Personalizar legibilidad
Aa

Only Ours || Haalingham

Sinopsis

Dos hermanos un objetivo. Jude y Jobe nunca planearon convertirse en rivales y cómplices a la vez.

Genero:
Erotica
Autor/a:
rottenSilk_
Estado:
hace 5 horas
Capítulos:
15
Rating
5.0 (4 reseñas)
Clasificación por edades:
18+

01

⚠️Este capítulo presenta contenido que puede resultar inapropiado para algunos lectores, contiene temas maduros y descripciones eróticas de sexo explícito. Les recomiendo discreción y respeto al leer. Si el contenido no es de tu agrado, no leas este capítulo y espera la siguiente actualización. Recuerden que nada de lo que pasa en esta narrativa retrata la vida real de las personas mencionadas, es ficción explícitamente etiquetada como tal.⚠️



El ambiente olía a sudor frío, feromonas y mucha testosterona en el vestuario del club, para Jude Bellingham, se había convertido en una tortura sofocante. Aun así, ahí estaba él, sentado en el banco de madera pulida, desatando con calma las cintas de sus botas de juego.

A su lado, Jobe se pasaba una toalla húmeda por la nuca, respirando con pesadez tras los noventa minutos de un partido tenso. Pero ninguno de los dos hermanos estaba prestando verdadera atención al cansancio físico. Sus sentidos, afinados por esa naturaleza de Omegas que intentaban camuflar su genética bajo capas de supresores de alta gama, aún así los ojos de ambos estaban fijos en la figura que se erguía a solo unos metros de distancia.

Erling Haaland, el Alfa nórdico ni siquiera los estaba mirando directamente. Estaba de espaldas, quitándose la camiseta térmica en un movimiento fluido que dejaba al descubierto la musculatura marcada de su espalda y esa presencia imponente que parecía llenar todo el vestuario. Erling no necesitaba gruñir ni soltar feromonas a propósito como otros alfas; su sola aura y presencia territorial aplastaba el aire en la habitación.

Para el resto del equipo, eran solo el trío estrella, el delantero letal y los dos hermanos talentosos que coordinaban el mediocampo como si leyeran la mente del otro, para los fanáticos y la prensa, una amistad de ensueño nacida de la química futbolística. Pero entre ellos tres, en ese espacio microscópico que compartían cuando las cámaras se apagaban, existía un hilo invisible, tensado a punto de romperse.

—Jugaste flojo en el segundo tiempo, Jobe —murmuró Erling sin darse la vuelta. Su voz era grave, una vibración baja que resonó justo en la base del cuello del menor de los Bellingham.

Jobe detuvo el movimiento de la toalla, sus ojos oscuros se entrecerraron con esa mezcla de orgullo y provocación que lo caracterizaba, no se encogió ni un milímetro ante la voz dominante del alfa.

—Dame los pases donde los pido y no tendré que correr el doble para salvarte las espaldas, Haaland —contestó Jobe, con un tono sedoso pero cargado de un filo desafiante.

Jude soltó una risita baja, una melodía burlona que hizo que Erling finalmente se girara, el noruego los miró desde su considerable altura, con esos ojos fríos y claros qué pasaron de Jobe a Jude, recorriendo la postura relajada pero alerta de ambos. Erling sabía lo que estaban haciendo, siempre se daba cuenta, esos dos jugaban a provocarlo, a estirar la cuerda para ver hasta dónde llegaba el dominio del Alfa antes de que perdiera el control.

—Cuidado con esa boca, Bellingham junior —dijo Erling, dando un paso lento hacia ellos con una toalla sobre su hombro y el torso desnudo aún resplandeciente de sudor. La distancia entre su cuerpo y los pies de Jobe se redujo a nada— En la cancha te paso las que me dé la gana. Fuera de ella, no te convendría tentar a la suerte.

Jude se inclinó un poco hacia adelante, apoyando los codos sobre sus rodillas. Sus ojos brillaban con esa chispa coqueta y peligrosa que Erling conocía demasiado bien.

—¿Y si nos gusta tentar a la suerte, qué vas a hacer, Erling? —intervino Jude, bajando el volumen de su voz a un susurro que solo los tres podían escuchar en medio del bullicio del resto del equipo al fondo de las duchas— Llevas semanas mirándonos como si quisieras marcarnos el cuello en medio del entrenamiento. Si vas a reclamar algo, hazlo bien, no te quedes solo en advertencias.

El aire en ese rincón del vestuario se volvió de pronto densísimo, Erling entrecerró los ojos y por un microsegundo, las pupilas del Alfa se dilataron, traicionando el hambre salvaje que guardaba bajo esa fachada de autocontrol frío. Su mirada cayó sobre los labios de Jude, luego se desviaron hacia la curva del cuello de Jobe, donde el olor a supresores apenas lograba tapar ese aroma dulce y ligeramente especiado que a Erling le ponía los nervios de punta.

—Hoy en la fiesta —dijo Erling, con un tono seco, autoritario, pero impregnado de una promesa implícita que les erizó la piel a los dos hermanos— Van a estar a mi vista todo el tiempo, ningún Alfa de mierda de los otros equipos se les va a acercar a menos de dos metros, ¿Queda claro?

Jobe alzó una ceja, cruzándose de brazos, manteniendo la postura firme a pesar de la sacudida interna que le provocó la orden.—No eres nuestro dueño, Haaland —soltó Jobe con una sonrisa ladina, aunque su pulso se aceleró.

—Aún —corrigió Erling con una frialdad mortal, dando un paso atrás justo cuando un compañero de equipo pasaba cerca pidiendo una toalla.

