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El prisma del Genesis: Primus

Sinopsis

Retsu, un joven Patrullero del Tiempo de bajo rango, cree que su llegada a este nuevo y hostil mundo lleno de maldiciones se debe a un simple fallo técnico en su primer misión.Un Tokio sombrío donde las emociones negativas se materializan en monstruos de pesadilla y donde la fuerza bruta ya no es suficiente para asegurar la supervivencia. Tratando de mantener un perfil bajo para no alterar el frágil orden de este nuevo universo, se verá forzado a convivir con los estudiantes de una misteriosa academia de hechicería. Sin embargo, en un mundo donde el peligro acecha en cada esquina, la neutralidad es un lujo que no se puede permitir. Lo que él cree que es un exilio fortuito, en realidad es el escenario de un experimento silencioso y milimétricamente calculado desde las sombras. Para salvar a sus nuevos aliados y sobrevivir, tendrá que descubrir cómo coexistir con una energía maldita que desafía toda su lógica.

Genero:
Adventure
Autor/a:
CespedXD
Estado:
hace 8 horas
Capítulos:
4
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Prologo

En los confines más oscuros y apartados de la grieta del tiempo, un espacio donde el pasado, el presente y el futuro se desdibujan en un vacío de tonalidades púrpuras, ¡se alza el laboratorio de un ser cuyas ambiciones no conocen límites! ¡Un científico loco que desafía las leyes del macrocosmos con su intelecto retorcido! ¡Su nombre es Fu!

En aquel laboratorio, repleto de tecnología prohibida, pantallas holográficas flotantes y gigantescos contenedores de energía extraída de las peores distorsiones históricas, solía ser un lugar de constante actividad caótica. Sin embargo, el ambiente en esta ocasión se sentía diferente. Había una mezcla de frustración acumulada y una naciente, casi enfermiza, emoción que hacía vibrar el aire metálico.

Fu se encontraba de pie frente a su consola principal, ajustándose las gafas con el dedo índice mientras observaba una serie de datos cuánticos que parpadeaban en un rojo intenso. Estaba aburrido. Pero, sobre todo harto.

—Qué fastidio... —suspiró el científico, desenvainando a medias su espada y dejándola caer de nuevo en la vaina con un clic seco—. Realmente un fastidio tan absoluto.

¡Así es! ¡No importa con cuánta astucia altere los eventos del pasado, ni qué tan poderosa sea la distorsión que cree en la historia, la Patrulla del Tiempo siempre termina metiendo las narices!

Sus agentes de élite, respaldados por la persistente Suprema Kaiosama del Tiempo, aparecían constantemente en el momento justo para corregir el rumbo de la historia, remendando los pergaminos sagrados y frustrando sus planes más elaborados. Lo que debían ser sus obras maestras del caos terminaban convertidas en repeticiones predecibles que ya no le causaban ninguna gracia.

Pero lo que verdaderamente perturbaba al científico loco no eran los patrulleros en sí. Era el peligro latente que conllevaba llamar demasiado la atención de las esferas más altas del poder cósmico.

—Si juego demasiado en este tablero, ese niño caprichoso e impredecible que gobierna los doce universos terminará por notar mis andanzas —murmuró Fu, y una sonrisa torcida comenzó a deformar sus labios mientras recordaba la silueta de Zeno-sama—. Un solo ataque de aburrimiento o un berrinche de esa entidad y seré borrado de la existencia junto con todo mi laboratorio en un abrir y cerrar de ojos junto con mis maravillosos planes. Contra eso no hay ciencia, ni poder, ni siquiera una predecible transformación que me pueda salvar. Si quiero ser el director definitivo de mi propio espectáculo... no puedo seguir jugando en el jardín de alguien más. ¡Necesito mi propio teatro!

¡Impulsado por ese deseo de absoluta libertad, Fu dedicó meses enteros a canalizar la energía residual de sus alteraciones históricas pasadas recolectadas en sus anteriores experimentos en un proyecto sin precedentes! ¡Un artefacto capaz de moldear la realidad misma!

Sobre la mesa de control flotaba un objeto tridimensional fascinante: una pirámide de cristal oscuro pulido y circuitos flotantes de luz multicolor que desafiaba todo lo conocido. Fu lo había bautizado con un nombre imponente: El Prisma del Génesis.

Su objetivo original era usar el Prisma para gestar un universo artificial similar al original que fuera propio, un espacio privado aislado del control de los dioses donde experimentar a su antojo y sobre todo de esos molestos patrulleros del tiempo. Una vez iniciado el experimento los reactores del laboratorio rugieron al cien por ciento de su capacidad, canalizando un torrente de energía tan masivo que la física local de la grieta del tiempo colapsó por completo.

La fuerza concentrada dentro del Prisma no se expandió para formar una dimensión controlada. En su lugar, actuó como un taladro cuántico de altísima densidad que perforó, con un estallido silencioso y deslumbrante, el límite exterior del macrocosmos conocido.

