Castle

Summary

- ¡Te amo! - gritó como último recurso ante la desastrosa situación. - No, eso no es amor, no cuando el único en disfrutar fuiste tú - respondió con una calma impresionante decidido en su elección, en la elección de los dos. El viento se hacía cada vez más fuerte y ambos cuerpos se tambaleaban mientras que el pelinegro sólo se preocupaba por aquel que su mente nunca abandonaba y su corazón nunca dejaba de palpitar. (Son libres de corregir cualquier falta ortográfica o incongruencias de cualquier tipo) 🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹🌹 ⚜ VMin/Kookmin ⚜ Historia corta ⚜ 22032021-28092021 (en wttp)

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. Jungkook

Lo amaba. Era algo que nadie podía negarlo y siempre lo demostraba pero vivía con ese sentimiento de no ser suficiente y es que ser el heredero al trono lo tenía ocupado en sus labores.


Sus sentimientos siempre fueron más allá de lo carnal. Amaba verlo por los pasillos del castillo e incluso mandaba a llamarlo cada vez que podía con excusas pobres para solo verlo aunque sea por un segundo y admirar la belleza que aquel cocinero tenía.


La primera vez que lo vio pensó que era un ángel traído por Dios y así mismo creyó que su muerte estaba cerca, pero aquel sirviente solo estaba dejando la comida encima de la mesa del comedor y eso le dejó más que en claro que era real y no era el único que podía verlo.


Al principio lo acosaba y entraba a la zona de servicio solo para verlo organizar alimentos en la bodega real o ayudando en alguna cosa dentro de la cocina y eso a Jungkook le pareció lo más hermoso. Incluso si aquel chico tenía la cara manchada de restos de harina o sus manos cubiertas por el olor de los vegetales, le parecía hermoso.


Un día se decidió en hablar con su padre acerca de la persona que había robado su corazón, aún sabiendo que este se negaría. Sin vacilar se le acercó y le habló de sus sentimientos por aquel rubio. Su padre, el rey, explotó y como no si su hijo se había enamorado de la muchedumbre pero peor aún, de un hombre, sin embargo no hizo nada contra el cocinero y Jungkook agradeció en secreto por aquello.




El rey enfermó y, como consecuencia, la luz de sus ojos se apagó dejándole toda la herencia y la corona a su primogénito.


El nuevo rey encontró la oportunidad perfecta.


Mandó a llamar a su habitual cocinero con la esperanza de que este aceptara sus sentimientos, cosa que él estaba muy seguro que haría.


— Su majestad, lamento decirle que no a su propuesta. — respondió aquel chico de hermosos ojos con la cabeza gacha como signo de respeto.


Jungkook se sentío mal por el rechazo pero no lo dejaría escapar. Era suyo y de nadie más a pesar de que el rubio aún no lo supiera. Lo dejo irse y puso en marcha su plan de contraer matrimonio con él.




Las personas son seres débiles sin importar cuál sea su posición de la jerarquía, todos tenían puntos débiles y eso era a lo que Jungkook quería atacar para tener a la persona que tanto anhelaba.


Investigó acerca del pequeño cocinero encontrando que su padre aún respiraba y ese fue el detonante para comenzar su capricho.


Volvió a llamar al chico haciéndole nuevamente la propuesta para luego ser rechazado por segunda vez.


Momento ideal de usar su arma secreta.


— Jimin, la familia es algo apreciada en nuestro reino, son personas por las cuales vale la pena sacrificar hasta la dignidad. —vio como el rubio alzaba la cabeza con rapidez temiéndose a donde irían a parar aquellas palabras. — Noté que tu padre aún vive, algo bueno de tu parte sabiendo que es muy complicado vivir hasta la edad que tiene. Lo debes de amar mucho, ¿verdad?. — Jungkook alzó la mirada encontrándose al cocinero arrodillado a sus pies.


— Por favor, su majestad, no le haga nada. —suplicó el rubio— haré lo que le plazca. — titubeó tocando ligeramente las botas del pelinegro.


Estaba más que satisfecho y su sonrisa lo confirmaba.


Se arrodillo delante del chico y agarro su mentón para alzar su mirada. — Cásate conmigo. —un sonrisa se coló en sus labios.


A Jimin no le quedo más que aceptar la propuesta del rey.




No importaba lo descabellada y poco ético que era la idea, todos hacían lo que el rey pedía y así fue como una boda homosexual dentro de una iglesia se concretó. Siendo, por obvias razones, realizada en secreto.


