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HUMANO-CHESTAPPEN

Sinopsis

Sé que todos conocen a los Lobos, esos hombres peligrosos, fuera de la ley, enormes, musculosos, apestosos, atractivos y con la polla enorme. Sé que les habrán contado lo increíble que es pasar El Celo con ellos y que los follen como nunca en su vida. Pero aquí estoy yo para advertirles de los problemas y peligros que eso puede llegar a causarles. Soy Sergio, esta es mi historia, y les voy a contar cómo mi vida se fue completamente a la mierda, los muchos errores que cometí y la forma en la que terminé formando parte de la maldita Manada. Empezaré con una advertencia: una vez que un estúpido Lobo se enamora de ti, no hay vuelta atrás...

Genero:
Erotica
Autor/a:
FR
Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

HUMANO - CHESTAPPEN PREVENCIÓN E INFORMACIÓN


Sé que todos conocen a los Lobos, esos hombres peligrosos, fuera de la ley, enormes, musculosos, apestosos, atractivos y con la polla enorme. Sé que les habrán contado lo increíble que es pasar El Celo con ellos y que los follen como nunca en su vida. Pero aquí estoy yo para advertirles de los problemas y peligros que eso puede llegar a causarles.

Soy Sergio, esta es mi historia, y les voy a contar cómo mi vida se fue completamente a la mierda, los muchos errores que cometí y la forma en la que terminé formando parte de la maldita Manada.

Empezaré con una advertencia: una vez que un estúpido Lobo se enamora de ti, no hay vuelta atrás...

Eso es algo que me hubiera gustado que me dijeran cuando Carola me llamó y dijo que había conseguido entradas para el Club Luna Llena, porque yo no imaginaba cuánto iba a cambiar mi vida desde ese momento.

Solo seguí acomodando los cartones de leche y respondí:

—No voy a ir.

—¡Vamos, Checo! Me prometiste que vendrías conmigo.

—No. Yo no te prometí una mierda —le recordé—. Si quieres ir a uno de esos clubes de lobos, ve tú sola.

—Es peligroso ir sola. Necesito que alguien me acompañe.

—Si es peligroso, ¿por qué vas? —le pregunté, levantando la mano con incredulidad, aunque Carola no podía verme.

—Dentro de poco será El Celo...

—Ugh. —Puse los ojos en blanco y negué con la cabeza mientras agarraba otro tetrabrik de leche y lo dejaba en el estante junto a los demás—. Eso sí es peligroso.

—No es peligroso —y se quedó callada un par de segundos—. No tiene por qué serlo si vas preparada. Mi amiga Kelly, la del trabajo, lo hizo una vez y dice que es una experiencia que hay que vivir. Dice que el sexo nunca vuelve a ser igual después de tener a una de esas bestias encima durante cuatro días.

—¿Tu amiga Kelly? ¿La que no sabe diferenciar un fax de la fotocopiadora? ¿Esa amiga?

—Sí, esa —confirmó.

Se escuchó un sonido metálico y Carola no volvió a hablar hasta darle un par de tragos a la cerveza que acababa de abrir.

—Escucha, Sergio. Me acompañas al club este viernes, te invito los tragos y bailamos un poco tú y yo. ¿Qué dices?

—Digo que ningún lobo se te va a acercar si ven cómo bailas —respondí, levantándome del suelo cuando terminé de acomodar todos los tetrabriks de leche—. Además, ¿cómo piensas ligar o lo que sea que vayas a hacer ahí si yo estoy contigo?

—Eso no importa, pueden oler que eres gay.

Dejé la caja vacía con la imagen de una vaca sonriente sobre el mostrador de la tienda y me quedé en silencio mirando los carteles donde pedían amablemente a los clientes que, por favor, no robaran.

—¿Pueden olerlo...? —repetí antes de soltar un bufido y volver a negar con la cabeza—. ¿Y tu desesperación también pueden olerla o no?

—Espero que sí, porque no voy a llevar bragas.

Hice una mueca de asco y me llevé una mano a la cara para frotarme el puente de la nariz.

—Oye, Carola —murmuré—. ¿Estás segura de todo esto? Los lobos... no son un juego.