La barrera invisible volvió a levantarse instantáneamente, Erling regresó a su casillero como si nada hubiera pasado, dejando a Jude y a Jobe intercambiando una mirada cargada de complicidad y un fuego oculto. Se protegían entre ellos, sí, pero la sola idea de ver a Erling reclamando lo que era suyo los estaba volviendo locos a los dos.

La fiesta de celebración de esa noche no iba a ser una fiesta normal y ninguno de los tres pensaba pretender que lo fuera.

El reservado VIP del club nocturno más exclusivo de la ciudad tenía una energía a descontrol, luces de neón tenue y una mezcla peligrosa de feromonas y alcohol. Era la fiesta privada por el pase a la final del torneo y la mitad del plantel estaba celebrando en los sofás de terciopelo negro. Sin embargo, en el centro de aquel espacio reducido de música retumbante, la verdadera atención flotaba en un triángulo invisible pero evidente.

Jude sabía perfectamente el poder que ejercía, llevaba una camisa de seda negra ligeramente desabotonada en el pecho, lo suficiente para dejar ver la curva de su clavícula y permitir que una ráfaga casi imperceptible de su aroma a té negro y moras silvestres se colara en el aire. Estaba reclinado con elegancia sobre la barra del reservado, sosteniendo un vaso de cristal mientras conversaba con un mediocampista invitado de la liga italiana.

​A un par de metros, sentado en un sillón elevado como un rey en su trono, Erling los observaba. El noruego sostenía su bebida con la mano firme, la mandíbula apretada y esa mirada azul acero clavada directamente en la espalda de Jude. Jude lo sabía, sentía la piel del cuello arder bajo la presión de esa mirada territorial y lejos de amedrentarse, lo alimentaba. Cada risa baja que Jude le regalaba al jugador italiano, cada inclinación de cabeza sutil, era un dardo calculado a la paciencia del Alfa.

Jobe, sentado cerca de la mesa con una pierna cruzada sobre la otra, observaba la jugada de su hermano con una mezcla de diversión e impaciencia, pasó sus dedos por su propio vaso, disfrutando en silencio del juego peligroso en el que Jude estaba acorralando a Erling. Los dos hermanos tenían ese pacto implícito, Jude encendía la mecha y Jobe se encargaba de asegurarse de que el fuego ardiera sin rodeos.

​—Te estás jugando el cuello, Jude —murmuró Jobe cuando su hermano mayor se acercó a él para dejar el vaso vacío sobre la mesa, pasando tan cerca que la tela de sus camisas se rozó.

​—Deletrea "celoso", Jobe —respondió Jude con una sonrisa de lado, era una expresión de pura picardía que iluminó sus ojos oscuros— Míralo, ni siquiera está disimulando con sus compañeros, tiene los nudillos blancos de apretar ese vaso.

​—No te confíes —advirtió Jobe, aunque sus propios ojos brillaron con esa misma hambre posesiva— Si Erling pierde el control aquí, nos va a arrastrar a los dos a una esquina y no va a pedir permiso.

​—Que no pida permiso —murmuró Jude, bajando el tono de su voz a un susurro venenoso y puramente coqueto— Eso es exactamente lo que quiero que haga.

​El impulso no tardó en llegar, el jugador italiano, animado por la amabilidad de Jude y desconociendo por completo las leyes no escritas de la manada que compartían los británicos con el noruego, cometió el error de acercarse demasiado. Puso una mano audaz sobre el hombro de Jude, inclinándose para decirle algo al oído sobre la música atronadora.

Jude no se apartó inmediatamente; en su lugar, sostuvo la mirada de Erling a través de la oscuridad el lugar, desafiándolo abiertamente con una ceja alzada.—A ver qué haces, Alfa. —se dijo a si mismo.

Eso fue todo lo que necesitó el noruego. La atmósfera en la zona VIP cambió de golpe, volviéndose tan densa que el aire pareció congelarse.

Erling se puso de pie en un movimiento rápido e imponente, sus más de uno noventa centímetros de estatura cortaron el espacio del lugar con una presencia animal, sofocante, que hizo que varios compañeros a su alrededor se callaran instintivamente. Liberó una ráfaga controlada pero letal de sus feromonas, un aroma a madera de pino y lluvia helada, era una señal de advertencia que resonó como un trueno en el instinto Omega de los hermanos Bellingham.

​A Jude se le erizó el vello de los brazos, sintió una descarga de electricidad pura recorrerle la espina dorsal al ver a Erling caminar hacia ellos como un depredador que ha decidido terminar con el juego. Jobe se enderezó de inmediato en el sofá, apretando los puños sobre sus muslos, sintiendo esa misma sacudida instintiva al ver al Alfa avanzar.

​Erling no le dirigió ni una sola palabra al italiano, simplemente se interpuso entre él y Jude, usando su enorme presencia para bloquear completamente al intruso. Atrapó la muñeca del jugador extranjero con la firmeza de un grillete de acero y la apartó del hombro de Jude con una frialdad glacial.

​—Se acabó la charla —dijo Erling, su voz no fue alta, pero tenía una frecuencia tan grave y dominante que hizo que el otro Alfa diera un paso atrás por puro instinto de supervivencia, disculpándose torpemente antes de perderse entre la multitud.

​Erling se giró lentamente hacia Jude, la distancia entre sus rostros era mínima. El rostro del noruego estaba tenso, con las pupilas completamente dilatas ocupando casi todo el azul de sus ojos, consumido por un ansia territorial que ya no podía contener.

Jude no retrocedió, sonrió lentamente, con los labios entreabiertos, respirando el aroma embriagador que Erling emanaba sin freno.​—Llegas justo a tiempo, grandote —provocó Jude, alzando la barbilla, acariciando con la mirada la línea tensa de la mandíbula del gigante— Empezaba a pensar que solo sabías mirar desde lejos.

