Capítulo 1
La mañana era hermosa. Los pájaros cantaban y el cielo parecía sacado de un cuento de hadas. Todo transmitía una felicidad casi perfecta, como si el mundo quisiera fingir que la vida podía ser así de sencilla
Pero detrás de aquella mañana luminosa existía una historia que nadie conocía. Una historia que, tarde o temprano, todos terminarían deseando conocer
Cuando Park Jimin se casó con el magnate petrolero Paul Brown, no lo hizo por amor. Tenía apenas dieciocho años y había sido obligado por su padre a convertirse en el esposo de un hombre al que jamás había elegido
Desde aquel instante, Jimin comenzó a odiarlos a ambos
A Paul por haber aceptado aquel matrimonio y a su padre por haberlo entregado como si su vida fuera una simple negociación
La primera vez que Jimin estuvo con aquel hombre fue también la primera vez que quedó embarazado. Desde entonces, comenzó a odiar incluso aquel embarazo porque, en su mente, aquella criatura era otro lazo que lo ataba todavía más al hombre del que quería escapar
Su vida junto a Paul fue dura. Triste y vacía
Paul nunca volvió a tocarlo después de enterarse del embarazo. Y cuando alguna vez intentaba acercarse nuevamente, Jimin siempre encontraba algo con qué defenderse, unas tijeras, una navaja o cualquier objeto que pudiera mantener a aquel hombre lejos de su cuerpo
Paul terminó por dejarlo en paz y Jimin se refugió en la única persona que tenía cerca, su hija. Aunque ni siquiera sabía cómo amarla.
¿Cómo podía querer algo que había llegado a su vida por obligación?
¿Cómo podía mirar a aquella niña y no recordar todo lo que había perdido?
Jimin no había pedido convertirse en padre, no había pedido casarse, no había pedido aquella vida. Y, por eso, durante mucho tiempo no pudo darle a su hija el amor que ella merecía
Los años pasaron
Jimin se convirtió en un esposo que ya no era esposo, en un hombre que permanecía encerrado dentro de una casa enorme y en el dueño de una cuenta bancaria con millones de dólares. Millones que, según su padre, debían compensarlo por todo lo que había sufrido
Pero el dinero no podía devolverle sus dieciocho años
No podía borrar el miedo, no podía reparar las noches en las que había llorado en silencio, no podía convertir en amor aquello que había nacido del desprecio. Y mucho menos podía hacer que Jimin perdonara a sus padres
Cuando su padre murió, Jimin no asistió al funeral. Tampoco estuvo presente cuando enterraron a su madre, menos derramó lágrimas por ninguno de los dos
Aquellas personas no habían sabido amarlo cuando tuvieron la oportunidad. Para Jimin, no había razón para llorarlos después de muertos
La herencia que dejaron atrás era inmensa. Millones incontables que ahora también formaban parte de su patrimonio pero, aquella fortuna no significaba nada
Ninguna cantidad de dinero podía devolverle los años que había perdido junto a un hombre al que había aprendido a odiar mientras aquel mismo hombre utilizaba su posición para cumplir todos sus caprichos
Y entonces Paul comenzó a beber, primero fue una copa, después dos, luego botellas enteras, cada día bebía más. Llegaba a casa cubierto por el olor del alcohol y, algunas veces, por marcas que dejaban claro que había estado con otras personas
A Jimin ya no le importaba lo que pasará con ese hombre o al menos eso se repetía a sí mismo
Después de diez años de matrimonio, conocía demasiado bien a aquel hombre. Sabía que algún día llegaría el momento en que Paul se destruiría solo y una noche, finalmente, ocurrió
Paul había bebido demasiado
Jimin lo encontró dormido en su despacho, sentado en un sillón, completamente inconsciente de lo que ocurría a su alrededor. Jimin había mezclado alcohol con medicamentos para la disfunción eréctil en una de sus botellas preferidas
Para algunos hombres, aquellas pastillas podían representar placer, para Jimin, aquella noche significaron algo completamente diferente. Una oportunidad
Por primera vez en diez años, Jimin sintió que podía respirar, no dijo nada, no gritó, no pidió ayuda. Simplemente observó al hombre que había gobernado su vida durante una década y comprendió que, quizá, finalmente había llegado el momento de recuperar la suya
Después de diez años de matrimonio, Park Jimin quedó viudo y también quedó más rico de lo que jamás habría imaginado
Tenía una fortuna inmensa, una casa enorme, una hija. Y una libertad que había esperado durante diez largos años. La niña que durante mucho tiempo había rechazado era ahora lo único que realmente tenía
Y aunque todavía no sabía cómo amar aquello que había nacido de una vida que nunca quiso, sabía que no podía abandonarla. Jimin salió de aquella casa y tomó una bocanada de aire
El aire frío llenó sus pulmones por primera vez en diez años, no sintió que estaba respirando dentro de una jaula. Respiró profundamente y para Park Jimin, aquel simple acto fue como volver a nacer
(...)
Los primeros meses después de la muerte de Paul no fueron fáciles, Jimin había imaginado que, al quedar libre, todo cambiaría. Y algo había cambiado
Ya no tenía que dormir junto a un hombre al que odiaba. Ya no tenía que escuchar sus pasos por los pasillos ni soportar sus borracheras, ya no tenía que fingir que aquel matrimonio era una familia
Pero había algo que no sabía cómo manejar
Antonela, su hija
La niña que había nacido diez años atrás ahora tenía dieciocho años y una personalidad que chocaba constantemente con la de Jimin. Se querían o, al menos, en algún lugar muy profundo de ambos existía algo parecido al amor
Pero no sabían demostrarlo
—¿Vas a salir? —preguntó Jimin una mañana desde la mesa del comedor. Antonela ni siquiera levantó la mirada del teléfono
—Sí
—¿Con quién?
