PARTE I
Centro de Londres – 1959
El sonido de pasos firmes descendiendo por las escaleras de madera alertó a la joven de cabellos castaño. Giró desde la isla central de la cocina para ver a su esposo; no en pijama, como de costumbre, sino con ropa cómoda, los brazos cargados con un lienzo, un caballete y una caja de pinturas manchada, su santuario de visiones en tiempo libre.
—Es extraño verte así. —comentó la mujer, refiriéndose a su atuendo, mientras le ofrecía una amplia sonrisa.
Era la primera imagen que Yoongi enfocó de su esposa, Min Jennie, quien en esos momentos sostenía un pan y un pequeño cuchillo con el que extendía mantequilla.
—Ayer eras el Primer Ministro y hoy un artista. —rió suavemente, continuando con sus tareas matutinas. —Pensé que tendrías trabajo también hoy.
—Sí voy a ocuparme.—respondió él con voz ronca, retirando el cigarrillo encendido de sus labios tan pronto como dejó la pesada caja de pinturas sobre la mesa. Se situó detrás de su esposa, echando un disimulado vistazo a lo que ella estaba preparando para el desayuno. —Sin embargo, me ocuparé en algo más interesante que revisar documentos todo el día.
Cuando ella giró el rostro para mirarlo, él aprovechó para darle un ligero beso en la comisura de los labios antes de servir un poco de café.
Jennie dejó escapar una risa nasal por el inesperado gesto de su esposo, que resultó ser bastante brusco, al juntar dos rebanadas de pan, tras haber colocado un huevo entre ellas.
—¿Vas a dedicarte hoy a pintar? Pensé que te centrarías en un paisaje clásico, de esos que tanto te gustan.
Yoongi, a pesar de mantener el cigarrillo en sus labios, lo retiraba constantemente para beber sorbos de su taza de café. Logró sostener todos sus objetos y dirigirse de una sola vez hacia la puerta que daba al extenso jardín trasero, una de las perrogativas de su posición como Ministro.
—Y así será, cariño. —Se detuvo en su camino, con la puerta abierta a su espalda. —Nada de esas aberraciones cubistas o esos garabatos abstractos que pretenden pasar por arte hoy en día.
Jennie alzó sus cejas aunque la opinión de su esposo sobre las tendencias de la nueva escuela no era una sorpresa.
—¿Recuerdas el bodegón que hicimos en París? Eso sí era pintura.
Con una risa juguetona, Jennie respondió; —Oh, Yoongi, el arte también evoluciona,. Quizas deberías darle una oportunidad a algo nuevo.
Él frunció el ceño y bufó.
—El arte, querida, es intemporal. No necesita “evolucionar” hacia manchas y figuras dislocadas. La belleza está en la fidelidad, no en la transgresión sin sentido.
Finalmente golpeó la puerta y salió al jardín trasero, dejando a su esposa negando con la cabeza. Yoongi se dejó envolver con el sonido del silencio, que despertó un anhelo de relajación mientras admiraba las vistas de su hogar. Quería retratar incluso el más ínfimo ser que se cruzara en su campo visual, pues contemplaba la idea de plasmar la imagen de aquel pequeño pozo en su lienzo.
Sin embargo, es necesario aclarar ciertos aspectos.
Él era el Primer Ministro del Reino Unido, un cargo al que fue designado o elegido hace apenas un año, yel proceso no resultó ser en absoluto sencillo. Inicialmente, enfrentó numerosas opiniones desafiantes de ministros más experimentados y funcionarios del parlamento, quienes, basándose en sus vivencias, afirmaban que un joven como Yoongi no podría soportar la enorme responsabilidad de llevar un país entero, especialmente en tiempos de inflación.
No obstante, como ocurre con todo, su momento llegó; pronto fue aceptado y ganó respeto. A los 27 años, al frente del gobierno británico, también obtuvo el reconocimiento de la nueva Reina Isabel II.
