1. Addictive Issues.

Summary

El profesor Hwang Hyunjin es odiado y temido por todos sus estudiantes. Estricto, reservado y despiadado, él no tolera equivocaciones y tiene poca paciencia para sus estudiantes. Kim Seungmin con veintiún años lucha para mantener a sus hermanas menores después de la muerte de sus padres. Al borde de perder su beca, Seungmin está lo bastante desesperado como para acudir al profesor Hwang. Todos dicen que Hwang no tiene corazón. Todos dicen que él es un bastardo despiadado. Seungmin descubre que todos tienen razón. Él llega a un acuerdo con Hwang, pero inesperadamente, el trato se convierte en mucho más. Algo absorbente y adictivo. Algo que ninguno de ellos desea

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23
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01.

La señora Choi iba a matarlo.

Seungmin miró su reloj e hizo una mueca. Ya era la una de la mañana; él había prometido a la señora Choi que no iba a volver a casa después de la medianoche.

Preparándose, abrió la puerta tan silenciosamente como pudo. Haerin era de sueño ligero. Seungmin cerró la puerta, estremeciéndose cuando crujió.

Maldita sea.

—¿Sr. Kim? —Dijo la señora Choi, frotándose los ojos y sentándose en el sofá.

Seungmin miró a las gemelas, pero ellas no parecían haber despertado. Se acercó a su niñera. No le tomó mucho tiempo: el apartamento era pequeño.

La señora Choi estaba frunciendo el ceño profundamente, una mirada triste en su rostro.

—Lo siento. —dijo Seungmin antes de que ella pudiera decir nada—. Estoy realmente, realmente arrepentido. No pasara nuevamente, lo juro. No podía volver antes. Fue una noche tranquila, y no he conseguido muchas propinas. Yo no tenía suficiente dinero para pagarle por esta semana, así que terminé quedándome hasta que lo hice.

Los labios de la señora Choi fruncidos. Ella suspiró.

—Sr. Kim, Seungmin. Entiendo su situación, es la única razón por la que sigo aquí pero debes entender la mía, también. Tengo una familia, también, pero me paso hasta quince horas al día aquí, cuidando de dos enérgicas niñas de cuatro años. No me paga lo suficiente para eso.

—Voy a encontrar otro trabajo. —dijo Seungmin rápidamente, tratando de sofocar el pánico creciente en su pecho—. Voy a encontrar un mejor trabajo y le pagaré más.

Ella suspiró de nuevo, sacudiendo la cabeza.

—Eso es lo que dijo el mes pasado, Seungmin. —Miró a las niñas—. Admiro su dedicación, pero no puede seguir así. Solo tiene veinte años. Se merece algo mejor. Ellas se merecen algo mejor, también. ¿Por qué no les encuentra una buena familia?

—No. —dijo, su voz dura—. Ellas ya tienen una familia. Me tienen mí.

—Apenas le ven. Preguntan por usted todo el tiempo. Ellas le extrañan.

Seungmin miró hacia ellas. Haerin y Hyein dormían enroscadas una hacia la otra, sus mejillas regordetas casi se tocaban.

Se le formó un nudo en la garganta.

—Las extraño, también. —Él miró a la señora Choi- Por favor. Encontraré una solución. Realmente no volverá a suceder. —Pescando su billetera del bolsillo trasero, le dió a ella todo el dinero que tenía—. Aquí, tome esto.

Ella negó con la cabeza, pero aceptó el dinero.

—Piense en lo que le dije, Seungmin. —dijo antes de tomar su bolso y salir.

Seungmin cerró la puerta y volvió a la cama. Se arrodilló junto a la cama, apoyó la barbilla en el colchón, y se quedó viendo a las gemelas. La luz tenue hizo que su pelo castaño pareciera casi cobre.

Parecían pequeños angelitos.

Seungmin cerró sus ojos. Dios, estaba tan cansado, pero dormir era la última cosa en su mente. No necesitó abrir la heladera para saber que se quedaron sin comestibles: sabía cuánto tiempo les llevó agotarse. Ellos no tendrían nada qué comer el día después de mañana.

La desesperación arañó su garganta. Luego vino el resentimiento y la ira. Seungmin se los quitó de encima. Estar enojado con sus padres por tener numerosas deudas, morir y dejarlos sin un centavo era inútil. Él no podía permitirse el lujo de perder el tiempo. Necesitaba dinero. Ahora.

¿Pero cómo? Él ya tenía dos empleos.

—¿Seungmin?

Seungmin abrió los ojos. Una de las niñas ya no dormía. Una oleada de pánico lo recorrió cuando se dió cuenta de que ya no podía distinguirlas.

¿Era Haerin o Hyein?

—¿Bebé? —Graznó a través del nudo en su garganta.

La niña se sentó lentamente, con cuidado de no despertar a su hermana, y Seungmin exhaló. Era Haerin: ella era más madura y considerada que Hyein, quien era frecuentemente una pelota de energía sin dirección.

Haerin se acercó a él, y Seungmin la levantó en sus brazos.

—Hey, princesa. —susurró, besándola en la sien y respirando su dulce aroma.

—Estás en casa. —dijo Haerin, envolviendo sus pequeñas manos alrededor de su cuello—. Te extrañé.

—Yo también. —Seungmin murmuró, acariciando su espalda. Lo siento—. ¿Te divertiste mientras yo estaba fuera?

Haerin asintió.

—Jugamos mucho, pero el Halcón no nos dejó salir fuera.

—No llames a la señora Choi así. —A pesar de que tuvo que reprimir una sonrisa—. ¿Algo más?

—Un hombre grande vino después del desayuno. Él tenía una carta para ti, pero el Halcón no nos dejó que la tocáramos.

—Una carta, ¿eh? —Seungmin se puso de pie, sosteniendo a Haerin junto a su pecho, y caminó hacia su escritorio—. Vamos a ver.

Agarró el sobre y volvió a la lámpara en la mesa de luz. Él entrecerró los ojos ante él y su estómago cayó cuando vió de quién era.

—¿Qué es? —Preguntó Haerin. Seungmin abrió el sobre, sacó el pedazo de papel en el interior y comenzó a leer.

Calificaciones inaceptables...

En caso de no lograr mejorar...

La beca será revocada a menos que el estudiante logre...

El papel se le cayó de los dedos al suelo y él no se dió cuenta.

—¿Seungmin? ¿Algo malo pasó?

Miró abajo a los ampliamente abiertos ojos marrones de Haerin y forzó una sonrisa.

—No, calabaza. Todo está bien.

Enterró la cara en su pelo y cerró los ojos.

Cuando llovía, lo hacía a cántaros.

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