Capítulo 1: La última carta
Ocurrió una noche del 12 de febrero de 1985. Roderick un dálmata pasó horas escribiendo la última carta que le dedicaría a su pareja antes de pedirle que se fuera de su vida, había reescrito y revisado esas frases tantas veces que ya no parecían tener su esencia. Pero sabía que eran necesarias, escribir la carta había sido una tortura, pero leerlo en voz alta lo destrozaba aún más.
“Querido Dorian, mi corazón está herido, está demasiado roto y temo que jamás vuelva a sanar, te estoy dejando. Todas las promesas que hiciste y el cariño que compartimos está destruido. Quizás no querías lastimarme, tal vez pensaste que me atarías a tí por todo estos años, no eres el perro que pensé que eras, nunca lo fuiste.
Creo que lo que vivimos fue sagrado , pero lo arruinaste con mentiras, engaños y decepciones. Te borraré de mi corazón y de mi mente, te alejaré, jamás miraré hacia atrás, tú elegiste esto. Decidiste que yo no era suficiente y eso fue todo, yo soy suficiente para alguien, pero no para ti, Adiós.
— Roderick”
Antes de continuar, Roderick volvió a leer la carta y luego tomó un sobre blanco dónde colocó la hoja con cuidado. La carta quedó sobre la mesa del comedor, Roderick soltó un suspiro tembloroso al dejar el bolígrafo junto a la carta como si fuera un último acto de despedida. Un rato después, recibió una llamada de su hermano.
—Ethan no puedo más, ya terminé la carta. Es lo único que me queda por hacer, no es que solo me haya fallado como pareja...es que no soy yo mismo cuando estoy con él. Me convierte en alguien que no quiero ser.
—Rod, hiciste lo correcto. No importa cuánto tiempo hayan estado juntos, si te hace sentir así, no vale la pena.
—Lo sé pero, aunque ya no quiero estar con él. Aún lo amo, desearía que todo esto hubiera sido un sueño.
—Ese Jack Russell te ha hecho mucho daño—dijo Ethan — Pero ya...no te preocupes, si gustas vámonos a cenar a algún lado, quédate por unos días en mi casa, hasta que Dorian logre controlarse. Pasaré por tu departamento más tarde, ve preparando tu maleta.
Roderick se dirigió a su habitación, rápidamente busco la ropa que iba a llevarse y todo lo echó a la maleta. Cuando se acercó a la puerta del departamento, volvió a llamar a su hermano. Roderick respiró hondo para intentar calmarse, mientras caminaba de un lado a otro por la sala. Finalmente Ethan contestó la llamada y le pidió a Roderick que lo esperara cinco minutos, en ese instante la puerta del departamento se abre de golpe y Dorian entró con una expresión alterada, mirando a Roderick con furia al verlo hablando por teléfono
—¿Con quién hablas, Roderick? ¿Con tu amante?
—Dorian cálmate es solo mi hermano Ethan, estoy hablando con él.
—Roderick ¿Que está pasando con Dorian?
—¡Siempre tienes una excusa! ¡Siempre con alguien más! Deja de mentir Rod y dime que estás siendo infiel.
—Dorian te lo juro, no es lo que piensas—dijo Roderick — Por favor no lo hagas más difícil, esto ya no está funcionando.
—¿No está funcionando? ¿Después de todo lo que hemos pasado? ¿Después de todo lo que he hecho por ti?
La voz de Dorian se quebró mientras se acercaba lentamente a Roderick, se detuvo a un lado de la maleta que estaba medio abierta y la miró, sus manos temblaban como si intentara encontrar algo que lo sorprendiera aunque era clara la evidencia.
—No es una excusa, Roderick, lo entiendo. Lo has estado planeando, sabía que me mentías. Mientras yo estaba aquí creyendo en tí, tú ya tenías una pata fuera de la puerta.
—No te mentí, Dorian. Esto no es lo que parece…es solo que…. no puedo seguir viviendo así, con tu rabia, tu desconfianza. Siempre creyendo que hay alguien más, me iré unos días con Ethan, hasta que te calmes.