En este momento, gracias a su arduo trabajo diario, disfrutaba de días libres antes de celebrar su vigésimo octavo cumpleaños, un evento para el cual planeaba organizar un pequeño encuentro en esa misma residencia.
Su labor, sin embargo, era de dedicación total y, si fuera por él,de por vida; por ello, incluso desde su hogar quería seguir dirigiendo y gestionando el país. En realidad, esos días de descanso no fueron una elección de su parte, sino una solicitud expresa de su soberana y amiga, quien le pidió darle la mayor comodidad posible para disfrutar de esos días significativos en compañía de su esposa, Jennie.
Ella, además, era cuatro años mayor que él, y no tenían hijos a su cuidado, dado que ella no podía concebir. Este hecho nunca le había incomodado; de hecho, nunca había tenido el tiempo para considerar la paternidad y mucho menos para planearla en un momento en que estaba a cargo del país.
Encendía un nuevo cigarrillo, mientras que en el interior de la vivienda, el timbre del teléfono sonó poco después de que Yoongi hubiera partido. Él estaba tratando de encontrar el ángulo más adecuado cerca del pozo para sentarse y comenzar su obra, mientras Jennie respondía la llamada, deseando que no fuera algo urgente que interrumpiera a su esposo, quien al menos había comenzado el día con buen ánimo.
— ¿Sí? —respondió suavemente la castaña ante el micrófono del teléfono que había perturbado el silencio hasta el rincón más alejado del hogar. —Oh, el señor Min está descansando en el jardín, puede dejarme el mensaje a mí.
Contestó en voz baja, riendo ante la incomodidad de tener que interrumpirlo solo por una llamada, viéndolo desde la gran ventana mientras él empezaba a seleccionar los colores con gusto.
Al escuchar, exhaló con sorpresa ante la información;
—Eso sería maravilloso, gracias... —Asintió con la cabeza como si el secretario de la Reina pudiera verla. —Tienes razón, es una excelente idea... Se lo comunicaré de inmediato... muchas gracias, estará encantado de recibir tal presente de Su Majestad... Sí, adiós.
Dejó caer el teléfono sobre la mesa abruptamente, sin asegurarse de haber colgado, con la intención de no perder un segundo y apresurarse a ir al jardín para contarle a su marido la nueva noticia, un regalo que venía de parte de la Reina.
— ¡Cielo, cielo, cielo! —Sin poder contener su alegría, lo repitió mientras se acercaba, olvidando por completo que calzaba zapatos de tacón alto, hundiendo uno de ellos en el pasto húmedo.
Su tobullo se torció, haciéndola caer básicamente en los brazos de Yoongi, quien reaccionó rápidamente para evitar que se precipitara al suelo.
— ¡Dios mío, mujer! —Exhaló, asistiéndola para que se mantuviera en pie sin abandonar su asiento.
Jennie se reponía entre risas, quitándose el tacón para sacudirle la tierra.
—¿Qué ha sucedido? ¿Han contactado desde el parlamento?
—Oh no, solo ha llamado el secretario de la Reina. —Movió su cabeza mientras sacudía suavemente sus rizos, sin poder ocultar su amplia sonrisa. —Hemos conversado sobre tu vigésimo octavo cumpleaños.
—Ah... —Soltó, mostrando un desinterés evidente. Se giró para proseguir empapando el pincel en el lienzo en blanco, que adquiriría forma en algún momento—. ¿Y qué fue lo que discutieron?
Ella aclaró la garganta suavemente, desplazándose para posarse detrás de la silla de su esposo y acariciar sus hombros mientras observaba sus movimientos calmados al delinear cada trazo.
—La Reina teme que no podrá asistir a tu celebración. Menciona que llamaría demasiado la atención y no desea eso para ti en tu noche especial.
—Como siempre, tan generosa.
