Bajo la luz de la luna en la Montaña Sagrada
Esta primera historia, “Bajo la luz de la luna en la montaña sagrada”, toma inspiración en culturas precolombinas Moche y Chimú y narra la aventura de la princesa Cao, quien, cansada de la soledad del palacio, descubre la amistad gracias a la ardilla mágica Zaña, al joven pescador Licapa y su grupo de amigos. Cuando son descubiertos, Cao, Licapa y Zaña emprenden una peligrosa misión para salvar a sus amigos en cautiverio. Esta historia trasmite valores como la amistad auténtica, la empatía y el liderazgo con corazón.
I
Una amiga inesperada
Hace mucho tiempo existió un reino indígena cerca de la costa donde vivía una princesa llamada Cao. A pesar de vivir en un palacio lleno de lujos y sirvientes que atendían todas sus necesidades, la princesa se sentía sola. Su padre, el Rey, descendiente del fundador mítico del reino, era sobreprotector con ella y le prohibió salir del palacio. Su madre, la Reina y suma sacerdotisa de la diosa luna, ansiaba que su hija fuera la mejor del reino y no le permitía interactuar con la gente común.
Cao quería a sus padres y obedecía sus indicaciones. La princesa pasaba sus días en el interior del palacio, estudiando las costumbres y ritos de su gente y charlando con nobles que ofrecían falsa amistad y solo buscaban el favor de los reyes. La princesa anhelaba tener amigos verdaderos y no los aduladores con quienes solía juntarse.
Un día, mientras paseaba por el jardín ceremonial del palacio, Cao vio una ardilla. La princesa se sentía sola y, sin pensarlo, le contó a la ardilla sus problemas. Para su sorpresa la ardilla le respondió presentándose como Zaña, una ardilla mágica.
Zaña reveló que las ardillas vivían en esas tierras mucho antes de la llegada de los humanos y accedieron a compartir el territorio cuando llegó el “Rey de más allá del mar”. Cao escuchó la historia de Zaña y supo que se refería a su antepasado; además las paredes del palacio mostraban grabados en relieve de ardillas, peces y aves marinas.
Zaña percibió la tristeza de la princesa, le ofreció su amistad y su ayuda para salir del palacio. Cao dudó por un instante a desobedecer a sus padres, pero la emoción de conocer el reino fuera de las murallas del palacio la convenció de aceptar la ayuda de la ardilla. Zaña guío a Cao por pasajes del palacio que la princesa desconocía.
II
Aventura fuera del palacio
Cao siguió a Zaña y finalmente salieron al exterior. Por primera vez, sin el resguardo de su escolta y litera real, la princesa contempló el reino. Por consejo de Zaña, Cao ocultó su identidad y juntas se aventuraron por las calles de la ciudad.
La princesa observó a la gente mientras que Zaña, apoyada en su hombro, le explicaba la vida diaria de quienes vivían fuera del palacio. Cao se detuvo frente a un puesto de mercado donde se percató de una mujer enferma. Zaña comentó que se trataba de la madre de la tendera que trabajaba arduamente para juntar el pago para el curandero.
En un descuido de la tendera, la princesa se acercó a la mujer enferma para examinarla. Cao fue capaz de identificar el mal que aquejaba a la mujer y pidió algunas hierbas medicinales con las que preparó una medicina que, en el trascurso de los días, mejoraría la salud de la mujer. La princesa recibió el agradecimiento de la tendera y algunas mercancías gratis.
Por consejo de Zaña, Cao se alejó del mercado para no llamar la atención de la gente que empezaba a reunirse junto al puesto a preguntar qué había pasado. La ardilla guío a la princesa hasta la playa. Allí, Zaña felicitó a Cao por ayudar a la mujer enferma. La princesa respondió que aprendió las artes curativas de su madre.
En la playa, Cao observó con fascinación a los pescadores en la distancia realizando sus actividades en balsas de totora. La princesa vio el amplio mar y recordó que su padre le contó que su antepasado llegó desde un lugar lejano y ayudó a la gente de estas tierras a cultivar y reconstruir.
