Dragon Perfect Half V2

Sinopsis

Después de una cruenta batalla contra MetalCooler en la estrella Biget o gran estrella Biget... nuestro saiyajin favorito fue absorbido por un portal cayendo en picada en la atmósfera de Namek y cayó a una isla muy particular en la que hombres y mujeres están enfrentados.

Genero:
Action,Erotica
Autor/a:
Kebroncio
Estado:
hace 2 días
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: La llegada del saiyajin a una isla

Capítulo 1: “La llegada del saiyajin a una isla”

El cielo nocturno se rasgó como si un dios hubiera abierto una herida en la realidad.

Desde las alturas, una figura humana caía a toda velocidad. Era Son Goku, aún en su estado base. Su gi naranja estaba completamente destrozado: el pecho rasgado, mangas hechas jirones, pantalones rotos y quemados. El abrigo largo negro que llevaba puesto ondeaba violentamente como una capa rota, azotado por el viento huracanado de la caída libre.

Su cuerpo giraba ligeramente mientras descendía como un meteorito. El cabello negro revuelto, el rostro exhausto pero sereno, con algunos cortes y moretones de la brutal pelea contra Metal Cooler. No había aura dorada. Solo un saiyajin cayendo desde el límite de la atmósfera después de haber dado todo en la batalla.

El viento rugía ferozmente contra su cuerpo. La tierra se acercaba a gran velocidad. Los árboles del bosque de Namek se veían cada vez más grandes. Goku apenas podía mantener los ojos abiertos por la presión del descenso, pero su expresión era calmada, casi resignada.

¡FWO000000000000000SH!!!

Sin embargo, eso nunca llegó a suceder.

Justo antes del impacto, un portal circular se abrió debajo de él. Chronoa, la Kaioshin del Tiempo, había intervenido con un malabarismo de último momento. Goku sintió como si su cuerpo fuera absorbido por un remolino invisible. El mundo giró violentamente a su alrededor.

En un parpadeo, el cielo verde de Namek desapareció por completo.

De repente, el cielo se volvió oscuro, lleno de estrellas brillantes y una gran luna plateada. El aire cambió, el olor del bosque era distinto. Ya no estaba cayendo hacia Namek.

Goku abrió los ojos de golpe, desorientado.

—“¿Eh...? ¿Qué fue eso...?”—

Antes de que pudiera reaccionar, siguió cayendo a toda velocidad hacia el nuevo mundo.

¡BOOOOOOOOOOOM!!!!

Unos minutos antes…

Dentro del refugio cerca de la cascada...

Los gemidos y sonidos húmedos llenaban la cabaña. Hae-Rang, nervioso pero excitado, estaba sobre Miro Danbi. La chica castaña tímida tenía el vestido casi completamente quitado, sus pechos expuestos y las piernas abiertas. Él estaba a punto de penetrarla cuando...

—“¡Ahh... ya... mételo!”— gemía Miro, agarrando al chico.

En la otra habitación, la rubia voluptuosa montaba al capitán con movimientos salvajes, riendo mientras lo cabalgaba sin piedad.


— “¡Vamos, cachorrito! ¡No te vengas tan rápido esta vez!”— decía entre jadeos.

Hae-Rang tragó saliva, posicionándose para entrar en Miro...

¡CRAAAAAASHHHHH!!!

De repente, el techo de madera de la cabaña explotó hacia adentro con un estruendo ensordecedor. Trozos de madera y tejas volaron por todos lados. Una enorme onda de viento sacudió todo el lugar partiendo el lugar en dos en el que se ven cuatro siluetas.

¡BOOOOOOM!

Un cráter se formó justo al lado de la cabaña, haciendo que el suelo temblara violentamente. El polvo y las astillas llenaron el ambiente.

Hae-Rang se quedó congelado, con el miembro erecto aún fuera, mirando hacia arriba con la boca abierta. Miro Danbi soltó un grito de sorpresa y se cubrió instintivamente.

La rubia, que estaba en pleno movimiento, perdió el equilibrio y cayó de lado sobre el capitán.

Desde el enorme agujero del techo, una figura descendió lentamente, flotando con dificultad. No había aura dorada. Era Goku en su estado base, con el cabello negro revuelto y pegado por el sudor. Su cuerpo estaba lleno de moretones, cortes y quemaduras recientes de la batalla contra Cooler y Metal Cooler. Su gi naranja estaba hecho trizas, dejando ver gran parte de su torso musculoso marcado por las heridas de aquella sangrienta batalla que tuvo junto a su mayor rival, Vegeta.

