La Brutal Confirmación de Sus Silencios

Sinopsis

𝔽𝕝𝕒𝕤𝕙 𝔽𝕚𝕔 | 𝕆𝕟𝕖 𝕤𝕙𝕠𝕥 | 𝕂𝕠𝕠𝕜𝕄𝕚𝕟 La historia trata sobre la conflictiva relación de "amistad" entre Jimin y Jungkook. Un elemento de silencio se mantendrá latente respecto a sus verdaderos sentimientos. Este silencio no es solo la carencia de palabras, sino la dolorosa ausencia de sentimientos no expresados, dudas no resueltas y emociones contenidas.

Genero:
Lgbtq
Autor/a:
Caracola218
Estado:
Completado
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Sus silencios


La mañana amaneció oscura, silenciosa y húmeda, algo similar a cómo se sentía él tras una eterna noche de llanto.

Jungkook habría querido ser fuerte cuando Jimin levantó todas sus pertenencias y se fue de la casa que habían compartido por años. Hubiera querido retenerlo, decirle que no se fuera, que podían retomar su amistad y seguir como estaban, hubiera querido ser tan hábil y mentir que podían seguir siendo mejores amigos que de vez en cuando, dormían juntos.

Hubiera querido confesarle que había roto el pacto que él mismo propuso, de no ir más allá de lo sexual mucho antes de tener el primer encuentro, porque aunque hubiera guardado silencio por dos malditos años, él se había enamorado hasta los huesos de Jimin en el preciso instante que probó sus labios y trazó suaves líneas sobre su piel de seda.

Era su hermoso mejor amigo pero jamás se atrevió a decirle que ya no le bastaba con su amistad, quiso haber gritado con furia que lo amaba con locura. En lugar de eso, dejaba que Jimin se filtrara de sus manos cada vez que aparecía algún personaje dispuesto a alejarlo de su lado.

Jimin era fuerte, determinado, él tenía una clara dirección y se esforzaba por alcanzar sus metas a pesar de los obstáculos con los que había lidiado desde muy pequeño. Él admiraba de Jimin su capacidad de manejar las dificultades sin perder su enfoque y en algún momento esa misma virtud, le dio terror de perderlo, porque Jungkook se concebía a sí mismo como un error en la vida de Jimin, como “algo” para disfrutar hasta que apareciera el verdadero amor.

Se consoló pensando que ese amor nunca tocaría la puerta de Jimin.

Pero no fue así.

Alguien llamó a la puerta de este Jimin que lloraba en silencio a su lado cada vez que tenían sexo y Jungkook simplemente se levantaba sin siquiera dejarle un beso de despedida.

El mutismo entre los dos se había hecho hábito, ninguno decía lo que realmente sentía.

Como una especie de tercero en discordia, el silencio había creado un espacio intangible entre ellos en donde las palabras no dichas eran más fuertes.

Jimin lo amaba.

Jungkook amaba a Jimin pero ninguno dijo nada porque el miedo a hablar era más fuerte que el deseo de callar.

Y así, con sus secretos a cuesta, continuaron con esa vida de sigilos donde sus corazones latían al brutal ritmo de lo que ellos escondían.

Por enésima vez, Jimin lloraba tras el sexo con el amigo al que amaba en secreto.

Pero esto no podía continuar así, él quería algo más. Él quería amar y ser amado. Él quería que Jungkook lo amara, pero eso era imposible, se lo había dejado en claro desde un primer momento cuando vencieron las barreras de la amistad y los encuentros sexuales se hicieron cotidianos.

En cada uno de ellos, Jimin reafirmaba que amaba hasta el delirio, el sabor de sus besos y el calor de sus caricias.

Pero se calló.

Calló mil veces, tantas como los gemidos que no reprimió, como los jadeos que salían de su garganta cuando sentía su cuerpo colmado de la semilla caliente del dueño de su amor no correspondido.

En su último encuentro, Jungkook solo se había detenido a quitarse el condón, arrojarlo con furia al cesto de basura y salir de la habitación dando un portazo, cuando Jimin le había confesado que había conocido a alguien y que quería darse la oportunidad de iniciar algo con ella.

Jungkook no fue capaz de decir nada y Jimin entendió eso como un rechazo. Imaginó que su enfado tenía que ver con qué él estaba poniendo fin al sexo seguro y sin compromiso.

Jamás pensó que Jungkook también lo amaba y que su enojo no era más que una explosión de celos y miedo.

Con ese error en mente, Jimin, tan determinado como era, decidió que era momento de darle una chance a la chica que había conocido por las redes y con quién había salido en numerosas oportunidades pero con quién no había compartido ni siquiera un beso.