Cao salió de su ensoñación al oír la voz de un chico pescador que le pedía ayuda para llevar su balsa al mar. La princesa aprovechó la oportunidad y aceptó ayudar al chico a cambio de un paseo en su balsa.
El chico se presentó como Licapa. Zaña susurró en el oído de Cao y la princesa se presentó como Quilla, una visitante que acababa de llegar con su familia al reino.
Al saber que era nueva en la ciudad, Licapa ofreció su amistad a Quilla, le enseñó acerca de su oficio y el reino mientras le daba un paseo en su balsa. Cao pasó la tarde navegando. Sintió la brisa marina agitando su cabello y el sabor de la sal en su boca.
Al volver a la playa, Zaña le susurró a Cao que debía volver al palacio. Licapa invitó a Quilla a reunirse con él mañana para enseñarle más cosas. La princesa aceptó con gusto y volvió a casa.
En los siguientes días, Cao y Zaña salieron a escondidas del palacio y se reunieron con Licapa. El chico presentó a Quilla con otros chicos de la ciudad. Por primera vez, Cao jugó y se divirtió como una niña normal, sin preocuparse por la etiqueta ni el estatus social.
Al volver a casa, los padres de Cao notaron una mejora en el estado de ánimo en su hija y un mejor desempeño en sus estudios. Aunque no sabían a qué se debía ese cambio, sus padres se sintieron felices por ella.
III
Crimen y castigo
En cierta ocasión, Cao fue vista saliendo del palacio por uno de los nobles aduladores. El sujeto siguió en secreto a la princesa y la vio reunirse con la plebe. Sin sospechar nada, Cao volvió a casa esperando un nuevo día para jugar con sus amigos.
Al día siguiente, Cao se preparaba para salir del palacio, pero sus sirvientes la detuvieron e informaron que sus padres la esperaban en la sala de audiencias. Intrigada, la princesa acudió a la sala. En el camino le parecía oír un gran alboroto fuera de palacio. Al llegar a la sala, Cao observó que sus padres la esperaban junto a los nobles. La princesa vio con temor que Licapa y sus amigos estaban bajo custodia de la guardia real.
Con un tono severo, el Rey anunció que los nobles acusaban a la princesa de salir del palacio a escondidas y tener trato con aquellos chicos. El Rey calmó su voz y preguntó a su hija si esas acusaciones eran ciertas. Cao no podía mentir a su padre, confirmó sus salidas y su amistad con los chicos.
Los nobles gritaron que era un insulto a la realeza y exigieron un castigo ejemplar para los chicos. Cao intercedió por sus amigos y rogó misericordia a sus padres. El Rey ordenó callar a los nobles y a su hija, luego se dirigió a los chicos y declaró que no habían obrado mal, pero la ley era la ley y ni siquiera los reyes estaban por encima de ella.
Un largo silencio incómodo se apoderó de la sala en espera del juicio real. El Rey se notaba conflictuado pues sabía que no había salida fácil a aquel dilema. La Reina se acercó a su esposo y discutieron algo en susurros. Finalmente, el Rey declaró que los chicos merecían una oportunidad de probar su valía.
Licapa fue seleccionado por el Rey para emprender un viaje a la montaña sagrada y recuperar el cetro que perteneció al fundador del reino. Si Licapa tenía éxito en su misión, se perdonaría a los chicos con la condición de no volver a reunirse con la princesa. La audiencia termina. Licapa parte de inmediato sin dirigir palabra a Cao. En las afueras de palacio, la gente que se había reunido a modo de protesta es informada del mandato del Rey. Al ver salir a Licapa, la gente abrió paso y le acompañaron hasta las afueras del reino brindándole palabras de aliento.
Mientras todos se retiraban de la sala de audiencias, la princesa acudió al lado de sus padres para pedir la liberación de los chicos. Sin embargo, el Rey y la Reina hicieron caso omiso a su pedido y castigaron a Cao por haber salido sin permiso del palacio poniéndose en riesgo a sí misma y a unos chicos inocentes. Los guardias reales escoltaron a la princesa a su habitación.
