Manual de Convivencia

Sinopsis

En su último año en el Seijoh, entre simulacros de examen y bromas sobre el futuro, Oikawa e Iwaizumi terminan redactando una lista de 50 reglas de convivencia en una libreta de clase. Era una broma. Una forma absurda de asegurarse de que no se matarían el uno al otro si terminaban compartiendo departamento en Tokio. Pero Tokio resultó ser demasiado grande, el primer año universitario demasiado pesado y, entonces, las reglas escritas como jóvenes ingenuos empezaron a quedarse cortas cuando el espacio que los separaba bajo el mismo techo se volvió insoportable.

Genero:
Romance
Autor/a:
Ake_ISP
Estado:
hace 4 días
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo



—No puedo más. —dijo Oikawa agotado, llevándose las manos a la cabeza y derrumbándose encima de sus cuaderno— Me va a explotar la cabeza.

Iwaizumi levantó la vista de sus propios apuntes para ver a Oikawa quejándose. Bufó cansado y se pasó una mano por la cara.

Su vista, después, repasó a Tooru completamente desparramado sobre el escritorio y su ceño se frunció aún más. Tomó su lápiz y se lo tiró a la cabeza, haciendo que el castaño se estremeciera por el golpe.

—¡Ay! ¿Por qué fue eso? —chilló levantando la cabeza y mirando a Iwaizumi, escandalizado.

—Porque me desconcentras. —gruñó el ojiverde, volviendo a mirar su libreta.

Oikawa hizo un puchero y se cruzó de brazos. Vio como Hajime miraba sus apuntes con el ceño fruncido y suspiró exageradamente para llamar su atención. Ante la falta de respuesta, volvió a suspirar con más fuerza y notó que el ceño de su amigo se frunció aún más. Aun así este no levantó la vista de su cuaderno, así que Oikawa se recostó sobre su silla y carraspeó con fuerza, sin dejar que se concentre.

—¿Ahora qué quieres? —levantó la mirada, exasperado, con todas las ganas de ahorcar a su mejor amigo ahí mismo.

—Nada. —se hizo el indignado, desviando la mirada, aún recostado y cruzado de brazos— Tú sabrás.

—Oikawa, los simulacros de examen empiezan la semana que viene. —cerró su cuaderno, enseñándole su puño, amenazante— Te juro que como saque una mala nota por tu culpa, te voy a...

—¡Espera! —se encogió levantando las manos, sabiendo que Iwaizumi era completamente capaz de pegarle en ese momento— ¡Solo quiero que charlemos un rato! Estoy cansado, me duele la cabeza y muchos estudios sugieren que estudiar muchas horas seguidas perjudica a tu rendimiento, ¡así que técnicamente te estoy ayudando!

—Está bien. —Iwaizumi dejó su cuaderno en el escritorio, suspirando. No tenía ni las ganas, ni las energías para discutir con Tooru y en el fondo también necesitaba un descanso.

A Oikawa le brillaron los ojos y giró su silla por completo hacia Iwaizumi, encantado con su iniciativa. Su amigo bufó, aparentando molestia, pero Oikawa solo sonrió más, completamente renovado ahora que ya no tenía que estar centrado en sus libros. Pasó sus manos a su nuca y se recostó completamente, con una postura más relajada.

—¿Por qué pareces tan feliz? —preguntó Hajime, aparentemente disgustado, levantando una ceja ante la emoción de Oikawa— No se supone que quieres estudiar una carrera, como...super complicada.

—No es lo mismo, Iwa-chan. —dijo Tooru bajando sus brazos e inclinándose hacia adelante— En la carrera voy a estudiar algo que me gusta. Además, mismamente por eso no estoy estudiando física, porque ya lo llevo bien.

—Ya, seguro. —comentó con sarcasmo.

—¡Estoy hablando en serio! —frunció sus labios, haciendo un puchero.

Iwaizumi no tenía una actitud muy diferente de la habitual, pero por alguna razón, en este terreno de conversación, desesperaba un poco a Oikawa. Tal vez porque desde hace unos meses le llevaba dando vueltas al tema de la universidad ¿Qué escogería? ¿A dónde iría? ¿Por qué ser un profesional y no seguir con el voleibol?