—¿Ahora te gustan las mujeres? —Jungkook había abierto la puerta y cerrado tras de sí con otro portazo— Cuéntame, Jimin…

—¿Por qué entras así? Sal, me estoy cambiando.

—No me voy asustar de verte desnudo.

—Deja el sarcasmo, si no vas a tratarme con respeto, sal de mi cuarto.

—Cuéntame, quiero saber. Si "nos vamos a poner de novios", quiero conocerla antes. Quién sabe, tal vez a ella le gusten los tríos.

Jungkook sonrió con furia, no había nada amable en sus palabras, no era sarcasmo, era ira, eran celos.

Él le decía sin decirle que imaginarlo con otra persona, lo llevaba directo al infierno.

Jimin resopló y contó hasta diez antes de perder la paciencia.

—Vamos, amigo, no me digas que ella besa mejor que yo.

Amigo.

¿Podría ser algo más humillante que esa puta manera de llamarlo?

Jimin jamás había sido irónico con Jungkook pero quiso pagarle con la misma moneda y en el acto se arrepintió.

—No tengo porqué decirte nada, “amigo” —Lo llamó de la misma manera— Hay cosas que no se comparten con quién te revuelcas en la cama.

—¿Revuelcas? ¿Soy solo un revolcón para ti, Jimin?

¿Cómo decirle que no era un revolcón?

Con qué cara le diría que lo amaba profundamente y que daría todo lo que tiene en esta vida para que Jungkook sintiera al menos un poquito de lo que él siente.

Sus ojos se llenaron de lágrimas pero una vez más, el silencio fue más fuerte.

Jungkook salió de allí con la convicción de que Jimin solo lo usaba, él era el maldito revolcón del hombre que amaba más allá de los límites imaginados.

Siguieron así, sin dirigirse la palabra por varias semanas hasta que lo vio embalar sus cosas y le comunicó por carta que era su última noche en la casa.

¿Si él le hubiera propuesto dejar sus encuentros sexuales y retomar su amistad, Jimin se hubiera quedado?

Tal vez nunca debió callar que no había nada que lo hiciera sentir mejor que las tardes en que se quedaban a ver pelis abrazados en el enorme sillón amarillo...

¿Por qué no le dijo que él amaba la manera única que Jimin tenía de subir con la mano abierta, los enormes anteojos a su pequeña nariz? Que lo enamoraba hasta lo imposible su carcajada cantarina y cuando sus ojos de media luna desaparecían al sonreír...

¿Se habría quedado si le confesaba su amor? Seguramente no. Jungkook lloró amargamente por guardar un secreto tan doloroso.

Arrojó la carta a la basura y salió como loco a buscarlo dónde fuera.

No sabía a dónde había ido. Jamás le preguntó a dónde se mudaría. Se sentía un imbécil, se sentía merecedor del desprecio de su hermoso Jimin.

Quería pedirle de rodillas que regresara, él seguiría guardando silencio y callando que lo amaba con tal de que no se fuera, con tal de saber que su amor dormía allí, a un paso de él…

Caminó a la esquina, lo encontró solito, bajo la lluvia. Sus cajas con pertenencias hechas agua y sus zapatillas embarradas.

Se quedó a su lado sin decir nada, Jimin no levantó su cabeza pero sabía que el amor de su vida estaba allí y eso le provocó un llanto más profundo.

Jungkook hizo lo que debió hacer hace años, lo abrazó y le cantó bajito al oído la canción con la que se habían conocido.

Besó su sien y no necesitó coraje para decirle lo que había callado por tanto tiempo, el desnudó su alma y rompió el brutal silencio que habitó entre ellos como una presencia envidiosa de lo tenían.

—Te amo, Jimin. No te vayas.

Jimin se dejó mecer como si fuera un niño pequeño entre esos brazos fuertes.

—Te amo más que a mí mismo. He callado tanto esto que me ha hecho un hueco en el alma. Regresa a mí, mi hermoso amor. Respetaré que tú no me ames…

Jimin levantó su rostro y lo miró a los ojos. No podía creer lo que escuchaba. Jungkook también lo amaba… puso su mano sobre sus labios para callar lo que decía.

—Te amo, Jungkook. Llevo años ocultándolo porque pensé que tú… ya sabes, rompí el pacto que teníamos.

Jungkook lo besó, besó su boca de agua y lloró todas las lágrimas que había reprimido delante de él. Se quedaron abrazados hasta que sus cuerpos decidieron que necesitaban calor y caricias.

Ellos se habían confesado amor bajo el aguacero y fue hermoso reconocer que entre el silencio quebrado y las palabras por fin reveladas, Jimin y Jungkook habían dado comienzo al amor que siempre habían guardado.

Tras la brutal confirmación de sus silencios, nació la verdad que los había liberado, tan solo por hablar, por decir, por no callar...

—Te amo, llévame a casa.