Cao se sentía culpable por todo lo ocurrido. Zaña acudió a consolar a la princesa y le dijo que sus padres no querían castigar a sus amigos, pero tampoco podían dejarlos ir. La misión que el Rey dio a Licapa era para intentar salvar a los niños. Sin embargo, la misión no sería fácil para Licapa. La ardilla prometió hablar con el resto de animales y mantener informada a la princesa del progreso de Licapa.
Cao pasó los siguientes días castigada en su habitación. La princesa solo recibía las visitas de sus tutores y de su madre. Para animar a su hija, la Reina enseñó a Cao un conjuro de magia avanzada que le permitía adoptar la forma de un animal por un breve periodo de tiempo. Cao fue incapaz de dominar el conjuro. Con una sonrisa, la Reina animó a Cao a seguir practicando. La princesa se enteró que su padre seguía molesto por sus salidas. Su madre le aconsejó ser buena y seguir a su corazón, el corazón nunca miente.
IV
Misión en la Montaña Sagrada
Un día, Zaña acudió a toda prisa a la habitación de la princesa. La ardilla contó que Licapa logró ingresar a la Montaña Sagrada, pero que se había perdido en el camino. Cao se preocupó al recibir la noticia, debía ayudar a su amigo.
Zaña comentó que la montaña estaba lejos, aunque quisiera ayudar a Licapa no llegaría a tiempo. Cao recordó la magia que su madre le había enseñado y se concentró en ello. El deseo de la princesa por ayudar a su amigo le permitió adoptar la forma de un zarcillo. Cao tomó a Zaña y juntas partieron volando hacia la Montaña Sagrada.
Al llegar a la montaña, Cao volvió a su forma humana. Zaña llevó a la princesa al lugar donde los animales le contaron que vieron por última vez a Licapa.
Cao siguió el rastro de su amigo por el espeso bosque montañoso y lo encontró inconsciente atrapado por una planta enredadera. Zaña advirtió a la princesa que tuviera cuidado, aquella planta capturaba a quienes se acercaban y no los soltaba. Con un par de ramas y la imitación del sonido de un animal herido, Cao se las ingenió para engañar a la enredadera y liberar a Licapa.
Al despertar, el chico agradeció el rescate, pero seguía enojado con Cao por haberle mentido sobre su identidad. La princesa pidió disculpas, nunca fue su intención hacer daño a nadie, solo quería tener amigos. Cao entendía que Licapa estuviera molesto con ella, pero ahora debían trabajar juntos para recuperar el cetro y salvar a los demás. Licapa puso de lado su enojo y aceptó la ayuda de Cao.
V
Desafíos
Cao y Licapa se adentraron en el bosque. Al darse cuenta que no tenían idea a dónde dirigirse, la princesa preguntó a Zaña si conocía el camino. La ardilla respondió que incluso los animales se mantenían alejados de la Montaña Sagrada. Licapa se sorprendió al oír hablar a la ardilla y dijo a Cao que era afortunada por tener de mascota a un animal mágico. Cao corrigió a Licapa y señaló que Zaña era su amiga. La ardilla se sintió feliz de oír las palabras de la princesa y continuó su relato.
Zaña contó a los chicos que en tiempos remotos la montaña era hogar del dios Kon, el felino volador. Kon era un dios bondadoso, pero un día los humanos se olvidaron de él y desapareció sin dejar rastro. La ausencia del dios provocó una terrible sequía en la tierra y los humanos estuvieron a punto de desaparecer.
La diosa luna se apiadó de la tierra y envió al “Rey de más allá del mar” que enseñó a la gente a cultivar y reconstruir. Se dice que la diosa luna hizo de la Montaña Sagrada su hogar. Sin embargo, los animales mágicos seguidores de Kon, los zorros, monos y lagartos, aún habitan la montaña y atacan a los viajeros pues siguen molestos por la desaparición de su dios.
Zaña declara que no podrá protegerlos de los seguidores de Kon. Aunque ella también sea un animal mágico, solo es una ardilla.
