La Heredera
La sala de juntas permanecía en silencio, lo que se organizaba allí, cambiaria muchas cosas en poco tiempo.
Lena estaba sentada al extremo de la mesa, la espalda recta y las manos relajadas sobre la superficie extremadamente pulida donde su rostro se reflejaba como un espejo. Detrás de ella, de pie y alineados como una sola sombra, su equipo especial: hombres y mujeres entrenados para reaccionar antes de pensar, atentos a cada movimiento del salón. Frente a ellos, al otro lado de la sala, los jefes Richard Hale y Thomas Becker observaban con seriedad a cada uno de los presentes, sus mejores elementos en su empresa de seguridad privada.
Richard activó la pantalla e inmediatamente aparecieron una tras otra, las rutas, los horarios, los puntos de entrada y salida, incluidos, los aeropuertos, los hoteles, los vehículos blindados y las zonas de riesgo marcadas en rojo. Lena siguió cada detalle sin parpadear, memorizando las distancias, los tiempos y los posibles fallos que podrían presentarse.
Cuando la exposición de toda la operación terminó, se puso de pie con la seguridad que siempre le acompañaba. Tomó la fotografía que apareció al final del informe escrito, la observó apenas un segundo y luego la pasó hacia atrás, hasta que cada miembro de su equipo la tuvo frente a sí.
—Es un paquete importante Lena —dijo Richard, rompiendo el silencio —. Lo tenemos clasificado como Nivel alfa.
Lena los miro fijamente sin decir nada aun.
—Una princesa —continuó Thomas —. Quiero que llegue sin un rasguño. Esa es tu tarea y cumplirla no es una opción, es una orden.
Richard se inclinó ligeramente hacia adelante, apoyando las manos sobre la mesa.
—De esta misión depende que nuestra empresa siga en pie. No estarás cuidando a un político más o a una celebridad que va a ver a sus fans y tomarse un par de fotos. Es una heredera. Es de la Realeza. Si fallas… —hizo una breve pausa— medio batallón militar de su país vendrá por nosotros.
Lena sostuvo la mirada sin desviarla de aquellos hombres que intentaban intimidarla.
—Entendido.
—Y una cosa más —añadió Richard —. Sé amable. Protegerás a alguien que no está acostumbrada a las miradas de reproche o molestia, toda su vida a tenido a su disposición todo lo que quiere, evítame problemas innecesarios.
Lena asintió una sola vez. Tomó la foto de nuevo, la guardó en el interior de su chaqueta táctica y giró hacia su equipo.
—Preparen el despliegue —ordenó—. Tenemos contacto en cuarenta y ocho horas.
Nadie preguntó nada. Nadie dudó si era correcto o no. Cada uno sabía cuál era su rol y hasta dónde debía llegar. Cuando la puerta se cerró tras ellos, la misión ya estaba en marcha.
Lo que se les escaparía del plan, era que aquella misión, no solo pondría a prueba su entrenamiento, su disciplina y su lealtad… sino también límites que Lena jamás había tenido que enfrentar.
El aeropuerto estaba asegurado antes de que el avión aterrizara. Lena permanecía de pie, con el cuerpo firme y la mirada atenta al movimiento a su alrededor. Su equipo estaba distribuido por la zona, cada uno en su posición, mezclados entre el personal autorizado y los puntos clave del lugar. No necesitaban hablar demasiado; todos sabían lo que tenían que hacer.
Lena tocó el auricular con dos dedos mientras escuchaba los reportes breves de su equipo. Todo estaba en orden, pero eso no significaba relajarse. Observaba cada rostro, cada desplazamiento, cada sonido fuera de lugar. Cuando el avión se detuvo por completo y la puerta comenzó a abrirse, dio un paso al frente, preparada.
La puerta se abrió del todo y, por unos segundos, nadie salió. Luego, una joven se asomó con cautela. Era la princesa Nalinee. Miró a un lado, luego al otro, como si buscara algo familiar en un lugar que no lo era. Su expresión era tranquila, aunque en sus ojos se notaba la curiosidad y un leve nerviosismo.
