Capítulo 1: Una fiesta desastroza. Parte 1
En este mundo, mi mundo. Los omegas son masacrados y abusados, los betas tienen oportunidades promedio, los alfa el mundo a sus pies y... Yo me enamoré de quien me odia más.
...
Perdón. Hola querido lector o querida lectora. Déjame ponerte en contexto; Yo soy Victoria, soy una loba omega, pero bueno, todos los lobos son omegas, todos los betas son humanos y los vampiros alfas...
En fin, mi mundo es así; Los alfas dominan el mundo desde hace siglos, de hecho, según la historia, desde el inicio de esta.
Y los omegas fueron "Creados" para servirles a estos.
Aunque hay un punto medio, los betas; ellos son humanos, y tienen una buena esperanza de vida promedio.
Todos desprecian a los omegas desde el inicio de los tiempos, somos como las mujeres en época victoriana de tu mundo, pero no te creas, en mi mundo hay hombres y mujeres lobos, humanos y omegas.
Pero retrocedimos siglos, ahí no inicia mi historia....
— Eso es. Déjate domar...—Me decía una voz gruesa mientras yo sentía mi pequeño cuerpo entumecido.
No recuerdo qué estaba pasando en ese entonces, me sentía frágil, expuesta... Pero luego escuché algo.
— ¡Déjala en paz!— Gritó alguien con una figura corpulenta
— Tranquila. Ahora estás a salvo, linda — Oí susurrar una voz más suave antes de perder la conciencia....
Y fue así como mis ahora padres adoptivos; Magnus y Mina, ambos alfas vampiros, y famosos millonarios que me acogieron en su vida. Ellos fueron muy cuidadosos conmigo, me sacaron de la calle y me dieron comida. Pero no estaba sola...
— ¿Quién es esta niña? — Preguntó una niña muy parecida a Magnus, señalándome.
— Elena — Dijo refiriéndose a la niña— Ella es tu nueva hermana adoptiva; Victoria —Presentó Mina.
Yo extendí mi mano hacia Elena, pero ella con desdén me dio un manotazo, respondiendo...
— No la quiero, es una omega, no me sirve — Exclamó Elena con arrogancia en su voz.
Magnus la reprendió, pero Elena me hizo miserable desde que me conoció....
— ¡Ahí viene Elena! —Se oyó por los pasillos antes de que, como todo un cliché, todos se detuvieran nada más para observar con miedo y admiración a mi hermana adoptiva...
Digamos que.... Elena es la "Reina del instituto", como es una alfa vampira, es la heredera de una famosa empresa millonaria, es popular, sexy, alta y dominante en cada aspecto de su presencia....
Yo me escabullí al comedor, podría filmar una película de persecuciones junto a todos los omegas del mundo pues, estamos obligados a escondernos y no llamar la atención o atender las consecuencias que los alfas nos impongan. Como el machismo en la época victoriana....
Estaba en la mesa del fondo, escondida, sin llamar la atención como todos los omegas. Escondíamos nuestros cuerpos con sudaderas enormes aunque el sol nos extinguiera, y pantalones holgados para dar la impresión de... ¿Cómo se dice en tu mundo? Trasero plano, creo. Y el cabello suelto para ocultar las feromonas, que vienen de nuestro cuello, ya sea de alfa u omega, ya que es en ese lugar donde suelen marcarse las parejas, pero bueno...
De repente, sentí un escalofrío, seguido de un susurro en mi oído.
— Hola, princesa —Escuché, me volteé solo para ver a Laila, mi mejor amiga.
— Dios, no me asustes así —Reproché mientras Laila se sentaba a mi lado.
Laila es una vampira, alfa.... Si, ya sé. Se supone que sea mala conmigo, pero nos hicimos amigas en el jardín de niños y, desde entonces ella me defiende de... Elena.
— Escuché que tu hermana adoptiva va a hacer una fiesta esta noche porque tus padres no están —Comentó mientras tomaba una botella de sangre artificial —Así que voy a ir para vigilar que llegues a tu cuarto sin que ningún alfa te toque —Exclamó con orgullo.
Yo me reí. Pero el aire pareció enfriarse cuando Elena entró al comedor, yo palidecí. Le tengo miedo, okey?
