Capítulo 1. El comienzo
Aquel día desperté temprano, ¡tenía que conseguir un empleo!
En ese entonces tenía diecisiete años, lo que disminuía aún más mis posibilidades de encontrar un empleo bien remunerado.
Todo esto recae a una sola razón: mi padre.
Mi padre, Nicholas Grey, después de haber perdido todo en un maldito juego de póker, enfermó; ahora tiene cirrosis por beber tanto. Lo que me recuerda que aún tengo que pagar al doctor que lo atiende...
Mierda.
Cogí las mejores ropas que tenía y salí a la calle. Tenía que encontrar un trabajo hoy, así fuera como intendente o limpiador de baños, porque el casero amenazó con sacarnos a mi padre y a mí de nuestra casa si no le pagaba los 3 meses de renta atrasados.
Ahora más que nunca me urgía el empleo.
—Lo siento, chico, aún eres menor de edad y no quiero meterme en problemas... —me dijo el tendero del negocio al que había decidido entrar tratando de probar suerte.
—No..., no se preocupe señor, ya conseguiré algo... —salí de esa tienda y comencé a caminar en busca de algún cartel que solicite empleados o mi única opción sería pedir limosnas.
¡Demonios!
Ya era la cuarta vez que pedía trabajo este día.
Esto no estaba bien. Mi situación no podía volverse peor.
El día estaba nublado, como siempre, y parecía que iba a comenzar a llover en cualquier momento.
Las personas que caminaban alrededor comenzaban a sacar sus paraguas para sostenerlos junto a sí mismos, preparándose para lo que era cada vez más evidente en los matices grises que coloreaban el cielo.
Yo no llevaba uno conmigo. Así que lo único que podía hacer era seguir caminando mientras esperaba poder encontrarme con un pequeño rayo de sol antes de que comenzara la lluvia.
Tal vez iba demasiado centrado en mis pensamientos, o simplemente ya me había rendido de la vida y sus injusticias, pero sin darme cuenta estaba a unos cuantos centímetros del cofre de un coche rojo deportivo.
Eso estuvo cerca... Demasiado...
Tras soltar un respingo, retrocedí un par de pasos mientras trataba de revisar mentalmente la entereza de mi cuerpo solo para verificar que aún me encontraba entero.
La puerta del conductor del coche se abrió antes de que yo pudiera comenzar a registrar lo que continuaba ocurriendo a mi alrededor.
—¡Mierda! ¿Estás bien? —me preguntó un hombre alto, con una cabellera negra como la noche, labios rosados y aquellos ojos café claro que lograron hipnotizarme en el momento en el que los míos hicieron contacto con ellos.
Se bajó del coche y se acercó a mí.
—¿Te he hecho daño? —decía mientras movía aquellos hermosos labios. Sólo negué con la cabeza.
De repente parecía que todas las palabras se habían desaparecido de mi cabeza, y aún no lograba discernir si se trataba de la impresión del casi accidente en el que me había encontrado o si, en cambio, era por tener a aquél hombre frente a mí.
—Menos mal... —dijo entre lo que parecieron notas de alivio— Me llamo Christopher Smith —continuó y extendió su mano.
—Lo... Logan Grey... —lo saludé tomándola.
—Mucho gusto, Logan. Por favor, permíteme llevarte al médico.
—No, yo..., estoy bien, en serio...
Pero él no pareció muy satisfecho con la respuesta que acababa de darle.
—Insisto, por favor —siguió diciendo—. Si te llegara a pasar algo no podría perdonármelo. Por favor...
—Pero...
Él hizo una pausa a sus insistencias, torciendo ligeramente la comisura de sus labios hacia la derecha luego de que se diera cuenta de que no estaba ni cerca de ceder y después de eso suspiró lentamente.
—Está bien, pero al menos déjame invitarte un café para que pase el susto.
Yo parecía estar aún bajo el hechizo que provocaba en mí el aura tan imponente de aquel hombre.
Tal vez por eso mi respuesta apareció más rápido en mi boca de lo que apareció en mi mente.
—Claro... —dije casi en un susurro.
Una pequeña sonrisa se dibujó en las facciones de su rostro en cuanto escuchó que terminaba accediendo a su propuesta.
Fijó su mirada en la mía mientras comenzaba a caminar rodeando el capó del coche sin perderse ni un solo segundo del contacto que se había formado entre nuestros ojos para después abrir la puerta del copiloto de su coche, invitándome a entrar en él.
Lo hice antes de realmente darme cuenta de lo que estaba haciendo, aunque debo decir que algo inseguro porque, bueno, me estaba yendo con un extraño a quién sabe dónde y no pude evitar sentir algo de ansiedad...
Pero dentro del coche podía respirarse un aire de comodidad y cierto lujo.
Los asientos estaban tapizados con piel que tenía una apariencia costosa y hasta que él volvió a subir a su asiento del coche me di cuenta de que iba vestido con un traje que daba la apariencia de ir a juego con las vestiduras del coche.
Seguía habiendo una incipiente sonrisa dibujada en su rostro, sin embargo el hombre se mantuvo en silencio.
Yo tampoco me esforcé mucho más en romper el silencio, sino en registrar la ruta que íbamos siguiendo hacia donde fuese que estuviera llevándome.