Cuando la cortina de luz purpúrea se disipó, Fu se acercó lentamente a la pantalla principal, con la boca abierta y las gafas resbalando por su nariz. El escáner del Prisma del Génesis comenzó a proyectar lo que había al otro lado de la fractura.

¡Increíble! ¡Frente a sus ojos no se desplegó una línea temporal rota de su propio mundo, sino un multiverso colosal, gigantesco e infinito! ¡Miles de millones de realidades distintas que flotaban completamente fuera de las fronteras de los doce universos conocidos!

Cada una de esas dimensiones poseía su propia historia, sus propias leyes físicas y, lo más fascinante de todo, formas de energía completamente ajenas al Ki algo que la ciencia de Fu jamás había registrado. No había rastros de los Dioses de la Destrucción, ni de los Ángeles, ni de las deidades que él conocía.

Fu comenzó a reír. Primero fue un susurro tembloroso, que rápidamente se transformó en una carcajada limpia y desquiciada que resonó en las paredes de metal de su laboratorio. Saltaba frente a los hologramas con la emoción desbordante de un niño que acaba de entrar a una dulcería gigante, maravillado ante un buffet infinito de juguetes nuevos listos para ser usados.

—¡Esto es magnífico! ¡Es mil veces mejor de lo que planeé! —exclamó con frenesí, tecleando códigos a una velocidad sobrehumana—. ¡Miren cuántas opciones! ¡Cuántas historias que cambiar! ¡Un lienzo en blanco completamente libre de molestos inspectores!

Sin embargo, Fu no era tonto. Sabía que adentrarse a ciegas en ese océano multiversal era un suicidio. Por muy poderoso que él fuera en su entorno, aquellas realidades desconocidas albergaban misterios insondables. Afortunadamente, el Prisma del Génesis había absorbido la radiación pura de la grieta y ahora funcionaba como un escáner conceptual de altísima fidelidad, permitiéndole “leer” la naturaleza profunda de cada universo sin necesidad de poner un pie en ellos.

Fu comenzó a pasar las páginas del multiverso, filtrando los datos con varias pantallas holográficas que parpadeaban ante él. Pronto, su entusiasmo inicial se topó con la cruda realidad de la prudencia científica al ver los resultados.

En una de las pantallas, el Prisma analizó un universo habitado por entidades cósmicas ancestrales que controlaban la existencia mediante conceptos abstractos y pensamientos puros; deidades que podían desintegrar la psique de cualquiera con su sola presencia latente.

—Demasiado arriesgado —dijo Fu, descartando la imagen con un ademán aburrido de la mano—. Por mucho que emule el poder de los guerreros más fuertes de mi mundo, ahí me desintegrarían en segundos. No tiene sentido ser el director si el elenco te mata en el primer acto.

En otra pantalla, observó una realidad donde habitaban héroes y villanos vestidos en mallas en una lucha del bien y el mal pero que algunos de los individuos se poder consistía de podía moldear el espacio, alterar la materia a escalas universales y romper las barreras del tiempo a base de puros golpes.

—Tampoco sirve. Sería derrotado con demasiada facilidad si cometo un error. Busco diversión y control, no una muerte rápida en un mundo que no comprendo.

Fu continuó depurando la búsqueda. Necesitaba el equilibrio perfecto: un universo intrigante, con un sistema de energía maleable, pero donde la escala de poder general fuera lo suficientemente baja como para que él siguiera siendo, por un margen abismal, el ser más fuerte e intocable de todos. Un lugar donde nadie pudiera oponerse a sus hilos si decidía intervenir directamente.

Finalmente, las lecturas del Prisma del Génesis se detuvieron en seco, fijando sus sensores en una frecuencia específica.

—Vaya, pero qué curiosidad más grande... —murmuró Fu, acomodándose las gafas mientras sus ojos brillaban con una intensa malicia.

La pantalla mostraba un mundo habitado por humanos comunes, envuelto en una atmósfera densa, grisácea y sombría. En esa realidad, los seres vivos no utilizaban la energía vital común, el Ki. En su lugar, el sistema se basaba en una fuerza densa y oscura que nacía de las emociones negativas de la humanidad: el miedo, el odio, el arrepentimiento y el dolor. Esa energía daba vida a monstruos grotescos nacidos de las sombras y a un selecto grupo de humanos con la capacidad de manipularla para combatirlos. Para los estándares de poder del científico, la fuerza bruta de ese mundo era notablemente baja. Él sería un dios indiscutible allí.

Fu empezó a analizar la historia de este universo con su prisma, deslizaba sus dedos por el aire mientras el artefacto brillaba con intensidad, devorando y procesando los datos de aquel nuevo universo. Gracias a la energía de la joya, pudo leer en cuestión de segundos la historia completa de ese mundo de maldiciones, obteniendo una visión clara de su línea temporal.

Al analizar los registros, tres momentos específicos captaron su atención como candidatos perfectos para soltar a su Saiyajin de prueba.

—Veamos qué tenemos aquí... —murmuró Fu, acomodándose las gafas con una sonrisa intrigada mientras examinaba la primera opción.