Erling avanzó un paso más, acorralando a Jude contra la barra metálica, la mano izquierda del noruego se posó en la cintura de Jude, apretando la seda de su camisa con una fuerza posesiva que le sacó un suspiro corto al menor de los Bellingham. Con la otra mano, Erling atrapó a Jobe del brazo antes de que este pudiera dar un paso atrás, jalándolo hacia la penumbra del rincón con una autoridad indiscutible.

​—Ustedes dos, se los advertí hace unas horas atrás—gruñó Erling, la voz raspándole la garganta, haciendo que los cuerpos de los dos hermanos vibraran en sintonía— se vienen conmigo, ahora.

Jobe y Jude intercambiaron una mirada rápida, con un destello de triunfo absoluto y deseo salvaje brillando en sus ojos, la provocación había funcionado y la noche apenas comenzaba.

El agarre de Erling en la cintura de Jude no era solo un gesto de protección; era un grillete, la presión de sus dedos largos y fuertes atravesaba la seda de la camisa negra, dejando claro que no había espacio para la negociación, del mismo modo, la mano del Alfa que rodeaba el antebrazo de Jobe lo arrastraba con una firmeza que no admitía reclamo, obligando al menor de los hermanos a mantener el paso sin importar el orgullo que intentaba sostener en su postura.

Salieron del área VIP cruzando un pasillo de servicio en media luz, alejado de la música atronadora y de los destellos de las luces de neón que aún retumbaban en los cristales del club. El cambio de ambiente se sintió de inmediato, el silencio del pasillo de emergencia solo era interrumpido por el sonido pesado de sus pasos sobre el hormigón y el patrón irregular de sus respiraciones.

Jude, lejos de sentirse intimidado por la brusquedad con la que Erling los conducía, disfrutaba de cada pulgada de esa tensión, sentía la calidez territorial de la palma del nórdico contra sus costillas, un calor que parecía perforar su piel y encender cada una de sus terminaciones nerviosas. A su lado, Jobe mantenía la mirada fija al frente, con los hombros tensos y la mandíbula apretada, intentando no ceder visiblemente ante el peso del aroma a lluvia fría y pino que Erling soltaba sin ningún tipo de filtro.

Subieron al ascensor privado del edificio que conectaba directamente con las suites ejecutivas del piso superior. En cuanto las puertas de bronce pulido se cerraron, aislando el recinto en un silencio sepulcral, el espacio se redujo drásticamente.

El aire dentro de la cabina de metal con espejos alrededor se volvió insoportablemente denso, las luces LED del techo iluminaban con frialdad los rostros de los tres. Erling se colocó de espaldas a las puertas, bloqueando la única salida con su gran cuerpo y con los brazos cruzados sobre el pecho, sus ojos azules, oscurecidos por un matiz casi salvaje, no abandonaron las caras de los dos hermanos ni un solo segundo.

​—Se creen muy listos, ¿verdad? —soltó Erling, su voz no era más que un murmullo profundo, desgarrado en el fondo de su garganta, que hizo retumbar las paredes de espejo del ascensor.

​Jude se apoyó contra el pasamanos de acero, cruzando las piernas con elegancia, se paso una mano sobre el cabello con diversión, en su rostro se dibujaba esa sonrisa ladina, irritante y profundamente atractiva que solía sacar a Erling de sus casillas.

​—No sé de qué hablas, Haaland —contestó Jude con un tono pausado, acariciando las palabras como si degustara un dulce caro— Solo estábamos celebrando, conseguimos el pase a la final, ¿o es que ya se te olvidó quién te dio la asistencia para el segundo gol? Me parece que merecía un poco de atención y si tú estabas demasiado ocupado haciendo tu papel de Alfa distante en la esquina, alguien más tenía que cubrir el puesto.

Un gruñido sutil, casi imperceptible pero cargado de una amenaza evidente, brotó del pecho de Erling. Dio un paso al frente dentro del reducido espacio del ascensor, obligando a Jude a erguir la espalda.

​—Ese imbécil te estaba tocando, Jude —dijo el Alfa, señalándolo con un dedo firme, antes de girar la cabeza bruscamente hacia Jobe— Y tú estabas ahí parado, mirando, dejando que pasara, sabiendo perfectamente lo que eso me hace hacer.

Jobe alzó la barbilla, sosteniéndole la mirada al gigante sin dar un solo paso atrás, su aroma a té y especias, idéntico pero más amargo y seco que el de Jude, comenzó a responder al del Alfa en una danza instintiva de provocación.

​—¿Y qué querías que hiciera? —intervino Jobe, con una frialdad calculada que chocaba de lleno con la rabia contenida de Erling— ¿Querías que peleara tus batallas por ti? Tú eres el que reclama el espacio, Haaland, tú eres el que actúa como si el vestuario, la cancha y nosotros te perteneciéramos por derecho divino. Pero cuando estamos fuera, te comportas como si no nos conocieras a fondo, si no vas a poner las manos encima, no esperes que los demás se queden de brazos cruzados.

Las palabras de Jobe cayeron en la cabina con el peso de una sentencia, Erling apretó los dientes con tanta fuerza que los músculos de su mandíbula se marcaron violentamente bajo su piel blanca. La distancia entre los tres era tan estrecha que sus alientos se cruzaban en el aire, Jude podía sentir la radiación de calor que salía del cuerpo desnudo del noruego bajo la chaqueta oscura que llevaba puesta.

—¿Quieren que ponga las manos encima? —preguntó Erling, bajando la cabeza hasta que su frente casi tocó la de Jobe, para luego mover la mirada lentamente hacia Jude, atrapando a ambos en una red de dominación pura— ¿Eso es lo que llevan meses buscando con sus jueguitos en las prácticas? ¿Con las miradas que me echan en el autobús? ¿Creen que soy ciego? Sé perfectamente lo que hacen los dos, se alían para ponerme a prueba, quieren ver cuánto aguanto antes de romper la línea.

