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༯ 𝐷𝑖𝑠𝑠𝑜𝑙𝑣𝑒𝑑 𝐷𝑒𝑠𝑡𝑖𝑛𝑦 ꗃ · 𝑘𝑚

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Sinopsis

국민 ִֶָ 𓂃⊹ ִֶָ Los ancianos sabios hablan de los compañeros destinados, pero a Jungkook jamás le importaron las leyendas. Desde el momento en que sus colmillos y sus manos reclamaron a Jimin, quedó completamente maldito, consumido por una obsesión que no conoce límites. Ni siquiera la llegada de Irene, la mujer destinada a ser su compañera eterna, logra quebrar esa fijación. Jungkook ya tomó una decisión; prefiere arrastrar al destino por el lodo antes que renunciar a Jimin. Frente a los ojos de la corte, en la intimidad de sus aposentos o bajo la silenciosa humillación de su propia predestinada, no dejará pasar ninguna oportunidad para reclamar el cuerpo que, para él, siempre le perteneció. ╭ ┆ ╰ ⓘ 𝙽𝚘 𝚜𝚎 𝚊𝚌𝚎𝚙𝚝𝚊𝚗 𝚌𝚘𝚙𝚒𝚊𝚜, 𝚗𝚒 𝚊𝚍𝚊𝚙𝚝𝚊𝚌𝚒𝚘𝚗𝚎𝚜.. ⤷ . 𝚂𝙸 𝙽𝙾 𝙻𝙴𝚂 𝙶𝚄𝚂𝚃𝙰 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚂𝙷𝙸𝙿 𝙾 𝙴𝚂𝚃𝙴 𝚃𝙸𝙿𝙾 𝙳𝙴 𝙲𝙾𝙽𝚃𝙴𝙽𝙸𝙳𝙾 𝙽𝙾 𝙴𝚂 𝙳𝙴 𝚂𝚄 𝙰𝙶𝚁𝙰𝙳𝙾, 𝙻𝙴𝚂 𝚁𝙴𝙲𝙾𝙼𝙸𝙴𝙽𝙳𝙾 𝚀𝚄𝙴 𝙽𝙾 𝙻𝙾 𝙻𝙴𝙰𝙽 .

Genero:
Fantasy/Erotica
Autor/a:
𖠌
Estado:
En proceso
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

La luna creciente teñía de plata las agujas de los pinos del bosque antiguo cuando Jungkook lo vio por primera vez.

Los ancianos del clan siempre habían hablado de los compañeros destinados; almas gemelas unidas por la sangre y el tiempo, creadas para encontrarse sin importar los siglos o la distancia. Jungkook, sin embargo, jamás había dado crédito a aquellas historias. Las consideraba simples fábulas, inventadas para apaciguar el miedo de los jóvenes vampiros ante la idea de una eternidad en soledad.

Él era un depredador, un cazador nato, y había aprendido a confiar únicamente en sus instintos. Después de siglos de existencia, le resultaba imposible creer que una fuerza invisible pudiera dictarle el rumbo de su vida o imponer límites a su naturaleza salvaje.

Hasta que apareció Jimin.

El joven recorría un estrecho sendero del bosque con una cesta de flores silvestres entre las manos. Su cabello oscuro caía en suaves ondas sobre los hombros, mientras la luz de la luna acariciaba su piel con un resplandor casi irreal.

Había algo en él que armonizaba con el paisaje, como si perteneciera al bosque tanto como los árboles centenarios que lo rodeaban. Jungkook permaneció inmóvil entre las sombras, observándolo en silencio. Entonces, una sensación completamente desconocida se abrió paso en su interior.

Sintió un hambre que jamás había experimentado.

No era sed de sangre, sino un anhelo profundo y primitivo que se extendía por cada fibra de su ser inmortal, despertando un vacío cuya existencia desconocía. Por primera vez en siglos, sus instintos dejaron de gritar por una presa y comenzaron a reclamar algo que ni siquiera sabía nombrar.

Impulsado por aquella necesidad, avanzó con el sigilo que había perfeccionado durante siglos. Sus pasos apenas rozaban el musgo húmedo cuando el leve crujido de una hoja quebró el silencio del bosque.

Jimin levantó la vista con tranquilidad y sus ojos, oscuros como la obsidiana, encontraron los de Jungkook entre la penumbra.

Cualquier otro mortal habría retrocedido, dominado por el miedo al descubrir una figura oculta entre las sombras. Jimin no lo hizo. Permaneció donde estaba, sosteniéndole la mirada con una calma desconcertante, movido únicamente por la curiosidad y por una extraña sensación de reconocimiento que ninguno de los dos era capaz de explicar. Durante un breve instante, el bosque entero pareció contener la respiración.

— ¿Quién eres?.. —preguntó Jimin, con una voz suave, aterciopelada.