—Con mis amigos —Jimin dejó la taza sobre la mesa
—Te pregunté con quién —Antonela levantó finalmente los ojos
—Y yo te respondí
—Mientras vivas en esta casa, tienes que decirme dónde vas —la joven soltó una risa amarga
—¿Ahora te importa? —Jimin se quedó quieto. Aquella frase siempre conseguía herirlo más de lo que quería admitir
—Soy tu padre
—¿Ahora te acuerdas? —el silencio cayó sobre la mesa. Antonela tomó su bolso y se puso de pie
—No empieces —murmuró Jimin
—Tú empezaste hace dieciocho años
La joven se marchó y Jimin permaneció sentado, no respondió porque no tenía una respuesta
Antonela sabía perfectamente que él nunca había querido aquel embarazo. Sabía que su nacimiento había sido producto de un matrimonio impuesto y que, durante muchos años, Jimin había sido incapaz de mirarla sin recordar todo lo que había sufrido
Pero Antonela no tenía la culpa y Jimin lo sabía, ese era precisamente el problema. Sabía que su hija no tenía la culpa y, aun así, nunca había conseguido convertirse en el padre que ella necesitaba
Por eso se llevaban tan mal, discutían por todo, por la hora de llegada, por el dinero, por la ropa, por los estudios, por los amigos, por las decisiones que Antonela tomaba. Y, sobre todo, por aquello que ninguno de los dos se atrevía a decir directamente
Jimin no sabía cómo ser padre, Antonela no sabía cómo perdonarlo y así vivían. Dos personas que compartían la misma casa, la misma sangre y demasiadas heridas
Hasta que Antonela apareció un día acompañada
—Papá —Jimin estaba revisando unos documentos en su despacho cuando levantó la mirada
—¿Qué quieres?
—Quiero presentarte a alguien —Jimin frunció el ceño
—¿A quién?
Antonela se hizo a un lado y entonces apareció él, un muchacho de veintidós años. Cabello oscuro, ropa sencilla y una expresión que intentaba esconder los nervios
Jungkook
—Él es Jeon Jungkook —dijo Antonela— Mi novio
El silencio fue inmediato, Jimin levantó lentamente los ojos hacia el muchacho y Jungkook dejó de respirar durante un segundo. No porque estuviera frente al padre de su novia, no solamente por eso, fue algo mucho peor
Algo que ni siquiera él mismo supo explicar
Había visto fotografías de Park Jimin, Antonela había hablado de él cientos de veces, su padre, el hombre millonario, el viudo, el empresario que vivía en aquella enorme mansión, el hombre con el que Antonela discutía constantemente
Pero ninguna fotografía había preparado a Jungkook para verlo frente a frente. Park Jimin era mucho más hermoso de lo que había imaginado
Demasiado
Jungkook bajó la mirada rápidamente para que nadie pudiera notar la manera en que lo estaba observando
—Mucho gusto, señor Park —Jimin lo examinó de arriba abajo. No parecía impresionado
—¿A qué te dedicas? —Antonela puso los ojos en blanco
—Papá
—Le hice una pregunta —Jungkook tragó saliva
—Tengo un puesto de flores —Jimin arqueó una ceja
—¿Flores?
—Sí, señor
Jungkook no tenía vergüenza de decirlo. Había trabajado durante años para conseguirlo
Era huérfano desde los dieciocho años y, desde entonces, había aprendido a sobrevivir solo. Había trabajado en todo lo que encontraba hasta poder ahorrar lo suficiente para abrir aquel pequeño puesto de flores
No tenía una gran casa, no tenía un apellido importante, no tenía millones en el banco. Tenía sus manos llenas de pequeñas cicatrices, madrugadas trabajando y una vida construida prácticamente desde cero
—¿Y con eso pretendes mantener a mi hija? —preguntó Jimin
—No necesito que Jungkook me mantenga —respondió Antonela inmediatamente
—No estaba hablando contigo
—Pues deberías
Jungkook miró a Antonela y después a Jimin, había algo extraño en aquella familia. Algo roto pero no podía apartar los ojos de aquel hombre.
Jimin. Su suegro
La palabra apareció en la cabeza de Jungkook y, por alguna razón, le produjo una sensación que no tenía absolutamente nada que ver con Antonela y eso fue lo que más miedo le dio. Porque Jungkook había llegado allí como el novio de Antonela
Pero desde el primer momento en que vio a Park Jimin, algo dentro de él había cambiado
Una curiosidad, una fascinación, una necesidad absurda de saber más. Quería conocerlo, quería saber qué hacía cuando estaba solo, qué música escuchaba, qué cosas le gustaban, qué lo hacía sonreír por qué sus ojos parecían tan cansados
Por qué un hombre con aquella fortuna podía parecer tan solo y sobre todo, quería descubrir qué había detrás de aquella personalidad fría. Jungkook se obligó a apartar la mirada
No podía pensar así era el padre de Antonela, su futuro suegro, el hombre al que debía respetar. Pero la vida tenía una forma cruel de jugar con las personas, porque mientras Antonela creía haber llevado a su novio a casa para que conociera a su padre...
Jungkook había encontrado algo que jamás había esperado encontrar, una obsesión y todavía no sabía hasta dónde sería capaz de llegar por ella
Park Jimin no tenía idea de lo que acababa de entrar en su casa
Y mucho menos sabía que el joven que acababa de estrecharle la mano no volvería a mirarlo como un simple suegro