​—Vamos, rómpela de una vez —susurró Jude, inclinándose solo un milímetro hacia adelante, dejando que sus labios quedaran a una distancia ridícula de la comisura de la boca de Erling— Deja de advertirnos, Erling. Tus palabras no nos asustan, llevamos años escuchándote gruñir en los vestuarios, si quieres que seamos tuyos, vas a tener que demostrarlo aquí y ahora, no en tus discursos de capitán.

​El ding metálico del ascensor anunció la llegada al piso de la suite, cortando la frase de Jude en el aire, las puertas corredizas se abrieron con un siseo suave, revelando el pasillo alfombrado y silencioso de la planta ejecutiva. Ninguno de los tres se movió por dos segundos interminables, la tensión era tan pesada que parecía congelar el tiempo.

Finalmente, Erling metió la mano en el bolsillo de su pantalón, sacó la tarjeta magnética de la suite principal y sin decir una sola palabra más, sujetó a Jude por la parte posterior del cuello, el agarre fue firme y posesivo, justo sobre la zona donde un Alfa reclamaría a su Omega y empujó suavemente a Jobe por el hombro para obligarlos a salir de la cabina.

​El recorrido hasta la puerta de la suite fue una caminata silenciosa pero eléctrica, Jude sentía la mano de Erling tibia y pesada en su nuca; sus dedos se enredaban apenas en los rizos del cabello corto, ejerciendo la presión justa para recordarle quién mandaba en ese recorrido. Jobe caminaba al lado, con la mirada encendida y una respiración acelerada que delataba el impacto que las feromonas de Erling estaban teniendo en su propio cuerpo.

​Haaland acercó la tarjeta al lector electrónico, la luz verde parpadeó y el mecanismo de la cerradura cedió con un clic seco.

​El noruego empujó la puerta pesada de madera oscura, dejando al descubierto una habitación enorme, iluminada únicamente por la luz tenue de la ciudad que se filtraba a través de los ventanales de piso a techo. El mobiliario de lujo, la cama King size al fondo y la atmósfera helada del aire acondicionado parecían esperar por ellos como un escenario preparado para un juicio.

Erling entró primero, tirando de Jude hacia el interior y haciendo una seña innecesaria a Jobe para que cerrara la puerta a sus espaldas. ​Jobe obedeció, empujó la hoja de madera hasta escuchar el chasquido del cerrojo automático, giró la llave de seguridad con un movimiento lento y deliberado, dejando claro que nadie saldría de esa habitación hasta que todo estuviera dicho y hecho.

​—Bien —dijo Jobe, dándose la vuelta y apoyando la espalda contra la puerta de entrada, cruzándose de brazos mientras fijaba sus ojos oscuros en el Alfa que dominaba el centro de la suite — Ya estamos a solas, grandote, sin cámaras, sin compañeros de equipo y sin excusas. Ahora dinos qué carajos es lo que quieres de nosotros dos.

El chasquido del cerrojo al girar resonó en el silencio de la suite como un disparo, Erling no apartó la vista de Jobe ni un segundo tras escuchar el sonido de la puerta cerrándose por completo, su respiración era profunda y pausada, pero el pecho le subía y bajaba con una violencia que daba señal a que en cualquier momento perdería el control, delataba sin pudor el huracán de instintos que brotaban bajo su piel de Alfa dominante.

Tenía a Jude sujeto todavía por la nuca, atrapado contra su costado, sintiendo la fragancia a mora y té que emanaba de la piel del mayor de los hermanos como una droga directa al torrente sanguíneo.

​—¿Qué que es lo que quiero? —la voz de Erling salió en un gruñido bajo bastante áspero, que vibró directamente en el espacio reducido entre los tres— Llevo meses teniendo que soportar que entrenen juntos, que se rían en las bancas, que se pasen el balón con esa complicidad de hermanos mientras me ignoran a medias, sabiendo perfectamente que sus ojos se desvían hacia mí cada vez que me quito la camiseta en el vestuario. Y me preguntas qué quiero, Jobe.

El noruego dio un paso al frente, arrastrando a Jude consigo, obligando a este último a tambalearse ligeramente antes de recuperar el equilibrio con una sonrisa desafiante en los labios.

​—Los quiero a los dos —escupió Erling sin filtros, sin máscaras de capitán educado ni sonrisas para la prensa o sus compañeros de equipo. Sus ojos de un azul helado brillaban con un fuego posesivo e incontrolable— Los quiero callados, los quiero míos y me jode profundamente la idea de que cualquier otro imbécil en este puto mundo se atreva siquiera a respirar en su misma dirección, eso es lo que quiero.

​Jude soltó una exhalación que sonó a medio camino entre una risa incrédula y un suspiro de rendición. Apoyó una mano enguantada de confianza sobre el pecho de Erling, sintiendo los latidos desbocados del Alfa bajo las yemas de sus dedos.

​—Vaya... Así que al fin te dignaste a decirlo en voz alta, Haaland —murmuró Jude, inclinando la cabeza con una suficiencia intencional que encendió aún más el temperamento del noruego— Nos has tenido mareados semanas enteras con tus jueguitos de miradas frías y tus pases medidos en la cancha, haciéndote el intocable. ¿Y ahora resulta que nos quieres a los dos?, ¿a ambos?, ¿sabes lo que eso significa, verdad? Que no hay vuelta atrás, si abres esa puerta, te vas a dar cuenta de que los hermanos Bellingham no venimos en paquete de prueba, Erling. O nos tragas a los dos por completo, o te quedas sin nada.

