento — musitó finalmente, su voz sorprendentemente temblorosa — Es solo que ... me aislé de todo, la mierda me consumió y no pude escribirte. Cuando pierdo el control digo cosas que no quiero-

— ¿Como el que soy solo un borrón en tu vida? Sí, lo dejaste muy claro estos meses. Te levantas y entonces mi nombre ya no estoy ahí. Es increíble cómo es que puedes andar por la vida sin incluirme en ella. Admiro tu capacidad para superar y que no te importe.

— Odio ser así y lo sabes

— Deja de justificar tus acciones de mierda — dijo el omega en voz alta.

Hongjoong subió la mirada pesada

— Siempre le hago daño a todos a mi alrededor, y finalmente te consumí. No tenías que enterarte, pero mi padre me golpeó y-

El aire se volvió denso, cargado de una tensión palpable, y Seonghwa observó de inmediato el corte en el rostro de Hongjoong, una cicatriz reciente que dejaba claro el impacto del anillo. Sin poder evitarlo, sus ojos se dirigieron a la muñeca de Hongjoong, donde las cortadas aún eran visibles, morados. El dolor físico era solo un reflejo del sufrimiento que el alfa llevaba consigo, y Seonghwa sintió una punzada en el pecho.

— En este mundo tan grande y basto solo me tienes a mí — susurró Seonghwa con el corazón golpeando su pecho.

Sobre la mejilla de Hongjoong se dejó ver una pequeña lágrima

— Estoy roto y solo contigo me siento bien, mi flor.

— Aun con todo lo que dices significo para ti no pudiste cambiar.

— Hwa — habló acercándose, pero el omega retrocedió abrazándote a sí mismo.

El aire se volvía más denso a cada palabra, cada gesto, y el silencio que siguió a la confesión de Hongjoong solo amplificaba la distancia entre ambos.

Seonghwa lo miró, no con rabia, sino con cansancio.

Todos tenían razón

Dio un paso atrás, con los ojos fijos en Hongjoong, y la calma con la que habló fue aún más desgarradora para el alfa.

— No pudiste cambiar lo que eras, ni siquiera lo intentaste una sola vez. Preferiste terminarlo antes que hacer algo por luchar. Te faltó el valor para luchar por esto, por lo que teníamos.

Hongjoong sintió como si el aire se le escapara del pecho. Las palabras de Seonghwa fueron una puñalada directa a la conexión que compartían sus lobos. El omega lo miraba, pero no con furia, sino con una rendición tan dolorosa que lo hizo sentirse aún más culpable.

— Me dejaste solo, incluso cuando estabas en mi compañía. Y cuando estabas ahí, no escuchabas. A ti, que incluso ahora te importa poco lo que estoy diciendo. Ya no puedo más ¿No lo entiendes? — la voz de Seonghwa se quebró, pero no dejó de hablar — Aunque lo quisiera, ya no te soy útil. Tomaste lo suficiente de mí, que ya no queda nada aquí para ti.

Un nudo se formó en la garganta de Hongjoong, pero las palabras no salían. Solo pudo mirar a Seonghwa, impotente, mientras el omega daba la vuelta, dispuesto a marcharse.

Pero Hongjoong no podía permitirlo. Con el corazón golpeando con fuerza, se acercó rápidamente, tomándolo del brazo con un miedo aterrador.

— Seonghwa, no me dejes... por favor, cambiaré, esta vez lo haré, créeme todo estará bien —su voz temblaba, pero la súplica era sincera, casi desesperada.

Seonghwa se giró lentamente, y en sus ojos brillaban lágrimas que Hongjoong no había visto antes, un mar de dolor que se derramaba sin reservas. Odiaba verlo llorar.

La sonrisa que apareció en su rostro no era una sonrisa, era una mueca rota, destrozada sin vida y Hongjoong sabía que era su culpa.

— He escuchado eso suficientes veces, Hongjoong. Ya una más está de más.

Y, sin darle oportunidad a replicar, Seonghwa soltó un suspiro cansado, volviendo a alejarse. Hongjoong lo vio alejarse, su corazón cayendo con cada paso, sintiendo cómo algo se rompía en su interior, sabiendo que ya no había vuelta atrás.