—Soy una mujer adulta, Checo. Sé lo que hago —bebió otro par de tragos y soltó un suspiro—. Paso por ti el viernes a las ocho.

—¿A las ocho? —exclamé—. Ni siquiera va a ser de noche a esa hora.

—Vamos a una charla educativa antes del club —anunció—. Será como volver al centro de menores, ¿eh?

Se rio un poco y luego simplemente colgó.

Bajé el celular y resoplé.

Como muchos de los planes de Carola, aquello iba a salir mal..Y salió terriblemente mal, solo que no de la forma en la que yo esperaba.

El viernes a las siete cuarenta y cinco de la tarde ya estaba esperando en la esquina de mi calle, con mi vieja chaqueta militar del centro de rescate y mi gorra de béisbol desgastada cubriéndome la cabeza.

Parecía un drogadicto buscando algo que meterse o un traficante esperando a que alguien se acercara; yo había sido ambas cosas, así que no había mucha diferencia.

Carola apareció en su destartalado coche, abrió la puerta del copiloto desde dentro y lanzó los restos de envolturas de McDonald's que había sobre el asiento. Luego me dedicó una gran sonrisa y me hizo señas para subir.

—No puedo creer que me hayas convencido de hacer esto —le dije.

—La vamos a pasar bien —respondió ella, abriéndose la chamarra acolchada rosa para mostrar su enorme escote y su pequeño vestido negro ajustado—. ¿Qué te parece?

—Me parece que deberías intentar ser un poco más sutil.

Carola puso los ojos en blanco y resopló.

—Va a haber muchas zorras ahí y muy pocos lobos. Hay que venderse rápido, Checo.

—¿Eso hizo tu amiga?

—Kelly le chupó la polla a cuatro o cinco lobos durante el mes hasta que uno se la llevó a casa para El Celo —respondió.

—Ah. —La miré—. ¿Y si vas a hacer eso, para qué me invitas?

—No voy a hacer eso. Supongo... —Carola movió la cabeza de lado a lado antes de arrancar—. Al parecer hay varias formas de conseguirlo. A ver qué nos dicen en la charla.

Carola subió muchísimo la música y siguió hablando a gritos mientras conducía como una loca y fumaba con una mano afuera de la ventana.

Mi cinturón de seguridad estaba roto y solo podía agarrarme fuerte del asiento, esperando que, si teníamos un accidente, saliera disparado y mi cráneo se reventara contra el asfalto para matarme al instante.

Una muerte rápida e indolora era lo mínimo que merecía después de una vida de mierda.

Por desgracia, llegamos sanos y salvos al estacionamiento de la vieja iglesia evangélica donde, al parecer, nos explicarían la forma más rápida de que un lobo te follara.

Ya había bastantes coches ahí y algunas personas fumando en la entrada, hacia donde Carola se acercó con una sonrisa y la mano levantada.

—¿Vienen a la charla? —les preguntó.

—No, nosotros venimos a clases de cocina —respondió uno de los hombres—. La asamblea de los follalobos es en la sala 12-A.

—Maravilloso, gracias —respondió ella, tirando la colilla de su tercer cigarro de la noche al suelo antes de entrar.

Yo pasé de largo, enfrentando aquellas miradas curiosas con mi expresión indiferente de siempre.

Seguí a una Carola muy decidida que hacía resonar sus tacones sobre el piso de baldosas hasta detenerse frente a una puerta azul con una pequeña ventanita.

En un letrero a un lado decía:

«12-A: Prevención e Información sobre los Hombres Lobo».

—Es aquí —me dijo, lanzándome una mirada rápida con las cejas levantadas antes de girar la perilla y entrar.

El lugar era tan deprimente como la gente que lo llenaba.

Una sala multiusos en el sótano de una iglesia que había visto y escuchado demasiadas cosas, con docenas de sillas plegables colocadas frente a una pared con pizarrón.

Sobre una pequeña tarima al fondo había una mujer y, detrás de ella, proyectaban pobremente un PowerPoint.

Carola saludó a todos con la mano y una sonrisa, respondiendo a las miradas curiosas que nos cayeron encima apenas entramos.