​Jobe, que seguía con la espalda apoyada contra la madera de la entrada, se despegó lentamente de la puerta. Sus pasos sobre la alfombra gruesa de la suite fueron lentos, medidos, como los de un felino que evalúa el terreno antes de dar el salto, su aroma a especias amargas se intensificó, mezclándose en el aire con las feromonas dominantes de Erling en una reacción química que hacía que el ambiente se sintiera denso, casi irrespirable.

​—Jude tiene razón en algo —intervino Jobe, deteniéndose a apenas medio metro de ambos, con la mandíbula firme y los ojos oscuros clavados en los de Erling— No somos un capricho de medianoche después de ganar un partido. Si vas a reclamarnos como tuyos ante el mundo, vas a tener que aprender a lidiar con lo que somos, porque nosotros dos nos protegemos primero el uno al otro, por encima de todo, incluso por encima de ti, grandote.

​Erling giró la cabeza bruscamente para mirar a Jobe, el desafío en la voz del menor de los hermanos no era una simple provocación; era una advertencia real. Los dos omegas formaban un bloque impenetrable, Erling sabía que intentar someterlos por separado era imposible; funcionaban como un espejo roto, donde cada pieza reflejaba la misma intensidad, el mismo orgullo y la misma necesidad tóxica de control.

En lugar de enojarse, una sonrisa torcida, peligrosa y pícara se dibujó en la comisura de los labios del noruego.

​—¿Crees que no lo sé? —respondió Erling, soltando finalmente la nuca de Jude, solo para atrapar inmediatamente la cintura de Jobe con esa misma mano libre, jalándolo hacia su cuerpo de un solo golpe seco hasta estrellarlo contra su costado, completando el círculo— Los conozco mejor de lo que creen, sé cómo juegan, sé cómo se defienden y sé exactamente qué clase de veneno llevan dentro cuando se juntan, por eso los quiero a los dos bajo mi mismo techo, no hay opción B. Así de simple.

Jobe sintió el calor abrasador del cuerpo de Erling pegado al suyo, la fuerza de ese brazo rodeándole la cintura con una firmeza que le cortó el aliento por un microsegundo. A su otro lado, Jude se acercó sin vacilar, apoyando la palma de su mano en el hombro rígido del noruego, recorriendo con lentitud la línea de su clavícula hasta llegar al cuello.

​—Qué posesivo nos saliste, vikingo—susurró Jude contra su oído, con un tono tan provocativo que hizo que el pulso de Erling se disparara de inmediato— A ver si es cierto que puedes con los dos al mismo tiempo, o si vas a terminar pidiendo tregua antes del amanecer.

​—Los Alfa no pedimos tregua, Jude —replicó Erling con voz ronca, bajando la mirada hacia los labios del mayor antes de desviar los ojos hacia Jobe con una promesa muda y salvaje grabada en la retina— Menos cuando se trata de lo que les pertenece.

La tensión acumulada durante meses de miradas cruzadas en el vestuario, todos esos entrenamientos silenciosos y los celos reprimidos estalló en ese preciso instante.

Erling no dio más advertencias, con un movimiento brusco y decidido, arrastró a los dos hermanos hacia el centro de la habitación, directo hacia la amplia cama de sábanas oscuras que esperaba en la oscuridad. La noche de fiesta estaba lejos de terminar, estaba claro que en esa suite el verdadero juego apenas comenzaba y los tres lo sabían a la perfección.

​La cama King size pareció pequeña en el momento en que los tres colisionaron contra ella, no había nada de delicadeza, ni un protocolo pausado, no era algo romántico lo que buscaban; todo fue una tormenta de cuerpos, respiraciones agitadas y ropa entorpeciendo el contacto directo de la piel.

Erling arrastró a Jude sobre las sábanas de seda oscura, manteniendo su peso repartido mientras una de sus manos atrapaba las dos muñecas del mayor de los Bellingham por encima de su cabeza. El agarre del Alfa era irrompible, era una demostración de fuerza pura que hizo que Jude soltara un suspiro entrecortado, con la piel de los brazos erizada y los ojos brillando de una euforia caliente.

​—Dilo —exigió Erling, su voz sonaba sepultada en el hueco del cuello de Jude, aspirando con violencia el aroma embriagador a mora y té negro que brotaba descontrolado por el calor del momento— Dilo antes de que te toque más, Jude, di a quién le perteneces, quiero que lo digas fuerte y claro.

​Jude ladeó el rostro, dejando al descubierto la curva expuesta de su garganta, tentándolo abiertamente mientras intentaba zafarse de la presión de sus manos solo para provocarlo más.

​—Eres un tirano infeliz, Haaland —jadeó Jude, con una sonrisa descarada y hermosa curvándole los labios mientras su pecho subía y bajaba con fuerza— Pero soy tuyo y no te atrevas a olvidar que tú también eres mío.

Erling no esperó un segundo más; hundió los dientes con una firmeza medida justo sobre la piel sensible del hombro de Jude, no para marcarlo formalmente todavía, pero sí para dejar una marca dolorosa y dulce que el Omega sentiría durante días en cada entrenamiento. Jude sin filtro soltó un gemido grave, arqueando la espalda, enredando sus piernas alrededor de la cadera pesada del noruego.

Jobe no se quedó observando como un espectador pasivo, con esa terquedad intensa que lo caracterizaba, se lanzó sobre la espalda de Erling, atrapando la mandíbula del gigante con la mano para obligarlo a girar la cara hacia él. Los ojos de Jobe eran dos pozos de fuego, oscuros y desafiantes, exigiendo su propia cuota de dominio en medio de toda la lluvia de feromonas y excitación.

​—A mí no me dejas para después, Haaland —soltó Jobe con la voz ronca, pegando su boca a la de Erling en un beso agresivo y exigente, dominado por el sabor a alcohol que había ingerido anteriormente y a feromonas amargas.