Llegamos a una cafetería llamada ”The coffee of the life“. Christopher aparcó el coche y entramos en el local.
Nos sentamos en una mesa cercana a una ventana y enseguida apareció una chica rubia para tomar nuestro pedido.
—Bienvenidos —dijo con tono amable—, ¿puedo tomar su orden?
—Claro, un americano y... —se giró para verme. Me di cuenta de que no había visto la carta, así que la tomé y la miré rápidamente sin prestar mucha atención.
—Un capuchino de vainilla, por favor.
—Un americano y un capuchino, enseguida salen —dijo la chica rubia y se fue meneando las caderas. Nadie habló hasta que llegaron las bebidas.
Yo me sentía completamente fuera de lugar.
Ni siquiera terminaba de comprender qué era lo que había ocurrido realmente que me había terminado poniendo en esta situación.
Después de unos segundos más de silencio, él finalmente decidió comenzar una conversación.
—Y, dime, ¿tienes novia? —preguntó como si nada.
Casi me voy de espaldas al escuchar esa pregunta.
Pero de la forma que fuese, sentía como que tenía que responderle. De cualquier manera no quería ser grosero cuando él se había portado de hecho mucho más que agradable conmigo.
—Bueno —comencé a explicar—, en este momento no puedo pensar en ese tipo de cosas; de hecho, debería de estar buscando un empleo en este momento...
Tras aquella frase la sonrisa en su rostro pareció perturbarse por un ínfimo segundo, mostrando cierta sorpresa por lo que acababa de decirle.
—Oye, ¿que edad tienes? —preguntó.
Yo me reí.
—¿Qué sucede? —preguntó.
—Bueno, podrías ser un secuestrador o un traficante de órganos...
—¿No crees que eso debiste pensarlo antes de subirte a mi auto?
—Bueno, supongo que sí... —me miró directo a los ojos. Tenía una media sonrisa en el rostro—, diecisiete.
—Entonces no deberías de trabajar ¿o sí?
—Tú no lo entiendes..., yo necesito mucho ese dinero. Mi padre y yo tenemos deudas hasta el cuello... Él está enfermo y... —hice una pausa.
Christopher continuó viéndome con un gesto pensativo mientras le daba un sorbo al americano que tenía en frente. Nadie habló durante un rato mientras tomábamos el café.
—¿Terminaste? —preguntó.
Asentí.
—Bien, déjame llevarte a tu casa.
—Oye, no deberías molestarte, yo puedo regresar solo...
—Logan, déjame recompensarte el gran susto que te di hace un rato, por favor. Así harás que pueda sentirme por lo menos un poco mejor por la situación que te hice pasar.
No sé qué me ocurría con aquel hombre; me producía un cosquilleo inusual en el estómago.
—Está bien...
Así que Christopher pagó la cuenta y salimos de aquella cafetería. Subí de nuevo a su auto.
—¿Siempre eres tan callado? —preguntó sonriendo y con la mirada fija en la carretera.
—Bueno, no es que haya mucho de lo que hablar...
Se rió levemente.
—Entonces háblame de ti; ¿tu madre no puede ser quien trabaje mientras tú te dedicas a lo que debes? Estudiar.
Aparté la mirada por un momento.
—No. Mi madre murió cuando yo tenía dos años.
—Oh..., lo siento... —dijo mientras que en su semblante aparecía una nota de culpa por haber mencionado el tema.
—Está bien, ya lo he superado —le dije con una sonrisa para tratar de tranquilizarlo.
Tras ello la pequeña expresión de comodidad que había tenido en el rostro desde que literalmente nos topamos regresó a su rostro.
Así que le indiqué el camino que sería más corto con el tráfico de la hora para así no demorarlo más de lo que ya lo había hecho.
Después de más o menos veinte minutos llegamos a mi casa.
—Llegamos —dijo él.
—Sí —respondí yo. Lo miré por un segundo mientras me daba valor para hacer mi siguiente pregunta—. ¿Quieres entrar a tomar algo o..?
—Bueno, sí, necesito usar el baño.
—¡Claro! —metí la llave en la cerradura y encontré todo tal y como estaba cuando me fui.
Por un momento creí que la casa estaría sola, como solía estarlo la mayor parte del tiempo, pero luego de un segundo me di cuenta de que no era así.
Mi padre salió de la cocina y miró a Christopher.
—Buenas tardes —dijo él.
Christopher lo miró también, se acercó y le tendió la mano.
—Buenas tardes —respondió—, Christopher Smith.
—Nicholas Grey —dijo papá—. Hijo, ¿porqué no le traes un vaso de agua al señor Smith?
—Sí —dije y fui a la cocina.
Hubo un breve silencio entre ellos.
—Me enteré de que usted y su hijo tienen deudas hasta el cuello...
—Discúlpame, pero eso no le incumbe.
—Oh señor Grey, créame que sí me incumbe... Yo estoy dispuesto a pagar sus deudas...
Silencio de nuevo.
—¿Qué es lo que quiere, señor Smith? —se rio.
—Me ha pillado... Es inteligente al saber que no pagaré gratis algo que no hice. Daré el dinero si usted me da algo a cambio...
—Dígalo de una vez, Smith.
—Quiero a su hijo...