—Gracias por venir —nos dijo la mujer de mediana edad que estaba sobre la tarima, mirándonos atentamente con una sonrisa en sus labios rojos—. ¿Nombres?

—Carola y Sergio —respondió Carola por ambos.

—Oh, bien, los últimos —dijo ella después de revisar un papel que había dejado a un lado de la tarima—. Tomen asiento, por favor.

—¿Cuánto pagaste por esta mierda? —le susurré a Carola mientras nos dirigíamos a un par de sillas plegables no muy lejos de la puerta.

—Demasiado, así que cierra la puta boca y pon atención.

—Bienvenidos a Prevención e Información sobre los Hombres Lobo o, como me gusta llamarlo, el primer paso antes del mejor sexo de sus vidas —empezó la mujer, provocando algunas risas bajas con aquel chiste tan malo.

Pulsó un botón de su control y la diapositiva cambió a un par de hombres sin camiseta, muy grandes, muy fuertes y muy atractivos.

—Sé que todos ya saben lo que son los Hombres Lobo, por supuesto, pero haremos un breve repaso. Los Hombres Lobo o Homo Lupus son una ramificación evolutiva de nuestra especie; algunos lo consideran un retroceso, pero miren a estos seres... —dio un momento al público para apreciar la imagen de los hombres sin camisa—. Evidentemente, quienes dicen eso les tienen envidia.

Más risas bajas.

—Los Hombres Lobo son más grandes, más fuertes, más rápidos y muchísimo... más sexuales. Se agrupan en manadas y tienen un fuerte instinto territorial, con una jerarquía muy estricta donde existe un Alfa al que siguen los machos más fuertes en orden descendente.

Cambió la diapositiva para mostrar una pirámide donde en la cima decía «Alfa» y luego se ramificaba en diferentes niveles: «Macho Sub-Alfa», «Macho Beta» y «Macho Común». Después de un par de segundos volvió a la imagen de los hombres sin camisa.

—Todos son igual de buenos en la cama, no se preocupen. Esto es solo para que lo sepan, aunque existen pequeñas diferencias entre ellos, esto no tiene por qué afectar su aventura. Lo que sí les va a afectar será esto...

Y cambió la diapositiva para mostrar una enorme polla, así, sin más, y luego un dibujo anatómico en una esquina, lo suficientemente pequeño como para no tapar la otra imagen.

—Los Hombres Lobo poseen un aparato reproductivo especial que, aunque aparentemente similar al Homo Sapiens, es mucho más... especializado, por decirlo de alguna forma.

Más risas bajas.

—Se lubrica constantemente durante la excitación, dejándolos completamente empapados. Pueden llegar a eyacular dos o tres veces por coito; durante El Celo, incluso más. Y cuando termina el apareamiento, su miembro aumenta de tamaño para impedir que pueda extraerse y así evitar que el semen se escape. Este proceso, llamado «obstrucción postseminaria», dura de tres a cinco minutos.

La mujer pasó la diapositiva y mostró una animación acelerada de una polla dentro de una especie de tubo que se hinchaba y deshinchaba, demostrando la obstrucción de forma práctica.

—La sensación es un poco extraña e incómoda —advirtió—, pero no dolorosa.

Pasó la diapositiva y entonces la cosa se volvió algo técnica, con números, imágenes de probetas y otras cosas que no esperaba ver en esa charla.

—Los Hombres Lobo, además de eyacular varias veces en un solo coito, también poseen una densidad espermática dos veces superior a la del Homo Sapiens; lo que significa que, entre la cantidad de sexo, de semen y la calidad fecundativa, los Hombres Lobo son prácticamente máquinas reproductoras infalibles. Por suerte, solo son fértiles durante El Celo, así que no tienen que preocuparse si tienen una relación esporádica fuera de la ventana fértil.

Pasó la diapositiva y apareció un calendario con dos meses: abril y octubre, ambos con la primera semana marcada en rojo.

—Hablemos ahora del famoso Celo, la razón por la que muchos de ustedes estarán aquí, ¿me equivoco?

Dejó un breve silencio para que se escuchara un «Sí» colectivo acompañado de algunas risitas nerviosas.