La ceremonia fue algo íntima. Solo los dos delante de un altar. Jungkook amaba la sencillez y lo añoraba en el día de su boda y con Jimin no fue la excepción.


Prometio amarlo, protegerlo y cuidarlo, cosas que se había prometido desde el momento que se dio cuenta que estaba enamorado. Jimin hizo lo mismo y Junkook no podía sentirse más feliz en ese momento pero su éxtasis crecía aún más al ver cómo el rubio le dedicaba una sonrisa con un hermoso brillo en sus ojos al mismo tiempo que el cura daba la aprobación para el beso.


El primer beso con el amor de su vida.


Jungkook fue el que avanzó un paso y pegó sus labios con los del otro. Jungkook fue el que tomó de su nuca y lo hizo pegarse más a él. Jungkook fue el único en mover los labios pensando que tal vez el rubio nunca había experimentado algo así en su vida y era entendible el porque se quedaba quieto.




La noche de bodas fue algo que jamás pensó que sería mágico. Su esposo yacía en la cama sin sus prendas y observó la perfección de su cuerpo, sus muslos, sus tonificados brazos y esos botones rosados que destacaba en la piel blanquecina de su pecho. Una obra arte. Una obra que él probaría y lo haría para siempre.


La sensación de la piel de Jimin bajo sus manos fue espectacular. Los gemidos del mismo fueron un sonido con el cual se volvería adicto y el calor que emanaban ambos cuerpos lo hacía sentir cálido y querido, como si fuera un lugar que jamás querría salir.


Con suavidad besó los labios del rubio pero este seguía sin moverlos así que decidió no atormentarse por eso y se dedicó a besar el suave cuello de —su ahora esposo— dejando marcas visibles sobre ello y así mismo sintiéndose orgulloso de su acto.


Jimin se removió debajo de él queriendo empujarlo pero eso excito más al rey creyendo que Jimin quería más.


Bajó sus labios a su pecho dejando besos por su clavícula e introdujo a su boca aquellos pezones que sobresalían de su piel llamándolo para ser estimulados.


Su mano derecha se introdujo en la boca del rubio empapandolo de saliva para luego posarlos en la entrada del mismo.


Había pedido consejos a sus médicos sobre cómo tener relaciones con hombres, lo básico, y ellos le habían instruido acerca de la lubricación para no hacerle daño y eso era lo que jungkook menos quería hacer, daño.


Penetro a Jimin con tres de sus dedos y vio como este cerraba los ojos lo cual el pelinegro lo tomó como una aprobación. Agarro su ya erecto pene y lo introdujo dentro de Jimin. El nombrado ni se inmutó y Jungkook sonrió pensando que había hecho un buen trabajo en la lubricación del ano de su amado.

Los gemidos no se esperaron por parte del pelinegro, en cambio el rubio no dejaba de respirar aceleradamente. El vaivén de la pelvis de Jungkook aumentaba como su cercanía al tan apreciado orgasmo.


Le pareció extraño ver como fue el único en eyacular pero le restó importancia pensando que tal vez era algo normal dentro del sexo con ambos hombres así que simplemente lo dejó pasar y se recostó a lado de su actual marido quien yacía ya dormido y lo movió encima de él para tenerlo igual de cerca como lo tenía antes dando unos pequeños besos en su coronilla.


— Te amo mucho, mi cielo.




El tiempo pasó y aquella hermosa noche se convirtió en un recuerdo de hace cinco años pero pudiendo disfrutar de las exquisitas sensaciones cada vez que podía.


El tema de que Jimin nunca eyaculaba —cuando ambos estaban en la intimida— se convirtió en algo que rondaba en su cabeza muchas veces, es decir, es cierto que al principio no le importaba pero un día decidió ver en acción a dos hombres solo para saber cómo exactamente debía de estimular a Jimin y hacer el placer algo mayor de lo que para él ya era. Ambos hombres disparaban semen.


Una de las tantas noches donde ambos chicos se entrelazaban entre las sábanas de seda, Jungkook decidió preguntarle a Jimin el porque este no expulsaba su esperma.


— No lo sé. —respondió con seriedad cosa que hizo que Jungkook se diera cuenta que no recordaba la última vez que vio al rubio reír; probablemente antes de casarse o de incluso insinuarle aquella propuesta.


El pelinegro decidió quedarse con aquella respuesta y se acurruco en el pecho de su esposo para poder descansar antes de volver a retomar sus labores como rey.




Habían ocasiones en las que Jungkook no encontraba a Jimin en sus aposentos y esto lo hacía preocupar pero, antes de poner a sus guardias en su búsqueda, el rubio siempre aparecía por la puerta de servicio, probablemente por ver a su padre y eso le alegraba ya que significaba que él aún hablaba con su progenitor.