Cuando Seonghwa llegó a las afueras del restaurante de regreso, se dejó caer en el estacionamiento, incapaz de sostenerse más. Lloró como nunca antes, abrazándose a sí mismo, sintiendo cómo el lazo en su interior se rompía un poco más con cada sollozo. Su omega interior ya no estaba, y lloró porque finalmente todo había llegado a su fin con Hongjoong. En medio del dolor, un aroma a chocolate espeso lo envolvió, seguido por unos fuertes brazos que lo rodearon con soporte. No supo si habían pasado horas o minutos mientras permanecía allí, llorando en los brazos de Soobin.

Cuando por fin el llanto cesó, Soobin apartó con delicadeza los cabellos mojados de su rostro y le ofreció una sonrisa suave.

Soobin lo levantó con suavidad, pero cuando sintió que lo soltaba de golpe, aturdido en el suelo Seonghwa siseó cuando una herida abierta en su mano escozó. No le puso tanta importancia en cuanto vio a Hongjoong jadeando con los ojos inyectados en furia hacia Soobin.

El dolor en su pecho se intensificó al verlo

— ¡No vuelvas a ponerle un dedo encima a mi omega!

Seonghwa observó cómo ambos alfas comenzaron a liberar sus feromonas de desafío, llenando el aire de tensión. Parecía que la confrontación era inevitable, que se iban a enfrentar en ese mismo instante. Pero entonces, con el corazón latiendo con fuerza y la rabia tomando el control, Seonghwa se interpuso, su voz firme y llena de enojo.

— Déjame en paz, Hongjoong — gritó, las palabras saliendo con más fuerza de lo que había imaginado.

En ese preciso momento, las puertas traseras se abrieron de golpe, y Wooyoung y San aparecieron seguido de los demás. Ambos se detuvieron abruptamente al ver la escena que se desarrollaba frente a ellos, el aire cargado de tensión y emociones reprimidas.

El omega pelirosa tomó la mano de Soobin y mientras Seonghwa avanzaba a la salida del parqueo, la voz de Hongjoong resonó detrás de ellos, cortando el aire como un cuchillo:

— ¿De verdad vas a irte con él? ¿Con otro alfa?

Las palabras hicieron que Seonghwa se detuviera en seco. Cerró los ojos por un instante, intentando calmar el torbellino de emociones que se desataba en su interior. Soobin también se detuvo, girando apenas la cabeza hacia Hongjoong, pero manteniendo su mano firme en la espalda de Seonghwa como un apoyo silencioso.

—¿Perdón? — Seonghwa giró lentamente, su mirada ahora encendida.

— Digo, si realmente vas a dejar que otro alfa te lleve. Tenemos un lazo y lo sabes — repitió Hongjoong, sus palabras cargadas de una mezcla de reproche y desesperación que apenas podía ocultar.

Soobin abrió la boca para intervenir, pero Seonghwa colocó la mano sobre su pecho, Hongjoong gruñendo aún más al ver su acción. Se dio la vuelta por completo, enfrentando a Hongjoong con los puños apretados a los costados.

— ¿Qué es lo que quieres, Hongjoong? ¿Hacerme sentir culpable? ¿Reclamar algo que tú mismo destruiste?

— Lo único que quiero es que me escuches — respondió Hongjoong, dando un paso hacia adelante. — No quiero ... no puedo perderte.

Seonghwa soltó una risa amarga, sacudiendo la cabeza.

— ¿Perderme? ¿Ahora tienes miedo de perderme? No se si entendiste que eso ya lo perdiste, Hongjoong. Lo hiciste en todas esas veces que me alejaste. En todas esas veces que me diste a entender que solo era una opción en lugar de una prioridad. Me cansé de esperar algo de ti.

Hongjoong parecía querer decir algo, pero Seonghwa lo interrumpió, dando un paso hacia él, su voz temblando por la emoción contenida. En ese momento estaba a un sollozo de colapsar.

— No tienes derecho a reclamar nada aquí. No tienes derecho a hacerlo como si todavía fueras mi todo, porque en primer lugar fuiste tú el quien decidió no estar ahí para mí.

— Tú sabes que siempre regresé , por favor se tú quien regrese, regresa a mí.

