Capítulo 01
Gao Lele abrió de repente sus grandes y brillantes ojos, muy similares a los de Shen Wenlang. -Papá.- Gao Lele llamó a Gao Tu. - Si quieres ir a la casa de al lado, puedes hacerlo ahora. No tienes que esperar a que me duerma.
Mientras hablaba, pensó que quizás en el futuro tendría que cambiar su nombre a Shen Lele.
Un mes más había pasado desde esa pequeña, difícil e incómoda conversación que tuvo con su hijo.
Un mes en donde, Shen Wenlang no había desistido en sus intentos por recuperar su corazón y ganarse el corazón de Lele.
Ah decir verdad, después de esa noche todo pasó como debía de pasar.
Sí fue a la habitación de Wenlang solo después de insistirle a su bebé que iría hasta verlo dormido, conversaron acerca de las palabras del niño y Wenlang, claro está, era el más feliz de todos. Sentir que tenía la aprobación de su hijo para acercarse más a él y a Gao Tu era de las mejores cosas que le pudieron haber pasado después de tanto sufrimiento.
A la mañana siguiente, después de persuadir al Omega de quedarse con él toda la noche solo para despertar tarde, ambos entraron al departamento de este, con la esperanza de encontrar al niño aún dormido. Pero claro, su suerte no podría ser tan buena.
Ahí sentado en la sala, con un gran plato de cereal con leche y viendo la televisión, se encontraba el pequeño Lele, desayunando tranquilamente como si nada hubiese pasado.
Los adultos se quedaron de pie en la entrada durante un momento, hasta que el niño dejó de prestarle atención a los dibujos animados y se dirigió a ellos.
-Papá.- llamó al omega.- Desperté con hambre y al no verte, me sirvi cereal. ¿No te molesta?.
Gao Tu lo miro un rato, sorprendido y avergonzado para un momento después ablandar su mirada y acercarse a él.
-Claro que no cariño.- dijo suavemente limpiando su mejilla salpicada por algo de la leche.- Lamento no haber estado aquí.
-No te preocupes.- dijo sonriendo tiernamente.
Gao Lele miró detrás de su padre, viendo como el vecino se quedó de pie en la puerta sin entrar.
-Sr. Shen.- lo llamo.- ¿No va a desayunar?. - preguntó con inocencia y pura curiosidad.
Shen Wenlang, que solamente dejaría al Omega en su casa para después dirigirse a alguna cafetería a buscar algo de desayunar, se sorprendió con la pregunta.
-Mi papá hace un pan francés delicioso.- dijo poniéndose de pie en el sillón dejando el plato en la mesita de centro. - Quédese a desayunar con nosotros, por favor.
Dijo con su vocecita de bebé y mirándolo con esos ojos de cachorro que le recordaban mucho a Gao Tu, aunque este dijera que se parecían a los de él.
Volteo su mirada a Gao Tu, quien miraba igual de sorprendido al niño, pero poco después el omega dirigió su mirada hacia él, haciendo un leve gesto con la cabeza. Una invitación a entrar.
Wenlang entonces, por primera vez, sintió verdaderas ganas de llorar.
Ese fue su primer desayuno como familia. Y debía decir que fue el mejor desayuno que había tenido jamás, pues las risas del niño, los comentarios de Gao Tu, el olor del pan tostandose y del café recién hecho era un recuerdo que nunca olvidaría.
Ahora aquí se encontraban, en un vuelo de regreso a su país natal.
Él, su omega y su hijo.
[...]
El viaje de regreso fue tranquilo, más el regreso a casa no tanto pues el pequeño Lele sentía fascinación y asombro por todo lo que veía.
La ciudad era hermosa de noche, de eso no había duda.
Wenlang en realidad, pocas veces le había prestado atención a lo iluminada y movida que era la ciudad a estas horas, pues normalmente salía muy tarde de la empresa y lo menos que quería era ir a pasear por ahí.
Pero ahora con Gao Lele y Gao Tu a su lado, incluso lo estaba considerando. Un paseo familiar nocturno, nunca estaba de más.
-Si quieren.- comenzó diciendo.- En cuanto lleguemos a casa, podemos dejar las maletas y salir a pasear al parque que está cerca, ¿lo recuerdas?.- dijo mirando al Omega.
El omega, que le había estado prestando atención desde que empezó a hablar, sonrió un poco recordando el lugar.