El Alfa aceptó el choque de inmediato, soltó las muñecas de Jude para envolver a Jobe entre sus brazos, devorando sus labios con un hambre que llevaba acumulada meses enteros de contención. La ferocidad con la que el menor de los hermanos le respondía el beso le demostraba a Erling que ninguno de los dos iba a ser un omega dócil o sumiso; eran dos tormentas que necesitaban ser dominadas pero que, al mismo tiempo, exigían su espacio con una fuerza lamentable.

​Jude, sintiéndose libre por un momento, se incorporó sobre sus codos, sus manos, ágiles y calientes, se deslizaron por la espalda descubierta de Erling, clavando sus uñas en los músculos tensos de los hombros del noruego, jalándolo hacia atrás para reclamar su parte de la boca del Alfa.

​—Los dos —gruñó Erling entre besos, sintiendo la piel de ambos quemándole las palmas de las manos, el aroma de los hermanos rodeándolo como una prisión perfecta de la que jamás querría escapar— Se quedan aquí, conmigo, no hay nadie más en sus cabezas, no hay nadie más en sus camas.

—Nadie más —repitió Jobe contra su cuello, apretando la cintura de Erling con sus piernas, mientras sus propios dedos se cruzaban con los de Jude por encima del hombro del nórdico, reafirmando esa alianza inquebrantable de hermanos que solo ellos dos entendían.

Erling no perdió tiempo en protocolos inútiles, esa afirmación de Jobe fue suficiente para ponerse manos a la obra, una de sus mano se cerró alrededor de la cinturilla de Jude, arrancando la prenda hacia abajo con un movimiento seco que lo dejo expuesto al aire frío de la suite. La piel morena algo pálida de Jude brillaba bajo la luz tenue, en su cuerpo cada músculo se notaba delineado por la tensión que ejercía su cuerpo.

—Quítate todo —ordenó Erling, su voz era baja pero cortante como el filo de una navaja— O lo hago yo y terminas sin ropa para entrenar durante una semana.

Jobe soltó una risa pícara desde donde estaba arrodillado sobre la cama, pero obedeció. Sus dedos trabajaron con eficiencia violenta, despojándose de la camiseta y luego bajando su pantalón con movimientos ágiles, su cuerpo era igual de delicado que el de Jude, con la única diferencia de líneas duras de músculo juvenil que encajaban con la estructura más robusta de Jude.

Erling los observó a ambos con los ojos entrecerrados, evaluando su propiedad recién reclamada, se deshizo de su propia ropa sin prisa, dejando que la tensión se cocinara mientras revelaba cada centímetro de piel escandinava tensada sobre músculos de acero. Cuando quedó completamente desnudo, la tempera de la habitación pareció elevarse diez grados.

—Ven aquí —le ordenó a Jobe, extendiendo una mano.

El menor no se movió inmediatamente, se quedó arrodillado, desafiante, con la mandíbula apretada y los ojos ardiendo de rebeldía.—¿Por qué debería? —soltó Jobe, inclinando la cabeza con provocación.

Erling no respondió con palabras, acortó la distancia agarrando a Jobe por los hombros y lo estrelló contra el colchón con un movimiento que hizo crujir la cabecera de la cama. Antes de que pudiera recuperar el aire, Erling ya estaba sobre él, inmovilizándole las muñecas contra la cama con una sola mano mientras la otra recorría con crudeza el torso desnudo del omega.

—Porque te estoy ordenando que lo hagas —gruñó Erling contra la oreja de Jobe, mordiendo el lóbulo con suficiente fuerza para hacerlo jadear— Y porque llevas meses soñando con esto, pequeño demonio. No finjas que no te mojas solo con que te respire cerca.

Jude se movió desde el otro lado de la cama, acercándose con una sonrisa peligrosa, su mano se posó en el hombro de Erling, atrayendo la atención del Alfa hacia él.

—Si vas a cogerlo, al menos déjame ayudarte —murmuró Jude, deslizándose por detrás de Erling, sus manos recorriendo la espalda ancha del noruego mientras su boca se posaba en la curva de su hombro— ¿O prefieres que te follemos nosotros a ti, vikingo?.

Erling soltó una risa áspera como un gutural, soltó las muñecas de Jobe solo para girarse y agarrar a Jude por la cadera, arrastrándolo hasta que quedó de rodillas entre el y Jobe.

—Les gusta jugar con fuego, ¿verdad? —dijo Erling, pasando una mano por el cabello de Jude y tirando con fuerza suficiente para exponer su cuello— Vamos a ver cuánto aguantan antes de quemarse.

Se inclinó sobre Jude, dejando un rastro de mordiscos desde el cuello hasta el pecho, deteniéndose para cerrar los dientes alrededor de un pezón con fuerza calculada. Jude arqueó la espalda con un gemido estrangulado, sus manos buscaban algo a lo que aferrarse y encontrando solo los muslos de Erling.

Jobe no se quedó atrás, se incorporó sobre un codo, su mano libre se deslizó entre las piernas de Erling, cerrándose con firmeza alrededor de su erección. El Alfa se tensó, gruñendo contra el pecho de Jude.

—Tienes las manos frías —siseó Erling, levantando la cabeza para mirar a Jobe con fuego en los ojos.

—Y tú tienes el ego demasiado grande —replicó Jobe, apretando con intención— ¿Vas a quedarte ahí mordisqueando o vas a follarnos de una vez, Haaland?

Erling se movió con una velocidad que contradecía su tamaño, empujó a Jobe de espaldas de nuevo, separando sus piernas por las rodillas, Al mismo tiempo, tiró de Jude hacia adelante, posicionándolo de rodillas junto a la cabeza de Jobe.

—Jude —ordenó Erling, su voz resonando con autoridad absoluta— Ocupa su boca. Que no hable más.

