JUST FRIENDS

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Summary

"Entre broma y broma la verdad se asoma..." Jake y Carl son el claro ejemplo de que esta frase no siempre se equivoca. Ambos adolescentes de 14 años jamás hubieran llegado a pensar que las bromas que se hacían entre ellos sobre ser pareja se convertirían en algo más que eso, una simple broma. ¿Qué pasará cuando se den cuenta del enamoramiento que se formó entre estos dos? ¿Influirá en algo la homofobia inculcada por sus padres? ¿Podrán aceptarse? ----------------- (Esta historia es un BORRADOR)

Genre
Romance/Drama
Author
Adeny
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prólogo

Las risas y gritos de las personas se mezclaban con la música electrónica de cada juego, mientras que afuera de estos se encontraban filas de gente ansiosa por, o bien sentir adrenalina o simplemente pasearse por un gusanito sonriente verde que daba vueltas sobre unas vías.

El olor a canchita y algodón de azúcar se esparcía por cada rincón, atraían a niños que querían calmar el hambre luego de haber estado saltando en los trampolines con pelotas de todos los tamaños y colores. Y el clima en la ciudad de Pucallpa no podría ser más perfecto. El sol se lucía en todo su esplendor y la brisa del viento era fuerte, lo que generaba frescura, el cielo estaba despejado y no había signos de lluvia por ningún lado.

No obstante, las cosas para el pequeño Carlos no estaban siendo del todo agradables, pues este solo lloraba en el piso, al lado de un trampolín.

Su padre, un hombre distraído, irresponsable y sin mucha noción de la realidad, se había ido a comprar unas latas de cerveza en el minimarket de al lado, dejándolo solo mientras este se deslizaba por un tobogán y a su pobre hermana, la dejó varada en la rueda de la fortuna.

Aunque no todo sería tan malo, pues luego de un rato, otro niño, quien estaba allí para poder disfrutar el inicio de sus vacaciones, se lo encontraría al querer subir a su juego favorito.

—Hola —saludó este con cierta curiosidad por averiguar qué pasaba.

En medio del llanto, Carlos levantó la mirada lentamente, esta expresaba miedo y confusión al ver a alguien saludándolo con tanta alegría, como si en ese momento no estuviera en una situación desafortunada.

Él observó cada parte de ese niño, desde su cabello lacio desordenado, hasta sus zapatillas desabrochadas. Lo que más le llamó la atención, fue su camiseta, la cual era el uniforme deportivo que usaba su equipo de fútbol favorito; Alianza Lima.

—¿Hola? —dijo Carlos casi en un susurro.

—¿Por qué lloras? —preguntó el otro niño inclinando la cabeza de lado.

—No encuentro a mi papá —respondió el pequeño, con la voz rota.

—Ah —Sin decir nada más, aquel extraño se sentó al lado.

—¿Qué haces?

—Mi empleada y mi madre dicen que si algún día me pierdo, debo quedarme en el mismo lugar y esperar —explicó con tranquilidad. Entrelazó los dedos y se meció hacia adelante y hacia atrás.

—Oh... —dijo Carlos sin saber si tenía que preocuparse o sentirse más tranquilo. El pensar en "estar perdido" lo hizo aferrarse más a la primera opción.

—¿Y cómo te llamas?

—Carlos —respondió quitándose la lágrima que caía por su mejilla —, pero casi todos me dicen Carl ¿Y tú?

—Yo me llamo Jake y todos me dicen Jake. Aunque hay personas me dicen gringo —frunció el ceño al recordar aquel apodo.

—Si pareces —intentó bromear, pues a pesar del poco tiempo de haber estado conversando con Jake, no pudo evitar fijarse de más en sus ojos verdes avellana, o como lo dirían otras personas "ojos de gato" y en su piel casi tan blanca como la nieve. Su acento "Limeño" tampoco pasó desapercibido.

—¿Tú también? —rió.

El pequeño no pudo responder ante esa pregunta, pues una señora regordeta, con una coleta de caballo sosteniendo todos sus cabellos rizados y de aspecto amable, se acercó a ellos, o más bien, a Jake.

—JJ, ¿Por qué no estás en el saltarín? —le preguntó agachándose, para poder estar a su nivel.

—Es que estoy cuidando a este niño —respondió él apuntando con el dedo a quien estaba a su lado —. Se perdió —agregó sin caer en cuenta de la gravedad del asunto.

La mujer dirigió la mirada hacia Carl, este seguía con los ojos llorosos y la nariz roja de tanto intentar limpiarse los mocos con su polo de Ben 10.

—¿Con quién viniste? —le preguntó.

—Con mi papá y mi hermana —respondió este soltando un sollozo.

—¿No tienes el número de tu mami? —continuó interrogando la mujer, mantenía un tono de voz calmado, no quería asustarlo.

Él asintió varias veces, al fin, un poco de esperanza para volver a su casa estaba presentándose.

—Mira, la mamá de Jake está allá —ella apuntó a una mujer que estaba sentada en una banca. Carlos solo pensó en lo mucho que se parecía a las modelos de las revistas de perfume y cremas que vendía su mamá—, ella podría llamar a tu mami.

No se la pensó dos veces y aceptó la ayuda.