—El Celo de los Hombres Lobo ocurre en fechas muy concretas, dos veces al año, separadas por seis meses. En ese momento, su libido se dispara, convirtiéndolos en bestias sexuales que solo pueden pensar en saciar su hambre de sexo. Su instinto los lleva a buscar una pareja con la que mantienen numerosas relaciones sexuales durante un periodo de tres a cuatro días, es decir, de setenta y dos a noventa y seis horas ininterrumpidas.

Hizo una pausa y sonrió.

—Bien, sé que suena estupendo y extremadamente placentero; y lo es. Pero debo advertirles que, una vez que comienza El Celo, no podrán abandonarlo hasta que termine. Como dije antes, los Hombres Lobo pierden parte de su raciocinio durante estas fechas... no les permitirán alejarse bajo ninguna circunstancia. Tengan muy claro esto antes de embarcarse en la aventura, por favor. Una vez que empieza, no se detiene, aunque ustedes ya no quieran continuar.

Sus palabras dejaron un profundo silencio en la sala.

Ahora ya no había risas.

—Qué manera tan elegante de decir que, si te aburres de follar, los Lobos simplemente van a violarte hasta que El Celo termine. ¿Escuchaste eso, Carola? —le pregunté en voz baja.

—Yo nunca me he aburrido de follar —respondió ella.

—¿Noventa y seis horas seguidas? —insistí.

—No pueden estar metiéndotela noventa y seis horas seguidas —aseguró ella, aunque luego dudó y frunció el ceño—. ¿Verdad?

—Aquí, señora —levantó la mano para llamar la atención de la mujer—. ¿Follan sin parar o hay descansos para respirar, fumar un cigarro o algo así?

—Sí, por favor, las preguntas al final de la explicación —pidió la mujer con una sonrisa—. Pero sí, hay descansos, por supuesto. Depende siempre del macho, pero lo más común es que ocurra un coito cada hora y media o dos horas aproximadamente.

—De cuarenta y ocho a sesenta y cuatro cogidas, Carola —le susurré, haciendo las cuentas rápidamente—. Y eso es el promedio.

—Ahora entiendo por qué necesitan taparte el coño para que no se salga la corrida —respondió antes de reírse—. Cuando termine, te debe salir hasta por las orejas.

—Durante este tiempo, el Hombre Lobo los mantendrá muy cerca y no les permitirá alejarse ni siquiera para cubrir necesidades básicas. Ellos no comen ni van al baño durante El Celo; solo consumen grandes cantidades de líquido para reponer los fluidos que pierden en el proceso.

Pasó la diapositiva y aparecieron imágenes de barras energéticas y bebidas isotónicas.

—Si van a participar en esta experiencia, les recomiendo prepararse muy bien reuniendo provisiones. Algo sencillo que puedan consumir en la cama, agua azucarada y nutrientes básicos que les ayuden a recuperar energías. Respecto a otras necesidades, como ir al baño, deberán aprovechar los momentos en los que el macho esté dormido. Eso suele pasar después de unas veinte horas, aproximadamente. Sabrán que están profundamente dormidos por su respiración más pausada y por sus movimientos involuntarios, como pequeños espasmos musculares.

La siguiente diapositiva reemplazó la comida con enemas y pastillas.

—Para las mujeres, existe un riesgo muy alto de embarazo si no toman todas las precauciones posibles. Evidentemente, no van a convencer a un Hombre Lobo de usar condón, así que deberán planificar las pastillas anticonceptivas e incluso quizá tomar una pastilla del día siguiente después de El Celo. Además, les recomendaría hacerse una lavativa profunda antes de El Celo; en el caso de los hombres —y buscó con la mirada al público masculino—, les recomendaría una antes y otra alrededor de las cuarenta o cuarenta y cinco horas. Los Hombres Lobo tampoco se detendrán en caso de incidentes escatológicos, lo que podría convertir la aventura en una experiencia bastante desagradable para ustedes.

—Joder, qué asco —susurré.

—No pensé que fuera para tanto —admitió Carola, empezando a preocuparse seriamente por «la aventura» y lo extrañamente perturbadora que estaba resultando.