Goku aterrizó pesadamente en el centro de la habitación, respirando con algo de dificultad. Su expresión era seria y calmada, pero se notaba el cansancio en su rostro.

—“...¿Qué está pasando aquí?”— murmuró, levantando una ceja al ver la escena: hombres semidesnudos, mujeres en posiciones comprometedoras y el fuerte olor a sexo en el aire.

Hae-Rang, todavía con el pantalón bajado, tartamudeó:

—“¿Q-quién carajos eres tú...!?”—

Goku miró a su alrededor, notando los grilletes y la situación. Su expresión se endureció ligeramente.

—“Tch... esto no se ve bien. Vístanse. Ahora”— ordenó Goku con voz firme, aunque todavía sentía un leve mareo por la fuerte caída.

Hae-Rang, con la respiración agitada y todavía erecto, se contuvo de soltar una ironía. Miró al extraño de peinado de palmera y, con tono frustrado, respondió:

—“Bueno, me gustaría... pero estoy atado”—

Goku parpadeó un par de veces, sacudiendo ligeramente la cabeza para aclarar su visión. La caída le había afectado más de lo que pensaba. Cuando por fin enfocó bien, se dio cuenta de que el chico realmente tenía las muñecas atadas a la cabecera de la cama improvisada (era una silla).

Miro Danbi, aún semidesnuda y con el vestido enrollado en la cintura, miraba la escena con los ojos muy abiertos y la boca entreabierta. Su corazón latía a mil por hora. Hace apenas unos segundos estaba a punto de entregar su virginidad a Hae-Rang... y de repente, el techo explotó, la habitación quedó partida casi en dos y un frío viento de la cascada cercana entró violentamente, erizándole la piel.

El agujero en el techo y la pared destrozada dejaban ver la noche estrellada y el sonido lejano del agua cayendo. Astillas de madera y polvo flotaban en el aire.

Miro cubrió sus pechos con los brazos de forma instintiva, pero no podía apartar la mirada del recién llegado. Ese hombre alto, de cabello negro revuelto, cuerpo lleno de cicatrices frescas y ropa destrozada... emanaba una presencia abrumadora a pesar de no estar haciendo nada especial.

Goku frunció el ceño al notar los grilletes en las muñecas del chico y la situación general. Soltó un suspiro cansado.

—“Entiendo...”— murmuró.

Con un leve movimiento de la mano, disparó un pequeño rayo de ki preciso que rompió las ataduras de Hae-Rang sin lastimarlo.

—“Ahora sí. Vístanse los dos. Rápido”— dijo Goku seriamente, con un tono de preocupación. El viento frío de la cascada entraba por el enorme agujero en la pared y el techo, y no quería que esos dos (ni la rubia del otro cuarto) terminaran tomando un resfrío en medio de esa situación absurda.

Hae-Rang, aún con la respiración agitada, iba a protestar cuando de repente...

¡SWOOSH!

Una pelinegra de estatura baja vestida con un traje rojo ajustado y una rubia más alta y voluptuosa llamada Byul-Jjin irrumpieron en la habitación con las armas desenfundadas. La rubia, con una expresión feroz, lanzó un corte horizontal directo al cuello del intruso.

Goku, a pesar de estar herido y mareado por la brutal pelea contra Cooler y Metal Cooler, reaccionó por puro instinto de supervivencia. Su cuerpo se tensó como acero.

¡CRACK!

La espada de Byul-Jjin chocó contra el cuello del saiyajin y se partió limpiamente en dos. Ni un solo rasguño. Goku ni siquiera parpadeó.

Byul-Jjin abrió los ojos como platos, mirando estupefacta su arma rota. Antes de que pudiera reaccionar, Goku levantó el puño con intención de golpearla, pero en el último instante contuvo la fuerza. En su lugar, un fuerte viento comprimido salió de su puño y lanzó a la rubia varios metros hacia atrás, cayendo sobre unos sacos sin salir herida.

Al mismo tiempo, la pelinegra baja (Hena) atacó con toda su fuerza, lanzando un puñetazo reforzado con sus guantes de acero rojo directo al rostro de Goku.

¡PAM!

Goku interceptó el golpe con una sola mano sin siquiera mirarla. El impacto sonó fuerte, pero su palma no se movió ni un centímetro. Era como si hubiera golpeado una montaña.