Le daba algo de pesar la idea, sobre todo cuando se ponía a pensar en el deporte que tanto amaba. Pero sus padres ya habían tenido con él “La Charla”. Acerca del futuro. Acerca de que el pan no se gana solo jugando y es un privilegio para unos pocos. Durante unos años creyó que escoger si seguir o no, estaba en su mano. Sin embargo, tras la decepción después de la derrota contra el Karasuno, se dio cuenta que sin haber ido a las Nacionales tres años seguidos y sin conseguir ningún título a nivel nacional, no tenía muchas opciones de continuar.

Él quería. Pero no podía, o al menos le habían hecho creer que no podía. Su madre. Su padre. Incluso su hermana mayor, empujada por sus padres que tenían la idea de disuadir a Tooru de seguir con el voleibol. Después de todo, hasta se convenció a sí mismo. Que era lo mejor. Que necesitaba un futuro más seguro. Que ahora que tenía 18 no podía seguir teniendo sueños infantiles.

Cuando se lo contó a sus amigos todos se quedaron de piedra, ya que en sus cabezas no cabía que Oikawa, el obsesionado con el voleibol, hubiera escogido rechazar a su propio anhelo desde los 5 años. Hanamaki, ese día, guardó sus bromas para otro momento menos serio, mientras apoyaba a Oikawa, con palabras de ánimo y alguna palmadita en la espalda. Matsukawa pareció algo más afligido, pero también apoyó a Oikawa con un: «Si es lo que tu quieres». El que terminó completamente desconcertado fue Iwaizumi, no dijo nada en contra, pero tampoco nada a favor, Tooru buscó varias veces la mirada de Hajime a través de la mesa para recibir apoyo, pero cada vez que llegaban a cruzarla, Iwaizumi desviaba su vista a cualquier otro lado. Eso molestó a Oikawa. A pesar de eso, como buenos adolescentes, nunca se dijeron nada el uno al otro, el castaño se guardó la frustración de no recibir su apoyo y el ojiverde el recelo de verle abandonar su sueño.

Al final Oikawa acabó escogiendo como opción de carrera lo que más le llamaba la atención, ya que las notas para ingresar no eran un problema para él. Aunque siempre se quedaría esa espinita dentro de él.

—¿Estás bien, idiota? —aún con el insulto se notaba cierto cariño en su tono.

Como Tooru se había quedado callado, pensando, mirando a la nada y con una expresión flébil, a Hajime la preocupación había acabado por consumirle internamente. Así que prefería preguntarle directamente para ver si podía sonsacarle algo de su inquietud leyendo sus respuestas entre líneas.

—¡Ah, sí! —respondió de repente Oikawa, esbozando una sonrisa falsa, demasiado perfecta— Solo me había puesto a pensar.

—¿Estabas usando tu cerebro? ¿Acaso te estás muriendo? —bromeó Iwaizumi con una expresión tan hosca que no parecía una broma.

—¡Iwa-chan! —le tiró de regreso su lápiz de antes, con un tono quejumbroso, aparentemente molesto de que se metiera con él.

—¿Qué? —preguntó, esquivando el lápiz y encogiéndose de hombros— No soy yo el que siempre está haciendo el tonto por ahí.

—Se llama divertirse para tu información. —dijo Tooru con un semblante más serio ahora.

—Pues vaya concepto diversión. —Hajime rodó los ojos, pero de reojo vio la expresión hastiada de Oikawa y se sintió lo suficiente mal para detenerse ahí— ¿Al final sigues con la misma idea? Ya sabes...¿De qué carrera vas a estudiar?

Oikawa se sorprendió durante unos segundos, sobre todo porque no se esperaba una pregunta así de parte de Iwaizumi, de repente. Desde que les había contado que había cambiado de idea de futuro y había escogido una carrera, nunca había hablado largo y tendido con su amigo sobre eso. Bueno, ni largo y tendido, ni brevemente. Es como si en silencio hubieran acordado no tocar el tema, pero ya que había salido a relucir el ojiverde quería dejar más tranquilo al castaño, permitiéndole desahogarse con él.