La pantalla mostró a un joven de cabello blanco en su etapa de adolescencia, alguien destinado a convertirse en el sujeto más fuerte de esa realidad. —No, esto no sirve —descartó Fu con un gesto de aburrimiento—. En este punto, el mundo está demasiado estable. Si lo envío aquí, pasarían un par de años antes de que ocurra algo verdaderamente interesante. El flujo de datos sería lentísimo y el portal se cerraría antes de que si quiera pudiera recolectar el primer dato.

Pasó a la segunda opción. La pantalla mostró a un chico asustado que, tras mucho sufrimiento, por fin lograba dominar a una gigantesca y aterradora entidad que lo había estado atormentando. —Esta fuente de poder es inmensa, pero... —Fu analizó los gráficos de energía y negó con la cabeza—. No. Toda la energía está concentrada en un solo punto, en un solo individuo. Sin ninguna actividad de energía durante ese año, después de ese suceso. No se generará una reacción en cadena en el resto del mundo, y yo necesito un impacto global inmediato para recargar el Prisma rápido.

De pronto, la joya parpadeó y emitió un brillo carmesí intenso, deteniéndose en una parte del tiempo, una escena nocturna sobre la azotea de una escuela. Un chico de cabello rosado, junto con otro de cabello negro, ambos acorralados por un monstruo grotesco y sin otra opción para salvarse, sostenía un objeto disecado y putrefacto en su mano, que contenía energía muy potente, con una monstruo dentro, estaba a punto de cometer una locura por pura desesperación.

La sonrisa de Fu se ensanchó de oreja a oreja, y sus ojos brillaron de emoción.

—¡Oh, sí! ¡Esto es arte de primer nivel! —exclamó, tecleando rápidamente en sus paneles—. En este preciso segundo, la maldición más grande y antigua de ese universo está por despertar en el cuerpo de ese humano, rompiendo el equilibrio del mundo para siempre.

Sin embargo, un pitido agudo de advertencia interrumpió sus pensamientos. Fu revisó los niveles de energía del Prisma y su sonrisa se desvaneció un instante. El gran estallido que había perforado el límite exterior del macrocosmos había consumido casi la totalidad de la energía acumulada. El artefacto parpadeaba con un porcentaje mínimo de carga.

—Un solo disparo... —analizó Fu, cruzándose de brazos y sopesando la situación—. Solo me queda energía suficiente para abrir un portal hacia un único universo. Si este primer experimento falla, la grieta se cerrará, el Prisma se apagará por completo y jamás podré volver a conectar con el resto de las realidades exteriores. No puedo desperdiciarlo.

Para que su plan maestro funcionara, Fu requería cumplir con dos condiciones técnicas estrictas. Primero, necesitaba recolectar una cantidad masiva de datos y energía del choque de fuerzas de ese nuevo mundo para recargar el Prisma al máximo y desbloquear los demás universos del mapa. Segundo, debido a que la brecha era inestable y su propia firma de poder masiva podría colapsarla si intentaba cruzarla de forma permanente, requería mantener el portal abierto desde el otro lado mediante un elemento externo.

Necesitaba un ancla. Un ser originario de su propio universo, cuyo cuerpo utilizara Ki de forma constante para que funcionara como una batería viviente y un repetidor de señal dimensional involuntario. Mientras esa persona estuviera en ese nuevo mundo liberando energía, la conexión del Prisma del Génesis se mantendría activa y Fu podría monitorear y alterar todo desde la seguridad de su laboratorio.

—¿A quién podemos enviar que no arruine el escenario antes de tiempo?... —se preguntó Fu, tecleando en su consola para infiltrarse de forma remota en los servidores centrales de Conton City.

Entrar y salir de la base de datos de la Patrulla del Tiempo era un juego de niños para su intelecto. Casualmente, una nueva tanda de reclutas y estudiantes de la academia acababa de graduarse y estaban listos para ser enviados a sus primeras misiones de campo en solitario. Fu desplegó la lista de los graduados para elegir a su peón ideal.

REGISTRO DE EGRESADOS Y NUEVOS RECLUTAS: CONTON CITY

Nombre: Coled

Raza: Raza de Freezer

Evaluación: Potencial físico sumamente alto. Capacidad destructiva sobresaliente. Candidato inmediato a misiones de élite en líneas temporales complejas de alta prioridad.

Nota de Fu: “No, definitivamente no. Si envío a un espécimen con este nivel de poder, aplastará a las amenazas de ese mundo en cinco minutos usando una fracción de su fuerza. No habría conflicto, no habría drama, las variables serían planas y no recolectaría suficientes datos para recargar el Prisma”.

Nombre: Gamba

Raza: Humano

Evaluación: Para ser un humano ha demostrado un alto poder, alta resistencia y compañerismo con sus colegas.

Nota de Fu: “Muy predecible. Este sujeto solo quiere llamar la atención, además ese compañerismo sería muy perjudicial para los inicios de mi experimento. Destruiría a los seres que manipule por completo antes de que la función principal siquiera comience”.

