PRÓLOGO
Las voces animadas de los niños de la escuela primaria resonaban por todo el pequeño auditorio. Bastaba con una mirada rápida para darse cuenta de que aquel no era un auditorio común de una escuela primaria. Más de trescientas butacas de cuero marrón delataban, sin esfuerzo, la condición privilegiada de aquella institución privada.
Además, los alumnos —todavía pequeños, pero llenos de personalidad— vestían ropas coloridas y llamativas, elegidas según su propio gusto o el de sus responsables, reflejando perfectamente la propuesta de libertad que la escuela ofrecía a esos pequeños seres.
El chirrido estridente del micrófono, lo suficientemente fuerte como para lastimar los oídos, definitivamente no era el tipo de cosa que Jungkook quisiera ofrecer como primera impresión en su improvisado papel de director durante la ceremonia de cierre. Pero ya había sucedido.
El hombre, de porte elegante, vestía una camisa social de tono discreto, una corbata oscura y jeans rígidos. Permanecía de pie sobre el escenario decorado con flores y con un cartel que decía: “Ceremonia de Graduación”. Apenas esbozó una sonrisa incómoda antes de apresurarse a apagar el micrófono, esperando hasta que el sonido agudo, que reverberaba por todo el auditorio, finalmente cesara.
Los padres y los niños sentados frente al escenario se taparon los oídos con las manos, con expresiones confusas dirigidas hacia él. Algunos parecían asustados; otros no lograron contener pequeñas risitas ante el comportamiento torpe del hombre.
Jungkook respiró hondo, llenando sus pulmones, sintiendo la presión que parecía venir de todas partes. Intentó ordenar sus pensamientos confusos antes de volver a encender el micrófono.
—Hola, niños, y hola a todos los padres… yo soy el profesor Jungkook…
Comenzó a hablar con la voz levemente temblorosa y notó que la mano con la que sostenía el soporte del micrófono estaba completamente sudada. En realidad, no tenía ningún plan para hablar en ese escenario. No era bueno dando discursos en público, todo lo contrario. Normalmente, esa función le correspondería al director de la escuela o a algún profesor más experimentado. Pero, al haber sido designado —no muy convencido— como profesor responsable del segundo grado, aula 2, terminó teniendo que ocupar ese lugar en un día tan importante para los niños. La inseguridad lo carcomía por dentro todo el tiempo.
—Bueno… la verdad es que no sé muy bien qué decir hoy… así que pensé que… tal vez podría contarles una historia…
Sus palabras no surgieron de un guion preparado, sino de un deseo sincero de comunicarse con los niños de la manera más simple y natural posible. Eso hizo que algunos padres comenzaran a susurrar entre ellos, sin entender del todo, mientras los niños abrían grandes los ojos, curiosos por saber qué tipo de historia iba a contar el profesor.
—Esta historia… es sobre un hombre. Él es un profesor… Un profesor necesita amar a los niños, preocuparse por ellos y estar siempre listo para incentivarlos a crecer y aprender…
—Pero el problema es que… ese profesor no se identificaba con nada de eso. Creía que no podría seguir la carrera hasta el final, que no resistiría por mucho tiempo…
Jungkook continuó hablando mientras su mirada se dirigía hacia el área reservada para los docentes. Entonces, sus ojos se detuvieron en una silla vacía: un lugar que antes le pertenecía a alguien.
—Aun así, logró seguir adelante, porque había otro profesor que siempre estuvo allí para apoyarlo. Otro profesor que le enseñó que… los profesores no son tan distintos de los niños. Así como los niños están en una etapa de crecimiento y aprendizaje, los profesores también crecen y aprenden todo el tiempo. Y ese crecimiento se vuelve hermoso cuando tenemos a alguien a nuestro lado, caminando junto a nosotros.