Jude obedeció con una sonrisa torcida, guiñándole un ojo a su hermano antes de posicionarse sobre el rostro de Jobe, bajando lentamente hasta que los labios del menor encontraron su objetivo, Jobe gimió contra la piel de Jude, el sonido vibró directamente en las terminaciones nerviosas de Jude.

Erling observó la escena por un segundo, la vista de los hermanos entrelazados mientras él permanecía dominando el espacio entre las piernas de Jobe, con rapidez tomó el frasco de lubricante que había dejado sobre la mesa de noche y vertió una cantidad generosa sobre sus dedos.

—Al parece tu iras primero Jobe, espero que me sientas durante días—prometió Erling, posicionándose contra la entrada de Jobe— Cada vez que corras o que patees ese maldito balón, vas a recordar quién te penetro hasta el cansancio.

Jobe intentó responder, pero su boca estaba ocupada besando y mordiendo cada extremidad que se le cruzaba de su hermano. En su lugar, sus uñas se clavaron en los muslos de Jude, transmitiendo su urgencia.

Erling no fue gentil, se empujó hacia adelante en un movimiento continuo y firme, sin darle a Jobe tiempo de adaptarse completamente antes de estar enterrado hasta la raíz. El grito de Jobe quedó ahogado contra el cuerpo de Jude, sus piernas temblaron alrededor de la cintura de Erling, mientras este lo embestía con fuerza.

—Mierda...—siseó Jude, observando por encima de su hombro cómo Erling comenzaba a moverse con embestidas profundos, cada golpe haciendo que Jobe se deslizara contra las sábanas.

—Tú serás el siguiente —prometió Erling, su voz salía entrecortada por el esfuerzo de contenerse— Así que mira bien lo que te espera.

La mano de Erling se cerró alrededor de la cadera de Jobe, levantándolo ligeramente para cambiar el ángulo, el gemido que escapó del menor fue desgarrador, fue un sonido crudo de placer mezclado con el dulce tormento de la fricción perfecta. Jude se movió sobre él, sintiendo la boca de Jobe en su entre pierna, encontrando un ritmo que se sincronizaba con las estocadas de Erling, creando un circuito de sensaciones que hacía temblar todo el cuerpo de Jobe.

—No te atrevas a tener un orgasmo todavía —ordenó Erling, percibiendo la tensión acumulándose en los músculos de Jobe.

Jobe gimió en protesta, pero obedeció, su cuerpo se tensó, luchando contra la liberación inevitable qué le esperaba, mientras Erling continuaba marcándolo por dentro con golpes precisos y calculados para mantenerlo al borde sin dejarlo caer.

Haaland se inclinó hacia adelante, su pecho se pego a la espalda de Jude mientras seguía moviéndose dentro de Jobe. Su mano encontró la erección de Jude, cerrándose con firmeza alrededor de ella, masturbándolo con movimientos brutales que hacían jadear al mayor de los hermanos.

Jude soltó una risa ahogada, mezclada con un gemido.—Crees que... nos tienes a tu merced... —jadeó Jude, empujando hacia atrás contra el pecho de Erling— Pero es al revés... vikingo, nosotros te tenemos... a ti.

Erling aceleró el ritmo, castigando a Jobe con embestidas más duras, más profundos, haciendo que la cama golpeara contra la pared con un ruido constante. El sudor brillaba en su piel, en la de ambos hermanos, creando un brillo bajo la luz.

—Vamos, Jobe —ordenó Erling, su propia voz quebrándose por la tensión— quiero que te corras.

Jobe no necesitó más permiso, su cuerpo se arqueó, rígido como un arco tensado y se deshizo con un grito ahogado contra el muslo de Jude. Erling sintió cada contracción, cada pulsación y tuvo que morderse el labio hasta sangrar para no seguirlo inmediatamente.

Antes de que Jobe pudiera recuperarse, Erling se retiró de él, dejándolo jadeante y temblando sobre las sábanas, su atención se volvió hacia Jude, que todavía estaba de rodillas, con la respiración agitada y los ojos vidriosos de necesidad.

—Tu turno —dijo Erling, agarrando a Jude por la cintura y girándolo bruscamente hasta dejarlo de espaldas.

Jude apenas tuvo tiempo de asentir antes de que Erling estuviera sobre él, separando sus piernas con las manos y posicionándose sin preámbulos. La entrada de Jude ya estaba preparada, relajada por la tensión del momento y las estimulaciones de Jobe y Erling se deslizó dentro con un movimiento fluido que hizo que Jude jadeara, mientras sus ojos rodaban hacia atrás.

—Mírame —exigió Erling, agarrando la mandíbula de Jude para obligarlo a mantener los ojos abiertos— ambos son tan habladores y ahora están muy callados.

Jude obedeció, puso sus ojos fijos en los de Erling mientras el Alfa comenzaba a moverse con un ritmo devastador. Cada estocada era una declaración de guerra y posesión simultánea, estaba dejándole una marca física que se notaría mucho después de que terminaran.

Jobe, recuperado parcialmente, se arrastró hasta posicionarse junto a Jude. Su mano encontró la de su hermano, entrelazando sus dedos mientras observaba cómo Erling lo consumía.

Jude solo se limitaba a soltar gemido, mientras Erling aceleraba el ritmo hasta convertirlo en algo frenético y salvaje. La mano de Erling se cerró alrededor de la garganta de Jude, no para asfixiarlo, sino para sentir el pulso salvaje del omega bajo sus dedos.

Jude jadeó, sus caderas se elevaron para encontrar cada embestida. Jude llego a su orgasmo primero, con un grito que Erling tragó con su boca, su cuerpo convulsiono bajo el peso del Alfa. Las contracciones de Jude arrastraron a Erling consigo y el noruego se enterró hasta el fondo, gruñendo largamente mientras se vaciaba dentro de Jude, marcándolo con la misma crudeza con la que había marcado a Jobe.