Nalinee bajó la mirada por la pista hasta que se encontró con los ojos de Lena.
Lena sostuvo la mirada sin cambiar su expresión. No hizo ningún gesto, no sonrió, no desvió los ojos. Simplemente estaba allí, firme, marcando presencia. Para la princesa, aquella mujer comenzó a destacar entre todos los demás.
Tras ese breve cruce de miradas, Nalinee respiró hondo y dio el primer paso fuera del avión. Lena levantó la mano apenas, una señal discreta para su equipo. De inmediato, todos comenzaron a moverse.
—Contacto confirmado —dijo Lena por el comunicador.
Desde ese momento, la misión había comenzado de verdad.
El vehículo blindado arrancó apenas la puerta se cerró. El sonido quedó aislado del exterior y el interior se llenó de un silencio algo cómodo. Lena ocupó el asiento frente a la princesa, recta, con la vista alternando entre Nalinee y el reflejo de las ventanas oscuras.
—Convoy en movimiento —informó por el comunicador—. Ruta primaria activa y despejada.
—Recibido —respondieron varias voces casi al mismo tiempo.
Nalinee se acomodó en su asiento sin decir nada. Observaba el exterior a través del vidrio polarizado, aunque poco podía verse. Sus manos descansaban juntas sobre su regazo, quietas.
— Alteza, le informo la duración del trayecto: veintisiete minutos —dijo Lena—. Si hay cambio de ruta, lo indicaré.
La princesa asintió levemente.
—Entendido.
El vehículo avanzó escoltado por dos unidades más, una al frente y otra detrás. Lena revisó su reloj y luego el panel de comunicación.
—Equipo dos, atentos —ordenó—. No rompan formación.
—Copiado.
Nalinee giró apenas el rostro hacia ella.
—¿Siempre viajaré así?
—Mientras esté fuera de su país, sí Alteza.
—Ya veo.
Sin mas, volvió a mirar al frente.
Unos segundos después, una voz sonó en el canal.
—Tráfico un poco pesado en la avenida principal Capitán.
—Copiado alfa —respondió Lena—. Cambiamos a ruta secundaria. Punto 65.
El conductor ejecutó el giro inmediatamente, Nalinee notó el cambio y levantó la mirada buscando alguna respuesta de Lena.
—¿Algún problema?
—Prevención Alteza —contestó Lena—. Nada más.
La princesa aceptó la respuesta sin insistir. Se acomodó de nuevo y bajó la vista, como si repasara mentalmente algo que solo ella conocía.
Lena la observó de reojo. No buscaba señales de miedo, solo reacciones. Nalinee permanecía demasiado tranquila, o eso demostraba.
—Si necesita algo durante el trayecto Alteza, hágamelo saber—dijo Lena.
—No será necesario, por el momento, pero, gracias por su atención.
El silencio volvió a instalarse entre ellas. Afuera, el convoy avanzaba sin detenerse. Adentro, dos desconocidas compartían el mismo espacio, unidas solo por el deber que ambas cargaban.
— Capitán, próximo punto seguro en diez minutos —informó alguien por el comunicador.
—Recibido Alfa —respondió Lena.
Nalinee cerró los ojos un instante, apoyando la cabeza contra el asiento. No dormía, solo descansaba. En su mente se repetía aquella frase de su padre "Confió en tus habilidades, podrás con ellos, y regresaras triunfante a tu país, demostraras que una mujer puede dirigir temas políticos con la misma facilidad e inteligencia que un hombre"
Lena siguió vigilando, no solo los datos que arrojaba su Tablet, sino, a aquella mujer que tenia enfrente.
La misión continuaba. Y aún no había ocurrido nada que pusiera a prueba a ninguna de las dos.