— No, Hongjoong. Estuviste cuando te convenía. Y ahora que por fin estoy buscando mi felicidad fuera de ti, de repente decides que soy importante.

Hongjoong soltó un suspiro pesado, llevándose una mano al cabello, claramente frustrado consigo mismo.

— No es eso, Seonghwa. Si estoy aquí no es ... No es porque-

— ¿Porque qué?

— Porque no sé cómo ser mejor para ti.

Esas palabras, dichas con una honestidad cruda y desgarradora, desarmaron por un instante la furia de Seonghwa. Lo miró fijamente, tratando de procesar lo que había escuchado, pero su corazón ya estaba demasiado herido para ceder.

— Eso ya no es mi problema, Hongjoong. No puedo arreglar lo que no quieres sanar. No es a mí quien le corresponde aguantar con tus demonios, si no puedes dar el otro por ciento para esta relación no puedo obligarte a hacerlo.

— Flor de loto ...

El silencio que siguió fue pesado, como si cada palabra no dicha quedara suspendida en el aire entre ellos. Finalmente, Seonghwa suspiró, volviéndose hacia Soobin.

— Vamos

Soobin asintió, guiándolo hacia la salida y los demás los siguieron en silencio. Pero antes de subir al carro de Soobin, Seonghwa se permitió una última mirada a Hongjoong. El alfa estaba allí, parado en medio de la silenciosa calle, con los hombros caídos y los ojos clavados en él, como si estuviera viendo cómo algo invaluable se alejaba para siempre.

Y aunque Seonghwa sabía que la herida en su pecho no sanaría de inmediato, también sabía que no podía seguir esperando a alguien que nunca le importó lo suficiente para mejorar.

Por primera vez en mucho tiempo, dio un paso hacia lo desconocido, una decisión que ya no involucraba a Hongjoong.

Después de esa noche, Seonghwa no dejó ni un solo rastro de Hongjoong en su vida. Se puso a empacar a toda prisa, metiendo en cajas los miles de regalos que le había dado, junto con las cartas que habían intercambiado, las chaquetas que siempre le prestaba. Despegó las fotos de su mural, esas sonrisas que alguna vez le parecieron el reflejo de la felicidad, y se deshizo de los listones y corsés impregnados de la esencia de Hongjoong, esos detalles que parecían tan suyos. Incluso dejó atrás su cabello rosa cuando éste le gritaba “Flor de loto”, regresando a su color natural, un intento desesperado de borrar cualquier vínculo visual que lo uniera al alfa.

Cambió de número, de apartamento, todo. Se convenció de que así podría dejarlo atrás. Pero la sombra de Hongjoong lo atormentó durante semanas. Lo encontraba en los pasillos, lo veía al salir de clases, y la herida en su pecho se abría de nuevo. Lloró patéticamente, noches en las que no pudo evitar hundirse en su propia desesperación. No sabía si era el dolor del rechazo, la confusión, o por el hecho del vínculo de sus lobos.

Y fue entonces cuando tuvo que ir al doctor. Le recetaron unas píldoras para suprimir a su lobo, porque de lo contrario, moriría.

Lo peor de todo fue que cuando su estado se volvió crítico, tuvieron que llevarle una prenda de Hongjoong. Irónico, ¿No? Que el lazo roto lo hubiera dejado tan, tan vulnerable cuando el alfa ni siquiera lo había marcado.

Hongjoong siempre le huyó a los compromisos.

La única alternativa que se encontró fue que fuera marcado por otro alfa.

San se ofreció sin dudarlo, sabía que tenía un corazón enorme, a pesar de que Wooyoung le dijo que estaría bien Seonghwa rechazó la oferta.

Fue una tarde tranquila cuando Soobin llegó, como lo hacía siempre, con el almuerzo en las manos. Pero esa vez, algo en su mirada era diferente. Después de un par de miradas y unos silencios incómodos, le propuso hacerlo como voluntario. No había segundas intenciones en sus palabras, pero algo en el aire dejaba claro que no todo sería tan sencillo. Seonghwa le sonrió, pero su respuesta fue un rotundo no. Sabía bien lo que eso conllevaba para Soobin, aunque no fuera su predestinado estaría atado a él.

