3 Meses
Me llamo alice y siempre pienso que mi nombre suena a un eco en medio de un pasillo vacío mi cabello azul se desliza por mi espalda hasta la cola como un río interminable que no quiere morir mis ojos negros son dos espejos nocturnos donde cualquiera podría perderse y aun así nadie se queda mucho tiempo mi sonrisa es amplia demasiado amplia como si quisiera huir de mi rostro y quedarse flotando en el aire mi piel es pálida como una página que nunca fue escrita y sobre ella viven pecas que parecen fragmentos de constelaciones olvidadas me visto con una camisa ajustada de mangas cortas que apenas cubre mi ombligo con pantalones anchos que parecen haber sido descartados por alguien que nunca supo de mí mis converse gastados me llevan de esquina en esquina y en mi muñeca siempre descansa una manilla rosa que guarda la fragilidad de mi pulso soy delgada y frágil pero mi cintura se curva como una promesa que aún no termina y mis pechos son un peso ligero que sostiene mi silueta
a veces pienso que soy tímida porque el silencio me resulta más fiel que cualquier palabra sin embargo río con facilidad porque reír es una manera de convencer al mundo de que no todo en mí es sombra me dicen misteriosa y yo no lo niego porque hay partes de mí que ni yo misma entiendo
mi casa es amarilla tan brillante que parece pintada con la risa de un sol detenido allí vivo con mi madre ella suele caminar por las habitaciones como si la casa le perteneciera también el aire siempre está midiendo mis gestos siempre está comparándome con alguien que no conozco del todo
—alice —dice con voz firme mientras me observa— deberías ser más parecida a tu prima ella sí sabe cómo comportarse
—mamá —respondo con calma aunque por dentro me tiemblen las palabras— yo también sé comportarme solo lo hago a mi manera
—no es suficiente a tu edad deberías tener más disciplina no todo es reír y jugar a ser distinta
—ser distinta no es un juego —le contesto con suavidad— es la única forma en que sé vivir
—siempre con tus ocurrencias alice siempre queriendo llamar la atención
—no quiero llamar la atención quiero que me escuches
—te escucho hija pero tienes que aprender que el mundo no perdona
—entonces mejor que el mundo aprenda a perdonarse a sí mismo
—hablas como si supieras más que yo
—no sé más mamá solo siento distinto
en esos diálogos mi madre cree que me enseña y yo dejo que lo crea porque es más fácil asentir que explicarle que en realidad nunca me escucha me compara con voces ausentes con espejismos y yo sonrío como si estuviera agradecida como si esas comparaciones fueran caricias pero por dentro guardo silencio y lo convierto en poesía
tengo un gato negro con manchas blancas que me observa desde las esquinas sus ojos me siguen con la paciencia de quien ya conoce todos mis secretos cuando me siento sola él salta a mis piernas y yo le hablo como si pudiera responderme
—eres el único que me entiende —susurro mientras acaricio su lomo tibio
—miau —responde y yo sonrío como si hubiera dicho algo más profundo
—me voy a mudar pronto ¿sabías?
—miau
—no pongas esa cara es un lugar mejor allí también habrá ventanas para ti
—miau
—sí ya sé que aquí te gusta la casa amarilla pero los lugares no lo son todo lo importante es lo que llevamos dentro
—miau
—no me mires así prometo que no estarás solo
su silencio es un espejo en el que me descubro hablando conmigo misma y en esas charlas disfrazadas me convenzo de que la mudanza será la mejor decisión un lugar nuevo donde nadie sepa mis sombras un comienzo limpio como una página en blanco que espera tinta fresca.