El convoy avanzaba por la avenida principal sin contratiempos. Lena continuaba revisando datos en la Tablet, mientras observaba con cuidado a la princesa frente a ella. Mateo conducía con manos firmes en el volante, un experto en maniobras evasivas.
—Tráfico limpio Capitán —dijo Lucas por el canal interno—. Nada fuera de lo normal.
—Recibido —respondió Lena—. Mantengan formación.
La princesa Nalinee permanecía en silencio, mirando la ciudad pasar sin hacer comentarios mientras trataba de disfrutar el paisaje aunque sus nervios intentaban ganarle.
—Cinco minutos para el hotel —avisó André.
Lena asintió y tocó el auricular.
—Clara, Informe de Drones.
—Ruta secundaria libre —respondió ella—. Entrada principal despeja...un momento.
Lena giró apenas la cabeza.
—¿Qué ves?
Hubo un segundo de silencio.
—Movimiento, Periodistas.
—¿Cuántos? —preguntó Lena de inmediato.
—Demasiados, esto es raro, son muchos, si nos arriesgamos a pasarles por el lado, aunque la princesa no hable, ni nos detengamos es arriesgado.
El vehículo redujo la velocidad al doblar la esquina. Desde lejos, ya se veían los flashes. Gente aglomerada frente a la entrada del hotel, periodistas empujándose, micrófonos levantados.
—Eso no estaba en el itinerario —dijo Mateo en voz baja.
—No —respondió Lena—. Y no deberían estar ahí.
Los flashes comenzaron incluso antes de que el convoy se detuviera por completo.
—Isabela —dijo Lena—, opinión.
—Negativo para acceso seguro Capitán —respondió ella—. Demasiada exposición.
Lena miró a la princesa Nalinee quien seguía tranquila, aunque ahora observaba la escena con más atención.
—Alteza —dijo Lena por primera vez, con voz firme—, vamos a cambiar de ruta.
Nalinee asintió sin preguntar.
—Mateo, rodéalos —ordenó Lena.
—Copiado.
El vehículo pasó de largo ante los gritos de la prensa.
—¡Princesa! ¡Princesa!
—¡Alteza, mire aquí!
—Daniel —dijo Lena—, atento.
—Listo.
El convoy tomó una calle lateral y avanzó hacia la parte trasera del hotel.
—Entrada de servicio en treinta metros —informó André.
—Entramos ahí —dijo Lena.
—Capitán —intervino Nico—, los periodistas no deberían saber este horario de hecho movimos su itinerario para evitar esto.
—Lo sé —respondió ella—. O alguien les informó… o son unos brujos.
Mateo soltó una breve risa, tensa.
—Prefiero la primera opción sin duda.
El vehículo se detuvo frente a una puerta discreta.
—Equipo, atentos—ordenó Lena mientras abría la puerta—. Se movió el itinerario y aun así se infiltró.
Todos descendieron rápido, formando un círculo natural alrededor de la princesa.
La puerta trasera del hotel se abrió lentamente, dos hombres aparecieron, revisando con la mirada a cada uno. Uno de ellos levantó la mano.
—Lena, se intento negociar con el hotel que los propietarios o los que estén en estadía accedan solo por la principal pero fue imposible comunicarse con el Gerente. Anden con cuidado, quieras o no se mezclaran con civiles.
Lena dio un paso al frente, sin levantar la voz.
—Entendido
El hombre miró a la princesa.
—Alteza, bienvenida.
La puerta se cerró detrás de ellos con un golpe seco. El pasillo era estrecho, sin ventanas, solo un par de cámaras en la esquina acompañaban la decoración. Otros dos miembros de seguridad del hotel se acercaron.
—Equipo, no teníamos aviso de prensa por esa entrada —dijo uno.
—Nosotros tampoco —respondió Lena—. Por eso estamos aquí.
Nalinee iba en el centro, sin agarrarse de nadie, la espalda recta. Isabela se mantenía a su lado derecho, Sofía al izquierdo. Mateo cerraba el grupo.