Cao y Licapa escucharon con preocupación el relato de Zaña. Por un instante, los chicos consideraron dar la vuelta y volver al reino. El recuerdo de sus amigos cautivos les dio motivación a Cao y Licapa para seguir adelante y cumplir la misión.
Con la ayuda de Zaña, los chicos pasaron desapercibidos por el bosque. Al caer la noche, Cao y Licapa descansaban mientras la ardilla mágica hacía guardia. Con la llegada del nuevo día, el viaje continuaba.
En cierta ocasión, Cao y Licapa tuvieron una conversación sincera donde llegaron a la conclusión que la verdadera amistad no conocía barreras sociales. Licapa entendió que no podía seguir enojado, ya sea Cao o Quilla, lo cierto es que ella era su amiga. Por su parte, Cao comprendió que no existían diferencias entre ambos, realeza o gente común, todos eran personas que merecían una vida digna.
La charla de los chicos atrajo la atención de un grupo de zorros mágicos. Zaña detectó muy tarde la presencia de los zorros y solo consiguió gritar a los chicos que huyan. Cao tomó a Zaña y escapó junto con Licapa mientras eran perseguidos por los zorros salvajes. Un mal giro dejó a los niños atrapados y rápidamente fueron rodeados por los zorros.
Zaña saltó de los brazos de Cao e intentó defender a los niños, pero fue herida por los zorros. Cao y Licapa se armaron con ramas para defenderse y alejaron a los zorros de Zaña. Cao recogió a la ardilla y empleó sus artes curativas para tratar sus heridas. Licapa hizo lo posible por alejar a los zorros, pero no fue suficiente.
Un rugido resonó en el bosque y apareció un gran puma. La presencia del felino espantó a los zorros. El puma se giró hacia Cao y Licapa y se acercó a ellos mostrando sus colmillos y garras. Aunque sentían miedo del felino, Cao y Licapa se mantuvieron juntos para protegerse. Ninguno iba a abandonar al otro.
Finalmente, el puma rompió su silencio y felicitó la valentía de ambos. El felino mostró un rostro amistoso y adivinó que los chicos buscaban el Templo de la Luna brindándoles consejo para hallar el camino. También les dijo que las bestias salvajes no volverían a molestarlos.
Antes que el puma se marchase, Cao se acercó al felino y le agradeció por su ayuda. El puma le devolvió una sonrisa a la princesa y se perdió en el bosque. Cao contó a Licapa que había un aura de realeza y una voz familiar en aquel puma. Era un sentimiento extraño que la princesa no podía comprender.
Zaña despertó y el grupo continuó su camino siguiendo el consejo del puma.
VI
La prueba de lealtad
Al anochecer del segundo día, los amigos llegaron al lugar indicado por el puma. Una enorme muralla rodeaba el Templo de la Luna. Licapa intentó escalar la muralla, pero se rindió al notar que el muro crecía sin fin ante sus esfuerzos. Zaña comentó que se trataba de un muro mágico que impedía el ingreso de intrusos.
Mientras Licapa y Zaña discutían como burlar el muro, Cao exploró los alrededores y encontró una puerta decorada. La princesa llamó a sus amigos y contemplaron las inscripciones de la puerta. Cao comentó que reconocía algunas de las inscripciones, pero otras pertenecían a pueblos más antiguos que el suyo y no podía leerlos.
Licapa empujó la puerta con todas sus fuerzas para abrirla, pero la puerta no cedió. Una risa atrajo la atención de Cao, Licapa y Zaña. En la rama de un árbol cercano, un búho los observaba. El ave se dirigió a los amigos con una voz femenina de gran sabiduría. El búho reveló que solo los dignos podían ingresar al templo y estar en presencia del espejo de agua donde vivía la diosa luna.
El ave felicitó a los amigos por haber llegado tan lejos, pero reveló que las puertas no se abrirán para ellos si sus motivos eran egoístas. Cao respondió que no buscaban gloria ni fortuna, solo querían salvar a sus amigos.
