EL JUGUETE DEL DADDY

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Sinopsis

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Un día, por puro aburrimiento, me perdí un poco más de la cuenta viendo porno y terminé masturbándome con un video de un hombre azotando a una chica mucho más pequeña sobre sus rodillas. Dios, lo deseo tanto que debería hacer algo al respecto, pero jamás un hombre me ha tocado de esa manera. ¡Al diablo, me voy a registrar en ese sitio de BDSM del que tanto me habló mi amiga Zoe! ....... bueno, allá vamos ....... ~El teléfono de Nia suena con mensajes nuevos de múltiples Dom's interesados~ ...... ¡no puedes echarte atrás ahora, chica, hazlo! .......

Genero:
Erotica
Autor/a:
Pink Bubbles
Estado:
Completado
Capítulos:
35
Rating
4.1 18 reseñas
Clasificación por edades:
18+

Nia

«Inclínate».

«Pero, papi…».

«HAZ LO QUE TE DIGO».

Nia se dio la vuelta y se inclinó sobre el borde de la cama, dejando su culo al aire para Lowe.

«Aprenderás a obedecerme». Lowe le frotó la palma de la mano contra el trasero. «Ya sé lo sensible que es tu cuerpo y que la sobreestimulación es lo que más te desarma». Empujó las caderas contra ella, haciendo que su verga rozara su coño a través del pantalón del traje. «A diferencia de los azotes o los castigos, te voy a follar hasta dejarte sin cerebro».

«Vale, papi».

Lowe dio un paso adelante y deslizó las yemas de los dedos por su coño empapado.

«Papi, fóllame».

¡ZAS!

«No me digas lo que tengo que hacer. Aprende tu maldito lugar».

Lowe le metió los dedos en el coño, haciendo que Nia gimiera, y los sacó un poco antes de volver a empujar.

Con la otra mano, la empujó contra la cama para que no se moviera.

«Joder».

¡ZAS!

«Cuida ese lenguaje».

«Mmmm, papi, perdón».

Lowe la penetró con los dedos hasta que las piernas le temblaron, el coño le chorreaba y los jugos le resbalaban por los muslos.

Ajustó el ángulo para rozarle el punto G, y su coño empezó a gotear.

«Voy a correrme a chorros».

«Vamos, gatita, córrete en mi dedo, nena».

«¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! Papi, voy a…».

Nia se estremeció con la fuerza del orgasmo. Nunca había tenido uno tan intenso ni se había corrido a chorros antes. Los ojos se le pusieron en blanco por el placer que le recorría todo el cuerpo.

Pero eso no detuvo a Lowe, que intentó arrancarle otro orgasmo. Le metió y sacó los dedos con fuerza, llevándola al límite de la sobreestimulación.

«¡JODER! ¡JODER! ¡JODER! ¡PARA!».

«¿QUÉ COÑO HE DICHO DE TU LENGUAJE?».

Lowe se quitó los pantalones de un tirón y le metió la verga hinchada hasta el fondo.

Nia gritó al sentir su tamaño. Medía veinte centímetros y su grosor era imposible de abarcar con una sola mano. El tío estaba bien dotado, qué leches.

«Papi, ¡es enorme!».

«¡Aguántalo! Joder, qué estrecha estás, nena».

«Dios mío». Empezó despacio, pero poco a poco la folló como un animal.

Nia intentó arrastrarse hacia la cama, necesitaba un respiro de sus embestidas incesantes.

Lowe la agarró del pelo y la obligó a girarse hacia el espejo de cuerpo entero de la pared. No le quedó más que agarrarse al aire.

La folló con la espalda arqueada y la cabeza echada hacia atrás, inmovilizándole los brazos a la espalda con la otra mano.

La cabeza de Nia daba vueltas por el placer.

«Me voy a correr», susurró con un hilo de voz. El placer la había dejado sin palabras.

«Córrete ya, nena. Córrete».

Nia se estremeció con el segundo orgasmo. Las piernas le fallaban, pero Lowe la levantó del pelo y siguió destrozándole el coño. El golpeteo de sus huevos contra el clítoris hacía un ruido húmedo mientras ella se corría a chorros por la sobreestimulación.

«Joder, me corro, Nia».

Lowe se corrió y eso solo lo hizo más necesitado de otro orgasmo de Nia. Cada vez que la follaba, se quedaba con hambre. Esperaba que lo desobedeciera para poder tirársela toda la noche.

Para él, Nia tenía el coño más estrecho de todas las sumisas que había tenido. Además, era extremadamente sensible, así que podía sacarle varios orgasmos y hacerla suplicar perdón. Ansiaba ese control, y Nia se lo daba todo. Pero también lo tenía atrapado emocionalmente, y eso lo volvía más vulnerable con ella. Así que en esto no ganaba solo él…