Prólogo

—¡¡Necesito tener un hijo!! ¿Por qué nadie puede entenderlo? —exclamó Alicia, ocultando el rostro entre las manos—. Me siento incompleta. Mi marido me mira con lástima y siento que el mundo está en mi contra.
Helena tenía los ojos ensombrecidos por las lágrimas y los ojos le picaban por el deseo de llorar. La tristeza desgarradora que invadió a su amiga, la tenía con la garganta atorada por las lágrimas. Ella quería ayudarla, el impulso de hacerlo era casi incontrolable. Pero no podía, no estaría renunciando a cualquier cosa sustituible, Alicia le pedía un imposible.
—Hay muchas madres por ahí que maltratan a sus hijos. No los quieren y las bendicen con muchos niños. Yo que deseo amarlos con todo mi corazón, no puedo tener ni siquiera uno. —siguió diciendo Alicia con lágrimas corriendo por sus mejillas—. Mírate a ti, puedes llegar a ser una gran madre; sin embargo, te niegas a tener hijos.
Helena no sabía que responder, no se trataba de que no quisiera tener hijos, simplemente no los quería en ese momento. Su carrera absorbente no le dejaba tiempo ni siquiera para pensar en ello.
Alicia comenzó a llorar más fuerte, logrando que la culpa alcanzara a Helena, que sentía deseos de huir y desaparecer hasta que su amiga olvidara que había pedido su ayuda.
—Helena, ayúdame, solo tú puedes hacerlo. —rogó Alicia, apretándole las manos y mirándola a los ojos—, dime que lo harás, mi vida depende de ti.









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