Prólogo
En la oscuridad del vacío se hacen presente las difuminadas luces de color rojo y blanco con un azul colándose por momentos, pero en el centro de todo logramos observar una pequeña figura que aparenta estar girando mientras cae. Nos acercamos más y en el proceso pedazos de paredes, techos, pisos y ventanas salen volando hacia arriba, al mismo tiempo el cuerpo disminuye poco a poco su velocidad y podemos dilucidar que se trata de una jóven de tez ligeramente morena con el cabello rubio ondulado y del largo hasta debajo de los omóplatos, vestida con una blusa de tirantes y encima porta una camisola de cuadros negros y verdes, tiene un pantalón de mezclilla y botas de campo. Sin previo aviso los trozos que se elevan comienzan a hacerlo cada vez más rápido y en mayor proporción, cuya intención radica en construir los cimientos donde reposará la señorita a continuación.
La vista se reposiciona conforme observamos que yace el cuerpo, recostado en el piso encima de una alfombra de color rojo con un patrón aleatorio de líneas sin vértices, asemejándose a un mapa isoplético, la chica inconsciente entre los crujidos de la madera y el resoplar de las velas acomodadas en lámparas fijas en las paredes comienza a despertar del letargo con dificultad para mover las extremidades mientras intenta reincorporarse.
<<¿Ah?...¿Qué?...¿Dónde esto...?>>
Antes de terminar palabra se queda helada, sus ojos se abren como platos, dejando ver el verde pardo de sus pupilas, y al mismo tiempo su pulso comienza a acelerarse mientras observa su alrededor con confusión y el temor le invade de cabeza a tobillos.
<<Yo...¿Quién se supone...que soy? ¡¿Por qué no puedo recordar nada?!>> Su ligero susurro se desvanece en un santiamén por la desesperación <<¡¿Qué está pasándome?!>> Se lleva las manos a la cara tratando de reconocer con el tacto aquello que desconoce <<¡Mi rostro! ¡Este no es mi rostro! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué me pasa ésto a...mi?!>> la desesperación se apaga mientras se enciende la llama de la tristeza al derramar lágrimas heladas del rostro de la muchacha, las cuales la obligan a encogerse en su propio cuerpo.
<<¿Jugamos, hermanita?>> Una inocente y dulce voz hace eco en la oscuridad que sofocaba los alrededores.
<<¿Qué?...¿Q-quién eres?...¿Por qué me llamaste así?...>> Alza la vista y entre sus ojos brillosos se hace presente la imagen de un niño pequeño, alrededor de los 10 años de edad porta una pijama de rayas verticales blancas y turquesas intercaladas, sosteniendo una pelota naranja, con el cabello castaño y ojos de un azul profundo que le arrojaban una mirada consternada <<Pero...Sarah...eres mi hermanita, tú lo dijiste anoche>> Una impresión de horror se marca en el rostro de la chica, sus músculos se tensan y el mundo se vuelve borroso, como si no pudiera controlar su propio cuerpo, procediendo a pegar un grito <<¡¿No ves que quiero estar sola?! ¡No me molestes!>>.
De un manotazo lanza la pelota que tenía frente suyo, lastimando levemente al pequeño ser. No es hasta que las lágrimas del niño caen en la alfombra, con patrones montañosos aleatorios, que la chica reacciona y su expresión cambia radicalmente a alguien preocupado por lo que acaba de hacer, con su otra mano sostiene la agresora en señal de querer buscar una explicación al ataque <<Yo...no quería...per->> mientras trataba de disculparse cabizbaja, su objetivo con suma tristeza huye hacia dentro del pasillo perdiéndose al dar la vuelta en una esquina <<¡Mathew, espera!>> un suspiro de sorpresa se le escapa al percatarse de que acaba de llamar por su nombre al niño desconocido para ella <<¿Acaso lo conozco?...tal vez leí su nombre en algún lugar con una foto y mi subconsciente lo recordó...sin embargo...él me llamó Sarah, ¿cierto?>> Después de cuestionarse por qué hablaba sola, suelta un suspiro para aligerar su cuerpo y levantarse del suelo.