—“Más te vale que te calmes”— dijo Goku con voz baja y seria, apretando ligeramente la mano de Hena. Ella sintió como si una garra de hierro la hubiera atrapado. Por más que tiraba y se esforzaba, no podía liberarse. Las venas de su brazo se marcaban por el esfuerzo.

—“¡Suéltame… miserable!”— gruñó Hena entre dientes, furiosa.

Goku iba a responder cuando escuchó otro sonido metálico a su lado.

¡Clank!

Levantó el dedo índice de su mano libre y detuvo la espada de Byul-Jjin, que había intentado atacarlo de nuevo por el costado. La hoja quedó completamente detenida contra su dedo, vibrando sin poder avanzar.

Las dos chicas lo miraban con una mezcla de shock, rabia e incredulidad. Ese hombre herido, de apariencia cansada y ropa destrozada… acababa de detener sus ataques más serios como si nada.

—“Me gustaría saber por qué están tan agresivas conmigo”— dijo Goku con tono serio pero calmado, sin levantar la voz —“Solo estaba ayudando a ese chico y aconsejando a esas dos chicas a vestirse. Iban a terminar tomando un resfriado con este viento frío que entra por el agujero”—

Hena, todavía atrapada en su agarre, forcejeaba con rabia. Sin embargo, Ahra Yunsel, la pelinegra de buen físico y ojos azules, no escuchó ni una sola palabra. Con una expresión fría y decidida, se lanzó de nuevo contra el intruso.

Goku soltó a Hena con un leve empujón que la hizo retroceder varios pasos. Toda su atención se centró ahora en Ahra.

La joven zorra rojo atacó sin piedad, lanzando una rápida y feroz lluvia de estocadas con su espada. Cada corte iba dirigido a puntos vitales con clara intención asesina. Su cuerpo se movía con una velocidad y precisión impresionantes.

Pero Goku, a pesar de estar herido y cansado, interceptaba cada estocada con un solo dedo.

¡Clank! ¡Clank! ¡Clank!

El sonido metálico resonaba una y otra vez. La espada de Ahra chocaba una y otra vez contra el dedo índice del saiyajin, sin lograr ni un solo rasguño. Con cada impacto, los ojos de la chica se abrían más por la incredulidad y la frustración.

Ahra Yunsel apretaba los dientes, respirando agitada. No entendía cómo era posible. Ese hombre de apariencia herida y ropa destrozada estaba deteniendo sus ataques más serios como si estuviera jugando.

Goku la miró fijamente, sin moverse del sitio.

—“¿Vas a seguir intentándolo?”— preguntó con voz tranquila, pero con un leve tono de advertencia.

La pelinegra estaba cada vez más cansada y frustrada. Con un grito de rabia, volvió a atacar, pero esta vez su espada se hizo añicos en pequeños trozos tras chocar repetidamente contra el dedo de Goku.

—“¡Ese maldito dedo…!”— gruñó Ahra.

—“No me subestimes”— dijo ella con los dientes apretados.

Cambió de estrategia y se lanzó con los puños. El primer golpe Goku lo esquivó ladeando ligeramente el cuello. Ahra sonrió con malicia, pensando que había caído en su trampa, y lanzó una fuerte patada baja con toda su fuerza, apuntando directo a la entrepierna del saiyajin.

Sin embargo, Goku ya había anticipado el movimiento. Interceptó la patada con su canilla, bloqueándola sin esfuerzo.

—“Qué bajo”— murmuró el saiyajin con seriedad.

Antes de que Ahra pudiera reaccionar, Goku extendió la mano, agarró su rostro con firmeza, pero sin lastimarla y la levantó del suelo como si no pesara nada. Ahra pataleaba en el aire, con los ojos muy abiertos por la sorpresa y el miedo.

Por primera vez en su vida, sintió verdadero terror.

Este hombre… había caído del cielo partiéndole el techo a la cabaña, estaba visiblemente herido, y aun así las estaba dominando a ella y a sus compañeras sin apenas esfuerzo. Su plan de convertirse en reina parecía desmoronarse en un instante.

—“Ríndete”— dijo Goku con voz calmada pero firme —“No quiero hacerte daño”—

Ahra, suspendida en el aire, tragó saliva. Su corazón latía desbocado. Nunca había sentido una diferencia de poder tan abrumadora.

De repente, un corte horizontal cargado de intención asesina cortó el aire en dirección al cuerpo de Goku.

¡SWOOSH!

Goku reaccionó en un milisegundo. Soltó a Ahra, la tomó en brazos al estilo nupcial protegiéndola con su propio cuerpo y saltó hacia atrás, esquivando el corte por escasos centímetros.