-¿¡De verdad!?.- dijo el Lele volteandolo a ver rápidamente, pues estaba mirando por la ventana sentado en el regazo de Gao Tu.- Si, si, si.
Gao Tu, viendo el entusiasmo de su pequeño, acepto.
-Si, creo que estaría bien. - dijo viendo a su hijo con una sonrisa.
Perfecto.
Una perfecta excusa para acercarse más al niño, y porque no, al Omega que aún no había aceptado ser su Omega, también.
[...]
En cuanto entraron a la residencia de Wenlang, el pequeño casi se va de espaldas.
Era una mansión enorme, mucho más grande que su casa.
-Papá.- dijo tomando a Gao Tu de la ropa.- ¿Realmente viviremos aquí?.
Gao Tu dejando de hacer sus cosas, se agacho para mirar al niño directamente.- Pues si, esta es la casa de Wenlang, así que sí.- dijo suavemente.
El pequeño se asomó detrás de él, para ver nuevamente la enorme casa.
-Oye.- dijo el Omega tomando su mano.- Si no te sientes agusto y seguro aqui, esta bien. Podemos ir a cualquier otro lado.- dijo seguro.
Pues, sin importar cuánto amará al Alfa su pequeño estaría primero, siempre.
Wenlang, que había terminado de meter las maletas a la estancia se acercó a ellos lentamente.
-¿Está todo bien?.- pregunto.
Gao Tu levantó la mirada hacia él, poniéndose de pie.- Wenlang, yo… Creo que… creo que fue demasiado pronto, es un gran cambio…
El alfa bajo la mirada hacia el niño, comprendiendo la situación.
-Entiendo.- dijo agachándose para ver al niño.- Oye amigo.- dijo tomando su pequeña mano entre las suyas más grandes. - Si no te sientes bien aquí, los llevaré a otro lado, no queremos incomodarte.
Gao Tu viendo al Alfa acercarse a su hijo, les dio un poco de espacio pero sin alejarse demasiado.
-Sé que este es un cambio demasiado grande para ti.- dijo el alfa.- Y tal vez esa es la razón de tu incomodidad, pero creeme cuando te digo, que lo último que quiero es hacerte sentir mal.- dijo acariciando su mejilla y hablándole con un tono de voz desconocido para el omega.- Así que, si no quieres estar aquí…
-No.- dijo el niño interrumpiendolo.- Es decir, si quiero estar aquí.- dijo jugando con sus manos en una señal de nerviosismo.- Pero, es que tu casa es muy grande, ¿qué tal si me pierdo?.- dijo expresando su verdadero temor.
Wenlang levantó una ceja en señal de confusión. Así que era eso.
Gao Tu por su parte, soltó una pequeña risa nasal. Cubriendo su rostro en cuanto padre e hijo voltearon a verlo.- Perdón, una leve alergia.
Wenlang sonrió, regresando su mirada al niño.- Bueno, qué tal si te muestro la casa. Así no te perderás.- le dijo.
El niño miró a su padre, buscando su aprobación. El Omega sonrió y asintió levemente con la cabeza, dando su autorización.
Regresó su brillante mirada al Alfa, extendiendo sus brazos para que este lo cargara.
-Vamos.- dijo recuperando su entusiasmo.
El alfa se quedó sin aliento al ver el gesto de Lele.
Lo cargo con suavidad. Sentir el peso del niño en sus brazos y sentir como este envolvía su pequeño brazo alrededor de su cuello para sostenerse, es una sensación que llevaba tiempo anhelando. Pues después de conocerlo, en ocasiones llegaba a tomarlo de la mano, más nunca había hecho el afán de cargarlo.
En esta nueva etapa de su vida, Shen Wenlang estaba descubriendo muchas nuevas sensaciones. Y la de cargar a su hijo por primera vez, era hasta ahora, la más placentera de todas.
Comenzaron a caminar hacia adentro de la mansión, Gao Lele iba cuchicheando sobre las múltiples veces en las que vio casas así de enormes en la televisión, comparándolas con la de Shen Wenlang.
El Omega sin embargo, se quedó detrás de ellos, observándolos. Viendo el rostro de su hijo iluminado por la alegría, y viendo la sonrisa pintada en el rostro de Wenlang, toda duda de haber tomado la decisión correcta se esfumó.
-Papá.- le llamó Lele.- Ven. - dijo haciendo el gesto con su mano, para que se acercara.