Y lo peor. Todos la miraban mientras cruzaba el umbral. Su presencia era como una ráfaga de aire frío que congelaba a todos y cada uno de los presentes. Caminaba con esa postura impecable, con su séquito, y a su lado su compinche, y mejor amigo, Sam....
Sus ojos grises escanearon el comedor hasta detenerse en la mesa del fondo, donde por si no te acuerdas es donde estábamos Laila y yo.... Y para colmo, una sonrisa fría y calculadora se extendió en sus labios al vernos. No preguntes porque me gusta narrar así.
— Vaya, Vaya —Dijo Elena al llegar, sin pedir permiso para acercarse, pues no lo necesitaba —La omega loba y su guardaespaldas. Qué escena tan conmovedora —Exclamó con burla y sarcasmo.
Elena se apoyó contra la mesa, clavando sus ojos en mi. Mientras todos observaban como si fuera el k-drama más interesante como dicen en tu mundo.
Laila no esperó un segundo más. Se levantó de un salto, su silla chilló contra el suelo de mármol mientras empujaba a Elena.
— Déjala en paz, Elena —Siseó Laila, sus colmillos al descubierto en un gesto de desafío que solo los vampiros conocían —Si vuelves a molestarla, te juro que no habrá suficiente dinero en este mundo para preparar lo que te haré.
La tensión era palpable. Los estudiantes cerca de la mesa escandalosa se alejaron lo suficiente pero no demasiado para seguir viendo, sabiendo lo que se avecinaba.
Elena soltó una risa seca y despectiva, cruzando los brazos sobre su pecho. Su séquito se movió detrás de ella, aterrados porque sabían la pelea que se estaba desatando. Pero que buena historia, solo es el primer capítulo y ya va a haber una pelea...
— Oh, que lindo es ver como proteges a esa perra —Y bueno, Laila no aguantó. Todos los alfas son iguales.
El estruendo de la primera colisión hizo que las mesas cercanas vibraran. Laila se lanzó con una velocidad cegadora, su piño impactó contra la mandíbula de Elena con un sonido seco y contundente. La fuerza del golpe hizo que Elena retrocediera varios pasos, pero no perdió el equilibrio.
Elena respondió con un movimiento frío y brutal. Agarró a Laila por el cuello de la chaqueta y la lanzó contra la mesa donde estaba, que se partió en dos bajo el peso de ambas.
Me levanté horrorizada, pues por ser omega no tenía ni las capacidades morales ni físicas para intervenir.
— ¡Maldita perra! —Rugió Elena, su voz había perdido la calma habitual y fría, transformándose en un gruñido animal.
La pelea era atroz. Ambas alfas intercambiaban golpes que habrían matado a un omega o un beta. Y por eso nadie intervenía...
Laila logró conectar un rodillazo en el estómago de Elena, haciéndola doblarse por un instante, pero la vampira de cabello oscuro, o sea Elena, respondió con un golpe de palma abierta al rostro de Laila, que la mandó directamente contra el suelo.
— ¡Eres una insolente! —Gritó Elena, su voz distorsionada por la rabia— ¡Nadie se levanta contra mi!
El pánico se apoderó de mi al ver a mi amiga peleando tan salvajemente, las pupilas de ambas se pusieron rojas y, si no fuera porque Laila es peliroja sirena, no podría haber notado que le sangraba la cabeza.
Apreté mis manos contra mi pecho. Quería intervenir, pero sabía que mi fuerza de omega sería insignificante contra la furia desatada de los alfas vampiras.
El aire olía a metal y a feromonas rabiosas.
Los idiotas de los guardias por fin vinieron. Un grupo de betas armados con porras eléctricas. Fue necesario que cuatro hombre se lanzaran sobre Elena para lograr separarla de Laila.
Elena luchó contra ellos, sus ojos grises ahora inyectados en sangre y una expresión de pura furia contenida, pero finalmente pudo ser sometida...
— ¡Esto no ha terminado! —Gritó Elena mientras os guardias la arrastraban hacia la salida del comedor, sus ojos fijos en mi, como una promesa silenciosa de que, la próxima vez yo no me salvaría de ella.