El responsable del ataque era Ga-Rim-Ryu, quien apareció con la espada en alto y una expresión llena de odio.

—“¡No permitiré que un don nadie me quite ese honor de derrotar a esa zorra!”— rugió el líder de Ga-Rim-Bee.

Ahra, aún en brazos de Goku, se quedó rígida. Su rostro estaba rojo por la vergüenza y la sorpresa de estar siendo cargada de esa forma tan íntima por un completo desconocido. Su corazón latía con fuerza contra el pecho del saiyajin, y por un breve instante, olvidó incluso la pelea.

La pelinegra llamada Hena Pinae y la rubia Byul-Jjin observaban la escena sin poder creer lo que estaba ocurriendo.

Ese hombre de cabello negro, herido y con la ropa destrozada, había derrotado a las tres prácticamente solo. No solo eso: había esquivado el ataque sorpresa de Ga-Rim-Ryu mientras protegía a Ahra en brazos.

—“El honor me lo llevé yo… así que lárgate”— dijo Goku con voz cansada pero firme.

Ahra, todavía sonrojada y con el corazón latiéndole con fuerza, susurró casi sin voz:

—“Pue… puedes bajarme… por favor”—

—“Ah… ¿estás bien?”— preguntó Goku, asegurándose de que no tuviera ninguna herida.

Ella solo asintió, avergonzada. Goku la bajó con cuidado y la puso suavemente de pie, colocándose delante de ella para protegerla.

Ga-Rim-Ryu, lleno de rabia, abrió la boca para preguntar quién demonios era ese tipo, pero antes de que pudiera decir una palabra…

Goku desapareció.

¡Fwoosh!

En un parpadeo apareció justo frente a él y le dio un golpe preciso, pero controlado, en el estómago. Ga-Rim-Ryu se quedó sin aire, los ojos en blanco, y cayó de rodillas antes de desplomarse inconsciente.

—“Te dolerá, pero te recuperarás en unas horas… lo siento”— se disculpó Goku con sinceridad.

Dicho esto, el saiyajin se dio la vuelta y caminó lentamente hacia la entrada de la cabaña destruida. Su cuerpo, que había estado ignorando el dolor hasta ahora, finalmente cedió.

—“Aghhhhhhhh…”— gimió de dolor, cayendo de rodillas en las escaleras.

—“¡Señor! ¡Señor!”— exclamó una voz preocupada.

Miro Danbi, que había salido de su shock, corrió hacia él. Ahra, Hena y Byul-Jjin también se acercaron con cautela, todavía en guardia, pero claramente impresionadas.

Hae-Rang, viendo la situación, se puso rápidamente de pie y se interpuso entre las tres chicas y el saiyajin inconsciente, extendiendo los brazos.

—“¡No den un paso más!”— gritó con determinación —“Sería una falta grave y una declaración de guerra si lo matan. ¡Él es de los lobos!”—

Las tres zorras rojas se detuvieron, mirándolo con sorpresa. Goku yacía inconsciente en el suelo, respirando con dificultad. Su cuerpo estaba cubierto de heridas frescas y moretones de una batalla que ninguna de ellas podía siquiera imaginar.

—“Hazte a un lado, cachorrito… quiero ver si el hombre que me derrotó está bien”— dijo Byul-Jjin con tono serio, dejando de lado su habitual actitud despreocupada y pervertida.

Miro Danbi y la otra rubia, ya vestida, miraban la escena con evidente preocupación.

Hae-Rang, sabiendo que estaba en clara desventaja y que su capitán apenas podía mantenerse en pie después de haber sido drenado por la rubia (la otra rubia), bajó los brazos lentamente, aunque mantuvo la guardia alta.

Las tres chicas se acercaron al saiyajin. Cuando intentaron levantarlo, se sorprendieron por su peso descomunal, como si fuera un bloque de hierro. Hae-Rang tuvo que ayudarlas, junto con las otras dos chicas que estaban dentro de la cabaña. Entre todos improvisaron una camilla con mantas y madera, lo colocaron encima y rasgaron una sábana limpia para vendarle las heridas más graves.

—“Así estará bien…”— murmuró Ahra Yunsel de forma estoica.

Luego, con movimientos decididos, se quitó el collar que llevaba en el cuello y lo colocó suavemente en la mano de Goku. Todas las presentes se quedaron en shock.

—“¿Estás segura?”— preguntó Hena Pinae, sorprendida.

