Prologo
—¿Qué hice mal? —pronuncia entre sollozos, su voz entrecortada por la dificultad de aceptar la realidad.
—Ya te he dicho; no has hecho nada mal, al contrario, me has demostrado ser el chico perfecto. Pero si no entiendes que mi prioridad soy yo y mi familia, entonces… —suelto todo el aire que estoy conteniendo, como si cada palabra fuera un peso que me aplasta—. Eres el chico perfecto, pero no para mí —digo, dejando escapar la verdad que me consume. Cada palabra que pronuncio duele más de lo que puedo expresar. Lo amaba con todas las ruinas de mi alma y los pedazos que quedaban de mi corazón desgastado.
Veo en su mirada formarse un brillo inconfundible. Sus ojos, llenos de lágrimas retenidas, parecen negarse a derramarse, como si una parte de él se resistiera a aceptar lo inevitable.
—Entonces, ¿eso fue todo? —sus palabras pesaban con el dolor y la decepción que se filtraban en cada sílaba—. ¿Me vas a dejar así? Definitivamente no, ya no te conozco —pronuncia, mientras pasa sus manos sobre su rostro con una expresión de frustración palpable.
—Yo te amo Eleinis, más de lo que te imaginas. Esto que siento por ti JAMÁS—alza la voz con desesperación resonando en el aire—JAMÁS me oíste, Jamás lo he sentido con alguien más—Me enamoré de Ti Joder— me confiesa, y siento una punzada de dolor en el pecho. Las lágrimas amenazan con salir, pero me esfuerzo por contenerlas. Dios mío, qué culpable me siento. Me convertí en lo que más he odiado toda mi vida: lastimé al chico que me ama y que me lo demuestra cada día.
Ante esto no articulo ni una palabra solo bajo la mirada mientras froto mis brazos en un intento vano de combatir el frío que se intensifica.
—¿Y no vas a decir nada? —suspira con ironía, como si cada palabra fuera un eco de su frustración—. Eso es que hay alguien más, ¿cierto? —pregunta con desesperación.
—¿Cómo es posible que pienses eso de mí? Claro que no hay nadie —me limito a responder, sintiendo cómo la ira comienza a burbujear dentro de mí. ¿Cómo puede pensar eso de mí? Con todo lo que sabe de mí, ¿cómo se atreve?
—¿Solo vas a decir eso? ¡No me lo creo! —expresa con frustración palpable como un golpe en el aire.
—Yo también TE AMO —grito con fuerza, sintiendo cómo mis emociones están al borde de estallar—. Y como no tienes puta idea, pero ese es el problema: TÚ NO ME QUIERES ENTENDER. Y si es así, no me conviene estar contigo. ¿Acaso no lo entiendes? —pregunto enojada, sintiendo cómo la tristeza y la rabia se entrelazan dentro de mí, llevándome al límite de mis fuerzas.
Se queda callado, desviando su mirada hacia la salida, como si estuviera buscando una respuesta en el vacío.
En ese instante, intenta abrazarme, pero lo aparto con rapidez, como si su cercanía me quemara. Entonces, salgo casi corriendo de la pista hacia la salida, dejando atrás un mundo que alguna vez consideré seguro y lleno de promesas.