El búho escuchó las palabras de Cao e identificó que pertenecía a la realeza. El ave decidió poner a prueba a Cao y Licapa con tres preguntas. Si respondían correctamente, abriría la puerta del templo para ellos. Los amigos aceptaron la prueba del búho.
La primera fue una pregunta de conocimiento. Cao respondió sin dificultad al recordar sus estudios en el palacio y en especial las lecciones de su madre.
La segunda pregunta fue sobre el bienestar de la gente fuera de palacio. Licapa respondió. El chico habló bien del gobierno de los reyes, había justicia y prosperidad en el reino, aunque la gente solo veía a los reyes en ceremonias y festividades. Licapa señaló que Cao era buena y pensaba que sería una buena gobernante.
La tercera pregunta exigió a los amigos dar una única respuesta. Cao y Licapa no se ponían de acuerdo, cada una de sus respuestas podría ser la correcta. Zaña intervino y ayudó a los amigos a coordinar sus respuestas. Gracias a la ardilla, Cao y Licapa respondieron la pregunta del búho.
El búho señaló que hicieron trampa al recibir la ayuda de Zaña. Habían fallado la prueba; sin embargo, lo habían hecho bien hasta el momento por lo que les haría una última pregunta. El búho advirtió a la ardilla a no intervenir.
La última pregunta del búho puso a los amigos en un dilema. El ave preguntó a Cao y Licapa si para salvar a sus amigos en cautiverio, uno de ellos estaría dispuesto a quedarse en la montaña y nunca volver a casa.
Cao y Licapa dudaron por un momento. Ambos eran jóvenes y tenían toda la vida por delante. Además, sus familias esperaban por ellos y se pondrían tristes si nunca volvían. Cao fue la primera en dar un paso al frente y decir que ella debía quedarse para hacerse responsable por el problema que ella ocasionó.
Antes que el búho emita su juicio, Licapa intervino y declaró que debía ser él quien se quede en la montaña, Cao tenía volver para gobernar pues confiaba en que ella cambiaría la forma en que la realeza se relaciona con la gente. Los amigos discutieron.
El búho puso fin a la discusión y les exigió su respuesta final. Cao y Licapa se miraron mutuamente y se tomaron de las manos agradeciendo por haberse conocido y por su amistad. Los amigos respondieron al búho que ambos se quedarían. Su viaje era para rescatar a sus amigos en cautiverio. Si debían quedarse en la montaña para conseguirlo, entonces aceptaban con gusto. Además, si ambos se quedaban, podrían hacerse compañía y no estarían solos.
El búho declaró que habían pasado la prueba. Sus lazos de amistad y lealtad eran más fuertes que cualquier magia. La puerta del templo se abrió ante Cao y Licapa. El búho dijo a los amigos que podían entrar.
VII
El Templo de la Luna
Cao, Licapa y Zaña ingresaron al Templo de la Luna. Mientras avanzaban por el templo, Licapa preguntó a Zaña por qué el búho le había prohibido intervenir. La ardilla respondió que los animales mágicos no tienen permitido entrometerse en asuntos humanos. Licapa señaló que el búho los ayudó con la puerta, eso iba en contra de la prohibición.
Cao respondió que había algo inusual en aquel búho, podía sentir un aura familiar en ella. Lo mismo sintió en el puma. La princesa preguntó a Zaña si ella sabía algo, pero la ardilla respondió que no podía afirmar nada.
Los amigos llegaron al santuario del templo donde contemplaron un claro con un hermoso lago de aguas cristalinas. El cielo nocturno se despejó y la luna brilló reflejándose en el lago. Cao comentó que era similar al pozo sagrado que había en el palacio donde su madre y otros sacerdotes rezaban a la diosa luna. La princesa se arrodilló frente el lago con los ojos cerrados y repitió las palabras que oyó de su madre. Licapa y Zaña hicieron lo mismo e inclinaron sus cabezas.
Una presencia descendió al lago. Cao dijo a Licapa y Zaña que mantuvieran los ojos cerrados. La misteriosa presencia habló con una voz femenina y reconoció los logros de los visitantes. La diosa señaló que Cao poseía la fortaleza de un rey y la sabiduría de una suma sacerdotisa. De Licapa reconoció su valentía en la misión y su buen corazón al aceptar y tratar a la princesa con respeto. Finalmente, la diosa mencionó la lealtad de una ardilla entrometida.