—“Sí…”— respondió Ahra con firmeza, consciente de las graves consecuencias que esa decisión podía traer.

Byul-Jjin sonrió con picardía y, sin decir nada, también se quitó su collar y lo puso en la mano del saiyajin. Ahra la miró con una expresión fría.

—“¿Por qué me miras así, Ahra? Él también me derrotó”— dijo la rubia con una sonrisa coqueta.

Miro Danbi, tras dudar unos segundos, tomó la misma decisión y entregó su collar. Ahra la miró aún más seria, pero la tímida chica bajó la mirada y se quedó en silencio.

Hena Pinae suspiró, murmurando para sí misma: —“Lo siento, Surimaru… las reglas son primero”—

Y también colocó su collar en la mano de Goku.

—“Saben las consecuencias de esto, ¿verdad?”— dijo Hena con seriedad.

Ahra no respondió. Simplemente se dio la vuelta y comenzó a caminar de regreso hacia la ciudad de los Zorros Rojos. Hena la acompañó, mientras Miro Danbi y la otra rubia se quedaban un poco más.

Byul-Jjin, antes de irse, miró por última vez al azabache inconsciente y sonrió con esa expresión zorruna tan característica suya.

«Recupérate bien… nos volveremos a encontrar», pensó.

Se cubrió con una manta y se marchó junto al grupo, dejando atrás al capitán, que seguía pálido y atado a una silla después de haber sido exhausto por la rubia insaciable.

Hae-Rang se quedó solo, cuidando del saiyajin inconsciente y de Ga-Rim-Ryu, esperando a que llegaran los refuerzos de los Lobos Negros.

Goku abrió los ojos lentamente. El techo de madera pulida y el olor a hierbas medicinales le indicaron que ya no estaba en la cabaña destruida.

Se encontraba en una habitación amplia del ala médica del cuartel principal de los Lobos Negros. Su torso estaba vendado profesionalmente, y varias heridas menores ya habían sido tratadas. Aun así, sentía el cuerpo pesado y adolorido.

Sentado en una silla junto a la cama había un hombre mayor, de cabello canoso bien peinado, bigote espeso y uniforme militar impecable. Su mirada era seria y calculadora. A su alrededor, cuatro guardias armados custodiaban la habitación con expresión tensa, vigilando cada movimiento del paciente.

El hombre canoso se inclinó ligeramente hacia adelante cuando vio que Goku despertaba.

—“Así que finalmente despiertas…”— dijo con voz grave y autoritaria—“Soy el Comandante de este campamento”—

Goku se incorporó lentamente hasta quedar sentado en la cama. Hizo una mueca de dolor, pero no se quejó.

—“¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?”— preguntó con voz ronca.

—“Casi un día entero”— respondió el comandante, observándolo con atención y continuó:

—“Tus heridas eran graves. Cualquier hombre normal habría muerto desangrado. Sin embargo… tú estás aquí, hablando como si nada”—

El hombre canoso y con bigote hizo una pausa y entrecerró los ojos.

—“El chico llamado Haerang y su capitán me contaron lo que pasó en esa cabaña. Derrotaste tú solo a Ga-Rim-Ryu, a Ahra Yunsel y a otras dos de las mejores del equipo de los Zorros Rojos… y todo mientras estabas herido de antemano”—

El comandante se levantó de la silla y dio un par de pasos, cruzando las manos detrás de la espalda.

— “También me informaron que recibiste cuatro collares de las zorras rojas. Eso no es algo que ocurra todos los días. De hecho, es prácticamente inaudito”—

Uno de los guardias se movió incómodo. La tensión en la habitación era palpable.

El comandante miró fijamente a Goku.

—“Dime… ¿quién eres realmente? ¿De dónde vienes? ¿Y por qué un hombre como tú apareció de la nada en medio de esta guerra eterna entre Lobos y Zorros?”—

—“Me llamo Son Goku”— se presentó el azabache de forma cansada que el comandante entrecerró los ojos, claramente extrañado. Miró de reojo a uno de sus subordinados, quien negó discretamente con la cabeza.

—“Son Goku…”— repitió el hombre canoso, como probando el nombre—“No hay ningún registro tuyo en los archivos de los Lobos Negros. Ni nacimiento, ni reclutamiento, ni siquiera un informe de inmigración. Es como si hubieras aparecido de la nada”—

Goku se rascó la nuca con una sonrisa algo cansada, intentando sonar convincente.

