Texts to Texas

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

A los 25 años, Sophie nunca ha experimentado el amor de un hombre; ver a su madre entrar y salir de relaciones tóxicas fue suficiente para alejarla de los hombres de por vida, pero algo cambia cuando conoce a un apuesto vaquero por internet. ¿Realmente ha conocido a su alma gemela o está sugestionada por la idea de comenzar una nueva vida en Texas?

Genero:
Drama
Autor/a:
Natalie K
Estado:
Completado
Capítulos:
5
Rating
4.9 41 reseñas
Clasificación por edades:
16+

1 - Recordando

Estoy corriendo. Me falta el aire, pero sé que no puedo parar. Él está tan cerca que oigo cómo crujen las ramas secas bajo sus pies pesados. Debo seguir adelante, con o sin aliento; no puedo dejar que gane. De repente, tropiezo. El suelo seco y agrietado me raspa las rodillas mientras me deslizo como si estuviera audicionando para un baile de Hip Hop. —¡Ay! —grito.

Entonces, él se detiene de golpe. —Las traes —dice radiante mientras me toca el hombro y sale corriendo hacia los árboles.

Siempre recuerdo esto, pero nunca logro recordar quién es el niño con el que juego. Recuerdo que éramos inseparables y lo feliz que me sentía a su lado. Pero su maldito nombre nunca me viene a la mente. Es como si tuviera un bloqueo mental.

—Mamá, ¿te acuerdas de aquel niño que era mi mejor amigo en Texas? —Miro a mi alrededor. Ella no me presta atención; está sentada con el celular, mirando Tinder.

—¡MAMÁ! —grito.

Levanta un poco su cara bonita, pero mantiene los ojos en la pantalla. —Ven, dime qué te parece este tipo —dice ella, ignorando mi pregunta anterior.

—¿Para qué? De todos modos será un idiota.

—Sophie, no todos los hombres son idiotas. Tienes que superar tus traumas con tu padre y buscarte un buen chico.

Niego con la cabeza. —Mamá, tu historial es suficiente para que cualquiera se aleje de los hombres. Mira a dónde nos trajo el amor. Varadas en esta Inglaterra helada y sombría.

—Oye, Jeremy era amable. Te dio una buena vida aquí y todavía pregunta por ti.

—Hubiera preferido que te quedaras en Texas y conocieras a un hombre de allá, como una mujer normal. Pero no, tuviste que volverte loca y elegir a uno a miles de kilómetros. Me sacaste de la escuela y nos mudamos aquí. Todo por un capricho.

Finalmente, aparta la vista de la pantalla, se muerde el labio inferior y niega con la cabeza. —Nunca me vas a perdonar, ¿verdad?

Espera mi respuesta con ansias.

—No, mamá, no creo que lo haga. No puedo evitar pensar en lo que pudo haber sido. Nunca tuve amigos aquí; siempre me sentí rara. La única persona con la que recuerdo haber conectado fue ese niño en Texas, y tú ni siquiera recuerdas su nombre.

Se levanta del sofá y arrastra sus pantuflas peludas por el suelo de madera. —Se supone que era tu mejor amigo. ¿Por qué tú no puedes recordar su maldito nombre?

La sigo con la mirada. —Tenía ocho años. Eso fue hace diecisiete años —le grito mientras se aleja.

Al salir de la habitación, me responde a gritos: —Bueno, pues ve a buscarlo si tan importante es para ti.

La vieja me ha dado una idea. Supongo que no sería imposible encontrarlo con la tecnología de hoy. Él no vivía en mi mismo pueblo. Tengo el vago recuerdo de que visitaba mucho a sus tías y que, por un tiempo, vivió con una de ellas. Estoy segura de que eso reduciría la búsqueda. No muchos niños vivían con sus tías en ese pueblo tan chico.