Jungkook permaneció inmóvil durante un largo instante. Nunca antes había necesitado pensar una respuesta. Las palabras siempre acudían a él con la misma facilidad con la que cazaba a sus presas, pero aquel joven despertaba algo tan desconocido que incluso el lenguaje parecía insuficiente para describirlo. Sin apartar la vista de sus ojos, extendió lentamente una mano hacia él y respondió con una serenidad que ocultaba el torbellino que rugía en su interior.

— El que ha estado esperándote..

La frase quedó suspendida en el aire como si el bosque entero hubiera decidido sostenerla un instante más. El silencio que siguió no fue incómodo, pero sí lo bastante denso como para que nada más existiera fuera de ese pequeño espacio entre ambos.

Jimin no respondió de inmediato. Sus ojos permanecieron fijos en Jungkook, recorriéndolo con una calma que no retrocedía, pero tampoco avanzaba. Había en su expresión algo difícil de definir, una mezcla de curiosidad y una ligera confusión que no llegaba a romper la serenidad con la que lo observaba.

El viento volvió a moverse entre los árboles, suave, casi cuidadoso, como si tampoco quisiera interrumpir el momento. Ninguno de los dos se movió.

Y aun así, algo había cambiado sin necesidad de palabras.

El aire entre ellos ya no era el mismo.

Los días que siguieron fueron un torbellino de pasión y descubrimiento, aunque ninguno de los dos habría sabido ponerle un nombre a lo que realmente estaba ocurriendo entre ellos. Jungkook llevaba a Jimin a lugares secretos del bosque, cuevas ocultas detrás de cascadas y claros donde las flores parecían brillar con luz propia bajo la noche, como si el mundo natural reaccionara a su presencia conjunta.

Allí, en medio de ese silencio antiguo, la distancia entre ambos comenzó a desaparecer sin que ninguno lo advirtiera del todo, hasta que ya no quedó espacio para la duda ni para la contención.

Jungkook descubrió el secreto de Jimin en una noche de luna llena, cuando el calor de sus cuerpos se entrelazaba bajo el cielo estrellado y el tiempo parecía perder su significado. Al deslizar su mano entre los muslos de Jimin, encontró un calor húmedo y una suavidad que lo dejó sin aliento, no por sorpresa únicamente, sino por la forma en que aquella sensación parecía encajar con algo que no sabía que estaba buscando.

Era diferente a todo lo que había conocido, una belleza íntima y oculta que, en su mente, se volvía imposible de compartir, como si en ese instante Jimin dejara de pertenecer al mundo para pertenecer únicamente a él.

— ¿Te asusta?.. —susurró Jimin, con los ojos llenos de una vulnerabilidad que contrastaba con la intensidad del momento.

Jungkook no respondió con palabras. En lugar de ello, lo atrajo hacia un beso profundo, lento, como si intentara responder sin necesidad de explicarse, mientras su lengua exploraba la cavidad de Jimin con una urgencia contenida y sus dedos aprendían los contornos y pliegues de su intimidad con una mezcla de curiosidad y necesidad que crecía con cada segundo.

No había miedo en él, solo un deseo avasallador que se expandía sin control, empujándolo a cruzar límites que antes habría considerado imposibles.

— Jamás había sentido nada así.. —confesó finalmente Jungkook, con la voz más baja y más quebrada de lo habitual— Eres perfecto..

La primera vez que se unieron completamente fue bajo la lluvia torrencial de una tormenta de verano.

Jungkook había llevado a Jimin a un antiguo monasterio abandonado, cuyas paredes cubiertas de musgo y lianas parecían haber sido devueltas lentamente a la naturaleza. El sonido de la lluvia golpeando las tejas de pizarra se mezclaba con sus respiraciones y susurros, creando una atmósfera que parecía existir fuera del tiempo.

Jungkook se arrodilló ante Jimin con una devoción casi instintiva, sus ojos oscuros brillando mientras apartaba suavemente los muslos del joven. Ante él se revelaba una imagen que lo desarmaba por completo, una belleza íntima y frágil, un tesoro de rosas pálidas y pliegues delicados que contrastaba con todo lo que conocía del mundo.

El aroma era embriagador y se mezclaba en el aire como un recuerdo imposible de olvidar.

Con una paciencia que no sabía que poseía, Jungkook comenzó a explorar con su lengua, trazando los bordes suaves y perdiéndose en el calor húmedo que lo recibía. Cada gemido de Jimin era una respuesta que lo desarmaba aún más, alimentando un fuego interno que ya no distinguía entre instinto primal, necesidad o algo más profundo que aún no sabía nombrar.

Jimin se arqueaba contra él, guiándolo sin palabras, sus dedos entrelazados en el cabello de Jungkook mientras le mostraba, sin necesidad de explicarlo, aquello que lo hacía temblar y suspirar. Jungkook aprendía con rapidez, memorizando cada reacción, cada sonido, cada pequeño cambio en su respiración, cada contracción de los músculos internos de Jimin cuando el placer lo asaltaba, como si su existencia entera se concentrara en ese único cuerpo.