—“Vengo de muy lejos. Estaba entrenando por mi cuenta y… hice una mala maniobra. Terminé cayendo herido cerca de esa cabaña”—

Era una verdad a medias. No pensaba contarle a nadie que acababa de pelear contra una versión metálica de un antiguo enemigo, ni que la supervivencia de su propio universo había estado en juego.

El comandante lo observó en silencio durante varios segundos, evaluándolo. El aire en la habitación se sentía pesado.

—“Una “mala maniobra” …”— repitió con escepticismo—“Y casualmente caes justo en medio de una operación de los Zorros Rojos, derrotas a tres de sus mejores guerreras y recibes cuatro collares… todo mientras estabas herido”—

El hombre se levantó de la silla y cruzó las manos detrás de la espalda.

—“No soy idiota, Son Goku. Nadie cae del cielo como lo hiciste tú y tiene ese tipo de poder por accidente”—

Dio un par de pasos y lo miró directamente a los ojos.

—“Así que te lo preguntaré una sola vez: ¿qué es lo que realmente buscas en nuestro territorio?”—

Goku suspiró profundamente y se pasó una mano por el cabello revuelto. Miró al comandante con honestidad, aunque sin revelar demasiado.

—“Ya venía herido cuando caí aquí”— explicó con calma —“Tuve una pelea bastante dura contra varias bestias poderosas antes de llegar. He entrenado desde que era niño en artes marciales. Uso métodos muy intensos… por eso puedo dar saltos como ese y tener la fuerza suficiente para pelear contra varios oponentes a la vez”—

El comandante lo observó en silencio, analizando cada palabra. Su expresión se mantenía seria.

—“¿Aun así… ganaste contra las mejores guerreras de los Zorros Rojos y contra el líder de Ga-Rim-Bee?”— preguntó, claramente incrédulo —“Todo eso mientras estabas herido”—

Goku asintió sin dudar, con esa mirada tranquila y sincera que lo caracterizaba.

—“Aun así gané”— respondió con naturalidad —“Porque el método de entrenamiento que sigo… lo puedo hacer. No es algo que dependa de si estoy al cien por ciento o no. Solo sigo entrenando sin parar”—

El comandante se quedó callado por unos segundos, estudiando el rostro del azabache. No parecía estar mintiendo, pero la historia era demasiado extraordinaria para aceptarla sin más.

—“Métodos de entrenamiento que permiten vencer a élite de ambos bandos…”— murmuró el hombre canoso, casi para sí mismo —“Interesante”—

Se acercó un paso más a la cama y lo miró fijamente.

—“Son Goku… sea cual sea tu verdadero origen, has causado un gran revuelo en muy poco tiempo. Cuatro collares de Zorros Rojos, la humillación de Ga-Rim-Ryu y una llegada que nadie en este cuartel va a olvidar fácilmente”—

El comandante cruzó los brazos.

—“Por ahora te quedarás bajo observación. Cuando estés recuperado, hablaremos más en detalle. Hay muchas preguntas que aún necesito respuestas”—

Goku solo asintió, recostándose de nuevo en la cama con un leve gesto de cansancio.

—“Entendido…”—

Una vez que el comandante y los guardias salieron de la habitación, dejando solo a un par de soldados custodiando la puerta desde afuera, Goku se quedó solo en el ala médica.

Se recostó contra la cabecera de la cama y soltó un largo suspiro, mirando el techo de madera.

«Vaya… qué mundo tan extraño me tocó esta vez», pensó.

Su mirada bajó entonces hacia la pequeña mesa de madera que había al lado de su camilla. Allí, cuidadosamente colocados, estaban los cuatro collares que las chicas le habían dado.

Goku los observó un momento, extrañado. Recordó vagamente que esas chicas le habían dado esos collares aun algo consciente hasta que cayó completamente inconsciente cuando ellas se fueron.

—“Mmm…”— murmuró rascándose la mejilla —“Ya le preguntaré al comandante cuando esté un poco más recuperado acerca de esos collares”—

Se encogió de hombros con su típica actitud despreocupada y cerró los ojos, intentando descansar. Su cuerpo todavía pedía a gritos recuperación después de la intensa batalla contra Metal Cooler y la fuerte caída.

Sin embargo, en el fondo de su mente no podía evitar sentir curiosidad.

«Esos collares… ¿por qué todas me los dieron tan decididas?»

Con ese pensamiento rondando su cabeza, Goku dejó que el sueño lo venciera de nuevo, rodeado del silencio del ala médica.

El ala médica del cuartel principal de los Lobos Negros.