Tooru se quedó en silencio bastante más rato del que le hubiera gustado, pero entonces se hizo reaccionar a sí mismo, obligándose a responder. Principalmente ya que pocas veces Hajime le daba cuerda para hablar con una versión suya más serena y comprensiva. Además que había esperado tener esta conversación con él desde el primer momento, ya que siempre pensó que Iwaizumi sería el adecuado para aclararle la mente con esta nueva perspectiva

—Pues sí —Oikawa se pasó una mano por el pelo— Creo que es buena elección.

—¿Cómo se llamaba?

—¿No te acuerdas? ¿Acaso no me prestaste atención ese día? —esbozó una pequeña sonrisa, más real, divertida por molestar a Hajime.

—Sigues con ese tonito y no te pregunto más, Oikawa. —gruñó con molestia, advirtiéndole— ¿Era algo de mecánica, no? Algo del espacio.

—Algo así. —dejó el sarcasmo, no atreviéndose a tentar a la paciencia de Iwaizumi— Ciencias Mecánicas y Aeroespacial.

—Solo un friki como tu podría estudiar eso. —dijo de mala gana, aunque no iba con ninguna maldad.

—¡Oye! —se quejó Tooru, aunque se le escapó una risa— Me gusta el espacio exterior y los aliens, ¿y qué?

—¿Acaso la carrera va solo de eso?

—No, pero tiene un montón de cosas complicadas que no entenderías.

—¿Y el voleibol?

Hajime se estaba atreviendo a tocar aguas sensibles para ambos. No por malicia, sino porque seguía en cierta medida molesto por la decisión de Oikawa de abandonar el deporte.

—¿Qué hay con él? —respondió Tooru a la defensiva— Tú mismo lo has dicho. Voy a estudiar algo muy complicado, no voy a tener tiempo.

—¿En serio vas a renunciar así sin más?

—Mis padres no quieren que lo siga jugando

—O sea que lo dejas por tu familia —Iwaizumi se cruzó de brazos

—Yo también quie-... —su voz se cortó, quería forzarse a decirlo, convencerse a sí mismo.

—Venga, dilo. —gruñó— ¿Qué es lo que quieres?

—Yo...

—¿Qué quieres de verdad? —insistió, levantando más la voz

—¡Voy a dejarlo! —exclamó firmemente, elevando también su tono.

—Ya veo que lo tienes muy claro. —sonaba juzgador

—¿Acaso tienes alguna queja?

Hajime se dio cuenta de que si seguía por ese camino el orgullo de Oikawa les arrollaría a ambos, ya que Tooru no sabía parar una vez se ponía a la defensiva e Iwaizumi no podía parar una vez la rabia se apoderaba de él. Iban a empezar a gritarse y todo eso, y la última intención del ojiverde era que su sesión de estudio terminará en una batalla campal que naciera de su orgullo infantil. A gritos con los padres del castaño escaleras abajo. Mejor evitarlo.

—No. —declaró tajante, demostrando que no quería pelear— ¿Quieres qué volvamos a estudiar?

—No. —respondió Oikawa, aceptando la ofrenda de paz bajando su tono.

—¿Y qué quieres hacer?

—Hablar. —volvió a recostarse en su asiento y miro al techo, pensando en que decir— Al final, ¿a qué universidad irás, Iwa-chan?

Iwaizumi se desconcertó de cierta manera al ver que Oikawa quería seguir en el mismo hilo de la conversación. Pero asumió que si Oikawa quería seguir hablando sobre la universidad es porque lo necesitaba en ese momento, así que no iba a poner ninguna pega.

—Quiero ir al Nittaidai.—contestó con algo de pesar, acompañado de un suspiro— Pero primero tengo que sacar la nota necesaria.

—Espera, ¿te quieres ir a Tokio? —Tooru retomó su anterior postura y miró a su amigo, estaba asombrado por su respuesta

—Sí. —suspiró, devolviéndole la mirada— ¿Por qué me miras así?