Jungkook, por favor.. —rogó Jimin, con la voz rota por el deseo.

Jungkook se incorporó lentamente, su miembro erecto y pulsante contra el abdomen, y se posicionó entre sus piernas, mirándolo a los ojos mientras se deslizaba lentamente dentro de él. El calor que lo recibió era abrumador, una succión húmeda que parecía extraer su alma a través de su carne.

El momento en que se unieron estuvo cargado de una intensidad que no era solo física, sino emocional, como si algo invisible terminara de sellarse entre ambos.

Comenzaron a moverse juntos, primero con lentitud, aprendiendo el ritmo del otro, la profundidad, el ángulo perfecto que hacía a Jimin gritar su nombre, hasta que la sincronía se volvió inevitable y el mundo exterior dejó de existir. La lluvia, el bosque, el monasterio, todo desapareció frente a la sensación de pertenencia que crecía con cada movimiento compartido.

Jungkook se inclinó entonces, hundiendo los colmillos en el cuello de Jimin, no para beber su sangre, sino para marcarlo con una necesidad que ya no intentaba comprender. Jimin gritó no de dolor, sino de éxtasis, su cuerpo arqueándose mientras el placer lo atravesaba como una ola imposible de contener.

En ese instante, algo cambió entre ellos de forma definitiva. La conexión dejó de ser solo física o emocional; se volvió algo más profundo, algo que ninguno de los dos podía romper aunque intentara explicarlo.

— Ahora eres mío.. —susurró Jungkook contra su piel, con una certeza absoluta que lo atravesaba por completo— Para siempre..

— Siempre.. —respondió Jimin, sin vacilar.

Las semanas siguientes no trajeron calma, sino una intensidad constante que parecía crecer en lugar de disminuir. Jungkook no podía saciarse de Jimin. Lo tomaba en cualquier momento y lugar; contra los árboles del bosque, en el lecho de ríos cristalinos, en el suelo cubierto de musgo de cuevas ocultas. Cada encuentro era más intenso que el anterior, una exploración sin fin de placer y conexión, como si su presencia se hubiera convertido en el único punto estable dentro de su existencia.

El bosque, antes silencioso y eterno, se transformó en el escenario de algo que ya no podía definirse solo como deseo, sino como una necesidad que rozaba lo absoluto.

Jungkook comenzó a notar que su mente regresaba siempre a él, incluso en su ausencia. Pensaba en su voz, en la forma en que lo miraba, en cómo su cuerpo respondía a su cercanía, como si cada detalle quedara grabado en un lugar del que no podía escapar. Esa obsesión crecía en silencio, sin resistencia, hasta volverse parte de él.

Se había convertido en un hombre obsesionado con el sabor, el aroma y la sensación de la intimidad de Jimin. Pasaba horas con su cabeza entre sus muslos, aprendiendo cada pliegue, textura y reacción. Le encantaba ver cómo Jimin se deshacía bajo su lengua, cómo su cuerpo temblaba cuando encontraba ese punto especial dentro de él que lo hacía perder el control.

— Eres una adicción.. —confesó una noche, mientras yacían frente a una hoguera en un lecho de pieles— No puedo pasar un momento sin pensar en ti, sin desearte..

Jimin sonrió suavemente, con los dedos recorriendo el pecho de Jungkook como si trazara un mapa invisible.

— Y yo sin ti.. —respondió— Desde que me marcaste, siento que una parte de mí solo existe cuando estás conmigo..

La marca en el cuello de Jimin se había oscurecido con el tiempo, convirtiéndose en un símbolo permanente de su unión, imposible de ignorar para cualquiera que los viera. Los aldeanos la notaban, susurraban sobre el vampiro que había tomado al joven como suyo, pero nadie se atrevía a intervenir. Todos sabían lo que significaba cruzar a un vampiro, especialmente a uno tan posesivo como Jungkook, era una sentencia de muerte.

Fue en una noche de otoño cuando todo cambió.

Jungkook y Jimin se encontraban en el gran comedor del castillo, una imponente fortaleza en la cima de la montaña. Jimin estaba sentado en el regazo de Jungkook, alimentándolo con uvas entre risas suaves, cuando las puertas del salón se abrieron de golpe.

Irene entró, su belleza sobrenatural iluminando la habitación con un brillo dorado. Su cabello rojo como el fuego caía en cascada sobre sus hombros, y sus ojos ámbar brillaban con un poder antiguo. Todos los presentes, excepto Jungkook, se inclinaron en señal de respeto. Era Irene, una vampiresa de pura sangre, descendiente directa del primer linaje, y ella irradiaba una autoridad que no se podía ignorar.


(ㅅ´˘`)

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