Inmediatamente me arrodillé junto a Laila pasando mi manga contra su cabeza rota.
— Ay, Dios mío. ¿Por qué hiciste tal estupidez? —Reproché mientras la ayudaba a pararse y llevarla a la enfermería.
Laila soltó una risa ronca y una mueca de dolor mientras caminaba — ¿Estupidez? No fue una estupidez, Vick. Fue necesario. Elena no te respeta y no voy a dejar que te trate como un juguete.
— ¿Desde cuando un alfa respeta a un omega? —Pregunté con sarcasmo.
Laila suspiró, su expresión suavizándose —Lo siento si te asusté. No quería que vieras tanta violencia. Pero alguien tiene que ponerle límites a Elena, aunque sea a golpes.
— Supongo que ya no vendrás a la mansión de Elena a cuidar de mi integridad —Dramaticé mientras Laila era atendida por una señora mayor en la enfermería.
— Sí, lo siento. La próxima lo pensaré mejor antes de golpear a tu hermana adoptiva —Respondió Laila con una risita.
La mansión estaba transformada. la música retumbaba en las paredes, luces de neón bañaban los pasillos de mármol y el olor a alcohol y feromonas de alfas llenaban cada rincón. Era una fiesta de la que nadie se atrevía a faltar, y Elena, como dueña de la casa, se movía entre la multitud con una sonrisa gélida, disfrutando de la atención.
Intenté pasar desapercibida, con mi sudadera gigante y capucha puesta, tratando de llevar a mi habitación sin ser vista. Pero el destino tenía otros planes...
— ¿A dónde crees que vas, pequeña rata? —La voz de Elena cortó el aire como una cuchilla.
Elena me sujetó del brazo con una fuerza que no aceptaba discusión, arrastrándome hacia el centro de la pista donde la música era más fuerte y su séquito se encontraba riendo. Por lo menos no es un reguetón de quinta...
Sus ojos grises brillaban bajo las luces estroboscópicas, y una sonrisa cruel se dibujaba en su rostro.
— No vas a encerrarte en tu cuarto como una cobarde —Me susurró al oído, su voz apenas audible por encima del bajo de la música —Esta es mi mansión, y si yo te digo que te quedas, te quedas.
Rodeó mi cintura con su brazo, manteniéndome cerca de su cuerpo. Diría que es casi romántico, pero el agarre de Elena era posesivo hacia los invitados que desviaban la mirada.
Elena tomó una copa de cristal de su mejor amigo Sam y me la ofreció con un gesto que parecía amable pero claramente era una orden.
— Bebe —Me dijo, su tono frío y autoritario.
— Yo no bebo —Susurré con la poca dignidad que poseía.
Vi como la sonrisa de Elena se desvanecía lentamente. Sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor de mi cintura, sus uñas clavándose ligeramente en la tela de mi sudadera.
— ¿Qué dijiste? —Preguntó como si no pudiera creer que le contestara.
Elena se inclinó hacia mi, invadiendo mi espacio personal hasta poder sentir la dría respiración de Elena en mi rostro.
— No me niegues nada, Victoria. No eres nadie para hacerlo —Me siseó al oído, su tono cargado de un veneno que me derretía— Eres una omega loba. Unas mascota que mis padres recogieron de la calle. Y en esta casa, haces lo que yo diga.
Tuve que tragar mi orgullo junto a esa bebida extraña, que resultó ser whisky, poco después de beber me hizo marear, la cabeza me daba vueltas, el líquido me quemó la garganta y el suelo bajo mis pies pareció moverse. Y luego la vi, me di cuenta de que todo fue a propósito cuando vi a Elena y a su séquito reírse con burla.
Después de eso, Elena me dejó abandonada en la cocina y se alejó con sus amigos...
El frío del exterior de la nevera donde me apoyé me hizo estremecer. Me sentía tan pequeña. Tan vulnerable. No era nada tolerante al alcohol porque nunca en mi vida lo había tomado. y su efecto era rápido y cruel; mi visión se nublaba cada vez más y mis sentidos se confundían.
— ¿Por qué? —Murmuré con un hilo de voz, más para mi misma.
Continuará



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