—¡No! ¡No es nada! Es que... —jugó con sus manos— Siempre supuse que te quedarías aquí.

—¿En Miyagi? —hizo una mueca, y luego sonrió sutilmente— Me gusta este lugar, pero no es para mi, ¿sabes?

Al ver esa expresión en la cara de Iwaizumi, los ojos de Oikawa se abrieron un poco más, sorprendido. Pocas veces Iwaizumi hacía esa expresión con su cara, normalmente siempre tenía el ceño fruncido, sobre todo con él, y las pocas veces que le veía feliz era cuando jugaban un buen partido. Pero aunque ya habia visto a Iwaizumi sonreír, esto era distinto. Era sutil. Era cálido. Masculino, de un modo que solo Iwaizumi sabía proyectar. A veces Oikawa le tenía envidia. Y no porque fuera más guapo que él, eso jamás, sino porque Tooru siempre había visto que Hajime irradiaba un aura que no era capaz de imitar. Un aura que parecía decirle siempre: «Estoy aquí. Estás a salvo». Y tal vez por eso (solo tal vez) Oikawa se sentía tan seguro al rededor de Iwaizumi. Sentía que no tenía límites y que junto con él todo era posible.

Entonces le entró el pánico. Carreras distintas. Universidades distintas. Prefecturas diferentes. Anteriormente ya había pensado en eso, pero por alguna razón en ese preciso momento la idea le sentó como un puñetazo en el estómago. Iwaizumi había sido su única constante, sin contar a su familia, durante toda su vida. Si se ponía muy sentimental incluso, estaba seguro de que, extrañaría como de pequeños Hajime se burlaba de él por no poder coordinarse con la pelota o de cómo le pegaba cada vez que se sobre exigía entrenando. Ahora mismo no se veía capaz de renunciar a todo eso.

—Oikawa. —su amigo le llamó la atención golpeando su frente con sus dedos— Despierta.

—¡Ay! Duele... —Oikawa se llevó las manos a la frente— No era necesario.

—Sí lo era. —Iwaizumi suspiró, mirándole con una expresión indescifrable— Te habías quedado embobado, con cara de tonto...mirándome.

El castaño se sonrojó nada más escucho lo último que le dijo el ojiverde. Tooru se había hundido tanto en sus pensamientos que no se había percatado de que seguía mirándole embelesado por su expresión. Desvió su mirada a otro lado, intentando disimular sus nervios y esbozó una sonrisa nerviosa tan rápido como pudo para hacer de menos la situación.

—¡Oh! Era por eso. —bufó, intentando aparentar un tono altanero— Solo estaba sorprendido porque no sabía que los ogros saben sonreír.

A Hajime se le dibujo una mueca en la cara y se le frunció el ceño rápidamente. Estaba intentando contenerse.

—¡Eh! ¡Imbécil! —se quejó, suspirando para relajarse— ¿En serio pensabas que me iba a quedar en Sendai?

Oikawa no supo muy bien que decir. La verdad es que sí lo creía, pero no porque no lo viera capaz de salir de su pequeña prefectura a buscar algo mejor en las grandes ciudades, sino porque siempre imaginó a Iwaizumi como alguien más bien hogareño. Frunció sus labios sin contestar y eso le dio a Hajime la respuesta.

—Así que sí. —exhaló con algo de pesar y después de un silencio, continuo— No eres el único que quiere salir de aquí.

A Tooru se le abrieron los ojos como platos, no sabía muy bien que replicar a eso.

—¡Pero-! ¿Cuándo te he contado que me voy a ir?

—Nunca. Mattsun y Makki me lo dijeron hace un tiempo.

—Oh.

Eso era lo más lógico, claro. Porque Oikawa nunca le había contado que tenía la idea de ir a una universidad de fuera, sobre todo porque como vio la falta de reacción en Iwaizumi la primera vez que les comentó que iría a la universidad en vez de seguir con el voleibol, su orgullo le ganó y no le contó a Iwaizumi que había escogido ya una universidad a la que intentar entrar.

