Cuando El Depredador Pidió Ser Amado por Wang yi en Inkitt
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Cuando El Depredador Pidió Ser Amado

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Sinopsis

Yael es el chico más popular y temido por todos, cuando conosca a Miko se enamorará de el a primera vista, pero no lo tendrá fácil con el. Miko es amable con todos, pero odia los chico que tratan mal a los demás, ¿pero que pasará? cuando, el chico mas popular y temido se enamora de el. ¿Yael conseguirá que Miko se enamore de el también? ♡ este one-shot está hecho a imaginación mía. ♡ no copia ni adaptación.

Estado:
Completado
Capítulos:
2
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Cuando El Depredador Pidió Ser Amado (1/2)

Narrador


— Por favor, no me hagan nada — suplicó el chico de cabello negro, encogido en el suelo.


— ¿Dónde está el dinero? — preguntó el pelinegro con voz gélida—. Sabes perfectamente que no soportamos a quienes no pagan sus deudas.


— Es cierto... Ya te lo hemos advertido — añadió el pelirrubio, dibujando una sonrisa maliciosa en los labios.


— Se los pagaré, se los prometo... ¡Por favor! — insistió el otro, arrodillándose y frotándose las manos con desesperación.


— ¿Qué dices? — intervino una tercera voz.


Todos se giraron hacia el chico de cabello negro y tes morena que había permanecido en silencio, observando la escena desde unos pasos más atrás.


— Ya saben qué hacer — ordenó él, con una sonrisa fría y despiadada.


Sus dos compañeros asintieron de inmediato y se abalanzaron sobre el chico. El pelirrubio comenzó a golpearlo sin descanso, una patada tras otra directo al estómago, mientras el otro le descargaba puñetazos en el rostro hasta cubrirlo de moretones y sangre.


— ¡DETÉNGANSE! — estalló un grito claro y firme.


Un chico de cabello castaño se abalanzó hacia el cuerpo inerte que yacía en el suelo, tosiendo y escupiendo sangre.


— ¿Y tú quién te crees que eres? — preguntó el pelirrubio, furioso—. Lárgate de aquí... O te irá igual de mal.


— No les tengo el más mínimo miedo — respondió el castaño, escupiendo al suelo con asco—. Gente como usted me da repulsión.


— ¡Maldito insolente! — rugió el de tez morena, avanzando hacia él con el puño levantado.


— ¡Ren! — gritó el líder.


El nombrado se detuvo en seco. Hasta ese momento, se había mantenido al margen, viendo cómo sus amigos descargaban su furia sobre el pobre chico, sin que nada le llamara la atención... hasta que escuchó aquella voz.


No pudo apartar la vista del recién llegado: un castaño de tez pálida, ojos negros profundos y una figura pequeña y delicada, que parecía un ángel caído del cielo. Por un instante, se quedó perdido en sus rasgos, imaginando lo perfecto que encajaría aquel cuerpo entre sus brazos.


Salió de su trance de golpe al ver que su amigo estaba a punto de golpearlo.


— ¡Ren! — repitió, esta vez con tono de advertencia.


Ren se quedó inmóvil, mirando al castaño con los ojos inyectados de ira.


— ¿Acaso no te han enseñado que nadie debe meterse en asuntos ajenos? — le soltó al castaño.


— Me meto porque es mi amigo — respondió él, frunciendo el ceño.


— Ay, pobrecito... ¿Lastimamos a tu amiguito? — se burló el pelirrubio, al que llamaban Dan.


El castaño le lanzó una mirada tan fulminante que el chico retrocedió instintivamente. Luego se agachó de nuevo junto al herido.


— ¿Estás bien? — le preguntó con suavidad.


— S-sí... estoy bien — respondió este, entre toses.


— Tengo que llevarte a la enfermería.


Lo ayudó a ponerse en pie como pudo, y ambos se marcharon, mientras el líder de cabello negro los observaba con atención, sin perder ni un solo detalle.


— ¿Los vas a dejar ir así como así? — preguntó Ren.


— Tranquilo... Déjalos — sonrió él—. El otro no vale nada... Pero su amigo... ese sí me interesa.


— ¿Ese enano de boca suelta? — refunfuñó Dan.


— Deja de llamarlo así — le ordenó con sequedad—. Ve y averigua todo sobre él. Quiero saber hasta su último secreto.


— Sí, Yael — respondió Dan, y se marchó de inmediato.


Yael era el chico más popular del instituto, y también el más temido. Si necesitabas dinero, él te lo conseguía... pero si no pagabas a tiempo, se convertía en tu peor pesadilla. Muchos acudían a él por desesperación. Las chicas le ofrecían su cuerpo a cambio de ayuda económica, pero él siempre las rechazó. Algunos chicos también se arrodillaron ante él, ofreciéndole lo mismo, pero tampoco eso logró interesarle. Poco a poco fue sembrando el miedo en todo el centro, incluso entre los profesores.




Pov Yael


Estaba esperando bajo la sombra de un árbol a que me trajeran información sobre aquel lindo castaño. Nunca antes lo había visto... Supongo que es porque siempre dejo que Ren y Dan se encarguen de la escoria, y casi nunca tengo tiempo de dar una vuelta por esta mugre de colegio .


— ¿Yael?


Levanté la vista. Una chica de cabello rojo estaba frente a mí. Era una de las que me debía mucho dinero.


— Quería preguntarte si puedo pagar mi deuda... en especie — se atrevió a decir.


— ¿Quieres que nos acostemos? — pregunté sin rodeos.


— Sí — respondió ella, y sin dudarlo se quitó la camisa, dejando ver su sostén.


