Capítulo 1- La sentencia de muerte
Siempre he sabido que me odiaban. Siempre he sabido que no me querían. Que nadie me deseaba.
Pero esto—
Esto era algo totalmente distinto.
Me quedé allí parada, con las manos apretadas a los costados. Mi padre, mi madre y mi hermana me miraban como si fuera basura.
Como si no fuera nada. Como si hablaran de mi vida y esta no valiera un carajo.
—Deberías estar agradecida con nosotros —dijo la voz de mi padre, sacándome de mis pensamientos.
¿Agradecida? No pude evitar soltar una risa amarga cuando mis ojos se cruzaron con los suyos.
—¿Por qué? ¿Por qué me odian tanto? —susurré, sintiendo una opresión en el pecho.
—Ay, por favor, deja el drama. Mírate al espejo, ¿tú te querrías si fueras yo? —preguntó mi hermana Rosella, y mi madre soltó una risita como si fuera un chiste.
—¿Me están mandando a morir y se ríen? —pregunté con el pecho hirviendo de rabia.
—Te estamos dando la oportunidad de redimir tu vida patética. No has hecho más que avergonzar a la familia. Solo hacemos lo mejor para todos —dijo finalmente mi madre, mirándome con desprecio.
No tuvo que decirlo directamente, pero yo sabía que no me consideraban parte de esa familia.
—¿Y qué hay de mí? ¿Qué es lo mejor para mí? —pregunté. Mi padre dio un paso amenazador hacia mí.
—¡Niña malagradecida! Deberías estar feliz de que te dejamos vivir. ¡¿Quién te crees que eres para cuestionarnos?! —rugió mi padre furioso. Algo dentro de mí se rompió en ese momento.
—¡Soy tu hija! Soy tu hija y no has hecho más que odiarme durante veintidós años. ¡¿Qué carajo les hice?! —grité con rabia. No vi venir el golpe cuando su mano aterrizó en mi cara con una bofetada seca.
—¡¿Cómo te atreves?! ¡¿Cómo te atreves a levantarme la voz?!
Me ardían los ojos y me temblaba la boca, pero me negué a llorar. No iba a darles ese gusto.
—¿Te has visto en el espejo? ¿Sabes lo asquerosa y fea que te ves? —se burló él. Yo solo me quedé allí, aguantando sus insultos.
—¡Y tenías que salir de mi maldita sangre! ¿Sabes lo vergonzoso que es? Y por si fuera poco, ¡ni siquiera tienes un puto lobo!
Se me encogió el corazón. Los ojos me ardían más, pero prefería morir antes de soltar una lágrima.
—Padre, padre —dijo mi hermana con esa voz melosa que usaba para engañar a todo el mundo.
—No dejes que te altere, ella no vale la pena —dijo mientras le tomaba la mano. Él suspiró y la miró como si ella fuera el centro del universo.
Una mirada que nunca me daría a mí. Jamás.
—Si tan solo fueras como tu hermana. Rosella nos llena de orgullo. No solo es hermosa, es fuerte y talentosa, no como tú —dijo mi padre. Se alejó de ella y el orgullo que sentía se convirtió en asco en cuanto sus ojos se posaron en mí.
—Te irás al palacio del Rey con las otras omegas. Y no hay nada que puedas hacer al respecto.
—Sabes qué, Emilia, deberías estar feliz. Al menos morirás en la cama del Rey. Eso si no te mata en el acto, porque no creo que el Rey Alpha quiera tocar a una perdedora tan patética como tú.
—Todos se van a arrepentir de esto —dije apretando los puños con tanta fuerza que me saqué sangre.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Salir de la tumba para asustarnos? —preguntó Rosella, y todos estallaron en risas.
Pensar que esta era mi familia. Nunca me quisieron de verdad.
Mi padre decía que yo era una vergüenza. No tenía un lobo y no era tan linda como Rosella.
Así que, como castigo, me convirtió en una omega. Imaginen eso: la hija de un alpha rebajada a omega.
Me volví invisible. Me trataban como basura en mi propia manada. Me llamaban de mil formas.
“Gorda”.
“Cerda fea”.
“Perdedora patética”.
En algún momento empecé a creerles.
—No voy a morir —dije de repente. Dejaron de reír y todos se giraron hacia mí.
—Voy a sobrevivir —afirmé con determinación, pero mi hermana se burló.
—Ay, por favor, ¿no te has enterado? Ninguna mujer sale viva de su cama.
Y aun así me estaban entregando a él.
—Pero yo sobreviviré —repetí. La determinación me apretaba el pecho como una cadena.
—Estás delulu —dijo mi hermana sacudiendo la cabeza.
—Todos se arrepentirán de lo que me han hecho. Haré que paguen. Se los prometo.
—Deja el drama y vete a empacar la porquería que tengas. Te vas esta noche con las demás —dijo mi madre, como si fuera lo más normal del mundo.
Rosella sonrió con malicia mientras me miraba fijamente a los ojos.
—Vas a morir, Emilia. Vas a morir.
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¿Qué les parece este capítulo?










I can imagine a lot of reasons for a mother, father or sister to hate someone, but because she is “ugly” in the aesthetic sense of the word... the author could have come with a better reason.
I like it but feel sorry for Emilia
je suis choquée, la pauvre. j'espère que tout ira bien pour elle et qu'elle obtiendra sa vengeance