—Entonces... de alguna manera ha llegado a saber que no posees un retrato, al menos de relevancia, desde que cumpliste dieciocho años. Por ello ha decidido obsequiarte un nuevo retrato como compensación por su ausencia, ya que eres el Primer Ministro más joven que ha tenido Gran Bretaña y uno de los más destacados.
Los ojos felinos se desconectaron del cuadro por un breve instante. Volvió su mirada hacia atrás y hacia arriba para contemplar la felicidad desbordante de su esposa, al punto de casi saltar a pesar de haberse torcido el tobillo. Entendiendo las intenciones de la Reina; se sentía satisfecha con su labor al punto de considerarlo el mejor Ministro que ha tenido Gran Bretaña, y cada vez se alejaba más la posibilidad de que su juventud fuese un inconveniente que lo llevara a retirarse.
—Wow... —Murmuró, observando el cuadro por un microsegundo antes de regresar su atención a la mujer emocionada sobre su cabeza. —Entonces es una gran noticia.
—¡Sí! —Gritó. —Está tan complacida con tus avances que parece ansiar gritarlo al mundo a través de ese regalo.
Asintiendo varias veces, se inclinó nuevamente hacia su cuadro para realizar más retoques, ya que como era habitual, era demasiado rudimentario y carente de emoción para todo.
—Me parece una idea estupenda, es magnífico.
Carraspeó, consciente de que a él no le entusiasmaría celebrar o disfrutar de un buen momento en reconocimiento a los resultados de su arduo trabajo.
—Kim Taehyung.—exclamó de manera repentina, deseando brindarle toda la información al hombre que no preguntaba nada.
—¿Quién? —Frunció el ceño, girándose hacia Jennie por un instante.
—El artista, el encargado de realizar tu retrato.
—¿Kim Taehyung? —Observó cómo la morena asintió lentamente, lo que lo llevó a volver su atención hacia su cuadro y, finalmente, no desvió su mirada del mismo. —Nunca he oído hablar de él.
—Yo tampoco, así que desconozco su reputación, pero la Reina afirma que ha evaluado su trabajo, poniendo a prueba su talento. —explicó con suavidad, deslizando las manos fuera de los hombros ajenos para acariciar su propio abdomen liso. —Es un pintor de estilo modernista.
La palabra “Modernista” resonó en la mente de Yoongi como una campanada de alarma. No era un neófito en el mundo del arte; Había visitado galerías y colecciones, pero siempre con una inclinación marcada hacia lo clásico, lo reconocible. La idea de un pintor que “descomponía” la realidad o la “reinterpretaba” con colores estridentes le provocaba un escalofrío.
Su rostro, el rostro del Primer Ministro, ¿confiado a tales manos?
Yoongi, suelta un pequeño gruñido, un “uhm” de desaprobación.
— ¿Modernista, dices? ¿Estás segura? Espero que no sea uno de esos que pintan un ojo donde debería ir una oreja, o que confunden un paisaje con una explosión de color sin orden ni concierto. Mi rostro es mi imagen pública, no un experimento.
Las quejas ligeras que soltaba su esposo, hizo que girara sus ojos. Supo desde el principio que tan pronto mencionara la palabra “modernista” iba a soltar su ojo crítico.
—La Reina dice que ya evaluó su trabajo, Yoongi. Y que es joven y adecuado.
—Joven y adecuado... Uhmm. A veces, esas dos cosas no se mezclan bien en el arte, ¿verdad? Dame un Rembrandt, o incluso un Sargent, antes que una “nueva visión” —soltó pensativo, con una ligera mueca en su boca—. No estoy seguro de querer confiar en un pintor modernista...
La mujer chasqueó con su boca, sin poder evitar sacudir la cabeza en desacuerdo con su actitud.
—Querido, es un obsequio de la Reina, ¿realmente piensas quejarte por eso?
—Tienes razón, no tengo otra alternativa... espero salir bien en el retrato.