Nombre: Retsu

Raza: Saiyajin

Evaluación: ANOMALÍA CONDUCTUAL. A diferencia de la naturaleza orgullosa, feroz y belicista inherente de su raza, este individuo presenta una personalidad sumamente tímida, asustadiza ante el peligro y retraída. Su nivel de energía actual y su capacidad de combate directo son inusualmente bajos para los estándares de su propia raza a esa edad.

Fu clavó la mirada en la ficha holográfica de Retsu, observando la imagen en tres dimensiones del joven Saiyajin de cabello negro alborotado y expresión visiblemente nerviosa. Una sonrisa maquiavélica, que iba de oreja a oreja, iluminó el rostro del científico en la penumbra.

—Un Saiyajin tímido, asustadizo y débil... ¡Esto es una genialidad absoluta! ¡Una ironía maravillosa! —Fu soltó una carcajada llena de genuino regocijo—. Eres perfecto, Retsu. Si envío a un guerrero de élite, no habría nada interesante que analizar. ¡Pero si te arrojo en esa misma azotea, en ese instante exacto, el choque de sus existencias con la aparición del “rey de las maldiciones” creará la falla temporal más caótica posible! ¡El flujo de datos para mi Prisma va a ser masivo desde el primer segundo! ver a un Saiyajin lleno de miedo en un mundo repleto de monstruos grotescos que se alimentan del terror de los humanos! ¡Eso sí va a ser un espectáculo digno de los mejores aplausos!

El plan maestro se consolidó en su mente en un segundo. Fu esperaría a la víspera de las primeras asignaciones de los novatos. Se infiltraría físicamente en los hangares de las naves de Conton City a espaldas de los inspectores y alteraría sutilmente los comandos del dispositivo de viaje de Retsu. Cuando el muchacho iniciara su secuencia de despegue creyendo que se dirigía a una corrección histórica menor y pacífica en la Tierra de su propio tiempo, las coordenadas modificadas lo arrastrarían directamente al vórtice abierto por el Prisma, depositándolo en el universo de la energía oscura.

Pero claro pese a de encontrar a su rata de laboratorio perfecta había un problema a pesar de que su nuevo sujeto de pruebas era un ser débil para estándares saiyajin seguiría siendo un monstruo de poder y fuerza física en ese nuevo universo y tampoco sería entretenido para él y no conseguiría los datos suficientes para recargar su prisma, tenía que idear como equilibrar la balanza y para asegurarse de que el choque de energías fuera verdaderamente masivo, algo que obligara al asustadizo Saiyajin a pelear al límite de sus capacidades biológicas para no morir y ya sabía cuál sería su plan para que eso funcionara.

Ajustándose las gafas por última vez, Fu contempló el Prisma del Génesis, que brillaba con un débil pero prometedor fulgor violeta.

—Al parecer... este va a ser un juego muy divertido. Que empiece la función.

***

¡Mientras tanto, en la resplandeciente Conton City, la gran base de operaciones de la Patrulla del Tiempo, una nueva generación de guerreros se prepara para escribir su propia historia! ¡Pero entre todos ellos, hay uno que resalta por razones muy diferentes a las habituales! ¡Su nombre es Retsu!

Para comprender cómo este joven terminó convirtiéndose en el peón principal de un juego multiversal, es necesario mirar hacia atrás, a las competitivas aulas de la academia. Ingresar a la institución no era una tarea sencilla, pero para un Saiyajin, se suponía que debía ser un trámite impulsado por el puro instinto de pelea que llevaban en la sangre.

Sin embargo, desde el primer día en que Retsu cruzó las puertas de la academia, quedó claro que el muchacho era una contradicción viviente. Mientras sus compañeros de raza mostraban colas inquietas, miradas desafiantes y un deseo insaciable de medirse a golpes con cualquiera que se les cruzara, Retsu se sentaba en la última fila del salón, intentando encoger los hombros para pasar desapercibido y evitar cualquier contacto visual, mantenía su cola ruda fuertemente enrollada en su cintura, oculta bajo su uniforme para no llamar la atención ni meterse en problemas. Sus capacidades apenas se equiparán a los guerreros de la Tierra de hace décadas, específicamente en la época del 23° Torneo de las Artes Marciales. En un ecosistema lleno de Dioses, Demonios y Patrulleros capaces de destruir galaxias enteras con un dedo, Retsu es considerado el eslabón más débil; un novato asustadizo que apenas puede mantener el ritmo de los entrenamientos básicos.

A pesar de ser un chico tímido, retraído y que prefiere evitar los problemas a toda costa, la sangre no se puede engañar. El ADN de la raza guerrera más orgullosa del universo sigue corriendo por sus venas, esperando el momento exacto para despertar.