—Bien, dicho esto —concluyó la mujer, pulsando el botón para volver a mostrar la diapositiva de los lobos sin camisa, que ya no parecían tan atractivos ni tentadores como al principio—. Los Hombres Lobo poseen un cuerpo espectacular, todos ellos. Además de una altura promedio de un metro noventa, su metabolismo les permite desarrollar gran musculatura con mucha facilidad, por lo que tienen un apetito voraz, en muchos sentidos.

Bromeó, pero después de descubrir que quizá necesitabas comprar provisiones y meterte un enema por el culo, la gente ya no estaba tan dispuesta a reírse.

—Así que todos ellos son magníficos especímenes de belleza, fuerza y poder —continuó—. Además, liberan feromonas a través del sudor que producen un efecto afrodisíaco en los humanos, especialmente antes y durante El Celo, lo que significa que estarán muy, muy excitados cerca de ellos.

La diapositiva cambió y aparecieron dos cuerpos masculinos dibujados, con distintas zonas marcadas en verde, amarillo y rojo.

—A los Hombres Lobo les encanta el contacto físico. Es una parte muy importante de su comunicación no verbal y los relaja muchísimo. Sin embargo, hay límites respecto a qué pueden tocar y en qué momento hacerlo. De lo contrario, podrían provocar una respuesta muy agresiva de su parte. Personalmente, les recomiendo empezar por los brazos —las zonas verdes—, con caricias lentas y suaves.

La mujer señaló la imagen con un puntero láser.

—Los machos suelen emitir un leve gruñido, como un ronroneo profundo desde la garganta, cuando sienten placer y están relajados. Esa siempre es una muy buena señal de que lo están haciendo bien. Si el gruñido es más intenso o fuerte, deténganse inmediatamente. Continúen solo si reciben una buena respuesta de su parte. Entonces podrían avanzar con cuidado hacia los costados, hombros, espalda o cabeza —las zonas amarillas—, pero nunca les toquen el cuello, la nuca ni las ingles —las zonas rojas—. Son áreas muy sensibles y podrían ponerse nerviosos o incluso agresivos, que es precisamente lo que queremos evitar.

La mujer hizo una pausa antes de continuar.

—No se precipiten jamás. Dejen siempre que ellos den el primer paso; es una cuestión de poder. Ellos son quienes deben llevar el control y no ustedes. Los machos necesitan asegurarse de que no representan una amenaza y de que se someterán a ellos. Eso los excita y les hace sentirse poderosos. Háblenles siempre de frente; nunca, jamás, se acerquen por la espalda ni los toquen sin permiso, porque les harán daño.

Apuntó nuevamente a la pantalla.

—Pueden mirarlos a los ojos, pero no de forma demasiado fija ni agresiva. Y con esto concluimos la explicación.

La última diapositiva decía:

«Gracias por su atención. Pregunten lo que quieran».

Un público bastante menos emocionado que al inicio le dio un aplauso breve a la mujer, que lo recibió con una sonrisa y una inclinación de cabeza.

—¿Alguna pregunta?

—Sí, yo —un hombre de mediana edad levantó la mano—. ¿Los Lobos solo follan durante El Celo?

—No, por supuesto que no. Los machos sanos pueden tener relaciones esporádicas en cualquier momento del año y son tan enérgicas y satisfactorias como durante El Celo. Pero no todos están dispuestos a hacerlo y, como mencioné antes, fuera de esas fechas no serán fértiles.

—¿Y solo follan o hacen otras cosas? —preguntó una mujer.

—Durante El Celo solo —y remarcó muchísimo esa palabra « SOLO »— mantienen relaciones sexuales con penetración. No habrá sexo oral, ni caricias, ni besos. Durante el resto del año funciona como con los humanos; depende de los gustos del macho y de la relación que tenga con ustedes.

—¿Cómo consigues que te elijan para El Celo? —preguntó otra mujer—. ¿Hay algún tipo de preparación?