Por supuesto que sí que se lo contó a Hanamaki y a Matsukawa, porque con lo bocazas que era, sabía que necesitaba decírselo a alguien en algún momento. Solo que no esperó que estos fueran a ir directos a Iwaizumi a contárselo.

—Bueno, ¿y qué opinas? —preguntó jugando con sus dedos.

—Que es lo normal, es muy propio de ti irte a buscar algo mejor y más exigente.

—Me refiero de la universidad. —intervino Oikawa, con una sonrisa pequeña ahora, un poco más cálida— ¿Qué opinas de mi elección?

—Ah, pues, no sé cual es. —se encogió de hombros como si nada.

—¿Qué? ¿Pero no me acabas de decir que-?

—Sí, sí. —replicó— Ellos me dijeron que te ibas a una universidad de fuera, pero no me dijeron ni a dónde ni a cual.

Iwaizumi vio como Oikawa le miró perplejo, parpadeando, y continuó:

—Mira, cuando comentaron que te ibas fuera, me miraron esperando que dijera algo más. —Hajime suspiró, recordando el momento— Y no quería parecer un idiota, ¿vale? les dije que ya me lo habías dicho y que no había nada de lo que sorprenderse.

Ese día estaban todos juntos después de un entreno. Oikawa seguramente estaba por ahí recogiendo balones (como un buen capitán) o acorralado por algún grupo de fanáticas suyas. El punto fue que comenzaron a hablar de universidades y quedarse en Miyagi a estudiar y comentaron que Oikawa no se iba a quedar. Tanto Matsukawa como Hanamaki miraron al ojiverde con cierto interés, de reojo, como queriendo descubrir si ya lo sabía de antemano o no. Iwaizumi se dio cuenta en seguida y no quiso quedar como un mal amigo por no enterarse antes sobre los planes de Oikawa, ya que suponía que si no se lo había contado es porque Oikawa no se había sentido cómodo diciéndoselo. Así que fingió saberlo y les contesto con pura normalidad: «¿Acaso esperabais que mantuviera su culo quieto en un solo sitio? Por supuesto que se va a ir a estudiar a otro lado». Lo dijo con cierta amargura, por lo que los otros dos chicos no se atrevieron a seguir removiendo el dedo en la yaga por si acaso molestaban a Hajime.

A raíz de eso Iwaizumi se quedó con la duda del lugar al que iría Oikawa y de la universidad que escogería, pero tampoco supo como preguntarle sin parecer un entrometido. Además, lo prefería de esta manera, que surgiera de forma natural en su conversación.

—¿Y entonces? —retomó la palabra— ¿A dónde vas a ir?

—Me voy a...Waseda. —tardó un poco más de lo que debería en contestar, pero Iwaizumi lo pasó por alto— En Tokio.

—No me jodas, ¿en serio? —en el fondo no estaba sorprendido, era algo lógico que Oikawa escogiera la capital para estudiar.

—Pues, sí. —sonrió mirando a otro lado— ¡Yo también me voy a Tokio!

Hajime vio algo raro en su sonrisa, pero tampoco le mencionó nada, la verdad es que la noticia en cierta parte también le alegraba. Bufó y continuó con la conversación con más tranquilidad.

—Ya veo que no voy a librarme de ti ni en la universidad, eres un acosador.

Oikawa entonces jadeó, divertido por el comentario de Iwaizumi, y se llevó una mano al pecho, fingiendo estar ofendido por eso.

—¿Perdona? —preguntó Oikawa inquisitivo, pero sin poder retener su sonrisa— A ti te lo contaron Makki y Mattsun así que el acosador eres tú.

—Ya te gustaría, idiota. —soltaba pequeñas carcajadas.

—La verdad, no. —suspiró, fingiendo cansancio, le gustaba dramatizar—Tengotantosacosadores ya que no necesito uno más.

—Oh, por favor, tienes un grupo de fans y ya, que no se te suba.

—Yo por lo menos tengo fans, no como otros,Gruñon-chan.

—¿Cómo mierda me has llamado? —rio despreocupado y le tiró su cuaderno a Oikawa, era lo que más a mano tenía.