Cuando los combates de entrenamiento con sus compañeros de la academia se prolongaban de más y la adrenalina subía, la timidez de Retsu se desvanecía por completo. En su lugar, el instinto Saiyajin tomaba el control: su mirada cambiaba, se volvía un estratega frío, calculador y adoptaba una actitud arrogante y confiada. Incluso, llevado por ese maldito orgullo de su sangre, ha llegado a bajar la guardia a propósito, dándoles ventaja a sus propios compañeros para que se vuelvan más fuertes y le den una pelea digna de un Saiyajin... aunque al terminar el combate, vuelva a ser el mismo chico asustadizo de siempre. Pero esto si la pelea se prolongaba, lo cual casi nunca pasaba con el debido a su bajo nivel de poder.

Durante sus años de estudio, el día a día de Retsu fue una constante prueba de resistencia psicológica. Las burlas de sus compañeros eran implacables y diarias.

—¿Un Saiyajin que pide perdón después de recibir un golpe de entrenamiento? ¡Qué vergüenza! —se burlaban unos de los reclutas en los pasillos.

—¿Seguro que no eres un terrícola que se puso una cola y que se hace llamar saiyajin? —le gritaban otros en los vestidores.

En los exámenes prácticos de combate físico, Retsu terminaba la mayoría de las veces en el suelo de concreto del cuadrilátero, cubriéndose la cabeza en posición fetal y esperando con desesperación que el temporizador llegara a cero. No era que careciera de energía vital, sino que su mente y su cuerpo rechazaban activamente la violencia cruda que definía a su estirpe. Era, a ojos de todos sus instructores, el espécimen más defectuoso de la academia.

A pesar de las risas a sus espaldas, de los constantes tropiezos y de las notas bajas en combate cuerpo a cuerpo, Retsu logró algo que muchos de sus acosadores no pudieron: graduarse con honores teóricos. El temario obligatorio de la Patrulla del Tiempo era sumamente estricto; para evitar fallos catastróficos en el campo, todos los reclutas debían memorizar a la perfección “Las Crónicas del Salvador del Universo”, el registro histórico sagrado que detallaba minuciosamente la vida y batallas del guerrero legendario Son Goku y sus aliados. Retsu devoró esos libros de texto. Sabía de memoria cada estrategia, cada transformación y cada victoria contra amenazas desde la era de Raditz hasta los eventos del Torneo del Poder. Lo hizo gracias a su intelecto táctico y a su empeño casi obsesivo en aprender las bases de cuanta técnica de Ki cayera en sus manos, con la ferviente esperanza de que el conocimiento pudiera compensar su alarmante falta de fuerza bruta.

El arsenal técnico de Retsu era un mosaico de conocimientos útiles pero que le costaba ejecutar bajo presión. Los instructores le habían enseñado las bases de disciplinas legendarias, pero aplicarlas en un combate real era una historia completamente diferente.

¡Y vaya que se requería esfuerzo! Retsu conocía la teoría exacta del mismísimo Kamehameha, la circulación del Ki por los meridianos de los brazos y la posición perfecta de las manos en la cadera; pero en las prácticas, la energía se dispersaba antes de formar una esfera sólida debido al temblor de sus propios nervios. El resultado final solía ser una ráfaga inestable, tardada y de poco alcance que apenas lograba abollar un muro de contención.

También había intentado aprender las bases del Masenko, el Kienzan y todas las técnicas estrellas de los guerreros Z. Pero de estas técnicas avanzadas solo poseía las nociones más primitivas y superficiales. Recordaba los movimientos corporales, pero no lograba dominar el moldeado fino del Ki; el disco se deshacía en el aire en forma de chispas a los pocos metros de ser lanzado, y el Masenko solía estallar antes de salir por completo de sus manos, dejándole las palmas de los guantes completamente chamuscadas y obligándolo a correr a la enfermería.

Sin embargo, su único y verdadero éxito técnico absoluto era el Taiyoken. El día que los profesores explicaron cómo usar la energía vital para generar un destello lumínico cegador que incapacitara temporalmente los sentidos del rival, Retsu fue el mejor de toda la clase. Para un chico cuyo primer e inalterable instinto ante el peligro era retirarse para salvaguardar su integridad, la habilidad de dejar ciego a un oponente para ganar valiosos segundos y huir a toda prisa era, literalmente, la mejor técnica que se había inventado en la historia del macrocosmos.

Y finalmente, la técnica que se les enseñaban a los reclutas y debía ser usada únicamente en casos de extrema emergencia: el Kaioken. Retsu memorizó a la perfección cómo forzar el flujo de su Ki interno para multiplicar temporalmente su velocidad y su fuerza en una situación de extrema emergencia.

Pero el precio a pagar era demasiado alto para él: su resistencia física general era tan baja que usar el Kaioken básico, incluso por un parpadeo de tres segundos, significaba terminar postrado en una camilla con los músculos completamente desgarrados por la presión de la energía.