—Eso es complicado —admitió la mujer, manteniendo siempre la sonrisa—. Hay humanos que tienen un olor, un aroma, que les resulta más atractivo y deseable. Luego puede influir la apariencia, por supuesto; los Hombres Lobo también se guían por el deseo físico. Tienen gustos personales y preferencias. Existe la idea de que incluso la forma en la que nos movemos les da una idea de quiénes somos, ya que son una raza donde la comunicación no verbal es extremadamente importante. Pero, en definitiva, lo que más suele funcionar es crear una relación previa antes de El Celo.

—¿Te refieres a ligar con ellos como... con una persona normal?

—Sí... más o menos —respondió la mujer, dudando un poco sobre cómo explicarlo—. Pero no servirá de mucho invitarlos a beber, ya que los Hombres Lobo poseen sus propios sistemas de cortejo, sus propias formas de mostrar interés, aunque eso no suele suceder muy a menudo. Lo más común es que sean los humanos quienes demuestren interés y que ellos elijan.

—¿Podría decirnos algo que les guste? Algo que nos haga más atractivos para ellos.

—¿Es verdad que bailar les atrae mucho? —preguntó otra mujer antes de que pudiera responder.

—Sí, les gusta mucho bailar. El roce, el sudor y el movimiento los excita muchísimo. Sin embargo, no les recomiendo comenzar por ahí. Es un contacto demasiado cercano y puede que los Hombres Lobo no estén interesados en bailar con ustedes. Lo más sencillo es pensar que, en general, son hombres...

Y con eso quiso decir mucho más de lo que parecía.

—Hombres muy sexuales que suelen agradecer toda la atención que puedan darles.

—Como las mamadas —le susurré a Carola.

—Pff... Mi amiga Kelly dijo que les sabe muy fuerte la polla —murmuró Carola con auténtico pesar antes de levantar la mano—. Me dijeron que no se bañan mucho, ¿es cierto?

—Oh, no, no es exactamente que no se bañen. Como ya mencioné, poseen muchas feromonas, lo que hace que su sudor y sus cuerpos tengan un olor muy fuerte.

—¿Sus pollas también? —insistió Carola.

La mujer guardó silencio un momento antes de asentir.

—Sí. Sus axilas, cuello y genitales son especialmente olorosos, al igual que su semen y su lubricación natural, que suele ser más densa y fuerte que la de los humanos. No esperen que huelan a perfume o jabón, porque eso no va a pasar.

—Joder... odio que huelan mal —se quejó Carola, cruzándose de brazos con una expresión seria.

—El sexo debe estar buenísimo para que, después de todo esto, la gente siga buscándolos —pensé en voz alta.

—¿Y qué pasa si te muerden? —preguntó una chica que probablemente era incluso más joven que Carola y yo—. ¿Es buena o mala señal?

—No los van a morder —aseguró la mujer—. No tengan miedo por eso.

—Me dijeron que si les acaricias el vientre les gusta mucho, ¿es cierto? —preguntó otro hombre.

La mujer, claramente demasiado acostumbrada a preguntas y rumores sacados de foros de internet y conversaciones entre amigos, respondió sin dudar:

—A los Hombres Lobo les encanta el contacto físico, como ya dije. Sin embargo, hay que tener muchísimo cuidado con eso. Les recomiendo encarecidamente que no se precipiten y sigan el orden que marqué en la presentación.

—¿Y eso de la sumisión cómo funciona? ¿De verdad sirve?

—La sumisión es una forma de abordarlo, sí —afirmó la mujer—. Pero no me gusta recomendarla porque es más complicada y peligrosa en algunos casos. Si lo hacen mal, no los tomarán en serio y, aunque tengan muchos encuentros sexuales, no serán considerados una pareja válida para El Celo.

—¿Y si lo único que quiero es que me follen en un callejón? —insistió el hombre.

Si la mujer estaba sorprendida por la pregunta, no lo demostró. Después de todo, seguramente ya estaba acostumbrada a todo aquello. No podías dar una charla sobre cómo conseguir que los lobos te follaran sin tener que aguantar a un público excitado y bastante turbio.

—En caso de que lo único que busquen sean un par de encuentros sexuales en un callejón o en lugares públicos, sí, la sumisión es lo más efectivo. Para eso deberán mostrarse muy pasivos, no tocarlos, bajar la cabeza, nunca mirarlos directamente a los ojos, darles la espalda y esperar siempre a que sean ellos quienes decidan tener relaciones con ustedes y no al revés. Básicamente, para ellos serán como un pañuelo desechable con el que puedan descargarse.