—¿Y es mi culpa, entonces? ¿Yo soy el que no te deja ser feliz? ¿Yo soy el que no te deja ir?
—Dorian, por favor… ya no hagas esto más difícil.
El dálmata retrocedió un paso viendo cómo el Jack Russell enfurecía más, era una rabia que le resultaba familiar cuya intensidad jamás había visto en él. Aunque Roderick intentaba hablar con calma, Dorian no lograba tranquilizarse, sus manos temblaban y su mirada era amenazante. Ethan que todavía estaba en línea escuchando todo, le gritaba a su hermano pidiéndole que le explique que estaba pasando. Dorian tomó el móvil y la arrojó al suelo, con la intención de cortar la llamada, al no lograrlo, solo la pantalla se estrelló, como última opción Dorian se giró suspirando profundamente y lentamente se desabrochó la chamarra, dejando ver una camiseta empapada de sudor. Sus dedos temblorosos y decididos se movieron por el forro hasta encontrar el frío metal de la pistola 1911, la empuñadura pulida por el uso encajaba perfectamente en su mano. Con otro suspiro, la sacó de su escondite, enfocando su mirada en el arma, se dio la vuelta y su mano temblaba al dirigirla hacia Roderick.
—Si no puedes estar conmigo, entonces nadie lo hará.
La primera bala llegó directamente en el abdomen de Roderick arrancándole un grito desgarrador, al tambalearse, se llevó las manos al costado sintiendo como la sangre comenzaba a empapar su pelaje. La segunda bala impactó en su hombro derecho, haciéndolo caer al suelo, el intenso dolor le dejó sin aliento, como si su cuerpo estuviera siendo devorado por el fuego.
El último disparo apenas tocó su muslo, desgarrando su carne y dejando un rastro de sangre en el suelo. Roderick sentía que su vida se desvanecía, el sufrimiento era insoportable, y lo más aterrador era el frío que empezaba a invadir su cuerpo; era consciente de que estaba perdiendo mucha sangre y que su tiempo comenzaba a agotarse.
Desde el teléfono, Ethan gritaba de desesperación a través del teléfono, para saber qué pasaba con su hermano. Roderick intentó alcanzar el teléfono pero sus fuerzas lo traicionaron, apenas pudo mover la cabeza para notar a Dorian, que estaba de pie junto a la mesa, observando sus manos como si no le pertenecieran, y sus ojos se llenaron de terror al ver a Roderick tendido en el suelo, cubierto de sangre.
Con la respiración entrecortada, Dorian deseaba acercarse a Roderick, pero el pánico lo paralizó. Su mente se llenó de recuerdos confusos, la discusión, los disparos, los celos, todo se convirtió en un torbellino de emociones. Sin pensarlo dos veces salió corriendo del departamento, dejando la puerta completamente abierta, el sonido de los disparos había alertado a los vecinos, en cuestión de segundos, entraron al lugar y uno de ellos corrió a buscar toallas para colocarlas sobre las heridas de Roderick intentando detener la hemorragia, un puma, horrorizado por la escena, rápidamente sacaba su teléfono para llamar a la ambulancia. Con un esfuerzo monumental, Roderick logró murmurar algo, apenas audible apuntando hacía su teléfono.
—E...Ethan, e-es mi hermano
Un zorro tomó el teléfono de Roderick y habló con Ethan.
—¿Hola? ¿Eres el hermano de Roderick?—preguntó el zorro.
—Si… soy su hermano ¿Cómo está él?
—Está mal herido pero estamos haciendo lo posible para detener la sangre, una ambulancia está en camino.
—Llegaré allá en veinte minutos ¡Por favor no lo dejen solo!.
La respiración de Ethan se mostraba irregular mientras que en su mente no dejaba de pensar en su hermano, salió corriendo de su casa, con el miedo apretándole el pecho. Apenas llegó a su auto lanzándose al asiento del conductor y giró la llave, el motor emitió un rugido pero no arrancó.
—¡Vamos, pedazo de chatarra! ¡No me hagas esto ahora!—gritaba Ethan.