Una tarde de simulación previa a los exámenes finales quedó grabada en la memoria de los registros estudiantiles: se vio en los hologramas a Retsu intentando cargar un Kamehameha mientras lloraba de los nervios, perdiendo el control de la esfera de energía, recurriendo en puro pánico a un Taiyoken para cegar al robot de entrenamiento, y terminando de espaldas en el suelo desmayado tras activar el Kaioken durante un breve milisegundo. Una secuencia caótica que desató las carcajadas crueles de todos los espectadores en las gradas, pero que demostraba que, a su muy particular manera, el muchacho utilizaba el ingenio para sobrevivir.

El día de la gran graduación finalmente se materializó bajo el cielo despejado de Conton City. La plaza central estaba abarrotada de cientos de graduados que lucían con orgullo sus nuevos uniformes. En el estrado principal, la pequeña pero imponente deidad, Cronoa, la Suprema Kaiosama del Tiempo, observaba a la multitud con las manos en las caderas y una amplia sonrisa.

—¡Muchas felicidades a todos los graduados! —exclamó Cronoa a través de los altavoces de la plaza—. ¡Han demostrado disciplina, valor y un profundo respeto por las líneas temporales! A partir de este preciso instante, el destino de la historia también descansa sobre sus hombros. ¡Vayan uno por uno a los hangares automatizados y reciban sus primeras asignaciones oficiales!

Los estudiantes comenzaron a dispersarse entre vítores, gritos de alegría y choques de palmas, corriendo entusiasmados hacia las compuertas de despegue. Retsu, en cambio, se quedó rezagado al final de la fila, caminando lentamente mientras apretaba el pergamino en blanco que le habían entregado contra su chaleco táctico de la patrulla, el cual le quedaba ligeramente holgado en los hombros. Sus manos, como de costumbre, habían comenzado a temblar ante la sola idea de lo que vendría.

Cronoa, que conocía detalladamente el expediente de cada uno de los alumnos de la academia, se percató de su actitud. Caminó hacia él con pasos cortos y le dedicó una mirada llena de comprensión maternal.

—Retsu —lo llamó la deidad, haciendo que el muchacho diera un brinco del susto y soltara un chillido agudo—. No pongas esa cara de funeral en tu día de graduación. Sé perfectamente que el camino en la academia no ha sido nada fácil para ti, pero estás parado aquí hoy por tu propio mérito teórico.

—¡S-Suprema Kaiosama del Tiempo! —tartamudeó Retsu, haciendo una reverencia tan exagerada que casi golpea el suelo con la frente—. Yo... de verdad tengo un miedo terrible de arruinar una línea histórica importante. ¿Qué pasará si me envían a una época donde esté Cell, o Majin Buu, o algún demonio del reino oscuro? ¡Voy a morir en el primer segundo!

—Tranquilízate, respira hondo —dijo Cronoa, soltando una pequeña risa y guiñándole un ojo mientras revisaba los datos en su tableta digital—. Conociendo perfectamente tu nivel de energía actual y tus habilidades específicas, me he tomado la libertad de seleccionar una misión muy particular y exclusiva para ti. Es una misión de reconocimiento menor en un momento de la historia completamente pacífica de la Tierra en el año 761.

Retsu al escuchar el año se puso helado sabiendo perfectamente que ese era el año en el que el sayajin Raditz llego a la tierra en busca de su hermano, él no quería pelear.

—¡P-Pero Suprema Kaiosama! —temblando de miedo, parecía que estaba a punto de darle un infarto—. Mi nivel de pelea no es suficiente para enfrentar a Raditz.

—Por eso lo planifique todo —Continuo la Kaiosama del tiempo­—Tu único deber será ir, pararte en el lugar, asegurarte que la nave de Raditz llegue a la tierra, ya que hubo reportes de que la falla del tiempo es que su nave se desvió y no llegó a la tierra para buscar a su hermano, además de completar eso solo tienes que revisar una pequeña fluctuación en los medidores ambientales, avisar que ya está solucionado a través de tu comunicador de oreja y regresar de inmediato. Será algo fácil, rápido y completamente seguro para tu primer día de campo. ¿Entendido?

Retsu sintió que un peso de mil toneladas de gravedad se le quitaba de encima de golpe. Su corazón, que latía desbocado, recuperó un ritmo pacífico.

—¡S-Sí! ¡Entendido perfectamente, Suprema Kaiosama! Muchas gracias, de verdad. Iré, haré el reporte en un santiamén y estaré de regreso antes de que se dé cuenta —respondió el muchacho, haciendo un saludo militar rígido.

Cronoa asintió con una sonrisa satisfecha y se retiró para atender a otros oficiales de rango superior. Retsu soltó un largo suspiro, secándose el sudor de la frente con el dorso de su guante, y comenzó a caminar con pasos un poco más ligeros hacia el pasillo de metal que conducía al hangar principal de las naves individuales.

Sin embargo, a mitad del pasillo iluminado por luces de neón, una sombra alta y robusta se proyectó directamente frente a él, bloqueándole el paso por completo. Retsu levantó la vista rápidamente, con la disculpa ya armada en la punta de la lengua por si había tropezado con un superior, pero las palabras se le atoraron en la garganta y sus ojos se abrieron como platos.

