Chapter 1
Capítulo 1: La Audición del Destino
La sala de entrenamiento de HYBE Entertainment estaba impregnada de una energía intensa y expectante. Veinte chicas de diferentes países esperaban su turno, cada una con sueños brillando en sus ojos y el corazón latiendo con fuerza. Era el día final de la gran audición internacional. Entre ellas, una joven de rostro delicado y expresión serena repasaba mentalmente sus líneas. Se llamaba Mika Aoyama, tenía 16 años y venía desde Japón, aunque también tenía sangre inglesa por parte de su madre. Su cabello largo y oscuro caía como seda sobre sus hombros, y su presencia era tranquila pero firme.
La audición llevaba horas, una a una las chicas pasaban frente al jurado compuesto por productores, coreógrafos y el mismísimo Bang Si-Hyuk, el CEO de HYBE. Cada candidata mostraba lo mejor de sí: coreografías perfectas, notas potentes, presencia escénica. Pero aún faltaba Mika.
Una entrenadora se acercó a ella.
—Aoyama Mika, es tu turno.
Mika asintió con suavidad, se levantó, se acomodó el micrófono en la oreja y caminó hacia el centro del escenario. Su mirada estaba baja al principio, pero en cuanto sintió el foco de luz sobre ella, levantó el rostro y miró al frente con firmeza. Había practicado ese momento mil veces. Sabía que su prueba no sería fácil.
Uno de los productores murmuró algo al oído del CEO.
—Será la canción “Cypher Pt. 4” versión rápida —dijo, con una sonrisa que apenas ocultaba el escepticismo.
Bang Si-Hyuk lo miró de reojo.
—¿Estás seguro? Esa canción no es fácil ni para raperos con años de experiencia.
—Quiero ver qué tan buena es esta chica tímida. Dicen que tiene potencial.
La pista comenzó. La velocidad del ritmo era abrumadora. Mika respiró hondo y cerró los ojos un segundo antes de comenzar. Cuando empezó a rapear, todo cambió. Su voz se volvió clara, precisa, rápida. Su dicción era impecable, sus gestos seguros. El contraste entre su apariencia tranquila y la fuerza de su rap dejó a todos en silencio.
—¿Es... ella? —susurró Min Jae, uno de los jueces, con los ojos muy abiertos.
—Tiene un dominio del ritmo impresionante —dijo Park Hyojin, productora vocal.
La canción continuó. Mika no fallaba ni una palabra. Movía las manos con energía, sus ojos brillaban. No era solo rapidez: era expresión, pasión, técnica. En un giro inesperado, improvisó al final un verso en inglés con un tono melódico que rozaba lo angelical, fusionando canto y rap en una transición perfecta.
Cuando terminó, el silencio fue total por unos segundos. Luego, una ovación espontánea estalló entre los jueces y los asistentes. Incluso algunas de las otras chicas aplaudieron con admiración.
Bang Si-Hyuk sonrió por primera vez en toda la tarde.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó, aún sorprendido.
—Mika Aoyama, señor —respondió ella con una leve reverencia.
—¿Cuántos años tienes?
—Dieciséis.
—¿Y desde cuándo rapeas?
—Desde los once. Empecé bailando primero... luego me enamoré del ritmo. Me gusta contar historias con el rap... y con la danza.
El CEO se recostó en su silla.
—No esperaba esto. Tienes un talento excepcional. No sólo por la técnica, sino por la emoción. Te vi. Te sentí.
Mika bajó un poco la cabeza, tímida.
—Gracias, señor. Haré lo mejor que pueda si me eligen.
Bang Si-Hyuk miró a los demás jueces. Nadie necesitaba decir nada. El impacto era evidente.
—Anótala. Nivel A. Entrenamiento completo —ordenó.
Ella salió del escenario con el corazón latiendo como un tambor. Algunas chicas la felicitaron al pasar. Entre ellas, una coreana de rostro travieso y sonrisa amplia la detuvo.
—¡Wow! Eres increíble. Soy Hana. Quiero ser tu amiga.
—Gracias... yo soy Mika. Encantada.
—Pensé que eras calladita, pero cuando empezaste a rapear casi me desmayé. ¿Dónde aprendiste eso?
—Practico mucho. Me gusta hacerlo en mi habitación. Es donde me siento libre.
Otra chica se acercó. Era alta, de piel morena y cabello rizado.
—Yo soy Camila, de Brasil. Eres mi favorita ahora. ¡Wow, qué nivel!
—Gracias... de verdad —respondió Mika, un poco abrumada por la atención, pero sonriendo con gentileza.
Mientras tanto, Bang Si-Hyuk escribía algunas notas en su libreta.
—Ella no es sólo talento. Tiene algo más... carisma natural, humildad. Una estrella que no se da cuenta de que brilla.
Esa noche, Mika se acostó en su cama dentro del dormitorio temporal del edificio de HYBE, mirando el techo. Le costaba creer que ya había dado el primer paso. No sabía qué venía después, pero algo en su corazón le decía que su vida estaba por cambiar para siempre.
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