La mujer hizo una breve pausa antes de continuar.

—Solo les advierto que los Hombres Lobo son muy estrictos con sus estructuras sociales y, una vez que los cataloguen como «sumisos», no habrá vuelta atrás.

—¿Y es cierto que pueden saber si estás excitado o asustado solo con olerte?

—Sí. Los Hombres Lobo poseen un olfato muy desarrollado. Pueden distinguir perfectamente cualquier aroma en su cuerpo o en su ropa. Saben si están excitados, asustados, nerviosos, si ya estuvieron cerca de otros machos o si mantuvieron relaciones sexuales con algún otro miembro de la manada.

La sala quedó en silencio y, como ya no parecía haber más preguntas, la mujer aplaudió suavemente y dio por terminada la charla de aprendizaje y prevención.

Carola se levantó de la silla plegable con un cigarro ya entre los dedos y una expresión de disgusto.

La seguí hacia la puerta mientras buscaba mi propia cajetilla en uno de los muchos bolsillos de la chaqueta militar para sacar un cigarro y encenderlo con mi viejo zippo.

Acerqué la llama hacia Carola y ella encendió el suyo, soltando una gran nube de humo hacia el techo amarillento del sótano.

—Vaya puta mierda —concluyó—. Yo pensé que íbamos a ir ahí y que algún hombre alto, fuerte y con una polla enorme me iba a dar el polvo de mi vida.

Dejé salir el humo lentamente entre los labios y le di otra calada al cigarro antes de responder:

—¿Quieres follarte a un lobo o quieres pasar El Celo con él? —pregunté, porque ya ni siquiera lo tenía claro.

—No sé, quizá primero pruebe y después decida si quiero comprar barritas energéticas y meterme un enema por el culo —opinó.

—Eso es muy maduro —murmuré mientras recorríamos los últimos metros hacia la puerta doble de salida.

—No se puede fumar aquí dentro —nos llamó la atención alguien desde el exterior al vernos salir con los cigarrillos encendidos.

—Que te jodan —respondió Carola, acompañando sus bonitas palabras con una seña obscena de uñas largas y negras—. Vamos al maldito club —me dijo—. A ver si son tan buenos como dicen.

Asentí, di otra calada al cigarro y lo lancé hacia un lado del estacionamiento de cemento.

El sol ya casi había desaparecido detrás de los edificios y el cielo estaba teñido de tonos rojizos, anaranjados y morados.

Metí una mano en el bolsillo interior y sentí el reconfortante tacto de mi navaja.

Carola sabía que estaba ahí y sabía que yo sabía usarla. Por eso no le daba miedo entrar a un antro lleno de lobos; pero yo no estaba tan seguro de todo aquello.

—Espero que tengan buenos tragos —fue lo único que dije antes de subir al coche, porque iba a necesitar alcohol.

Yo, en ese entonces, solo conocía a los Lobos por todo lo que la gente decía de ellos: hombres muy sexuales y atractivos, pero también extremadamente peligrosos.

Existía un mito erótico alrededor suyo, sí, pero también un profundo miedo y mucho racismo.

Los lobos eran marginados, agresivos, se agrupaban en guetos y bandas llamadas Manadas a las que no les interesaba en absoluto integrarse en la sociedad. Funcionaban fuera de la ley, tenían sus propias normas y no respetaban absolutamente nada ni a nadie. Eran poco más que pandilleros y se dedicaban a negocios turbios llenos de violencia y amenazas.

La gente los odiaba tanto como los deseaba.

Y yo no era la excepción.

No quería ni tenía intención alguna de involucrarme con ellos. No necesitaba problemas, por muy guapos que fueran o por muy grande que tuvieran la polla.

Sí... en aquel entonces no los conocía en absoluto.

Si alguien me hubiera dicho que había un Lobo en esa ciudad capaz de cambiar todo mi mundo, jamás le habría creído.

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author

hermosa pero la terminas de subir jajaja no me emociones así

2 meses
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