Giró la llave una vez más, pero sólo se escuchó un chasquido vacío golpeó el volante con ambas manos, sintiendo como este crujía de tanta presión. Al girar la llave nuevamente, solo recibió otro chasquido sin respuesta. Con un último esfuerzo, forcejeó al girar la llave con más fuerza, intentando obligar al auto a encenderse con pura desesperación.
—¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda!— dijo Ethan y el motor finalmente pudo funcionar, el dálmata soltó un gruñido de alivio— ¡Oh claro! Ahora decides funcionar, carro inútil!— agregó con sarcasmo.
Ethan pisó el acelerador y salió disparado del estacionamiento, cuando llegó a la caseta de salida, la barra vehicular descendía lentamente, pero Ethan no tenía tiempo para esperar, el auto atravesó la barrera, con un estruendo seco, haciendo que fragmentos de madera volaran por los aires. Minutos más tarde, mientras se dirigía al departamento en el centro de la ciudad, Ethan mantenía sus manos firmes al volante, acelerando sin parar, cada segundo que pasaba aumentaba su frustración. Dentro del vehículo, la situación era un caos: una botella de agua rodó hasta sus patas, un paraguas golpeó el asiento trasero, y una carpeta repleta de papeles se derrumbó en el suelo. Las llantas chirriaban en cada curva, y el auto se tambaleaba de forma peligrosa. Ethan murmuraba para sí mismo como si gritarle al auto pudiera que avance más rápido “¡No me falles ahora, maldita chatarra!“.
En una curva cerrada, Ethan perdió el control por un momento, el auto derrapó dejando marcas negras sobre el asfalto. Luchó contra el volante y logró enderezarlo, pero su rabia seguía creciendo, en el cruce, un león al volante de un Ford Anglia apareció frente a él, Ethan apenas tuvo tiempo de esquivarlo, girando bruscamente para evitar el choque. Las llantas chillaron, y el león se frenó de golpe, bajó la ventana con brusquedad a la par de Ethan.
—¡Estás loco, idiota! —gritó el león.
—¡Aprende a manejar, estúpido gato gigante! —respondió Ethan.
Ni siquiera esperó la respuesta del león, volvió a pisar el acelerador, dejando atrás el cruce. A medida que se acercaba a su destino, Ethan no se dio cuenta de que un coyote estaba cruzando la avenida con una bolsa de papel en las manos, cuando lo vió, fue demasiado tarde. Pisó el freno con todas sus fuerzas y las llantas emitieron un chillido ensordecedor, deteniéndose a escasos centímetros del coyote, que se quedó inmóvil por un momento con los ojos abiertos como platos, Ethan golpeó el volante con frustración, abriendo la ventana para gritar.
—¡¿Qué demonios haces cruzando sin mirar?! ¡¿Estás loco, o qué mierda?
El coyote, aún recuperándose del susto, dejó caer la bolsa de papel al suelo sus orejas se alzaron con rabia mientras levantó su mano derecha y extendía un dedo medio hacia Ethan, el dálmata se quedó mirando el gesto con asombro y su furia se desbordó.
—¡¿Ah, sí?! ¡Que te den a ti también, idiota!.
Él coyote recogió su bolsa con un gruñido y siguió caminando, mientras Ethan pisaba el acelerador otra vez, murmurando entre dientes. Las luces azules y rojas comenzaron a brillar en el espejo retrovisor y la sirena se hizo escuchar, al mismo tiempo la voz en el altavoz.
—Conductor del Ford Fairmont, deténgase inmediatamente.
Una vez más Ethan golpeó el volante nuevamente, llevó sus manos a su rostro.
—¡Oh, claro, ahora ustedes! ¡Por supuesto que sí! ¡Cómo si no tuviera suficiente ya!
Pisó el acelerador, pero la patrulla persistió acercándose cada vez más. Finalmente, Ethan giró hacia una calle lateral y se detuvo junto a la acera, golpeando el volante con ambas manos.
—¡Carajo! estos inútiles, mientras Roderick está luchando por su vida.
Los oficiales se acercaron al auto, uno tocó la ventana con su linterna, Ethan la bajó bruscamente todavía furioso.
—¡Oiga! ¿Es consciente de que estaba excediendo el límite de velocidad?. Pudo poner en peligro a los demás conductores.