mis amigas son cinco constelaciones que orbitan a mi alrededor cada una brilla de una manera distinta aunque a veces sus luces parecen incendios en ruinas yo las amo porque con ellas el tiempo se deshace más rápido y la noche tiene siempre un sabor distinto dicen que juntas somos invencibles y yo sonrío como si lo creyera de verdad
—alice —me dice julia con su risa quebrada— tú eres el corazón de este grupo sin ti nada tendría sentido
—y ustedes son mi casa —respondo con dulzura— sin ustedes no existiría la risa
—siempre tan poética —agrega mariana encendiendo un cigarrillo— deberías escribirnos en tus diarios
—ya lo hago —contesto y mis palabras son verdad aunque en mis páginas no siempre escribo la misma versión de ellas
—brindemos —interrumpe camila con una botella en la mano— porque la vida es corta y la noche aún más
—brindemos —respondo fingiendo alegría— porque seguimos juntas
—alice —susurra laura mientras se acomoda a mi lado— prométeme que nunca nos dejarás
—no podría aunque quisiera —le aseguro con una sonrisa amplia— ustedes son parte de mí
—siempre juntas —añade sofía, con ojos que parecen buscar algo más que compañía— hasta el final
—hasta el final —repito como un eco que suena hermoso aunque esconda grietas
cuando las observo sé que hay algo en ellas que no brilla como debería pero me convenzo de que esa es precisamente la magia la imperfección de sus alas la belleza en sus caídas me digo a mí misma que estar con ellas es lo mejor que me ha pasado y lo repito tantas veces que al final termino creyéndolo.
Después está él mi novio que llega siempre con una sonrisa traviesa y unas manos que parecen conocer todos los atajos hacia mi piel yo lo miro y me convenzo de que eso es amor porque me hace sentir deseada como si en mí encontrara algo único me repite que soy bonita que le gusto tal y como soy y yo creo cada palabra como si fueran pequeñas oraciones que sostienen mi fe en lo nuestro
—alice —me dice con un brillo juguetón en los ojos— ven acércate que me encantas
—contigo siempre —le respondo entre risas suaves— no sé decirte que no
—me vuelves loco —susurra mientras me rodea con sus brazos— eres mi mejor lugar
—y tú eres el mío —le digo sonrojada— contigo me siento distinta
—me gusta tenerte así cerquita —añade rozando mi cabello— es como si todo se detuviera
—entonces nunca me sueltes —respondo como si lo creyera— nunca me dejes caer
—ni lo pienses —dice con voz segura— no hay nada más perfecto que tú
—y no hay nada más perfecto que esto —replico cerrando los ojos— no necesito más
—siempre así —finaliza con una risa baja— siempre tú conmigo
cuando lo pienso creo que nuestro amor es distinto porque arde y calma al mismo tiempo como un fuego que no duele como una hoguera que parece hogar yo me digo que no todos tienen la suerte de sentirse así y sonrío aunque en el fondo a veces me invada un vacío silencioso aún así lo escribo como un amor completo como algo puro porque prefiero creer en esa versión antes que en cualquier otra.
la mudanza se ha vuelto mi secreto favorito lo repito en mi mente como quien repasa un poema sagrado tres meses tres lunas tres estaciones de silencio y después me iré no sé a dónde exactamente pero sé que será mejor lo imagino como un lugar limpio donde el aire no pese donde las paredes no escuchen mis pensamientos y donde cada paso se sienta como si caminara sobre agua fresca
cada vez que lo pienso sonrío y me convenzo de que es lo más natural del mundo al fin y al cabo todos cambiamos de casa alguna vez todos dejamos atrás lo conocido buscando algo distinto algo más luminoso y aunque no lo diga en voz alta siento que la ciudad misma lo presiente que las calles que camino todos los días saben que pronto mis pasos se volverán eco
—te mudarás en serio —pregunta sofía mirándome con los ojos entornados— porque siempre dices cosas raras y al final nunca pasa nada
—esta vez sí —respondo con un gesto tranquilo— tengo la fecha marcada
—y a dónde piensas ir —interviene mariana soplando el humo de su cigarrillo— porque aquí no vas a encontrar nada mejor
—a un sitio más tranquilo —digo con dulzura— donde el ruido no me despierte por las noches
—me vas a dejar sola —dice laura riéndose con un toque de drama— no me hagas eso alice
—no estarás sola —le aseguro— yo voy contigo aunque no me veas