Los tres colapsaron sobre la cama, un enredo de extremidades temblorosas y respiraciones agitadas. Erling se mantuvo sobre Jude durante unos segundos más, su corazón golpeaba contra su caja torácica como un pájaro atrapado, antes de rodar hacia un lado, arrastrando a ambos hermanos consigo.

Jobe se acomodó contra su lado izquierdo, Jude contra el derecho, ninguno habló durante varios minutos, el silencio estaba roto por la respiración entrecortada de los tres.

—Esto no cambia nada —murmuró Jobe finalmente, su mano dibujando círculos perezosos sobre el pecho de Erling— Seguimos siendo nosotros primero.

Erling cerró los ojos, con una sonrisa satisfecha pero exhausta curvando sus labios.—Cambia todo —corrigió Erling, pasando un brazo alrededor de cada hermano— Pero está bien, puedo compartir... siempre y cuando sea con los dos.

Jude soltó una risa baja y cansada.—Eso es progreso —dijo Jude, besando el hombro de Erling— El gran Erling Haaland aprendiendo a compartir sus juguetes.

—Son mis omegas —murmuró Erling, ya medio dormido— No son juguetes, joder... Son un dolor de cabeza.

Jobe y Jude intercambiaron una mirada por encima del cuerpo del Alfa, sonriendo con complicidad.

La noche se consumió en una espiral de aire caliente. Los supresores ya no sirvieron de nada; la habitación completa quedó impregnada del reclamo de Erling y la rendición desafiante de Jude y Jobe.

Horas más tarde, cuando los primeros destellos grises del amanecer comenzaron a filtrarse sutilmente por los bordes de los ventanales de la suite, la calma regresó a la estancia, pero era una calma cargada de electricidad.

Erling estaba tumbado de espaldas en el centro de la enorme cama, un brazo rodeaba la cintura de Jude, quien dormitaba profundamente con la cabeza apoyada en su pecho, un brazo cruzado sobre el torso del gigante y una sonrisa serena marcada en el rostro. Del otro lado, Jobe reposaba con la frente pegada al hombro de Erling, con una mano firmemente posada sobre la cadera del Alfa, como si incluso en medio del sueño necesitara asegurarse de que el gigante no se movería de ahí.

El noruego tenía los ojos abiertos, mirando fijamente el techo de la habitación, escuchaba el patrón acompasado de la respiración de los dos hermanos, sintiendo el peso de ambos cuerpos pegados al suyo como un ancla poderosa, sus dedos rozaban distraídamente los rizos de Jude mientras su pulgar acariciaba la piel tibia de la espalda de Jobe.

Habían cruzado el punto de no retorno, ya no eran solo compañeros de equipo, ni amigos con una tensión rancia que nadie se atrevía a bautizar.

Erling sonrió, era una sonrisa fría, posesiva y profundamente satisfecha. Mañana tendrían que volver al vestuario del club, vestirse con el mismo uniforme y fingir ante las cámaras de televisión que eran únicamente profesionales buscando un título. Pero la marca invisible en sus cuellos y el olor a posesión que llevarían impregnado en la piel diría todo lo contrario.

Eran suyos, él era de ellos y quien quisiera interponerse en esa tríada enferma y perfecta, simplemente terminaría destruido.

¡Cuéntale a rottenSilk_ lo que piensas sobre este capítulo!
Me encanta

30

Me encanta

Divertido

1

Divertido

Picante

11

Picante

Suspense

0

Suspense

Emotivo

0

Emotivo

Profundo

1

Profundo

Alentador

2

Alentador

Impactante

4

Impactante

Bien escrito

5

Bien escrito

Trama absorbente

3

Trama absorbente

Buenos personajes

0

Buenos personajes

Diálogos potentes

6

Diálogos potentes

Ver 1 comentario anterior...
author

Por fin sin censura!! 😈

un mes
2
author

Vengo de Wattpad
10/10
Joder como amo los detalles 🥴🥴

17 días
1
author

Vengo de Wattpad, me encantan los detalles!! ❤️

13 días
1

Otras recomendaciones

SEX PATROL

Esmeralda: Una historia divertida ycon escritura fluida. Genial gracias

Leer ahora
Embarazada del bebé de su hombre lobo 🌙 Kookmin Adap.

janneth1108: Dios ya quiero mas .. me encanta 😍😍😍

Leer ahora
Odio a mi jefa

Majo Me: Excelente, me enganchó tanto la historia que la terminé en un día. Y la volvería a leer. Cada personaje te deja atrapada, a veces me perdí de la perspectiva del personaje que me tenía que devolver. Jajaja del resto muy bien

Leer ahora
Omega Of The Moon [KOOKMIN]

Jeon Jimin : Me encantó,la amé 🤩Es una de mis obras favoritas,la he leído muchísimas veces pero hasta ahorita me atrevo a comentar,he buscado algo parecido pero nada se compara con tú obra es inigualable, eres muy buena en lo que haces espero leerte pronto 💐🌈

Leer ahora
Una sorpresa para el millonario

Alexandra: Me gusta como desarrolla la trama y me emociona cada capítulo, excelente

Leer ahora
Paper Hearts - Kookmin Omegaverse

Naiko: Ya la eh leído en todas las plataformas en la que está publicada y jamás me canso de leerla 😭🥰. Es la única historia que me saca de mí bloqueo de lector . Realmente si nunca la leíste , te animo a que lo hagas y disfrutes del mejor cliché Kookmin escrito en los últimos tiempos. Te juro que amarás ...

Leer ahora
It All Fell Down | KookV

ana: Me encantó muchísimo, cada tanto la releo. 😍🩷 muy entretenida y bien escrita ✨

Leer ahora