—Escuchen bien —dijo Lena sin detenerse—. Cambiamos de plan, subiremos divididos.
—Isabela, Sofía y Daniel conmigo por el ascensor.
—Mateo, Lucas, André y Nico, escaleras.
—Copiado —respondieron uno tras otro.
El ascensor de servicio se abrió lentamente. Lena hizo una seña rápida con la mano.
—Adentro, ahora.
Entraron sin detenerse. Nalinee quedó al centro, Isabela y Sofía a los lados. Daniel se ubicó detrás. Lena quedó de frente a la puerta.
Justo cuando las puertas comenzaban a cerrarse, una mano las detuvo.
Un hombre entró sin pedir permiso. Traje caro, reloj brillante, una tarjeta colgada del cuello con el logo del hotel.
—Increíble —dijo apenas puso un pie dentro—. Por culpa de la mujer que escoltan, la entrada principal estaba plagada de periodistas. Tuve que entrar como un perro por la puerta de servicio.
El ascensor volvió a cerrarse, empezó a subir lentamente.
Lena lo miró de arriba abajo, sabiendo que no podía echarlo del ascensor, solo quedaba estar atentos.
—Disculpe el altercado, señor. No será por mucho tiempo.
El hombre soltó una risa corta.
—¿Disculpas? —negó con la cabeza—. La realeza tendrá poder en su país, pero aquí no existe eso. Aquí no tengo por qué tratar con consideración a personas que se creen superiores.
Se giro y dio un paso hacia adelante.
Isabela, Sofía y Daniel reaccionaron al mismo tiempo, cerrándose delante de Nalinee y Lena, formando una barrera humana.
—Mantenga su distancia Sr, el hecho de que compartamos este espacio no significa que pueda romper límites —dijo Sofía.
El hombre levantó las manos, fingiendo calma, pero su mirada se clavó en Nalinee.
—Mírela… —dijo—. Vive de los pobres, rodeada de lujos, y ustedes la protegen como si fuera intocable.
Nalinee no habló, ni bajó la mirada y mucho menos retrocedió, su padre ya le había enseñado en varias ocasiones como sobrellevar a este tipo de personas.
Lena dio un paso al frente.
—Señor —dijo con voz firme—. Le recomiendo que mantenga distancia y evite acercarse a la princesa. Tengo completa autoridad para intervenir si no lo hace.
El hombre la miró entonces, por primera vez con atención.
—¿Ah, sí? —sonrió de lado—. Qué valiente, que intimidante.
Se giró, como si hubiera decidido calmarse.
—Tranquilos… ya entendí.
El ascensor seguía subiendo. Piso ocho. Piso nueve.
De pronto, el hombre se movió rápido.
—¡Arma! —advirtió Daniel.
El arma apareció en su mano.
—¡Atrás! —gritó Isabela desfundando su arma.
Lena reaccionó sin pensar.
—¡Alteza, agáchese!
El disparo salió, dándole a una esquina del ascensor. Lena le golpeó el brazo con fuerza. El arma cayó al suelo del ascensor.
—¡Quieto! —ordenó Lena.
El hombre forcejeó.
—¡Suéltenme!
Sofía presionó el botón de emergencia.
—Seguridad. Ascensor de servicio, ahora.
El ascensor se detuvo de golpe. Las luces parpadearon.
—Piso once—dijo Daniel.
Las puertas se abrieron.
Mateo y Lucas estaban afuera, alertas apuntando a la entrada.
—Saquen a la princesa —ordenó Lena—. Ya.
Isabela y Sofía escoltaron a Nalinee fuera. Justo antes de avanzar, la princesa se giró, miró a Lena, seria, sin decir una sola palabra.
Lena asintió apenas.
—Largo.
Cuando la puerta se cerró y llegaron más guardias, Lena soltó al hombre.
—Entréguenlo —dijo—. Y revisen todo el hotel.
Activó el comunicador.
—Equipo —dijo—. Nos estaban esperando.
Woow empezó con todo 👍👌💯