La anatomía de un recuerdo

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Sinopsis

Un bailarín muere dos veces. La primera, cuando deja de bailar. Min-jae lo sabe mejor que nadie. A sus veinticuatro años, con una carrera prometedora en el ballet, su vida se rompe en un instante tras un accidente que no solo amenaza su cuerpo, sino todo lo que es. En medio de la rehabilitación, el dolor y la incertidumbre, aparece Jae-hyun, un médico reservado que, sin proponérselo, comienza a convertirse en el único lugar donde Min-jae aún puede sostenerse. Lo que nace entre ellos no es inmediato ni sencillo. Es silencioso, frágil… y profundamente inevitable. Pero amar a un paciente tiene consecuencias. Años después, cuando sus caminos vuelven a cruzarse, ya no son los mismos. Min-jae ha reconstruido su vida sobre lo que quedó de sí mismo, y Jae-hyun regresa convertido en alguien que parece inalcanzable. Sin embargo, hay cosas que el tiempo no logra borrar. Hasta que un nuevo accidente lo cambia todo. Porque hay algo más cruel que perder a la persona que amas: tenerla de vuelta… y que no te recuerde. Entre la memoria y el olvido, el cuerpo y la identidad, Min-jae y Jae-hyun tendrán que decidir si el amor es suficiente para sostenerse… o si algunas historias están destinadas a romperse más de una vez.

Estado:
En proceso
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Dicen que los bailarines aprenden a caer antes de aprender a volar.

Nadie te enseña qué hacer cuando la caída no termina.

Durante años, mi vida estuvo medida en música. En ocho tiempos. En la tensión de los músculos antes de un salto y en ese instante imposible en que el cuerpo parece desafiar la gravedad. Vivía para esos segundos. Para la sensación de que el escenario desaparecía bajo mis pies y el mundo entero contenía la respiración conmigo.

Creía que aquello duraría para siempre.

Supongo que todos creemos eso sobre las cosas que amamos.

Ahora, cuando intento recordar la noche del accidente, los recuerdos aparecen incompletos. Un destello de luces. El chirrido de los neumáticos. El sonido brutal del metal retorciéndose sobre sí mismo. Después, silencio.

Lo extraño es que no recuerdo el dolor.

Recuerdo la pérdida.

La entendí semanas más tarde, tumbado en una cama de hospital, observando una pierna que ya no parecía parte de mí. La entendí en las conversaciones que se interrumpían cuando yo despertaba. En las miradas de lástima. En los informes médicos cuidadosamente redactados para evitar pronunciar las palabras que todos pensaban.

Volver a bailar.

Como si aquellas tres palabras se hubieran convertido de pronto en una pregunta.

Fue entonces cuando apareció él.

No como un salvador.

No como un milagro.

Solo como el hombre encargado de reconstruir los restos de una vida que se había hecho añicos.

Y, aunque ninguno de los dos lo sabía todavía, algunas fracturas son mucho más difíciles de localizar que un hueso roto.