Goku estaba sentado en el borde de la cama, aun con su gi rasgados. Sus heridas habían sanado a una velocidad que dejó boquiabiertos a los médicos del lugar. Apenas quedaban unas leves marcas rosadas donde antes había cortes profundos.

Se puso de pie frente al espejo. Su viejo gi naranja estaba completamente destrozado —lleno de cortes, quemaduras y sangre seca— por lo que los Lobos Negros lo habían dado de baja. En su lugar, le habían entregado ropa militar sencilla pero resistente: una playera blanca ajustada que marcaba su musculatura, pantalones tácticos oscuros y unas botas nuevas y cómodas.

Se miró un momento. No era su estilo habitual, pero era práctica y cómoda. Se colocó encima su abrigo largo negro que le regalaron ellos, que había sido lavado y remendado.

La puerta de la habitación se abrió y entraron tres personas con vestimenta formal y elegante, muy diferente al uniforme militar común.

Al frente iba un hombre de cabello negro corto, con un parche negro cubriéndole el ojo izquierdo. Vestía una chaqueta oscura ajustada con detalles dorados, pantalones formales y botas pulidas. Su presencia transmitía autoridad y astucia. Lo acompañaban dos subordinados que se mantuvieron en silencio.

—“Son Goku, ¿verdad?”— dijo el hombre del parche con una media sonrisa —“Me llamo Beak Mu, pertenezco al Servicio de Inteligencia y respondo directamente ante la familia real de los Lobos Negros”—

Goku se puso de pie sin esfuerzo. Beak Mu lo miró de arriba abajo con evidente interés.

—“El médico jefe quedó bastante sorprendido. Dijo que nunca había visto a alguien recuperarse tan rápido de heridas de ese calibre. Prácticamente te dieron el alta esta misma mañana”—

Goku se rascó la nuca con una sonrisa despreocupada.

—“Sí, me siento mucho mejor. Gracias por la atención”—

Beak Mu hizo un gesto con la mano.

—“No hay de qué. Ahora… me gustaría que me acompañaras. Hay varias cosas que debemos discutir y, honestamente, prefiero no hacerlo aquí”—

Goku lo miró un momento. No sentía mala intención en el hombre, así que asintió.

—“Está bien. Te acompaño”—

Salieron juntos del ala médica. Beak Mu caminaba a su lado con las manos en los bolsillos, mientras los dos subordinados los seguían a una distancia respetuosa.

Mientras avanzaban por los pasillos del gran cuartel, Goku miró a su alrededor con curiosidad. El lugar era grande, ordenado y claramente militar.

—“¿Dónde estamos exactamente?”— preguntó Goku.

Beak Mu sonrió de lado.

—“En la fortaleza principal de los Lobos Negros. Uno de los territorios más seguros de nuestra nación”—

Hizo una pausa y miró de reojo al saiyajin.

— “Y el lugar donde más revuelo has causado en los últimos días, Son Goku”—

Más tarde, en el comedor principal del cuartel...

El ruido de cubiertos y conversaciones se detuvo de golpe.

Todos los presentes —soldados, oficiales y reclutas— miraban con la boca abierta hacia una mesa del fondo.

Goku estaba sentado solo, devorando sin piedad. Delante de él había un barril entero de frutas que había pedido. Manzanas, peras, uvas, melones y plátanos desaparecían a una velocidad aterradora. Comía con las dos manos, casi sin masticar, con esa expresión concentrada y feliz que ponía cuando tenía comida delante.

¡Crunch! ¡Crunch! ¡Crunch!

En menos de diez minutos el barril ya estaba medio vacío. El sonido de su masticación era lo único que se escuchaba en todo el comedor.

Hae-Rang, sentado en la misma mesa, solo sudaba frío.

—“Gokú… ¿no vas a dejar nada para los demás?”— preguntó en voz baja.

Goku levantó la vista un segundo, con la boca llena.

—“¿Eh? Hay más en la cocina, ¿no?”— respondió antes de seguir comiendo.

Los soldados más cercanos se alejaron discretamente de la mesa. Nadie se atrevía a acercarse.

En una mesa más elevada, Muk-Bom (padre de Hae-Rang) observaba la escena con los brazos cruzados y una expresión pensativa. A su lado estaba Beak Mu, quien no apartaba la mirada del saiyajin.

—“Ese muchacho come como si no hubiera probado comida en semanas…”— murmuró Muk-Bom para continuar:

—“Y esas heridas… apenas se ven cicatrices. No eran de una pelea contra bestias comunes. Eran heridas de alguien que luchó por su vida contra algo mucho más peligroso”—

Beak Mu sonrió de lado, sin quitarle los ojos a Goku.