Pero Soobin, con la determinación de quien sabe que su vida depende de ello, no se rindió. Sabía que no podía dejar pasar esa oportunidad, que tal vez era su única salida. Al final, Seonghwa cedió. No porque quisiera, sino porque no tenía otra opción. La marca en su hombro dolió como había anticipado, el vínculo podrido que aún lo unía con Hongjoong finalmente se rompió. Ese acto fue definitivo, y con él, Seonghwa dejó atrás todo lo que le ataba al pasado.

La sensación de vacío que sintió después fue abrumadora. Apenas sobrevivió, pero siguió adelante. No porque fuera fácil, sino porque no podía permitir que todo lo que había luchado por conseguir se derrumbara por una relación fallida. Aún tenía un sueño, una carrera que conquistar. Aunque no se amaba a sí mismo, la gimnasia seguía siendo lo único que le daba propósito, lo único que realmente amaba.

Le bastaron años, pero finalmente, muchos años de dedicación para lograr levantarse.

Seonghwa estaba del otro lado de la puerta, mirando el contrato que acababa de firmar. Exhaló profundamente mientras sostenía el papel en sus manos, dejando escapar un suspiro de alivio y un saltito de emoción. Este contrato era el sueño hecho realidad: iba a dar una presentación en el Phantage Theater. Los brillitos casi podían verse en sus ojos.

Desde su última presentación en Corea, los medios se habían sorprendido con su talento y, gracias a eso, recibió una beca para entrenar en California con los mejores profesionales. Residía en una casa ubicada en el Condado Mariposa donde las casas parecían tener historia detrás de cada mural un lugar bello y le quedaba cerca de donde entraba.

Ahora, con este nuevo contrato, sabía que estaba abriendo una puerta hacia algo aún más grande.

Caminó por el banquete, saludando a varios socios con cortesía, notando cómo algunos lo reconocían y le lanzaban halagos.

De repente, alguien cubrió sus ojos. Se quedó inmóvil, reconociendo de inmediato esas feromonas. Una sonrisa apareció de inmediato en sus labios, y al girar, ahí estaba él, el alfa. En sus manos llevaba dos cupcakes: uno de mantequilla y otro de fresas.

— Bien ¿Cuál eliges? — preguntó el alfa, con una mirada cómplice.

Seonghwa dejó el contrato sobre la mesa y aceptó los pastelitos. — Abre — le dijo el alfa

Y eso fue lo que hizo, abriendo la boca mientras probaba un bocado del primero y luego del segundo. Saboreó ambos, y cuando terminó, asintió con una sonrisa, extendiendo la boca para que le diera de ambos.

El alfa no tardó en sonreír también.

— “Esta vez parece que la hembra ha elegido ambos, el macho deberá comer las sobras de ambas comidas. La naturaleza puede ser muy cruel” — recitó con un gesto dramático.

Seonghwa no pudo evitar reírse a carcajadas.

— Basta, te pasas mucho tiempo en TikTok — dijo entre risas.

— ¿Quieres que vayamos por compras antes que vayamos por Yeosang y Jongho al aeropuerto? San y Wooyoung dijeron que arribarían mañana, parece que los preparativos para la boda de Xion los atrasaron un poco. Aprovechando que tendremos unas horas más para nosotros pensé en la tienda de corsés y puede que quizás por mera casualidad te dejé escoger cuatro de esa marca que tanto te gusta.

— ¿¡En serio!? — Seonghwa chilló emocionado y se le colgó al cuello, el alfa pelinegro lo levantó del suelo y dieron vueltas recibiendo miradas enternecidas.

Cuando ambos salieron del lugar, su cuerpo se detuvo de inmediato, un escalofrío recorriéndole la espina dorsal cuando detectó ese aroma.

Café.

Un aroma tan familiar, el que alguna vez fue reconfortante

Si el lazo nunca se hubiera roto, si las cosas no hubieran cambiado, habría sentido el tirón, la vibración que siempre habían conectado.

Sin embargo, no hubo nada.

El lamento de su lobo interior era casi imperceptible, como si estuviera ausente, casi dado por muerto a través de los años. El lazo que había sido cortado hacía tiempo, ya no pulsaba.

