Formación Raven
El rayar del alba ilumina el campo de entrenamiento de la base y sus alrededores, mi trote hace rebotar bruscamente mi cola de caballo, que a medida que avanzo se va desatando más hasta dejar un rebelde revoltijo de rizos salvajes que cubren mi rostro. Me paro en lo alto de la torre de control jadeando inclinándome sobre la barandilla. Seco el sudor de mi frente apartando los mechones que se me pegan en la cara y nuca.
Adoro estar en esta estación y no
en la base subterránea de Inglaterra, allí no entra ni un rayito natural del sol, solo luces artificiales que encima son blancas y hacen que todo parezca más gris, como una funeraria bajo tierra. En cambio aquí en el este de Irlanda es todo tan real, al menos en este bosque, no puedo decir lo mismo de la ciudad que es como el resto: junglas de cemento sin vida.
Miro por encima del hombro
viendo ya acercarse unas tres fatigadas jóvenes que vienen igual de despeinadas que yo.
—Dios… —se detiene Nadia a mi lado posando con rigidez su ñmano en mi hombro— ¿Cómo eres… —tose— tan rápida?
—No soy rápida, ustedes son muy lentas —espeto.
—Menos mal no eres rápida —Bianca se seca su frente empapada con el torso de su mano— sino nunca te alcanzamos.
—Sí, una habilidad que debería alcanzar para estar en el frente —digo con cierto orgullo. De soslayo puedo ver a Jezabel que alza bruscamente su rostro hacia mí con el ceño fruncido.
—Que seas rápida no significa que seas apta, 03 —apoya su cadera en la barandilla cruzándose de brazos.
Enarco una ceja ante su declaración.
Ni siquiera dije su nombre y se sintió aludida, típico de ti, 02.
Bianca levanta una mano haciéndose entre nosotras, divagando entre ambas con una sonrisa apaciguadora sabiendo que hemos estado muy a la defensiva estos últimos días luego de nuestra primera misión oficial.
—Vale, no hay necesidad de pullas, Vamos a revisión, Ya el calentamiento matutino terminó.
Asentimos a la vez, más de cansancio que de cualquier otra cosa. Desde que hicimos esa misión padre nos ha tenido de revisión médica en revisión, por mí parte estoy bien, las únicas que sufrieron mayores daños fueron Alora y Nadia, y se han recuperado debidamente. Aún así, órdenes son órdenes. Bajamos las escaleras por fila de mayor a menor en dirección a la planta baja en la isla médica.
Al llegar, nos atienden por rango, cosa que aún me cuesta, antes nos atendían por la más afectada, pero desde que nos posicionaron parece que a papá le resulta más fácil mantener sanos a sus activos más valiosos.
—Sí, has mejorado notablemente, felicidades —la voz cantora de la enfermera Danna me saca momentáneamente de mi amargo pensar.
A veces parece que ando por la vida en piloto automático, no recuerdo cuándo me senté a que me revisaran.
—Es bastante obvio —replico—
Sigo insistiendo en que yo ya no debería estar en recuperación cuando no pasó más allá de un desmayo.
Danna se sonríe como si mi terquedad le resultara adorable. Es solo una vieja estúpida que ha trabajado aquí desde que tengo memoria, siempre nos trata como niñitas enfermizas. Volteo la cara a mi derecha y Mi mirada se posa atraída como imán al otro lado de la sala donde está Alora siendo revisada el doctor principal del área.Una mueca de autodesprecio aparece en las comisuras de mis labios.
—¿Cómo está ella? —pregunto a la mayor, que se voltea algo sorprendida por mi pregunta.
—Aún nada —niega con tristeza— el doctor creía que iba a recuperar la audición en unos días, pero parece que eso no va a pasar —explica antes de sacar una caja pequeña— ¿Quieres llevárselas?
Aprieto la tela de mi pantalón con fuerza, me levanto de golpe sin volverme hacia la enfermera quitándole la caja sin más. En unas cuantas zancadas demasiado largas para ser inconscientes llego a la habitación de Alora.
Hago una breve pausa en el umbral de la puerta antes de entrar con cuidado y pararme frente a ella asegurándome de no tomarla desprevenida y que me vea entrar.
—¿Puedes oírme?
Ella inclina la cabeza antes de asentir brevemente.
—Muy poco por lo visto —murmuro mirando hacia un lado antes de volver hacia ella— ¿Qué te dijo el mequetrefe ese que se dice llamar médico? —pregunto un poco más alto de lo que acostumbro.
Ante mi pregunta,no parece procesar mucho como lo hizo con la primera, porque responde de inmediato.
—Pérdida moderada de 55 dB —habla fuerte y sin ritmo.
Vaya, eso es igual de malo que quedar sordo por completo. Alzo la caja a su vista antes de desempacar los dispositivos de Audífonos ITC. Los activo según dicen las instrucciones e identificar cuál es el lado correcto de cada uno. Los inserto en el orificio de su oreja antes de alejarme y ver su reacción. Parece que los puse bien, sus pupilas se dilataron momentáneamente al distinguir con claridad los sonidos que se ha estado perdiendo estos últimos días.
—Supongo que funcionan —sonrío levemente al verla alzando su cabeza como si de repente escuchara hasta el más pequeño insecto.
—De hecho están muy bien —dice levantándose— Gracias.
Le resto importancia con un gesto de mano desdeñoso, aunque internamente sonrío pero a la vez siento una acidez indeseable que me sabe amargada en la boca, necesito pedirle perdón. Quisiera pero no puedo, me siento tan mal que por mi culpa haya perdido parte de su audición. Odio no poder decirlo en palabras.
—¿Un cigarro? —pregunta sonriendo extendiéndome la caja. Seguro entró de contrabando o se los robó a padre.
Ruedo los ojos y sonrió con sorna.
—Por supuesto —le arrebato el cigarro mientras ella me pasa su encendedor— Sabes —doy la primer calda—, fumas más que el resto, deberías moderarte.
Ella me quita el encendedor prendiendo su propio cigarrillo, le da una lenta calada antes de botar el humo hacia mí.
—Sí, porque sorda y adicta ya es mucho, ¿No?
Casi me ahogo con el humo de mi cigarro ante su réplica seca. La miro furtivamente entrecerrando los ojos.
—Entre tú y Nadia tienen de los humores más extraños —soplo humo de vuelta en su dirección.
Ella sonríe de lado divertida por primera vez en días.
—Es una realidad —argumenta con el cigarrillo entre sus dedos mirando a la ventana pensativa. Hace una pausa larga antes de murmurar— Cat, no es tu culpa.
Mis cejas caen al igual que mis hombros. No respondo nada, porque sé que es consuelo, la verdad es que es totalmente mi culpa aunque ella lo desestime. Si bien ya venía con pequeños problemas de audición desde niña, ahora por mi descuido se le ha agravado más. Nos quedamos fumando en silencio en la sala esterilizada en la que claramente no deberíamos hacerlo, pero nadie nos puede decir nada, supongo que algunos les da miedo reprendernos sabiendo que el único autorizado para hacerlo es el General.








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