Personalizar legibilidad
Aa

La Marea

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

En la penumbra de una iglesia irlandesa, donde la luz de los vitrales tiñe de colores el aire cargado de incienso, una mujer contempla el mundo y su propio reflejo en las formas sagradas. Entre el murmullo de los fieles y el llanto suave de un niño, siente cómo sube y baja en ella una marea de dudas y recuerdos, pensamientos sobre lo que significa ser mujer y lo que implica mantener su feminidad en medio de expectativas y silencios. Aprende, poco a poco, que navegar entre corrientes invisibles puede ser también una forma de reconciliación consigo misma. ------------------------------------------- ⚠️ Se prohíbe cualquier réplica, plagio o adaptación, ya sea física o digital, de esta obra.

Genero:
Literary Fiction
Autor/a:
ria
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

La Marea

La iglesia huele a cera tibia y a hojas húmedas traídas por el viento. Es octubre, y Mullingar parece un pueblo suspendido entre el gris y la fe. Las nubes se mueven lentas sobre las torres, como si el cielo dudara. Yo también dudo. El incienso asciende en espirales y pienso que cada hilo es un pensamiento mío que se escapa, que busca una forma de descanso.

El sacerdote habla, pero su voz se mezcla con el murmullo de los bancos que crujen. A mi lado, mi esposo sonríe con esa serenidad irlandesa que aprendí a imitar sin sentir del todo. Me ajusto el abrigo beige, el mismo que compré cuando llegué aquí, hace cuatro inviernos. El aire que entra por las vidrieras huele a metal y a algo antiguo. El niño que será bautizado llora, y su llanto se derrama por el templo como un eco que no conoce palabras.

Me miro las manos: pequeñas, tensas, cubiertas por un esmalte que comencé a roer desde que supe. Desde hace siete días. Siete días que llevo el secreto entre las costillas, como una semilla que se despierta sin permiso. No lo he dicho a nadie. Ni a él. A veces siento que si lo nombro, el silencio de esta iglesia se rompería, y algo en mí se perdería para siempre.

El agua bendita cae sobre la frente del bebé y yo observo cómo brilla la gota antes de deslizarse. Me recuerda a la humedad en los muros del baño, a esa gota que cae cada noche, exacta, como un reloj que no olvida. Pienso en el cuerpo de la madre, en cómo habrá sentido la primera contracción, el desgarro dulce del nacimiento. Nadie habla de eso aquí. En esta ceremonia, la maternidad es un acto sagrado, limpio, perfumado de incienso. Nadie nombra la piel que se abre, la sangre que corre, el miedo que acompaña la respiración.

Ser madre. Qué palabra vasta, pensé cuando la escuché en la consulta. “Está embarazada”, dijo la doctora con una sonrisa suave. Yo miré la pantalla, ese punto blanco parpadeando, y quise entender si era vida o sólo una forma más del azar. No lloré. No sonreí. Me quedé en silencio. Desde entonces, todo en mí se ha vuelto una corriente de pensamiento: ¿qué significa ser madre sin dejar de ser mujer?

Las campanas suenan afuera. Cada repique me hace sentir que el tiempo está tocándome el pecho. El bebé se ha calmado; su respiración se confunde con la del coro infantil. Miro la pila bautismal: piedra antigua, gastada de tantas generaciones que han lavado sus temores allí. El sacerdote habla de pureza. De luz. Y pienso en la palabra pureza como en una frontera. ¿Cuándo una mujer se vuelve impura? ¿Cuando sangra? ¿Cuando ama? ¿Cuando da a luz?

Mi madre decía que la maternidad es una bendición. La mía, allá en Antalya, se levantaba antes del sol para preparar el pan. Nunca la vi quejarse, pero su espalda siempre estaba encorvada, parecía que aún llevara un niño invisible sobre sí. Me hablaba del deber, de la paciencia, de la ternura. Pero yo veía otra cosa en sus ojos cuando me miraba: un anhelo de mar, una nostalgia de sí misma.

He intentado no pensar en ella estos días. Pero en la iglesia, los recuerdos se filtran entre las grietas del pensamiento. Me veo pequeña, observándola colgar la ropa, su falda moviéndose al ritmo del viento. Y me pregunto si alguna vez sintió que dejó de ser mujer cuando me tuvo.

El sacerdote levanta la mano y traza una cruz sobre la frente del bebé. Yo miro mi propio reflejo en el cristal del vitral: los colores se fragmentan sobre mi rostro, azul, rojo, dorado. Me veo dividida. Pienso que mi cuerpo también es un vitral. Transparente en algunos lugares, opaco en otros. Y que dentro de mí crece algo que cambiará para siempre la forma en que la luz entra.