—¡No me importa! —respondió Ethan— ¡Mi hermano está muriendo, ¡Le dispararon! Necesito llegar con él —agregó con la voz temblorosa por la rabia.
Los oficiales intercambiaron miradas antes de hablar por radio, el que estaba más cercano asintió.
—Lo escoltaremos al lugar, pero no haga más maniobras peligrosas. ¿Entendido?
—Entendido... gracias— el dálmata asintió rápidamente.
Ethan siguió su camino con los oficiales escoltando, aunque disminuyó la velocidad su corazón seguía latiendo con fuerza y la imagen de su hermano herido lo impulsaba a no rendirse. Minutos después Ethan llegó al departamento de Roderick, apenas podía controlar el temblor de sus manos, detuvo el auto chirriando frente al edificio y lo primero que vio fue la ambulancia estacionada en la entrada, su corazón no paraba de latir con fuerza. Un grupo de paramédicos estaba sacando una camilla desde el interior, y sobre ella estaba Roderick, inmóvil, con una máscara de oxígeno en el hocico y vendajes cubriendo su abdomen y hombro.
—¡Roderick! ¡Hermano! —gritó Ethan mientras se acercaba
Uno de los paramédicos, un lobo gris, se giró hacia Ethan, colocándose en su camino para detenerlo.
—Señor, mantenga la calma— dijo el paramédico con voz calmada— ¿Es usted familiar del paciente?
—Si, soy su hermano —respondió Ethan con jadeo— ¿Está consciente? ¿Va a sobrevivir?
—Está inconsciente, pero logramos estabilizarlo, ha perdido mucha sangre y su estado es crítico, aún así tiene posibilidades —respondió el paramédico.
Ethan miró a Roderick, apenas parecía el mismo, su cuerpo temblaba ligeramente bajo las mantas, Ethan apretó los puños, tratando de contener las lágrimas.
—Lo trasladaremos al hospital St. Bernard.
—Gracias... gracias por salvarlo, llegaré al hospital en unos minutos. Solo... Por favor, hagan todo lo que puedan.
—La ruta más rápida para llegar al hospital es cruzando a la calle del valle de petunias y en dos cuadras a la derecha diríjase a la calle árboles de Maple, ahí lo esperamos.
—Perfecto los veré allá—dijo Ethan.
El paramédico asintió y el grupo entró a la ambulancia, Ethan se quedó observando como las puertas traseras se cerraban y el sonido de las sirenas comenzaban a sonar, llevándose a su hermano lejos de él, al menos por ahora. Respirando hondo, Ethan se dirigió hacia los vecinos reunidos en la entrada, entre ellos estaba la pareja de zorros que había auxiliado a Roderick.
—Lo sentimos mucho, tu hermano estará bien no te preocupes. Mi esposa trató de detener la hemorragia mientras yo llamaba a emergencias.
—No sé cómo agradecerles la ayuda, Roderick es todo lo que tengo. Mi única familia— Ethan tragó saliva sintiendo un nudo en la garganta.
—Solo esperamos que se recupere —contestó otro de los vecinos, un cheetah —Nadie merece pasar por algo así —agregó.
Mientras Ethan y los vecinos seguían hablando, uno de los oficiales de policía se acercó al grupo sosteniendo una libreta y un bolígrafo.
—Disculpen, necesitamos más información sobre lo que pasó ¿Tienen idea de quién pudo haberle disparado?
—Si, su nombre es Dorian Langley, un Jack Russell Terrier, treinta y seis años, pelaje blanco y marrón—respondió Ethan respirando hondo, mientras que su rostro se endureció al recordar —Era... o es... —agregó apretando los dientes— la pareja de mi hermano, él fue quien hizo esto.
—¿Tiene alguna idea de a dónde pudo haber ido? —preguntó el oficial de policía.
—No, aunque estoy seguro de que está huyendo. No tiene muchos amigos ni lugares donde esconderse, pero si vuelve aquí, alguien tiene que avisar— respondió Ethan y se giró hacia los vecinos con seriedad.
—Por favor, si ven a Dorian regresar al departamento de mi hermano, llamen a la policía de inmediato, también llámenme a mí, les dejo mi número.
