⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀ ⠀،̲،̲ ࣪ PROLOGUE
El frío qué sentía en ese momento podría atravesar su alma sin problema alguno, sus manos parecían estar congeladas y podía sentir como si intentaba moverlas se fracturarian y desprenderían de sus brazos; sus pies no eran muy diferentes, sentía que si intentaba ponerse de pie algo se rompería. Además, su cuerpo estaba entumecido y se sentía como una masa extraña, algo ajeno a ella con lo que no podía cargar, cómo una joroba o un tumor: Su cabeza dolía y tenía la sensación de estar completamente sola, pero al mismo tiempo se sentía rodeada de gente. Era abrumador.
Ell podía escuchar gritos a su alrededor. Muchos gritos y lamentos por todos lados, algo que llegó a lo más profundo de su ser solo para aterrarla.
Abrió lentamente sus párpados solo para toparse con nada, solo una oscuridad absoluta que no la dejaba ni ver su propia nariz. De pronto, su respiración se volvió errática, el miedo comenzó a recorrer cada parte de su cuerpo, sabía que los lamentos venían de alguna parte, abajo de donde ella se encontraba, por lo que sentía pánico de bajar la vista y ver que había algo ahí. Sentía el mismo miedo que tenía cuando era niña y le pedía a su padre que viera debajo de su cama por si un monstruo se encontraba ahí acechándola, esperando a que ella estuviera sola para devorarla y llevar su alma a lo más profundo del infierno, y sabía que por más que bromeara sobre eso el infierno no era bonito, según lo que su abuela le contaba, el infierno era un lugar lúgubre y miserable, había gente gritando por todas partes y quemándose en un lago de fuego esperando alguna condena por sus pecados. Eso le había causado un gran trauma que nunca superó y por eso temía que si miraba hacia abajo se encontraría con el lago de fuego donde las almas de los pecadores se incineraban por la eternidad, con la suya a punto de unirse en esa eterna tortura.
Tuvo una sensación extraña, como si varias manos comenzaran a recorrer su cuerpo de arriba hacia abajo rozando lo que parecían ser heridas abiertas en toda la extensión de su ser, también sintió como varios dedos atravesaban la piel de su brazo provocando en ella un dolor inmenso por el cual quería gritar, pero aunque abriera la boca no emitía ningún sonido, su voz no estaba y cada vez todo era peor. Comenzó a sudar frío, su cuerpo comenzó a temblar y a sentirse cada vez más pesado, quería correr y salir lo más pronto posible de ahí pero no sabía cómo había llegado a aquel lugar. Flotaba en el mismo lugar, porque no podía sentir el frío del suelo y tampoco el viento si estuviera cayendo.
Abrió los ojos de golpe y se quedó quieta. Estaba en una celda oscura, había moho en todas partes y el olor a cadáver putrefacto era tan fuerte que le dieron arcadas, pero cuando pensó que iba a vomitar nada salió de su boca era como si no tuviera ni siquiera jugos gástricos, no podía recordar nada y sentía que tampoco quería hacerlo.
Se levantó lentamente y comenzó a caminar hacia la puerta de la celda, estaba abierta aunque intuía que estando cerrada se caerían con tan solo su toque gracias a lo vieja y oxidada que estaba, los barrotes tenían grandes agujeros debido al deterioro.
Caminó por un largo rato por lo que parecía un laberinto hasta llegar a una puerta color café, parecía una iglesia vieja y a punto de desmoronarse, así que empujo las puertas de forma lenta y se quedó estática al ver el lugar por dentro, no se parecía en nada a como era por fuera, era algo distinto, se veía tan limpio y había mucha gente.
Reconocía a algunos de sus amigos ahí, parecían tristes, así que se acercó a ellos para saber qué había pasado.
—Justin ¿qué paso? —Preguntó cuando se había acercado lo suficiente, levantó la mano para intentar tocar al rubio, pero solo lo atravesó de forma limpia.
Confundida comenzó a caminar entre la gente, sus tíos, tías, primos e incluso Clevelant y Mabel, una de las personas que más mas amaba en el mundo y otra a la que realmente odiaba estaban ahí, siguió caminando hasta encontrar a su hermana junto a sus padres frente a un ataúd.
Comenzó a llamarlos a gritos acercándose y abriéndose camino entre la gente pero para este punto ya sabía que era imposible que la escucharán.
Aun así no podía dejar de intentar, aferrándose a la idea de que podría ser una broma o un sueño del cual despertaría si sus gritos eran demasiado fuertes, pero con cada paso que daba al frente la situación era evidente, ellos no la escuchaban para nada. Cuando llegó a ellos se acercó intentando que la vieran, pero no podían.
Se acercó al ataúd y se quede de piedra frente a él.





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