One Shot
El reloj de su computadora marcaba las 10:13 am. —La hora de Jimin— pensó de inmediato sin siquiera dejar entrar otra posibilidad a su mente.
Desde siete años atrás todo en su vida se había convertido en seguirle el paso a una estrella en ascenso que estaba llegando muy lejos gracias al talento visual, vocal y a sus increíbles habilidades como bailarín que lo hacían destacar entre solistas y grupos coreanos.
Park Jimin.
Ese era su nombre y amaba saborearlo en su boca siempre que podía hacerlo. Su mejor amigo le había dicho que estaba loco por seguir a ese idol, cada vez que podía le recordaba que a sus 28 años necesitaba encontrar otros intereses porque a los treinta la vida se encargaba de ponerse más seria. Sin embargo, él no hacía caso a sus palabras.
Jungkook era un joven de alma libre, se consideraba un soñador y era virgo.
Las palabras de su amigo no le afectaban, después de todo trabajar en una de las distribuidoras de boletos más grandes de Corea le daba todas las ventajas para obtener lugares de primera mano para ver a su hombre.
Se consideraba el fanboy número uno del rubio, estaba seguro que si su vida dependiera de una prueba con preguntas sobre la vida del joven, él la pasaría perfectamente. Pero tampoco era iluso, sabía en qué momentos poner los pies en la tierra porque, lamentablemente, su trabajo no dependía directamente del idol.
—¿Otra vez soñando? —lo interrogó su compañera de turno.
—Sí... —soltó con un suspiro.
—Hoy salen los boletos para Coldplay, presta atención porque el jefe no quiere errores. ¿Ok?
El pelinegro asintió. —Dalo por hecho.
Yena siguió caminando con un sobre lleno de papeles hacia la oficina del gerente. Por su parte, el tatuado se encargó de organizar sus cosas en su lugar para prepararse para el cúmulo de gente que seguramente se encontraba ya formada desde temprano fuera del establecimiento.
Cuando el reloj marcó las 10:30 am se levantó como de costumbre hacia la puerta, subió la cortina antes de voltear el letrero que se encontraba colgado en la puerta indicando que ya estaba abierto y se dio la media vuelta para dirigirse hacia su lugar.
Lamentablemente, el destino tenía otros planes.
Sintió un tirón en su camisa que lo hizo intentar detenerse un segundo mientras se tambaleaba para evitar perder el equilibrio. —¿Qué demon...? —sus palabras se quedaron atoradas en su garganta al encontrarse con la imagen del mismísimo Park Jimin frente a él.
Sus ojos fueron de su cabello oculto tras una gorra hacia sus ojos que se escondían tras unas gafas de sol, su nariz perfecta que parecía apuntar a sus labios color cereza y por último, su mandíbula. La misma que lo hacía babear por las noches soñando cosas indebidas que no podría llevar a cabo jamás.
Estaba tan perdido en el rubio que ni siquiera se dio cuenta de que su equipo de seguridad ya había bajado la cortina nuevamente e intentaban contener a las fans fuera del lugar.
—¿Puedes ayudarme? —finalmente escuchó su voz aterciopelada.
—¿Yo?
Jimin parpadeó dos veces. —Sí tú. ¿Trabajas aquí, verdad?
—¿Yo? —repitió sintiéndose estúpido. —Sí, sí, sí trabajo yo aquí.
—Me alegro —sonrió.
—¿Sí?
Asintió. —Claro, realmente necesito tu ayuda.
—¿Qué sucede? ¿Qué necesitas?
—Quiero dos boletos para Coldplay con meet and greet en los mejores lugares que tengas
—¿Qué? —preguntó poco más que impactado. —¿Es una broma, no?
El idol enarcó una ceja. —¿Te parece que vine hasta acá para gastarte una broma?
Jungkook sacudió la cabeza. —Pellizcame.
—¿Disculpa?
—Pellizcame, anda —reiteró y el rubio alzó los hombros en un gesto de desinterés y obedeció.
—¿Algo más? ¿Una bofetada, una patada? El señor Lee es muy bueno dejando inconsciente a su oponente.
El pelinegro hizo un gesto de dolor y llevó su mano al lugar del pellizco. —¿En serio estás aquí por dos boletos para ir a ver a Coldplay?
—Es para una persona muy especial para mí, quería hacerlo en persona y distraerme un poco —explicó con tranquilidad— no tienes idea de lo asfixiante que es tener que pedirle todo a todos, nadie me deja hacer nada por mi cuenta y me siento inútil si no se trata de baile, canto o modelaje.
Jungkook estaba boquiabierto.