Los vecinos atentos trataron de memorizar el número de Ethan, otros los anotaron en una hoja.
—Lo haremos, no te preocupes. Si ese tipo vuelve, no tendrá donde esconderse —contestó el zorro.
Mientras Ethan se preparaba para irse, los oficiales continuaron tomando declaraciones de los vecinos, mientras marcaban el lugar como una escena del crimen, Así, Ethan subió al auto listo para dirigirse al hospital, en cada esquina Ethan luchaba contra la ansiedad que le quemaba el pecho, la imagen de Roderick en esa camilla ensangrentado por los disparos, lo incitaba a no detenerse también se preguntaba ¿Dónde se habrá escondido Dorian?
Minutos después, y finalmente el letrero azul del Hospital St. Bernard apareció a la distancia, sin molestarse en estacionarse correctamente, Ethan dejó el auto en un lugar improvisado y corrió hacia la entrada principal. Al ingresar, fue recibido por los murmullos constantes de enfermeras y médicos le dieron la bienvenida, dirigiéndose rápidamente al mostrador de recepción, dónde una nutria lo recibió con una expresión calmada.
—¡Buenas noches! Estoy buscando a mi hermano, Roderick Hayes Whitaker. Fue traído en ambulancia hace unos minutos, por favor, dígame dónde está.
La nutria con una mirada fija en un punto invisible, tardó unos segundos en procesar las palabras de Ethan. Se frotó los ojos con una mano y murmuró, más para sí misma que para él
—Necesito una identificación.
Con mirada perdida Ethan casi tira su billetera, la nutria tecleó rápidamente en su computadora antes de mirar a Ethan con una expresión profesional pero empática.
—Su…hermano se encuentra en el área de cuidados críticos, en la habitación 203. Lo llevaron para prepararlo para cirugía, tome el elevador de al lado y luego vaya al pasillo izquierdo…es la tercera puerta.
—Gracias —Ethan asintió rápidamente.
Sin esperar más siguió las indicaciones, pasando por el pasillo y tomó el elevador. Mientras subían su mente se inundaba de pensamientos oscuros ¿Y si llegaba demasiado tarde? ¿Y si no hubiera sobrevivido? Ethan llegó a la puerta marcada con el número 203, hizo una pausa, inhalando profundamente para tratar de calmar sus nervios antes de abrirla con suavidad. El cuarto estaba iluminado por una luz tenue, el sonido de los monitores cardíacos y el oxígeno llenaban el silencio. Allí estaba Roderick, conectado a múltiples cables y con un vendaje grueso cubriendo su hombro y abdomen.
A pesar de su estado, Roderick abrió los ojos lentamente al escuchar la puerta, su mirada encontró a Ethan, y una débil sonrisa apareció en su rostro.
—Llegaste —dijo Roderick con voz débil
Ethan sintió un nudo en la garganta mientras se acercaba rápidamente a la cama tomando la mano de su hermano con cuidado.
—Rod, tranquilo, siempre estaré contigo.
Roderick intentó reír, pero el dolor lo hizo detenerse.
—Lo siento... por hacerte pasar por esto —expresó Roderick con esfuerzo.
—No tienes nada de qué disculparte, esto no es tu culpa hermano —Ethan sacudió la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas.
—Espero que Dorian haya reflexionado por lo que hizo y que venga a disculparse, es lo menos que tendrá que hacer. Aunque, yo ya no lo quiero en mi vida.
Ethan apretó sus manos con más fuerza, sintiendo como la rabia y la desesperación se mezclaban.
—Ese pedazo de mierda, si regresa. Lo pagará muy caro.
—Ethan —dijo Roderick mientras estiraba su mano para tomar el rostro de su hermano —No te metas en problemas, te lo imploro.
Pocos minutos después, Roderick cerró los ojos lentamente, permitiendo que el cansancio lo venciera. Ethan se mantuvo cerca, sosteniendo su mano mientras observaba a los monitores. Mientras que la noche avanzaba, el hospital permanecía en calma, pero dentro de Ethan una tormenta de emociones seguía ardiendo.Ca
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