Tooru atrapó el cuaderno, riendo risueño también.

—¡Ves! A esto me refiero. —dijo levantando el cuaderno— Con esta actitud nunca vas a tener novia.

—Oh, vale, ahora sí te mato. —empezó a remangarse.

—¡Okay, espera! —subió sus manos, demostrando que se rendía entre risas— ¡Perdón! ¡Eres muy bueno y sí que conseguirás novia algún día! ¿Feliz?

—No.

Iwaizumi se levantó y tomó de la muñeca a Oikawa para tirarlo a su futón entre risas. Oikawa se reía también, dejándose tirar, y se quedó ahí tumbado aun con el cuaderno de Iwaizumi en sus manos.

—Eres un bruto, Iwa-chan. —mencionó entre risas encima del futón.

—Y tú un idiota. —replicó mirándole desde arriba aún de pie a su lado.

Ambos se reían, las palabras no eran afiladas ni con mala intención. Aún entre juegos torpes y palabras comúnmente hirientes, para ellos era una forma normal de coexistir en un mismo espacio, se entendían de esa manera y no necesitaban que nadie más lo comprendiera.

Tooru entonces palmeó un sito al lado suyo en el futón invitando a Hajime a tumbarse con él. El ojiverde no tardó demasiado, suspiró fingiendo estar exasperado, pero no tardó mucho en inclinarse y dejarse caer al lado de su amigo. Ambos tenían una sonrisa en la cara, mirando al techo del cuarto, sin preocupaciones en ese instante gracias a la presencia del otro.

—¿Te imaginas estar así todos los días, Iwa-chan? —la pregunta vino de la nada dentro de su cómodo silencio.

—¿A qué te refieres?

—A esto. —estiró los brazos hacia el techo(aún con el cuaderno en su mano), como tratando de expresar con gestos todo lo que se pasaba por su mente— A estar juntos, en Tokio.

—¿Juntos? —el adjetivo le secó a Iwaizumi ligeramente la garganta, pero alejó los pensamientos intrusivos— Podemos quedar de vez en cuando allí si es a lo que te refieres.

—No, tonto. —intervino Oikawa, mientras sonreía ampliamente y hablaba con un tono risueño— Me refiero a vivir juntos, compartir gastos. Ya sabes, como suelen hacer la mayoría de estudiantes que empiezan a independizarse y no pueden cubrirse ellos solos los gastos.

Hajime entonces se erizó un poco a su lado, la idea nunca se le había pasado por la cabeza. Había pensado en buscar alguna residencia con habitaciones dobles para gastar lo menos posible y, claro, arriesgarse a que le tocara cualquier tipo de compañero de habitación, pero la idea de Oikawa era algo más seguro. Se conocían desde siempre así que ya sabían las manías del otro y, lo más importante,sabían lidiarcon esas manías. Iwaizumi sabía que nunca conseguiría a un compañero como Oikawa, no solo por la comodidad, sino también por la complicidad que ya tenían. Y en realidad, le gustaba la idea, la imagen de volver a un sitio que llamar‘casa’y que Tooru estuviera ahí esperándole o estudiando, la idea de estar peleando con él y al segundo siguiente estar riendo por cualquier tontería.

Sabía que era una posibilidad que acabaran mal, porque estaba demostrado, la convivencia sacaba a relucir lo peor de cada persona y si no sabían lidiar con eso entonces podrían acabar con su amistad de un momento a otro por las razones más tontas. Pero Iwaizumi estaba seguro que, de una forma u otra, ya se habían visto tanto en sus mejores versiones, como en las peores, así que no habría nada que pudiera sorprenderlos ya uno del otro. Giró su cabeza levemente, para mirar de reojo al castaño.

—No lo sé. —se estaba haciendo de rogar— Yo creo que un día de esos te ahorcaría por la noche.

Oikawa rio sin temor y también giró su cabeza sutilmente, devolviéndole la mirada de reojo a su mejor amigo.

—No serías capaz.

—Claroque sería capaz.

—Claro que no, porque tendríamos reglas. —dijo con alegría alzando un dedo.