Apenas logra dar un paso antes de que un relámpago resuene desde la ventana al final del pasillo a su espalda y con eso un zumbido invade el cráneo de Sarah, a la par su entorno comienza a cambiar súbitamente mediante pequeños parpadeos las paredes, suelos y techos se tornan anticuados, opacos y descuidados como si el lugar hubiese estado abandonado durante años, las lámparas de la pared se encontraban rotas, otras totalmente desprendidas, goteras del techo podrido, el aroma de húmedad, tablas sobresalen de la fachada interior y la alfombra mohosa, raída y con suciedad acumulada fue lo primero que pudo dilucidar Sarah mientras el dolor punzante desde el interior de su cabeza iba desapareciendo.
<<¿Qué acaba de pasar? ¿Mathew, sigues por ahí? ¿Estás bien?>> Pregunta al aire sin recibir respuesta. Genial...ahora tengo que buscarlo en medio de este lío que no tiene pies ni cabeza...pensando en las consecuencias que tendría que enfrentar si algo le pasaba al niño comenzó a avanzar en el lúgubre pasillo, seguramente la culparían a ella por cualquier daño y aunque sí fue la causa de un rasguño, no sería justo que le castigaran por el comportamiento irracional de un niño mal educado, y pese a no conocerlo, Sarah no podía evitar sentirse responsable de la vida del pequeño.
Sumergida en sus pensamientos Sarah no se percató de la sombra que la seguía desde que llegó a ese lugar, la cuál humedece el ambiente conforme avanzaba a espaldas de la muchacha inconsciente, conforme más se adentraba en la mansión tratando de buscar alguna pista de dónde pudo ir Mathew, la sombra comienza a materializarse: desde el techo salen una manos pálidas, extremadamente largas y delgadas hasta revelar brazos con las mismas características que empujan el cuerpo como si un zombie tratase de salir de la tierra, exponiendo una cabeza de una mujer con el mismo color azul grisáceo pálido, su rostro era el de un cuerpo decrépito, arrugas por todos lados le deformaban la cara y escondían sus ojos a tal punto que parecían cuencas negras, vacías pero que penetraban tu alma hasta llegar a lo más profundo de tu ser.
<<Ahhh>> Un gemido doloroso, rasposo y entrecortado paralizó a Sarah de inmediato, sabía que algo se encontraba detrás de ella pero no lo había notado hasta escuchar dicho lamento. Con la respiración pesada luchó en contra del miedo y los pensamientos que le decían que no se diera la vuelta, para cuando logró voltearse, mira al techo para observar a la entidad devolverle la mirada con curiosidad, por lo que procedió a estirar su cuello hasta la altura de Sarah, ella se quedó pasmada al tener de frente el putrefacto ser, cuyos rubios y escasos mechones de cabello caían de su calva casi lisa.
Solo pasaron unos segundos pero para Sarah parecieron minutos antes de que la entidad girará su cabeza 180 grados entre crujidos y gemidos de alguien sufriendo, posteriormente pegó un gritó de ultratumba, lo suficientemente aterrador para que la muchacha tuviera el deseo de huir.
Sin perder más tiempo se da la vuelta y comienza a correr logra llegar a girar en la esquina y trata de abrir la puerta más cercana sin éxito alguno, pasando a la siguiente con el mismo resultado <<¡Maldita sea!>> para esto la entidad cadavérica tiene dificultades para liberarse de la oscuridad que la consume justo a la mitad de su cuerpo, dejando expuestas sus costillas con trazas de piel y pechos caídos sin presencia de pezones, solo bolas de carne. Entre gritos y mucho esfuerzo logra salir de la prisión sombría para cargar con una velocidad anormal contra Sarah. En el momento en que la chica se da cuenta que no puede abrir ninguna puerta un fuerte estruendo estremeció la mansión, la entidad se había estrellado en la ventana al final del pasillo del cual había doblado la esquina. La sorpresa no fue suficiente para paralizar nuevamente a Sarah, quien emprendió su huida despavorida por la atroz figura completa de aquella entidad una vez que es iluminada por un relámpago cuya luz deja ver la mitad inferior de su cuerpo, la cual estaba hinchada y entre la mezcla de órganos y entrañas expuestas que expedían un olor putrefacto, similar al de una ampolla infectada, se combinaban con la perturbadora imagen de unos pequeños pies que colgaban de la masa deforme de carne, junto con los trozos de un vestido anteriormente blanco, ahora siendo un remanente de lo que parecía ser un vestido de novia, habiendo dicho esto, cabe recalcar que dicha entidad contaba con la capacidad de flotar con una velocidad ansiosa.
