Super Gato XFB-37.
AVISO DE CONTENIDO Y EXCLUSIÓN DE RESPONSABILIDAD:
1.FANTASÍA Y ENTRETENIMIENTO: Esta historia es una obra de ficción y fantasía recreativa para adultos. Está destinada únicamente al entretenimiento de personas maduras. El autor no respalda ni recomienda realizar estas actividades en la vida real.
2.PERSONAJES ADULTOS: Todos los personajes de esta historia son ficticios y tienen 18 años de edad o más. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, es pura coincidencia o viven en una realidad paralela a la nuestra.
3.CONTENIDO EXPLÍCITO: Esta obra contiene escenas de naturaleza sexual explícita, sumisión y daño simulado. Si usted es menor de 18 años o se ofende con estos temas, por favor no continúe leyendo.
4.AMBIENTACIÓN Y ARTE 3D: Los entornos geográficos se utilizan solo para ambientar la trama en un futuro cercano o en un mundo o realidad paralelo. No se utilizaron personas o eventos reales para la creación de esta historia ni para las imágenes generadas en 3D. Ningún modelo sufrió daño real en el proceso.
Super Gato XFB-37.
Por razones de seguridad no les voy a dar mi nombre solo les diré que mi nombre clave es Gata Salvaje, Comandante Gata Salvaje. Desde niña siempre soñé con volar, lo primero que volé sin ayuda fue un papalote de papel, con el tiempo mi padre consiguió 2 viejos, pero funcionales ultraligeros con control joystick como los controles de los aviones de combate, en una palanca estaba el control de los alerones en el otro el control de potencia y en los pedales controlaba el timón de cola para los giros. Con el tiempo conocí al ingeniero y astronauta de la N.A.S.A. Dr. Franklin Chang Díaz quien me encontró volando a los 16 años un viejo Cessna en posición invertida mientras el volaba un Liar jet, con su ayuda logré entrar a la academia militar de marina en Annapolis, Maryland. Ahí aprendí todo lo que un buen oficial de marina debe aprender de navegación con el tiempo pasé a la escuela de aviación Estación Aeronaval de Pensacola en la Florida, pero por cosas de la vida tuve un encontronazo con uno de los oficiales y me vi obligada a cambiar de carrera después de graduarme como piloto ya que era buena volando todo lo que tenga alas y motor.
Por esas cosas de la vida un exoficial de mis tiempos de la academia me invitó a participar de una preparación especial, mi trabajo era simple, ellos me entrenaban y yo viajaba por el mundo volando los aviones que me asignaban llevar del punto A al punto B, esto me permitió volar desde viejos aviones fumigadores hasta el monstruoso Miriya el carguero gigante ucraniano antes de que lo destruyeran en el ataque ruso al complejo de Antnov, fue una verdadera lástima ver ese gigante del cielo destruido, pero me di el gusto de decir que lo despegué del suelo en Ucrania y lo aterricé en Inglaterra como copiloto del capitán Antonov.
Esas andanzas, llamó la atención de varias empresas que requerían a alguien calificado para volar sus aviones nuevos en modelo de prueba y que estuviera lo suficientemente loca para subirse en un trasto que nadie sabía si podía volar o no. Con respecto al rango bueno solo les diré que el rango es real o por lo menos para todos los oficiales que me llaman comandante es real, ya me acostumbre a que me llamen comandante o a secas Gata Salvaje.
A mis cuarenta años recibí un llamado de la agencia central de inteligencia para probar un nuevo prototipo de avión, uno de esos trastos que Skunk Works o la ATDC pasan construyendo todo el tiempo solo para gastar algunos cuantos millones de dólares por día. Bueno como ya en otras ocasiones había trabajado para la “Agencia” me avisaron que debía viajar a la N.A.S.A. para recibir información, de ahí me ordenaron llevar un viejo F-5, pero en excelente estado a una pista privada en Guanacaste Costa Rica, una pista que oficialmente no aparece en ningún mapa del país. La última vez que estuve en mi país fue para el funeral de mi padre y desde entonces no había vuelto por razones de trabajo ya que paso viajando 350 días al año por todo el planeta. Y en esos 15 días “libres” que tengo al año son para dedicarlo a mi vida personal, lo que generalmente se traduce en volar un ultraligero guiando bandadas de aves migratorias.
Al llegar a la pista me encontré con un viejo amigo el Dr. Franklin Chang Díaz quien me puso al corriente del trabajo por el que me había contratado la Agencia y la Nasa, el viejo y hermoso F-5 solo fue el medio para volver volando a casa la misión era volar un avión experimental denominando “XFB-37” a Franklin le hizo gracias que la Gata Salvaje fuera la piloto de pruebas escogida para volar el Super Gato otro gato grande y pesado de 50 toneladas.
El Dr. Franklin me presentó al Super Gato, cuando miré ese monstruo dentro del hangar lo primero que noté es que no tenía entradas de aire y las toberas de salida eran muy diferentes a los de cualquier otro avión, incluso las toberas vectoriales del raptor parecían de juguete comparadas con estas toberas. En ese momento realicé la pregunta tonta: Dr. Chang. ¿Cómo esta cosa podrá volar sin entradas de aire? Y su respuesta fue la más extraña que me podrían dar: ¡Para qué demonios quieres toberas de aire en el espacio! Después de pasar 12 semanas familiarizándome con los manuales del Super Gato empezamos las pruebas volando sobre la pista, luego por el océano pacífico a baja y gran altitud siempre de noche para que nadie viera ese lingote de oro volador de 50 ton.
El día de la prueba más importante la pase, tranquila, en mi cabaña hasta la tarde cuando me llamaron para ponerme el traje dorado para la prueba en el espacio ahí estaba yo posando para una fotografía que realmente no quería realizar en una pista con el atardecer de fondo cerca del mar a pocos pasos del Super Gato listo para salir a probar por fin el propulsor de plasma inventado por el Dr. Franklin Chang Díaz, Dios que foto más horrenda me hace ver como una anciana en un traje de feria.
Los mandos y control del Super Gato responde de maravilla, el despegue sería tranquilo solo debía llevarlo a velocidad crucero hasta 20 mil metros máxima altitud del Raptor de ahí debía aumentar la velocidad del motor de plasma para alcanzar la altitud de 26 mil metros, la altitud máxima del famoso SR-71 y luego aumentar gradualmente la potencia del motor de plasma para escapar de la gravedad de la tierra y salir al espacio. Francamente nunca pensé que ese “Gato” tuviera las garras para llevarme tan lejos, pero la primera prueba de velocidad en el espacio a un cuarto de potencia me llevó a darle una orbita a la tierra y la luna en tan solo 1 hora.
Es de locos, de hecho, podía escuchar al Dr. Chang gritándome por el intercomunicador por adelantar la prueba de orbitar la luna y por hacer todo el recorrido en 1 hora semanas antes de lo programado, pero ya estando fuera sola y al mando del Super Gato. ¿Quién demonios me podía detener? En tierra todo el personal estaba celebrando cuando regresé con el Super Gato, para ese momento ya se le había pasado la cólera al Dr. Chang y también estaba celebrando por la proeza realizada, la siguiente prueba sería volar a Marte la prueba definitiva por la que se construyó ese motor.






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