¿Quién le había encargado tal tarea a una niña encaprichada como la diosa Luna? La misma que entrelazaba destinos a sus hijos ¿Por qué había permitido que sucediera? Seonghwa no podía entenderlo. Su pequeño lobo no sabía que a veces también diosa podía equivocarse.

La misma luna que los había unido una vez, ahora parecía burlarse de su destino.

Hongjoong, radiante como siempre, salió de las puertas giratorias del edificio. Estaba discutiendo en voz alta, como siempre envuelto en esa aura demandante.

Seonghwa, con las manos sobre la puerta del auto a medio abrir, observó la escena con pesar.

Un chico salió detrás de Hongjoong, persiguiéndolo con la mirada perdida.

Hongjoong, agotado, se frotó el rostro, y su mirada, vacía y distante, parecía decirle algo al chico, quien de inmediato rompió en sollozos.

Seonghwa no pudo evitar ver un reflejo de sí mismo en aquel chico ¿Así de lamentable se había visto cuando estuvo junto a Hongjoong?

De pronto, Hongjoong lo vio a lo lejos, y algo en su rostro cambió inmediatamente. Su mirada, que antes estaba teñida de aburrimiento, se iluminó por un instante, como si algo en su interior hubiera despertado.

Seonghwa subió al auto cerrando la puerta con decisión en cuanto Hongjoong se dirigió a su dirección.

— Vamos — dijo en voz baja, apenas audible, pero firme.

El alfa asintió sin decir palabra, y el auto comenzó a moverse en dirección opuesta. Seonghwa se concentró en el camino, observando el paisaje de hojas rojas que pasaba rápidamente por la ventana. Aunque sabía que Soobin podría decir algo, el silencio continuó. El alfa manejaba con la misma calma y tranquilidad de siempre, sin apresurarse, sin mostrar signos de incomodidad.

Seonghwa rompió el silencio después de un rato, mirando de reojo a Soobin

— ¿No vas a decir nada? Nunca me has reclamado, ni siquiera me has preguntado sobre el tema.

Soobin, con los ojos fijos en la carretera, respondió con una tranquilidad

— No lo vi necesario. No voy a hablar de algo que tú mismo has querido dejar atrás, es pasado.

Esas palabras calaron profundamente en Seonghwa.

— Lamento haberte hecho esperar tanto.

El omega sonrió con ternura y acunó la mejilla de Soobin. Jamás podría agradecerle lo suficiente por acompañarlo en su proceso.

Al sentir la caricia su alfa tomó su mano con suavidad y la besó con amor. — Lo único que sé es que la luna a mi favor se equivocó.

Seonghwa se dio cuenta que finalmente era feliz

Estaba con alguien que le daba lo mejor de sí mismo, que lo entendía, lo escuchaba, y que respondía a ese otro porcentaje.

No necesitaba más, porque había encontrado el equilibrio no solo Soobin sino en su vida.

Sin embargo, mientras sus pensamientos se asentaban, el rostro del chico que había visto hace un rato siguió rondando en su mente. Aquella visión lo hizo suspirar, como si su pecho quisiera liberar todo el peso de esos recuerdos que aún le quedaban. Había defendido tantas veces a Hongjoong, lo había justificado, había creído en él con todo su ser ... y, al final, todos habían tenido razón.

Hongjoong resultó ser exactamente todo lo que le dijeron que era.


Corazón, le olvidaremos en esta noche tú y yo

Tú, el calor que te prestaba

Yo, la luz que a mí me dio

Cuando le hayas olvidado dímelo, que he de borrar aprisa mis pensamientos

Y apresura tu labor

no sea que en tu tardanza

vuelva a recordarle yo

—Poema 37





८ ′ ᵔ ′ ა─ׄ─ׄ──८ ′ ᵔ ′ ა─ׄ─ׄ──८ ′ ᵔ ′ ა─ׄ─ׄ──८ ′ ᵔ ′ ა─ׄ─ׄ──८ ′ ᵔ ′ ა─ׄ─ׄ

¿Qué tal? Le puse mucha cabeza y quizás esté desordeno o no me di a entender como hubiera querido. Pero he aquí mi resultado.

Dejen comentarios al menos para tirarme hate 😞☝🏻

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