Prólogo
Jeon Jungkook, un empresario de treinta años, parecía destinado a una vida perfecta. Nació y creció en una cuna de oro: los Jeon eran una de las tres familias más influyentes y millonarias del país.
Desde los doce años, su futuro estaba escrito en un contrato implacable: un matrimonio arreglado que se celebraría al cumplir los veinticinco. A estas alturas, ya debería llevar cinco años casado. Sin embargo, se negó rotundamente.
Desafió a sus padres, a sus suegros y al mismísimo contrato que lo ataba.
Durante esos años mantuvo una relación puramente física con Yae Noguchi, hija única de una poderosa familia japonesa, heredera de un imperio hotelero. Para él no había sentimientos; para ella, en cambio… ella juraba amarlo con toda el alma. Pero Jungkook sabía que no era verdad.
Cinco años evadiendo lo inevitable. Hasta que ya no pudo postergarlo más.
Un bebé en camino. Esa noticia lo encadenó de pies y manos, le robó la última escapatoria.
La boda se anunció a bombo y platillo: revistas, redes sociales, televisión internacional. “Jeon Jungkook y Yae Noguchi oficializan su compromiso, fijan fecha de boda y esperan a su primer hijo. Pronto serán padres”.
Jungkook terminó aceptándolo. El matrimonio. La paternidad. Todo.
Noguchi tenía menos de un mes de embarazo cuando se enteró; el día de la boda —hoy— ya llevaba siete semanas.
La ceremonia fue un espectáculo deslumbrante: elegancia, lujo desmedido, dinero derramándose por cada rincón.
Una semana después de regresar de la luna de miel, el destino golpeó sin piedad.
El auto se precipitó por un barranco y se incendió. Un cuerpo quedo reducido a cenizas.
La noticia estalló como una bomba.
No hubo sobrevivientes. Jeon Jungkook había muerto.
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Park Jimin era un joven soñador con una sonrisa que iluminaba hasta los días más grises. De niño, siempre sonreía, sin importar las tormentas que cayeran sobre él.
Su familia no era rica, pero vivía con dignidad. Sus padres eran reposteros y regentaban una pequeña cafetería donde vendían postres caseros que llenaban el aire de dulzura. No era un lugar lujoso, pero siempre estaba repleto: clientes fieles y nuevos que volvían por el calor humano y el sabor de hogar.
Jimin estudiaba por las mañanas y ayudaba en la cafetería por las tardes. Su vida parecía sencilla y perfecta… hasta que dejó de serlo.
Su mundo social era un desierto. No tenía amigos, ni pretendientes, ni apenas conocidos. Solo sus padres. Nadie sabía explicar por qué. No era feo, ni enfermo, ni extraño. Solo usaba lentes, suéteres dos tallas más grandes y el cabello rubio perfectamente peinado. Se veía tierno, inocente… frágil.
A los veinte años, todo se derrumbó.
Un accidente fatal le arrebató a sus padres. Quedó huérfano, sepultado bajo deudas, con la casa hipotecada y completamente solo. Obligado a abandonar la universidad a solo dos años de graduarse.
Trabajó sin descanso: veinticuatro horas al día, los 365 días del año. Olvidó el duelo para sobrevivir.
Noches sin dormir, días sin comer, sin pausa. Durante dos años luchó solo contra un abismo de deudas.
Logró salvar la cafetería, pagar la hipoteca que ni siquiera sabía que existía. Pero quedaban más: bancos, financieras, otra hipoteca pendiente.
El tiempo se agotaba. Él también.
Atendía mesas, caja, cocina, limpieza, entregas. Solo dos empleados lo ayudaban; no podía permitirse más. Los cobradores llamaban, los mensajes y correos llegaban sin cesar. Y aun así, en medio del caos, Park Jimin seguía sonriendo.
Sonrió cuando de niño los demás lo excluían. Sonrió cuando se burlaban. Sonrió cuando nadie lo invitó a un baile. Sonrió cuando lo usaron en una apuesta cruel.
Sonrió cuando la soledad lo envolvió tras perder a sus padres. Sonrió al volver a casa… vacía.
Sonrió siempre.
Aunque el mundo se le viniera encima, sonrió. Sonrió, sonrió y sonrió.
Porque jamás le daría el gusto a la vida de verlo roto, hundido, rogando por el fin.
Para la familia Park siempre hubo un lema grabado en el alma:
“Aún Se Puede Ser Feliz”…
Espero les haya gustado 💗
“You Can Still Be Happy//Aún Se Puede Ser Feliz”.
Esta historia será angts, sad, triste o como le conoscan. Amo llorar mientras leo o escribo, así que bueno, les toca soportar o largarse a buscar algo que si les guste.
Desde ya les digo que NO habrá maltrato físico ni verbal(golpes, gritos e insultos) pero si habrá algo que duele más que eso. Piense, ¿qué puede doler más que un golpe o herir más que los gritos e insultos?
No habrá maltrato físico, verbal o psicológico(bueno, ese si, pero por distintas razones) ténganlo en claro. Jungkook no será un moustro. Sí, lo odiaran, odiaran incluso el personaje de Jimin(también a mí y no me importa). En fin, es la típica historia donde Jimin sufre por Jungkook y todo el mundo. Donde Jimin termina perdonando a Jungkook y hay final feliz.
Sí, una historia muuuy funable, no crean que soy anti de Jimin o algún miembro. NO, DEFINITIVAMENTE NO. Pero si soy anti de la felicidad, amo llorar y sufrir.
Si esto no es de tu agrado, vete, lárgate, esfúmate y multiplicate por cero.
No hay una fecha fija de actualización, será cuando pueda, ya que tengo dos historias más en emisión. No me voy a estresar escribiendo a la carrera, al contrario, lo haré lento, leyendo cada letra, para asegurarme de hacerlas llorar.
(pero al menos un capítulo tendrán cada semana)
Si eres masoquista, te encantará esta historia.
No la comparen con otra, preguntando si es igual de triste que tal historia o algo parecido. No vengan diciendo que odian ver a Jimin sufrir, porque se los advertí desde aquí.
Bueno, si decides quedarte eres bienvenida, se parte de esta nueva aventura que nos hará llorar, reír y enojarnos hasta que se nos explote la bilis.
Portada hecha por dm_lalala(la encuentran en wattpad) gracias por ayudarme ✨
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