Durante su carrera Sarah busca con la vista algún lugar donde esconderse u objeto que tirar pero el estado deplorable de la mansión juega en su contra cuando no se percata de un charco de agua que se filtraba por una ventana del largo pasillo, ocasionando que se tropiece. Mientras se pone de pie observa cómo la figura de la mujer mitad anoréxica con la cabeza del revés iba directamente hacia ella con ojos vacíos y pérdidos en su objetivo: ella. Por lo que actúa con rapidez tomando el picaporte de la puerta a su lado y abriendola a unos segundos de que la entidad la alcanzara, se encierra en la habitación y se recarga en la puerta para evitar que su perseguidora pudiera abrirla, después de un par de intentos los golpes y ruidos rabiosos se detienen. Sarah suelta un suspiro de alivio, se dispone a encender la luz en el cuarto con un interruptor de forma circular a su izquierda, al momento de oprimirlo se escuchan ruidos metálicos y un par de chispas brillan en la penumbra antes de que la luz de una lámpara de gas iluminase la mitad de la habitación, revelando que se trataba de un pequeño cuarto de servicio donde guardaban objetos de limpieza y utilería que seguramente usaban las mucamas que trabajaban en el lugar.
Sin que tuviera tiempo de procesar la imagen que tenía delante, la cabeza de Sarah es apretada por las manos pálidas y delgadas de la entidad que traspasaban la puerta sin mucha dificultad, una de las manos sujetó su boca así que su grito de terror quedó ahogado en la putrefacción, mientras que su vista y movimiento se volvía limitado gracias a que la otra mano sujetaba su frente contra la puerta, mientras luchaba por escapar logró dilucidar en la esquina superior de la habitación una rejilla de ventilación lo suficientemente grande para que alguien de su tamaño pudiera entrar aunque se le apretaran los intestinos. Al segundo de pensar en que tenía que entrar en el sitio algo más llamó su atención, un sonido en particular y la razón por cual la habitación solo se iluminaba a medias, era otra lámpara de gas rota puesta en la pared contraria de la que aún funcionaba, debido al olor y al sonido que se volvía más fuerte con cada segundo, Sarah se sobresaltó y levantando sus piernas contra la puerta logró liberarse con un par de rasguños en el rostro.
De inmediato se dirigió a la ventila escalando uno de los anaqueles que convenientemente servían como escalera para llegar a ese lugar, una vez tenía medio cuerpo adentro comenzó a sentirse aliviada, lo cual duró poco cuando de manera imprevista su cuerpo quedó inmovil ya que la entidad había entrado a la habitación ignorando la puerta y logrando alcanzar su pierna derecha.
<<¡Maldita cosa! ¡Sueltame!>> Con desesperación buscó la forma de liberarse hasta que sin previo aviso el gas acumulado en el pequeño cuarto enciende en llamas el aire, quemando a la entidad y extendiendo las llamas al tobillo de la muchacha escurridiza, ambas lanzan gritos de dolor y Sarah aprovecha la oportunidad para recuperar el control de su cuerpo por completo, intentando encontrar la salida del sistema de ventilación lo más rápido posible para apagar las llamas que comenzaban a consumir su carne lentamente, al girar en una intersección es sacudida por un fuerte golpe tras otro cuando de repente una mano esquelética y prendida en fuego atravesó el ducto por debajo buscando encontrar a su víctima.
<<¡Mierda, mierda, mierda!>> Sarah en un dolor insoportable retrocede evitando ser capturada, por lo que, no se da cuenta que llega a una salida de la ventilación que daba a un agujero profundo a mitad del pasillo, con la mitad de su pierna consumida por el fuego, el olor a humo de carne asada impregnando sus fosas nasales y la entidad acercándose con cada golpe, no dudó demasiado antes de dar una respiración profunda y dejarse caer al vacío, cuya oscuridad consume la luz de las llamas y el grito de <<¡Maldición!>> conforme va cayendo.
La última escena que vemos es a la entidad volviendo a surgir de la pared como si expulsase su propio cuerpo de una zanja con el sonido de huesos crujiendo mientras se contorsiona, para observar un rastro de ceniza y gritando de forma gutural al agujero.