—¿Reglas? —Iwaizumi levanto una ceja, moviendo más su cabeza para mirar a Oikawa del todo.

—¡Reglas! ¡Un manual de convivencia! —exclamó felizmente— Con eso te lo pensarías dos veces antes de cometer homicidio.

—Si las vas a hacer todas tú entonces no tiene gracia.

—¡Claro que no! Seríanuestropiso. —recalcó la palabra‘nuestro’con cierta ternura— Así queambosdeberíamos hacer las reglas.

Tooru giró sobre sí mismo, poniéndose boca abajo en el futón. Puso el cuaderno en el suelo delante de ellos y flexionó las rodillas, agitando sus pies con emoción en el aire. Miró a Iwaizumi esperando a que hiciera lo mismo que él.

—Vamos a escribirlo en tu cuaderno. —luego señaló hacia arriba, al escritorio— ¡Ve a por un bolígrafo!

Hajime refunfuñó y chasqueó la lengua, aunque en realidad se estaba aguantado una sonrisa. Se levantó perezosamente, caminó hacia el escritorio y cogió el primer bolígrafo que vio. Se lo lanzó al suelo a Oikawa, cerca de la libreta, para que lo cogiera y se volvió a tumbar en el mismo sitio, esta vez boca abajo, imitando la postura de su amigo.

—Me lo podías dar en la mano. —protestó Oikawa, tomando el bolígrafo del suelo, mirando a Iwaizumi.

—Mejor escribe. —señaló el cuaderno, sin mirar a Tooru.

—¡Vale! La primera regla podría ser...


—¡Hemos terminado! —el castaño levantó el cuaderno con entusiasmo, sonriendo.

—Como terminemos viviendo juntos, voy a cometer homicidio, pero contra mi mismo. —declaró Hajime levantándose del suelo.

—¡Oye! —se puso de pie, quejándose, aún sonriendo y golpeó el hombro de Iwaizumi suavemente.

El ojiverde rio entre dientes, y lo empujó levemente devolviéndole el gesto anterior.

—No te quejes tanto. —continuó Iwaizumi, entre risas.

—Siempre eres así de malo conmigo. —Oikawa le siguió el juego, retrocediendo exageradamente por el empujón, fingiendo un puchero— Si sigues así cambiaré de opinión sobre vivir contigo.

—Mejor para mí.

—¡Iwa-chan!

—Anda, calla. —largó una risa y fue hacia su silla— Para vivir juntos primero tenemos que aprobar, así que siéntate y estudia.

—Valee. —Alargo la ‘e’ del final con cansancio y se tiró a su silla, volviendo a centrarse en sus apuntes.

Tenía la mente más despejada, así que Oikawa pudo concentrarse mejor ahora. Iba anotando cosas nuevas, con una sonrisa dibujada en la cara, pensando de vez en cuando en alguna de las reglas que habían apuntado durante la última hora con Iwaizumi y entonces vio una mano en su cuaderno. Levantó la mirada hacia su amigo y lo vio sentado con la cabeza metida en sus libros, disimulando. Sabía que estaba fingiendo porque la comisura de sus labios se inclinaba suavemente hacia arriba, reteniendo una sonrisa. Oikawa negó suavemente riendo y miró de vuelta a su cuaderno, Hajime había pegado un post-it encima de su libreta con un mensaje escrito.

“Estudia duro y nos iremos a Tokio juntos, idiota.” — Iwaizumi

Oikawa esbozó una sonrisa y rio risueño viendo la nota, la despegó de su cuaderno y la pegó en su pared. Quería tenerlo ahí para motivarse a estudiar en el momento que lo necesitará. Miró de reojo a Iwaizumi y lo encontró mirando de frente con una sonrisa. Tan pronto como sus miradas se chocaron, el ojiverde la apartó de inmediato, dándose la vuelta y volviendo a fingir que estudiaba. Ante eso, Tooru largó una risa risueña y volvió a ponerse a estudiar.

Ambos se quedaron con una sonrisa en la cara, estudiando y más centrados que nunca en su objetivo.

Aprobar.

E ir juntos a Tokio.

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