La diosa les otorgó su bendición y les dijo que vayan en paz. La presencia desapareció. Cuando Cao abrió los ojos vio ante sí el cetro del fundador. Cao y Licapa sostuvieron el cetro. Lo siguiente que recordaron fue la luz del día y que se encontraban lejos de la montaña. No sabían cómo hicieron el camino de vuelta. Zaña dijo que debía ser un regalo de la diosa luna.
VIII
Retorno
Los amigos hicieron el resto del camino de vuelta al reino. Rumores acerca del viaje de Cao y Licapa se habían esparcido por el reino. Al verlos volver triunfantes, la gente los recibió como héroes. Los amigos recibieron el calor de la gente e ingresaron al palacio donde los nobles, sacerdotes y reyes esperaban por ellos. Los chicos cautivos eran retenidos por la guardia real.
Cao y Licapa presentaron el cetro ante la corte. El Rey y la Reina se pusieron de pie y aplaudieron la hazaña de los chicos. La Reina caminó hasta ellos, extendió su mano para recibir el cetro y volvió al lado del Rey para confirmar que el cetro era auténtico.
El Rey felicitó a ambos por haber cumplido la misión y ordenó a los guardias liberar a los chicos cautivos. Los niños corrieron al lado de Licapa y le agradecieron por haberlos salvado. Licapa recibió el cariño de sus amigos, pero les dijo que no lo habría hecho sin la ayuda de Cao. Los chicos rodearon a Cao entre abrazos y parecía como si nunca se hubieran separado.
Los reyes, sacerdotes y nobles contemplaron la escena. El Rey tomó la palabra y declaró que aquel día todos habían aprendido una valiosa lección. La valentía, amistad y lealtad de los chicos habían superado las barreras sociales de los adultos. El Rey se dirigió a los chicos y les dijo que vuelvan a casa con la frente en alto, nadie en el reino podía negar su valía y quien lo hiciera respondería ante él. Los nobles bajaron sus cabezas ante aquellas palabras.
El Rey se volvió hacia Cao, su pequeña princesa, y la reconoció como una mujer capaz de cuidarse por sí misma y tomar sus propias decisiones. La Reina tomó la palabra y confesó que instruyó a Cao para ser la mejor del reino, no se había dado cuenta que ya lo era todo este tiempo. La princesa escuchó las palabras de sus padres, no pudo evitar dejar caer un par de lágrimas de felicidad.
Epílogo
El legado de la amistad
Con el paso del tiempo, Cao y Licapa se hicieron inseparables. Su amistad no conocía obstáculos. Licapa se volvió un hábil pescador y fue invitado a palacio para administrar todo lo relacionado al mar. Al volverse adulto, Licapa desarrolló el sueño de aventurarse más allá del mar y descubrir el lugar de procedencia del antepasado de Cao. Quizás algún día emprenda ese viaje, por ahora le necesitan en el reino.
Por su parte, Cao continuó con sus estudios y se convirtió en una sanadora más hábil que su madre. La princesa sucedió a su madre como suma sacerdotisa de la diosa luna y a su padre en el trono. Cao se volvió una gobernante querida por su gente y llevó el reino a una nueva era de prosperidad. La reina Cao portó el cetro de su padre y el cetro que recuperó en la Montaña Sagrada. Nunca olvidó las lecciones que aprendió en su aventura ni a los amigos que hizo.
Zaña volvió con las ardillas y contó a las más jóvenes la moraleja de la historia: “La verdadera amistad no se mide por la riqueza material, sino por el amor, la lealtad y el respeto mutuo”. Zaña preservó en la memoria de su gente la historia de Cao y Licapa. Sin importar los años que pasen, aunque el reino deje de existir, la ardilla mágica nunca olvidará a sus amigos.
FIN









Me encantó la historia, parece como si tus abuelos te estuvieran contando una leyenda
Genial...