Al acercarse junto con la niñera y Jake, la mujer arqueó una ceja. Carl se sintió intimidado, esta tenía un buen porte, unos lentes anchos descansaban sobre su cabeza, tenía el cabello muy bien arreglado en una coleta alta, su ropa se veía muy fina y bien planchada y en sus dedos relucían anillos con piedras preciosas, el rubí era el más llamativo.

—¡Mami, mira! —casi que gritó Jake —, me encontré a este niño —volvió a apuntarlo con su dedo índice —¿Me lo puedo quedar? —preguntó con mucha emoción, como si de un juguete se tratara.

La señora Olivia ignoró la petición de su hijo.

—¿Quién es este niño? —le preguntó a la señora María en voz baja.

—Está perdido. Jake lo vio llorando.

Olivia inclinó el cuerpo hacia adelante, para tener más cerca a Carl.

—¿Sabes el número de tu mami?

Él asintió.

Después de darle el número, la señora Olivia llamó a su madre. Cuando contestó, hasta Jake pudo escuchar el "¡¿Cómo?!" que pegó al enterarse de que su hijo no estaba con su papá.

—Listo —dijo Olivia luego de terminar aquella llamada —Tu mami estará aquí en unos minutos —sonrió, ya no se veía tan intimidante como antes.

—¡Ya está, vamos a jugar! —de una forma repentina, Jake tomó del brazo a quien consideraba su nuevo amigo y lo llevó casi arrastrando al saltarín.

—¡Espera! —Carl tuvo que agarrarse de una reja para que ese niño frenara.

—¿Qué? Tu mamá ya vendrá, ya puedes jugar.

—No puedo.

—¿Por?

—Ya no tengo tickets.

—Ah, yo acá tengo ¡Vamos! —volvió a tomarlo del brazo y continuó corriendo.

—¡No tendré cómo pagarlo!

Cuando llegaron al juego, sacó de su bolsillo un rollo de tickets. A Carl casi se le cae la mandíbula al piso al ver tantos tickets, pues cada que iba al "Mundo feliz" —lo cual no pasaba muy seguido —sólo podían comprarle dos tickets y unos cuantos dulces.

—No creo que María se de cuenta de que falta uno —Arrancó dos tickets y se los entregó al que controlaba el juego, quien por fin había aparecido .

Se sacaron las zapatillas y se metieron al juego. Carlos, con cierta inseguridad, tenía miedo de que le terminaran cobrando por todo.

—¡Toma! —Jake lo agarró desprevenido y le tiró una enorme pelota de goma. A los pocos segundos, este ya estaba viendo a su amigo tirado en el saltarín —Se supone que tienes que agarrar la pelota.

—Ya sé —respondió el otro aún en shock por lo sucedido.

—Ven .—le dio la mano y lo ayudó a levantarse. Se alejó un poco y agarró una pelota aún más grande —Ahora sí ¡Piensa rápido! —De nuevo, terminó ayudando al niño a levantarse.

Se la pasaron la mayor parte de su tiempo en el juego tirándose pelotas y viendo quien saltaba más alto.

Mientras esperaban a que la madre de Carlos aparezca, ese ticket prestado pasó a triplicarse, del saltarín pasaron a un laberinto y luego a un tobogán inflable.

Carl por fin reía y disfrutaba de la compañía de su nuevo amigo. Le cayó muy bien, aunque no le gustaba que lo derrumbara a cada rato.

Esa felicidad que sentía se duplicó cuando vio a su mamá acercarse a la de Jake.

—¡¡Mami!! —gritó mientras salía de ese juego corriendo.

Al alcanzarla le dio uno de sus característicos "abrazos de oso".

Su madre le correspondió con desespero y a los segundos ya le estaba preguntando en donde se encontraba su hermana.

Su hijo dijo que la última vez que la vio fue en la rueda de la fortuna y juntos fueron a revisar si todavía estaba allí.

La encontraron en el mismo estado que Carl al principio, tumbada en el piso y llorando a mares.

Luego de un encuentro conmovedor y de avisarles de que su padre estaría en problemas cuando lo vea, la señora Mónica tomó a sus hijos, iba a llevarlos a casa.

Sus planes fueron interrumpidos cuando Jake se le cruzó en su camino.

—Deje que se quede un ratito más —suplicó repetidas veces.

Ella estuvo a punto de negárselo, pero vio a lo lejos al responsable del desastre, así que decidió que lo mejor era que sus hijos no escuchen aquella pelea que tendrían.

—¡Vengan! —le dijo Jake a Carl y a su hermana mayor, Valeria.

Ella no tuvo otra opción, solo le tocaba seguir a su hermano.

Volvieron al tobogán inflable. Subieron a lo más alto de este y se deslizaron de distintas formas.

A Carl, con sus siete años, le pareció que Jake era muy valiente, pues este se tiraba de espaldas, no le importaba con qué chocaría, simplemente se lanzaba. También se sorprendió de las aspas de molino y saltos mortales que hacía.

Sin darse cuenta, pasó más de una hora. Mientras corría por todo el parque intentando atrapar a su amigo, pudo ver como su madre ya estaba socializando con la mamá de este. Eso fue una buena señal, significaba que seguiría jugando y que tal vez esta vez no tendría que decirle adiós a Jake, que es lo que siempre pasaba cuando hacía un amigo en esa clase de lugares.