Frente a él se encontraba Mii.

El Saiyajin legendario, el héroe indiscutible que había salvado a Conton City en innumerables ocasiones de las garras destructivas de Demigra, Mira, Towa y las alteraciones del Reino de los Demonios. Vestía su icónica armadura de combate modificada de la patrulla, de un color oscuro y plata, y de su sola presencia emanaba un Ki tan masivo, denso y a la vez sereno que imponía un respeto reverencial a kilómetros a la redonda. Era, en toda la extensión de la palabra, el patrullero de élite definitivo; el guerrero al que todos los reclutas aspiraban a parecerse algún día.

—¿Tú eres el nuevo recluta, Retsu, verdad? —preguntó Mii, con una voz profunda, grave, pero que cargaba una extraña y reconfortante calidez.

—¡¿M-Mii?! ¡El héroe legendario! ¡Sí! ¡Quiero decir, a sus órdenes, señor! —Retsu se puso firme como una estatua de piedra, sintiendo que el corazón le daba un vuelco de pura impresión.

Mii observó la rigidez del muchacho y soltó una pequeña risa franca, cruzándose de brazos mientras apoyaba la espalda contra la pared de metal del pasillo.

—No hace falta que te pongas tan tenso, no soy un instructor de combate —dijo Mii, observando detenidamente al nervioso Saiyajin—. Escuché a la Suprema Kaiosama hablar de ti hace unos momentos. Sé perfectamente que muchos en la academia te dieron una estancia difícil y se burlaron de ti por no encajar en el molde violento y orgulloso que todos esperan de nuestra raza.

Retsu bajó la mirada de inmediato, fijando sus ojos en las puntas de sus botas tácticas, sintiendo el peso de la vergüenza ajena.

—Sí... no soy bueno para los golpes. No me gusta pelear y me asusto con mucha facilidad. Supongo que soy una verdadera vergüenza para los Saiyajins puros.

Mii extendió una de sus pesadas y cicatrizadas manos, dejándola caer sobre el hombro de Retsu con un firme y afectuoso apretón, obligando al joven a levantar la cabeza y sostenerle la mirada.

—Escúchame bien lo que te voy a decir, muchacho —habló Mii con una seriedad absoluta y penetrante—. No dejes jamás que nadie te dicte cómo debes ser un Saiyajin. Las expectativas de los demás no definen tu valor. Hace mucho tiempo, cuando yo comencé en la Patrulla del Tiempo, estaba exactamente en el mismo lugar donde tú estás parado ahora. Sentía un miedo paralizante, dudaba de cada uno de mis movimientos y pensaba que el peso de proteger la historia era una carga demasiado grande para mis hombros. Pero aprendí algo con los años: el miedo no es una debilidad si sabes cómo utilizarlo para mantenerte alerta y agudizar tus sentidos. Eres un chico astuto, Retsu. He leído tus reportes de estrategia teórica y tu comprensión del Ki es brillante. Mírame ahora; todos me llaman héroe, pero sigo siendo el mismo que dudaba al principio. Un día, no tengo ninguna duda, tú también encontrarás tu propio camino y tu propia fuerza. No tengas miedo de tu propia naturaleza. Pero también hay que tener un equilibrio entre el miedo y el orgullo por pelear, hay que saber cuándo hay que retirarnos de una batalla y también cuando hay que continuarla hasta las últimas consecuencias, en especial cuando hay que proteger las líneas de tiempo y a los más débiles, después de todo somos patrulleros del tiempo ¿No?

Las palabras del guerrero más respetado de la ciudad impactaron directamente en el pecho de Retsu, disolviendo gran parte de la inseguridad que lo había acompañado durante años. Por primera vez en todo el día, una chispa de verdadera y auténtica determinación brilló en sus pupilas oscuras. El temblor crónico de sus manos se detuvo por completo.

—...Muchas gracias, señor Mii. De verdad... no voy a olvidar sus palabras —respondió Retsu, esbozando una sonrisa sincera llena de una profunda gratitud.

—Ve a cumplir con tu deber, patrullero —asintió Mii, dándole una última palmada amistosa en el hombro antes de darse la vuelta y continuar su marcha por los pasillos del hangar.

Con los ánimos renovados por completo y sintiéndose por primera vez parte de algo grande, Retsu caminó a paso firme hacia la zona de despegue número cuatro. Frente a él, bajo las luces blancas de la plataforma, se alzaba la imponente estructura metálica de su máquina del tiempo individual, con el cristal reforzado de la cabina reluciendo de forma impecable.

Sin embargo, antes de que pudiera colocar un pie en la escalerilla metálica de la nave, unos pasos apresurados resonaron a sus espaldas.

—¡Oye, Retsu! ¡Espera un segundo! —llamó una voz sumamente familiar y autoritaria.