—eso no sirve —protesta julia— yo necesito abrazarte
—siempre con tus frases raras —dice camila— pero bueno yo te apoyo
—gracias —murmuro— lo necesito más de lo que creen
—y cuándo es —pregunta sofía otra vez— quiero saber si alcanza para despedirnos bien
—en tres meses —respondo con calma— cuando florezca la primera luz del año
—entonces haremos fiesta —propone laura— la última con todas juntas
—me encantaría —respondo— que se quede en la memoria como un retrato vivo
ellas lo toman como una broma como un juego más de mi manía de inventar mundos pero yo lo siento tan real que hasta el aire me sabe distinto y cada día que pasa marco un número invisible en la piel de mi calendario
mi madre lo escucha con la misma sonrisa cansada con la que escucha casi todo lo que digo ella cree que mis palabras son viento y que terminaré quedándome en esta casa amarilla brillante que parece tragarse mis secretos
—mamá —le digo mientras ella prepara café— si me fuera lejos ¿me extrañarías
—claro que sí —responde sin mirarme— aunque sé que al final no te vas a ir
—pero esta vez es en serio —insisto— lo tengo decidido
—tú siempre decides y luego te arrepientes —responde con una risa leve— así eres tú
—y si no me arrepiento —pregunto— y si de verdad me marcho
—pues que me harías falta —dice finalmente— pero siempre te comparo con las aves sabes cómo son vuelan y vuelven
—ay alice —suspira— eres tan dramática
—no es drama —respondo con ternura— es mi manera de soñar
—pues sueña pero quédate aquí —dice ella— aquí tienes todo lo que necesitas
—sí mamá —murmuro— aquí lo tengo todo
mi gato negro y blanco me observa desde la ventana como si también supiera lo que preparo su mirada es tan profunda que me incomoda a veces creo que adivina más de lo que debería cuando lo acaricio siento que me dice sin palabras que no me vaya pero lo convenzo con un ronroneo de que será lo mejor
en las noches hablo con él como si pudiera responderme
—me mudaré pronto —le confieso acariciando su lomo— no estarás solo yo también me llevaré tu recuerdo
—miau —responde como un reproche suave
—sé que me necesitas —le digo— pero entenderás
—miau
—serás mi guardián aunque no estés cerca —añado— te lo prometo
el gato cierra los ojos y me siento perdonada
cuando pienso en mi novio la mudanza adquiere otro brillo porque me convenzo de que él lo entenderá de que para él lo nuestro seguirá intacto aunque cambie el escenario
—tres meses —le digo con voz baja mientras apoyamos la cabeza en su hombro— después todo será diferente
—diferente cómo —pregunta con una sonrisa confiada— qué quieres decir
—que nos veremos de otra manera —respondo acariciando su mano— como si empezáramos de nuevo
—eso me gusta —dice acercándose— empezar de nuevo contigo siempre
—pues ya lo decidí —susurro— me mudaré
—me asustas cuando dices eso —ríe— suena como si me dejaras
—no podría dejarte —aseguro— eres parte de mi piel
—entonces adónde vayas voy —dice con firmeza— porque no hay otro lugar para mí que no seas tú
—ojalá lo creas siempre —respondo con dulzura— porque así no duele
y aunque sus palabras parecen dulces sé que al final lo que más le importa es que siga siendo suya en cuerpo y yo me digo que eso también es amor que no está mal entregarse así.
pero hay otra voz la de esa sombra que aparece y desaparece entre los bordes de mis días él me habla como si conociera verdades que yo no quiero aceptar
—alice —me dijo en una esquina desierta— por qué hablas tanto de irte
—porque quiero un lugar mejor —respondí con decisión— algo que me dé paz
—puedes encontrar paz aquí —replicó— no necesitas huir
—no es huida —insistí— es abrir la puerta a otro mundo
—sí lo decidí —repliqué— en tres meses será
—ojalá cambies de idea —dijo con tristeza— ojalá te quedes
—Llamame si me voy y así siempre estaré aquí así sea en llamada—le pedí— Estaré bien, talvez algún día te cuente cómo va allí
esa conversación se repite en mi cabeza como un eco interminable y cada vez que la recuerdo me convenzo más de que la mudanza es inevitable no lo digo con dolor lo digo como quien habla de un destino hermoso como quien describe un jardín secreto que aguarda tras una puerta invisible tres meses eso es todo lo que falta tres meses y mi historia será otra, tres meses para dar un último vistazo a lo que he Sido durante todo este tiempo.