Para Jungkook la familia era algo importante por lo que siempre trataba de satisfacer en todo a su amado dándole obsequios, tales como joyería o ropa de seda las cuales le quedaban de maravilla. Aquellas cosas hacían que los ojos del rubio brillaban aunque sea por un segundo pero aquel destello podría ser solo el reflejo de las joyas que decoraban su cuerpo y eso le preocupó a Jungkook. No ver ese hermoso brillo que lo había enamorado antes de siquiera hablarle lo atormentaba.


Esa misma noche Jungkook esperaba a Jimin en la cama, nuevamente el rubio había desaparecido.


El de baja estatura apareció a los segundos de que el rey se acomodara para, así mismo, caminar a cambiarse de ropa por una más cómoda. Jungkook juró ver una sonrisa antes de que su esposo lo viera postrado entre las sábanas.


— Mi amor, ¿eres feliz?. —preguntó Jungkook al momento de que Jimin se acostara a su lado.


— Claro. —respondió al instante, como si hubiera practicado antes aquella respuesta.


— Perdiste ese brillo en los ojos y tu hermosa sonrisa dejó de mostrarse, ¿seguro qué eres feliz? ¿Acaso hay alguna cosa que he hecho y estas enojado por ello?. —giró su rostro notando como la expresión de su marido era neutra.


— Soy feliz. Contigo lo soy. —respondió Jimin dando una sonrisa ladina. El corazón del rey se puso cálido ante el pequeño gesto.


— Te amo, mi cielo. —y dio un beso duradero en la coronilla del más bajo.


— Siempre lo dices. —susurró.


— Porque lo que siento es real. —y ambos se entregaron a ese sueño que anhelaban, uno por sus deberes como gobernador y el otro por aquellas cosas que hacía detrás de la puerta de servicio.




Jungkook estaba más que feliz, sentía que la relación con Jimin se había profundizado más y eso era porque este comenzó a dedicarle hermosas sonrisas y palabras de amor que el rey consideraba sinceras. Algo había cambiado y eso le gustaba, por eso mismo decidió tener el día libre y pasar el resto de la tarde con su amado esposo pero al abrir la puerta de su cuarto no encontró más que solo una cama arreglada y las cortinas abiertas dejando entrar los rayos del sol.


El pelinegro se preocupó ya que sentía que algo andaba mal por lo que mando a sus guardias en busca de su precioso esposo.


Mirando la habitación se percató que habían cosas faltantes, como el reloj que siempre estaba en la mesa —un regalo de él para Jimin—. Con pasos rápidos se acercó al armario dejando ver un gran vacío en donde se suponía se encontraba toda la ropa de Jimin. El rey palideció y se dirigió a la gran caja donde Jimin guardaba los regalos.


Vacío.


El corazón de jungkook palpitó con más fuerza y notó un despliegue que sobresalía de debajo de su almohada. Al sacarlo, apareció una carta.


La abrió pero no tenía mucho contenido, solo unas palabras concisas que lo destrozaron.


"Me fui en busca de mi libertad."


Destrozó aquel papel con furia al mismo tiempo que sus guardias entraban negando encontrar al rubio.


No, nadie le decía que hacer. Él era suyo y por más que quisiera escapar, por más que su esposo haya odiado vivir no él, no lo dejaría irse. Pondría en marcha una búsqueda y esta vez todas esas libertades que Jimin buscaba jamás las tendría.


Se levanto de la cama decidido. Su esposo había escapado pero no se desaparecería de su vida tan rápido.


Pero toda esa determinación desapareció en el momento que todas esas preguntas que en el pasado se había hecho fueron respondidas con esa carta.


Jimin nunca lo amó, ni siquiera lo quiso, probablemente odiaba de su compañía y de sus mimos los cuales él creía que el rubio amaba. Ahora todo cobraba sentido.


Cuando le preguntó si era feliz le había mentido y él se lo creyó.


Un tornado de emociones lo golpearon y su cuerpo lo quiso traicionar por lo que todo su peso fue a parar a la pared del pasillo cerca de su dormitorio, dejándose caer en el piso.


Ahora sabía la razón por la que Jimin nunca eyaculaba. Si no sentía nada de amor por el rey, ¿por qué sentiría placer en la cama? Eso destrozó por completo al pelinegro rompiendo en lágrimas dándose cuenta que Jimin nunca le dedico ni siquiera un te quiero.