Retsu giró la cabeza y se cuadró de inmediato al ver a Trunks su comandante, el carismático comandante e instructor en jefe de los patrulleros. Trunks se acercó a paso rápido, sosteniendo en sus manos un cinturón táctico semirrígido de la corporación que contenía una pequeña hilera de compartimentos metálicos cilíndricos y, acoplado a un costado, un Rastreador de última generación con el lente tintado en un verde traslúcido.

—comandante Trunks, ¿ocurre algo malo con la misión? —preguntó Retsu, sintiendo que un pequeño escalofrío de nervios volvía a asomarse.

—No, no te preocupes, la Tierra en el año 761 sigue completamente despejada —respondió Trunks con una sonrisa amable, extendiéndole el cinturón—. Es solo que el reglamento de la Patrulla exige de manera obligatoria que todo recluta lleve consigo el Kit de Suministros de Soporte Inicial en su primer viaje de campo. Las cuatro ranuras de tu inventario del cinturón ya están configuradas de forma estándar. Llevas dos Semillas del Ermitaño en los primeros compartimentos para emergencias biológicas graves, una Cápsula de aura tipo G en el tercero Esta capsula es eficaz con poder defensivo en su interior, recuperara mucha resistencia tuya y de tus aliados si los tuvieras, básicamente aumenta las defensas para que aguantes más golpes, y una Cápsula de antídoto de tipo G en la cuarta ranura por si te envenenas o caigas en algún efecto letal te curara por completo y te hará inmune durante mucho tiempo. Adicionalmente, aquí está tu Rastreador. Úsalo para medir las fluctuaciones de energía ambiental cuando llegues al sector asignado.

Retsu tomó el equipamiento con manos temblorosas pero agradecidas, ajustándose el cinturón a la cintura —el cual encajó con un sólido clic metálico— y colocándose el Rastreador firmemente sobre su oreja izquierda. El lente verde parpadeó un par de veces, proyectando líneas de código digitales ante su ojo antes de quedar en modo de espera.

—No te confíes de las cápsulas, Retsu, pero mantén la calma. Están ahí para garantizar que regreses a salvo a la base en caso de cualquier imprevisto —agregó Trunks, dándole un asentimiento de confianza—. Tienes la teoría de los Anales Históricos grabada en tu cabeza mejor que nadie. Sé qué harás un excelente trabajo. ¡Buen viaje!

—¡Entendido, Comandante! ¡Muchas gracias! —respondió el muchacho con un saludo rígido.

Trunks dio media vuelta para regresar a sus labores de supervisión. Retsu soltó un largo suspiro, sintiéndose un poco más protegido al palpar los cuatro dispositivos cilíndricos de su cinturón táctico, y subió finalmente a la cabina de la nave individual. Estaba completamente tranquilo, convencido en su interior de que le esperaba un viaje rutinario de quince minutos, una simple lectura de datos ambientales en un entorno sin peligros, y que pronto estaría de regreso en los comedores de la base para cenar en paz.

El muchacho se ajustó los guantes, revisó el comunicador de su oreja izquierda y subió con decisión la pequeña escalerilla metálica de la nave. Puso la mano sobre los controles hidráulicos de la compuerta, ignorando por completo que, en lo más profundo de los circuitos informáticos integrados de la máquina, las líneas de código de color púrpura oscuro implantadas por Fu terminaban de reescribir su destino. Las coordenadas originales habían desaparecido de la memoria del computador. Ya no apuntaban a la Tierra del año 761. Apuntaban al vacío exterior.

Retsu tomó asiento, abrochó los arneses de seguridad y presionó el botón de inicio de secuencia, cerrando la cabina acristalada con un zumbido sellado. El motor de la nave comenzó a vibrar con un sonido grave, listo para dar inicio a una función de la que él, sin tener la más mínima sospecha, acababa de convertirse en el protagonista absoluto.

Las leyes de la energía vital varían según el tejido de la realidad que se observe. Mientras que en ciertos macrocosmos la fuerza proviene del Ki, el control de la vida y el equilibrio espiritual, existen dimensiones donde el flujo del poder es mucho más sombrío. En este mundo, la energía no nace de la armonía, sino de la imperfección de la mente humana. Cada vez que el miedo, el odio, el arrepentimiento o la envidia se acumulan en grandes cantidades en el subconsciente de la sociedad, esa negatividad se filtra al entorno, acumulándose en los rincones oscuros de las grandes ciudades. A esta concentración de deshechos emocionales se le conoce como... Energía Maldita. Y cuando esa energía adquiere una forma física e independiente, da origen a las Maldiciones: monstruos grotescos que acechan a la humanidad desde las sombras.

Un joven Saiyajin desprovisto de malicia, acostumbrado a las leyes de su propio universo, ha sido arrojado de forma forzosa en medio de este ecosistema hostil por los hilos de un científico implacable. ¿Cómo reaccionará un guerrero asustadizo ante una fuerza que no puede ver, pero que sus sentidos perciben como una malevolencia pura y aplastante? El ancla ha caído en el escenario. El juego de Fu ha comenzado de forma oficial. ¡Apresúrate, Retsu, porque las sombras de este mundo ya han notado tu llegada!

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