Había soñado tanto con aquel momento que simplemente no podía procesar que el joven que tanto admiraba se encontrara de pie frente a él esperando una respuesta. No recordaba haber pedido un deseo a una estrella fugaz, tampoco le había salido algo bueno en su galleta de la suerte de esa semana y su horóscopo no le advertía sobre nada de lo que estaba viviendo; para el colmo, ni siquiera recordaba si se había duchado bien esa mañana o si traía el mismo uniforme sucio del día anterior.
Aunque por fuera parecía un estúpido, en realidad una parte de él en el fondo de su ser estaba llorando.
¿Por qué le estaba pasando eso a él?
—¿Vas a ayudarme o debo buscar a alguien más en esta tienda? —preguntó un poco exasperado el cantante, trayendolo de vuelta a su realidad.
—Cl-Claro, disculpa —respondió moviéndose a su lugar de trabajo y comenzó a teclear cosas en su computadora. —Enseguida te los genero.
Jimin suspiró y se quedó viendo la agilidad con que movía sus dedos en el teclado, no prestó atención en un principio pero pronto cayó en cuenta de algo importante. —Tienes una J y una M tatuadas en estos dedos —señaló sintiéndose curioso de repente. —¿Acaso tú...?
El joven evitó verlo a los ojos. —Sí, soy tu fan —respondió mientras seguía con su trabajo para no fallarle a su idol.
Esta vez llegó el turno del rubio de sentirse estúpido. ¿Cómo no se había dado cuenta? Eso explicaba la mirada, los movimientos casi robóticos, los nervios a flor de piel y la falta de coordinación que presentaba el chico que tenía al frente. —Lo siento, no me dí cuenta —dijo apenado. —¿Puedo regalarte mi autógrafo?
—¿M-Me estás preguntando tú si me puedes regalar tu autógrafo? —preguntó sintiéndose drogado de repente.
Jimin llevó su mano a su nuca, estaba avergonzado de su comportamiento, aunque en realidad no estaba haciendo nada malo.
—Estoy quedando como un tonto, ¿no?
Ambos se echaron a reír al mismo tiempo.
—Si lo dices por mí, yo no diré nada de todo esto —lo tranquilizó— y sí quiero tu autógrafo, por favor.
Jimin sacó una photocard de su bolsillo y se la firmó. —¿Cuál es tu nombre? —preguntó al final.
—Jungkook.
El cantante asintió y terminó su trabajo antes de que el joven pudiera preguntar por su método de pago. —Aquí tienes —entregó su foto dejándolo impresionado. —El señor Lee se encargará del pago.
El aludido se acercó al pelinegro y entregó la tarjeta mientras Jimin paseaba de un lado a otro contemplando algunos posters de bandas y grupos que conocía, hasta que se encontró con el suyo que parecía realmente especial.
—¿Tú hiciste eso? —quiso saber mirando al joven.
Jungkook recordó haber pasado un día entero decorando el pizarrón para destacar su póster y sintió un ligero sonrojo en sus mejillas. —Sí, yo lo hice... —aceptó desviando la mirada.
Jimin sonrió ampliamente.
—Ya está todo listo señor Park, ¿nos vamos? —le informó el señor Lee mostrándole el ticket de compra.
Otro guardia apareció junto a Yena y saludaron con una reverencia. —Vamos a salir por la entrada de personal para evitar a las fans —informó el hombre.
—Por aquí señor Park... —fue esta vez la mujer quien le indicó el camino y él asintió, no sin antes dirigirse al pelinegro.
—Muchas gracias Jungkook, por todo —dijo con sinceridad. —Espero que disfrutes tu regalo.
—Gr-Gracias, fue un gusto poder ayudarle.
Lo miró detenidamente unos segundos. —La próxima vez sin formalidades, ¿sí? —pidió sin esperar una respuesta y comenzó su camino.
El joven se quedó solo en pocos segundos y tuvo que ahogar un grito con sus manos para no llamar la atención de nadie en el lugar.
Poco después se acordó de la cámara de seguridad que tenía frente a su caja y saludó apenado a Eunwoo quien se encontraba muy divertido del otro lado al no haberse perdido ningún detalle de la interacción de su amigo con el idol.
Una vez que la adrenalina comenzó a abandonar su cuerpo, Jungkook observó la photocard que le había regalado el cantante y no pudo controlar lo que pasó a continuación.
Sus ojos se abrieron a sobremanera, sus piernas le fallaron y cayó de rodillas al suelo de un momento a otro. Sus manos estaban temblando y su cerebro no podía dar crédito a lo que estaba leyendo.
"Para Jungkook, 07-1310-0109
llámame, P.J."