—“Exacto. Por eso está bajo vigilancia. Sobre todo por el asunto de los cuatro collares que recibió de las Zorros Rojos. Eso no es algo que pase todos los días”—

Muk-Bom asintió lentamente.

—“Lo tengo en la mira. Ese chico se guarda muchas cosas. Su historia de “entrenamiento y caída accidental” no me convence ni un poco”—

En ese momento, Beak Mu se levantó de su asiento.

—“Hae-Rang ha sido asignado temporalmente a la misma unidad que Son Goku”— anunció en voz alta, lo suficientemente fuerte para que todos lo escucharan.

—“Ambos quedarán bajo mi supervisión directa en la Fortaleza Central”—

Hae-Rang levantó el cabeza sorprendido.

—“¿Eh? ¿Yo también?”—

Beak Mu sonrió con esa expresión astuta suya.

—“Así es. Bienvenido al equipo, cachorro. Intenta no quedarte atrás”—

Goku, que seguía comiendo como si nada, levantó la vista y sonrió con la boca llena.

—“¡Genial! Así no estaré solo”—

Muk-Bom solo suspiró y se frotó las sienes, mirando a su hijo con una mezcla de preocupación y resignación.

Al día siguiente, por la mañana…

El sol apenas empezaba a salir cuando una carreta tirada por caballos salió del cuartel principal.

Goku iba sentado en la parte de atrás, con los brazos cruzados detrás de la cabeza y mirando el cielo meditando por las cosas que le dijo Beakmu acerca de esos collares que eran muy importante para ellos como lobos negros ya que tres de las mejores de ese equipo de élite de las zorras rojos y que en esa fortaleza le dirán lo demás. Llevaba su nueva ropa militar (playera blanca, pantalones tácticos y botas), además de su característico abrigo largo negro abierto. A su lado, Hae-Rang cargaba con una mochila y parecía algo nervioso.

—“¿Estás seguro de que esto es una fortaleza?”— preguntó Hae-Rang, sujetando las riendas —“Beak Mu solo dijo “Fortaleza Central” … pero suena demasiado elegante”— continuó.

Goku sonrió relajado.

—“No importa cómo se llame. Mientras haya comida, un buen lugar para entrenar y que me aclaren más acerca de estos collares, me da igual”—

La carreta avanzó durante casi una hora por un camino empedrado rodeado de bosques y colinas. Poco a poco, a lo lejos comenzó a verse una enorme construcción.

No parecía una fortaleza militar tradicional.

Era una mansión gigantesca de estilo elegante, con torres altas, jardines bien cuidados, muros blancos y techos oscuros. Desde lejos daba la impresión de ser más un lujoso hotel o palacio que un bastión defensivo.

Cuando la carreta se detuvo frente a la entrada principal, un joven de estatura media, cabello castaño corto y mirada tranquila los estaba esperando. Vestía un uniforme negro formal con detalles plateados.

—“Bienvenidos”— dijo el chico con voz calmada y educada, haciendo una leve reverencia —“Soy el Teniente Ma-Gi, encargado de la administración de la mansión. Beak Mu me informó de su llegada”—

Hae-Rang bajó de la carreta un poco intimidado por el lugar. Goku, en cambio, saltó con energía y miró la enorme mansión con curiosidad.

—“Vaya… esto es bastante grande”— comentó Goku rascándose la nuca —“¿Aquí vamos a quedarnos?”—

Ma-Gi asintió.

—“Así es. Se les ha asignado una habitación compartida en el ala este. Me haré cargo de sus respectivas identidades…”— se pausó un poco para continuar, diciendo:

— “Los nuevos reclutas está, teniendo un examen en este mismo momento”—

Hae-Rang asintió mirando a Goku de reojo.

—“Gokú… esto no se parece en nada a un cuartel normal”—

El saiyajin solo sonrió.

—“Mejor. Así podré entrenar más tranquilo si hay algún lugar para entrenar”—

Ma-Gi los observó a ambos un momento, especialmente a Goku, como si ya hubiera escuchado los rumores sobre él.

—“Síganme, por favor. Les mostraré las instalaciones antes”—

Fin del capítulo 1….

NDA: Este Fics la remakié como tres veces y ésta era la más decente... así que después de dos o tres cap de relleno, habrá puro porno... es un fics kokun: "todas mías" así que no esperen que el prota se lleve a una o cualquier secundario.