Mi esposo me toma la mano. Su pulgar dibuja círculos pequeños sobre mi piel, intuyendo la marea que se levanta dentro. Él sonríe. Yo también sonrío, porque es más fácil. Pero siento la piel del anillo fría, metálica, una barrera más entre quien era y quien empiezo a ser.

Una mujer delante de mí sostiene a su hija dormida. La niña tiene los labios manchados de leche. La madre la observa con una ternura que duele. Pienso que esa ternura tiene un precio. Que en algún lugar de su vida, algo ha quedado suspendido, como una cuerda cortada. La miro y me pregunto si alguna vez extrañará a la mujer que fue antes.

En Turquía, solíamos decir que cuando nace un niño, también nace una sombra. Nadie la ve, pero acompaña a la madre siempre. Es la sombra de todo lo que ella deja atrás. A veces se adelgaza, a veces se hace grande y oscura. Yo siento que la mía ya me sigue. Aún no tengo vientre redondo, pero ya me siento dividida entre dos voces.

El coro entona un cántico antiguo. En la repetición de las notas encuentro algo hipnótico, casi maternal. Me dejo llevar. Cierro los ojos. Siento el aire húmedo, el roce del abrigo, el peso de las palabras sin decir.

En este país, las madres parecen invisibles. Las veo empujando carritos bajo la lluvia, con paraguas rotos, los ojos perdidos en algo más allá del horizonte. A veces las admiro, otras veces temo convertirme en una de ellas: con el cabello recogido, las manos resecas, la mente en otra parte.

Pero también pienso en la fuerza secreta que deben tener para seguir. En cómo sostienen el mundo sin reclamarlo. Y entonces algo dentro de mí se mueve, un pensamiento tibio, como una brasa pequeña: ¿será que la maternidad no quita la feminidad, sino que la transforma?

El agua del bautizo brilla bajo la luz de la mañana. Pienso en el mar. En el Bósforo. En las olas que separan Asia de Europa. En cómo las fronteras se disuelven cuando se miran de lejos. Quizás la identidad sea eso: un territorio líquido.

El sacerdote pide silencio. Repite palabras que conozco de memoria. Me cruzo de brazos. Siento la respiración volverse un ancla. El bebé llora otra vez, y su llanto se convierte en una oración involuntaria.

Me distrae el movimiento del viento sobre los árboles fuera. Pienso que Irlanda es un país de verdes infinitos y cielos cansados. A veces, cuando salgo a caminar, imagino que el paisaje respira conmigo. Hoy, sin embargo, siento que todo respira por mí. Que la vida entera se ha adelantado y me está esperando.

Quisiera poder detener este instante. Guardarlo antes de que cambie. Porque sé que cuando el cuerpo empiece a hablar —cuando la forma de mi vientre revele el secreto—, también cambiará la manera en que el mundo me mira. Ya no seré Ada, la periodista, la aventurera soñadora, la hermana y esposa. Seré “la madre”.

Me da miedo desaparecer detrás de ese nombre. Ser mirada y no vista.

Recuerdo la primera vez que escribí un artículo sobre mujeres migrantes. Una de ellas me dijo: “aquí, ser madre te salva y te borra al mismo tiempo”. Entonces no lo entendí. Ahora sus palabras me siguen como un eco.

Siento un movimiento pequeño dentro. No físico, todavía, sino como una intuición. Una corriente que me atraviesa.

El sacerdote termina la ceremonia. El coro calla. Todos aplauden. Las luces parpadean como si el cielo estuviera respirando dentro del templo. Me levanto. Tomo al bebé unos segundos. Su piel es cálida, su olor a leche, su fragilidad un espejo. Me veo en él: la parte que teme, la que sueña, la que no sabe. Lo devuelvo a su madre y noto cómo me tiemblan los dedos.

Mi esposo me susurra algo al oído, pero apenas escucho. Todo suena como bajo el agua. Camino hacia la salida. El aire exterior es un golpe de frescura. El cielo ha cambiado de color; hay un resplandor suave, casi líquido.

Me detengo en los escalones. La lluvia empieza a caer, fina, persistente. Nadie corre. En Irlanda, la lluvia es parte de la respiración. Extiendo la mano, dejo que las gotas me toquen la piel. Y pienso en el bautizo como una metáfora: el agua que limpia, que nombra, que marca un comienzo. El mío ha comenzado sin testigos.

Camino despacio. El vestido se pega a mis piernas. Miro las flores que crecen entre las grietas del cemento. Pequeñas, obstinadas. La tierra negándose a rendirse.