Esa noche me voy a la cama con esperanza. Sé que suena loco. Si volviera a hablar con él, sería una persona completamente diferente. Ya no sería aquel niño de siete años con el que solía gritar de risa, ni el chico que me daba los mejores abrazos y con quien siempre me sentía segura. He pensado en él durante diecisiete años, pero sigo viéndolo como ese niño, nunca como un hombre. Por lo que sé, quizás ni siquiera esté vivo, o probablemente esté casado y se haya mudado. Todas estas ideas dan vueltas en mi cabeza mientras intento dormir. —Al diablo —me digo mientras me quito la colcha de encima. Abro mi laptop y empiezo la búsqueda. Imagino que el primer lugar para empezar son las redes sociales, Facebook e Instagram. Busco durante horas, mirando hombres que tengan ese pequeño pueblo como su ubicación.

—Es inútil —digo mientras se me nubla la vista y cierro la laptop de golpe. Cómo voy a encontrarlo si no tengo ni idea de qué aspecto tiene ahora.

Me despiertan las carcajadas de mi mamá en la cocina. Supongo que encontró a un galán en Tinder para que la enamore. Mi madre es una romántica empedernida, siempre buscando a su alma gemela. Siempre cree que lo ha encontrado hasta que la novedad se pasa y no soporta estar cerca de él. ¡Sí! Sus relaciones se vuelven tóxicas bastante rápido.

—Sophie —grita mamá—. Voy a salir, así que levanta el culo.

Salgo de la cama y me asomo por la puerta de mi cuarto. —¿A dónde vas tan temprano?

—Voy a desayunar con Jim.

—¿Cuál Jim?

—Jim, Jim. Es un tipo con el que he estado hablando hace tiempo.

Pongo los ojos en blanco mientras cierro la puerta. No soporto escucharla hablar sin parar de otro idiota que se irá tan rápido como llegó. —Estaré en el trabajo hasta tarde —le grito mientras me vuelvo a meter en la cama.

Mi vida es tan monótona. A menudo pienso qué más hay por ahí. Seguramente esto no puede ser todo. No nací solo para trabajar y pagar cuentas. Sé que yo tengo parte de la culpa por mi vida aburrida. Decido no socializar con nadie. No salgo con los compañeros después del trabajo y prefiero sentarme sola en la biblioteca a leer y fantasear con lugares lejos de casa. Supongo que nunca sentí que encajara con nadie. Tuve amigos, pero siempre eran muy distintos a mí. Me mantuve al margen y, con el tiempo, todos siguieron sus vidas sin mí. Ahora mi único vínculo con el mundo exterior es el trabajo. Trabajo en el cine local y hago lo posible por meterme en la sala de proyección durante mis turnos. Allí puedo sacar mi libro y leer con los pies en alto. De vez en cuando miro la película si vale la pena.

Como hoy no empiezo mi turno hasta la tarde, decido seguir buscando a mi chico de Texas. Sigo sin saber qué busco, pero sé que tengo que intentarlo con todas mis fuerzas.

Wilmington, Texas, es un pueblo pequeño, pero encuentro una página de Facebook. Por suerte, allá les gusta mucho el rodeo, así que mucha gente los visita y pasa por ahí para los espectáculos. Leo los comentarios y encuentro a un par de personas que comentan seguido. Si ellos no son él, tal vez lo conozcan. Con dudas, les mando mensajes a algunos. Es como buscar una aguja en un pajar, pero tengo que empezar por algún lado. Además, mamá siempre decía que la gente de los pueblos chicos se queda estancada y hace su vida ahí. Así que, con suerte, él no se ha ido.

Es tarde cuando salgo del trabajo. Estoy tan cansada que me voy directo a mi cuarto con el uniforme oliendo a palomitas y esa gorra tan fea. No oigo a mi mamá, pero no es raro que no vuelva después de desayunar, comer o cenar con esos tipos. En el pasado, se ha ido por días. Sí, dejé de llamar a la policía después de la segunda vez que pasó.

Después de ducharme, abro la laptop y, para mi sorpresa, tengo un mensaje.

Lo abro antes de arrepentirme. Es de un tipo llamado Liam, de Wilmington. Dice que ha vivido allí toda su vida y que con gusto responderá cualquier pregunta que tenga. Sonrío mientras vuelvo a leer su respuesta. Es un hombre guapo, con cabello oscuro y corto y un cuerpo bronceado y musculoso. Es difícil no fantasear con que él sea mi chico misterioso.