Un día... Tranquilo
16/5/26 1:56 a.m.
Entra a la casa tambaleándose un poco. La chica viene pegada a él, con las manos enredadas, y el ambiente está cargado de deseo. Apenas cierra la puerta, la empuja contra la pared, intensificando el beso.
Raúl: —¡Ejem! ¿Qué horas son estas de llegar, Santiago?
Se separa de la chica rápidamente, parpadeando para enfocar la vista hacia donde escuchó la voz de su papá.
Santiago: —Hem... ¿Qué haces despierto, papá?
Raúl: —Parece que interrumpo un momento... ¿interesante? Ya sabes lo que tienes que hacer, ¿cierto?
Santiago: —Perdón, papá. Sé que no debo tomar; será la última vez.
La chica se ríe de Santiago. Raúl la mira a ella y luego vuelve la vista a su hijo.
Raúl: —No sé si creerte, Santiago, pero da igual. Despídete de la señorita.
Santiago abre la puerta y la chica sale por su cuenta.
Santiago: —Mañana nos vemos, vale. Y ya sabes, termino lo que empecé.
Chica: —Pero para la otra usa protección, teto.
Santiago: —Sip, solo que se me olvidó llevar esta vez. Aunque, de todos modos, ¿tú te cuidas, no?
Chica: —¿Si? Sí, sí me estoy cuidando.
Santiago: —¿Segura? Aunque... me sentiría ilusionado por tener un hijo contigo.
Raúl: —Todavía los escucho.
Santiago cierra la puerta de golpe y decide irse corriendo a su cuarto. Al llegar, cierra con seguro, se baña para bajar el efecto del alcohol y, al salir, se sienta en su silla solo con sus pantalones puestos para encender la computadora. Busca departamentos en Google, pero encuentra una página para inscribirse a un club de entrenamiento llamado "LÍNEA BPE", donde debe llenar un formulario. Santiago decide dejar de buscar y mejor se pone a jugar un poco al MK11.
17/05/26 - 8:37 a.m.
Santiago entra a la cocina y se sirve un vaso de agua. Revisa su teléfono y encuentra que la chica de ayer lo bloqueó. En ese momento, su padre entra a la cocina.
Raúl: —Mira, Santiago, ya hemos hablado de no llegar tarde y borracho; también te dejé claro que no traigas a ninguna chica que conozcas de una noche, ¿entendido?
Santiago: —Sí, papá. Es... es la última vez que vengo tarde y ebrio. Lo lamento.
Raúl: —Ah, y se me estaba olvidando: no se te olvide usar protección, no quiero que seas un padre irresponsable. ¿Estás usando protección?
Santiago: —Hem... sí, sí uso protección, papá. ¿Me crees irresponsable?
Raúl: —Me cuesta creerte, pero da igual. Necesito que vayas por algo que me daría una amiga mía; yo no puedo ir, así que tú tienes que hacerlo.
Santiago: —Una amiga tuya... no me sorprendería que de la noche a la mañana sea mi madrastra, jaja.
Raúl: —Jaja, no, solo es una amiga. ¡Apúrate y ve!
Santiago: —Está bien, solo... si vas a trapear, no uses mucho cloro, ¿vale?
Raúl: —Tu vieras criada, jaja.
Santiago se da la vuelta entre risas y va a su cuarto para prepararse para el mandado.
17/05/26 - 9:22 a.m.
Santiago llega a la dirección que le dio su padre, toca la puerta y espera pacientemente hasta que una mujer abre y parece reconocerlo.
Señora: —Vaya, pero si es mi pequeño Santi. Casi ni te reconozco, ¡ya te pusiste muy guapo!, jaja.
Santiago: —¿Ah, gracias? ¿Y tú eres...?
Gabriela: —Soy Gabriela, ¿no me reconoces? Si yo te cuidaba cuando tu papá iba a beber con sus amigos.
Santiago: —¿Eres mi mamá?
Gabriela: —Sí... obviamente que no, pero como soy amiga de tu padre, le hacía el favor.
Santiago: —Jaja, es broma. No es como si realmente hubiera pensado que eras mi mamá, jaja.
Gabriela hace pasar a Santiago a su casa. Al entrar, un olor nostálgico le da la bienvenida.
Gabriela: —Siéntate en la sala, iré a buscar lo que le llevarás a tu papá.
Santiago: —Okey, la esperaré aquí.
Santiago se sienta en el sillón y ve pasar a la señora; decide seguirla para ver qué hace, pero se encuentra con su hija vistiendo solo una camisa.
Santiago: —¡Ejem! ¿No tendrías que llevar... más ropa?
Chica: —Porque lo haría si es mi casa. ¡¿Tú quién eres?!
Santiago: —Soy Santiago, hijo de Raúl, el amigo de tu mamá. Vine por algo que ella le daría a mi padre.
Chica: —¿Santiago? ¡Santi! —Ella corre hacia él y lo abraza—. Te extrañé mucho, todavía recuerdo cuando jugábamos de niños. —Se separa y lo mira mejor—. Vaya que has crecido, Santi. Estás más... fuerte.
Santiago: —¿Me conoces? ¿Estuvimos juntos cuando era niño? Jaja, gracias por el cumplido... ¿creo?
Chica: —¿No me recuerdas? Soy Gabi. ¿Por qué no vamos a jugar a mi cuarto como cuando éramos niños, pero ahora sin necesidad de juguetes? —Empieza a acariciar el pecho de Santiago.
Gabriela: —Parece que ya se volvieron a llevar bien después de años. Toma, Santi —le da una caja de cartón—. Y tú, Gabi, vístete; no te eduqué así para que andes desnuda.
Gabi: —¡No estoy desnuda! Además, si lo estoy, ¿qué? Tengo 20 años, ya soy mayor. Además, a Santiago no le incomoda, ¿verdad, Santiago? ¿Santiago?
Gabriela: —Se fue desde que empezaste a gritar.
Santiago llega a su casa y le da la caja de cartón a Raúl. Al abrirla, saca un suéter.
Santiago: —¿Es neta, jefe? Me arriesgué y entré a esa zona de guerra solo por un mendigo suéter, no manches.
Raúl: —Qué bueno que volviste a ver a Gabi. Bien dicen que donde hubo fuego, cenizas quedan. Aunque Gabi es tu amiga, no quiero que te pases de lanza, ¿eh? Es la hija de mi amiga.
Santiago: —Sabes que mejor me voy a mi cuarto