En algún punto, me descubro sonriendo. No sé si es esperanza, o sólo la certeza de que algo —muy pequeño, aún invisible— está cambiando la forma en que existo. No soy menos mujer por ser madre, pienso. No soy más, tampoco. Soy otra. Y en ese pensamiento cabe el universo entero.

La lluvia aumenta. El sonido se mezcla con el murmullo del pueblo, con las campanas, con el eco de las palabras que no dije. Cierro los ojos. Siento la humedad en el rostro. Por primera vez en días, respiro hondo. El miedo no desaparece. Pero ya no gobierna.

Pienso en mi madre, en las mujeres de mi familia, en las que dieron a luz en silencio. Y las siento cerca, como una constelación de voces antiguas que me rodean. La maternidad no es una renuncia, me digo. Es una traducción. Y yo apenas empiezo a aprender el idioma.

Camino hacia el auto, donde mi esposo me espera. No le he dicho nada aún. Pero sé que pronto lo haré. Mientras abro la puerta, miro el reflejo del cielo en el parabrisas: azul opaco, con una línea de luz abriéndose.

Por un instante, todo parece suspenso, como si el mundo respirara conmigo.

Es entonces cuando entiendo: este no es el fin de mi feminidad. Es su metamorfosis.

Respiro nuevamente. Y me dejo nombrar, por dentro, con una voz que apenas empieza a aprender a pronunciarse.


--------------------------------------------------------

Nota de autor:

Hola a todos!!!

Les agradezco mucho por acompañarme en mi primer microrrelato.

“La Marea” inicialmente se redactó como ensayo, pero pensé que probablemente la prosa en un relato de ficción resultaría más cercana para los lectores (???).

Desde hace tiempo tenía la intención de trabajar este tema tan hermoso y complejo acerca de la disyuntiva que se vive entre feminidad y maternidad. Intenté recolectar cosas que he escuchado, leído y visto, para construir una línea de pensamiento que no desentonara con la importancia que tienen estos aspectos en la experiencia de ser mujer.

Estaría encantada de saber sus opiniones a través de los comentarios, no solamente sobre el microrrelato como tal, sino también sobre la tópica en la que se basa.

Ya saben que si desean apoyar mi trabajo siempre pueden comentar, reaccionar o dar like, y añadir la obra a sus bibliotecas o listas de lectura. Además, no olviden seguirme si no quieren perderse futuras noticias o actualizaciones!

Por cierto, en mi perfil está colgado mi linktree, donde están disponibles todas las plataformas donde escribo (booknet, inkspired, wattpad e inkitt), así como mi cuenta de threads, en la que comparto contenido relacionado a libros y el mundo editorial (reseñas, datos curiosos, noticias, discusiones).

Nuevamente les agradezco por su interés y les deseo una hermosa semana!

Ria 🦋

¡Cuéntale a ria lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

2

Me encanta

Divertido

0

Divertido

Picante

0

Picante

Suspense

1

Suspense

Emotivo

1

Emotivo

Profundo

2

Profundo

Alentador

1

Alentador

Impactante

1

Impactante

Bien escrito

2

Bien escrito

Trama absorbente

1

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

0

Diálogos potentes

Otras recomendaciones

Más oscura que tu conciencia

1409san: Muy bonito no estuvo repetitivo los diálogos de l8s personajes eso me gusto

Leer ahora
Atrapado en mi venganza

Maria: Muy interesante desde un principio

Leer ahora
Chiaroscuro (GL story)

LISSETTE: Son muy pocas para expresar lo que pienso de tu obra. Conoces lo que haces y me transmites lo que tu deseas. GRACIAS me tienes extaciada

Leer ahora
La favorita de la profesora

Jud: Historia corta con buen desarrollo y ritmo

Leer ahora
[GL] NO HAY CURA PARA EL AMOR - EDITANDO

yesneida: Encantada con esta historia su desarrollo y narrativa; los personajes todos me gustaron

Leer ahora
Nuestro Amor

San: Es una novela muy envolvente, en cada capítulo te atrapa más y más esta muy interesante!! Espero terminarla sin ningún inconveniente!!

Leer ahora
Dame Una Oportunidad ~ kookmin

Ana: Me gustó,al principio llore,mil gracias por la historia

Leer ahora
Señorita Drammer | gl

Claumvp: Una historia que me atrapó desde el primer capítulo, no pude parar de leerlo y ya quiero leer la segunda parte.Amor y venganza, mentiras y verdades inesperadas.

Leer ahora
Casado con el Omega 🌑 Kookmin Adap.

Laura: Senti que algunos capitulos eran muy largos y eso fue lo que me encantó no quería que acabará además los personajes demuestran un símbolo de compromiso amor pasión y respeto. Estoy ansiosa por leer el segundo libro

Leer ahora