— Si crees que con eso vas a convencerme, te equivocas.


— Haré lo que tú me pidas, lo que sea...


— ¡Yael! — escuché la voz de Ren y Dan acercándose—. Tengo información muy valiosa... — se callaron al ver a la chica.


— ¿Quién es ella? — preguntó Ren.


— Espera — levanté una mano para detenerlos—. Aceptaré tu pago — le dije a la chica.


— ¿De verdad? — sus ojos brillaron de emoción.


— Sí — confirmé.


Pero al mirarla no sentí absolutamente nada. Ni con ella, ni con nadie más. Simplemente ese tipo de relaciones no me interesaban. No me despertaban ningún deseo... Pero en cuanto mi mente voló hacia el castaño, sentí cómo se encendía algo dentro de mí. Quería tenerlo, y solo para mí.


Volví a mirar a mis amigos.


— Dan, ¿hace cuánto no te acuestas con nadie?


— Desde el domingo — respondió él, confundido.


Señalé a la chica con la barbilla.


— Entonces ella será tuya. Se quedará contigo tres meses, y con eso saldará su deuda.


— ¡¿Qué?! — chilló ella, horrorizada.


— Es toda tuya, Dan — dije con una sonrisa.


Me di la vuelta y me fui del lugar, acompañado de Ren. En cuanto nos alejamos, comenzó a darme los detalles.


— ¿Cómo dijiste que se llama? — pregunté, sin poder evitar sonreír.


— Miko.


— Qué nombre tan bonito...


— Me retiro — dijo Ren.


— Vaya, que Yael está perdidamente enamorado — se burló él.


— Y tú también pareces muy interesado en ese tal Miko — le respondí, y se marchó riendo.




Pov Miko


— ¡Señorita Vera, ayúdenos, por favor! — entré corriendo a la enfermería, sosteniendo a Tasi.


— ¿Qué pasó esta vez? — me miró la enfermera, arqueando una ceja.


— Unos chicos lo golpearon, mire... — señalé a mi amigo—. Lo dejaron igual que en esa película donde el asesino ataca a la gente en sus sueños.


— Ajá... — revisó las heridas de Tasi—. Dime, tesoro, ¿quién te hizo esto?


— No puedo decirlo... — murmuró él, bajando la mirada.


— ¡Deja de poner excusas y habla de una vez! — le reclamé.


— Joven Miko... — me llamó la atención la enfermera.


— ¡Pero es que ya cansa! Siempre lo golpean y nunca dice nada... Por gente como tú es que existen los matones — señalé hacia la ventana.


— No podemos obligarlo a hablar si no quiere — dijo ella, mientras preparaba el botiquín.


— ¡Pues yo sí! — dije, acercándome a Tasi—. Dime ya, ¿quién fue?


— ¡Fue Yael! — soltó de golpe.


— ¿Ah, sí? — me sobe la barbilla—. ¿Y quién demonios es ese Yael?


La enfermera puso los ojos en blanco, y Tasi me miró con la boca abierta.


— ¿Cómo que no sabes quién es Yael? — preguntó, incrédulo.


— Perdona por no saberlo todo — respondí con sarcasmo.


— Es el chico más popular de aquí... y el más temido, tanto dentro como fuera del instituto — explicó la enfermera—. Todo el mundo conoce su nombre.


— Pues yo no — afirmé con firmeza.


— Me sorprende... — dijo ella—. Y tú, ¿cómo te metiste en problemas con él? — miró a Tasi—. Es la séptima vez que traes a alguien así, Miko.


— Le debía dinero... — confesó Tasi.


— Ya veo... Joven Miko, admiro mucho lo bueno que eres con los demás, pero te estás metiendo en un lío muy peligroso. Yael no es alguien a quien se le deba provocar.


— No le tengo miedo — respondí seguro—. Y tú, mejor aléjate de él y de sus negocios.


Tasi asintió. Me despedí de la enfermera y salí. Las clases ya habían terminado, así que fui directo al estacionamiento por mi bicicleta. Pero me detuve en seco: allí estaba el chico de antes, recostado tranquilamente sobre mi bicicleta.


— Qué gusto volverte a ver — me sonrió.


— Aléjate de mi bicicleta — le ordené.


— ¿Sabes siquiera con quién te estás metiendo?


— Me importa un bledo con quién...


Se acercó a mí lentamente, y tuve que admitir que era aún más guapo de cerca, con un cuerpo imponente. Sacudí la cabeza para espantar esos pensamientos absurdos.


— ¡Ay! — solté un grito cuando me sujetó con fuerza de la muñeca.


Intenté soltarme, pero sus manos eran como hierro. Me empujó contra la pared, acorralándome entre sus brazos.


— Eres precioso — susurró al oído, con una voz grave y profunda que me erizó la piel.


— Suéltame...


— Y muy apetitoso... — pasó la lengua lentamente por mi cuello.


— D-dejame en paz...


— No... Tengo que comprobar algo — se acercó a mi rostro.


Luché con todas mis fuerzas, pero no pude liberarme. Y entonces, sentí sus labios sobre los míos. Sin pensarlo, le mordí con fuerza. Le solté un golpe, con los ojos llenos de rabia, y aproveché para salir corriendo. Ya volvería por mi bicicleta más tarde, si es que seguía ahí. Tenía suficiente dinero para un taxi.


Al llegar a casa, entré corriendo. Mi corazón latía a mil por hora, y no sabía si era por la carrera o por todo lo que había pasado. Era mi primer beso... y había sido con ese maldito arrogante de Yael.


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