Non Ti Lasceró

All Rights Reserved ©

Summary

BaekHyun ama a su hijo más que nada en el mundo. Por eso está dispuesto a todo por recuperarlo, incluso si tiene que arrojar su dignidad al suelo, se aferrará con uñas y dientes al mínimo indicio de su pequeño.

Status
Complete
Chapters
15
Rating
5.0 19 reviews
Age Rating
13+

Capítulo 1

Todos en el mundo tienen alguien que no hay forma en que les agrade, puede ser por razones de lo más lógicas hasta algunas realmente estúpidas. Ese no era el caso de BaekHyun, que odiaba con su ser al payaso de su grupo, no podía evitarlo cuando ambos eran tan distintos y por obvias razones chocaban como lo harían los perros y gatos. Es que él era un planeta, tranquilo y girando alrededor del sol siguiendo el orden normal del universo mientras Park ChanYeol era un asteroide que avanzaba de manera estrepitosa hacia su órbita mientras se reía con esa molesta voz gritona.

Había perdido la cuenta de cuantas veces lo había mandado a callar desde que eran compañeros de clase y es que el idiota al ser algo guapo siempre creía que podía pasar por sobre todos y salir bien librado de cualquier situación, por eso se reía como esperpento en medio de las clases cuando trataba de tomar notas y es que no era un alumno destacado, de hecho le costaba sacar notas aprobatorias así que debía esforzarse el doble en comparación a los otros, como si no fuera suficientemente difícil tenía que lidiar con personajes tan molestos como esos.

No tenía muchos amigos porque ciertamente era alguien tímido, no quería decir que fuera un inadaptado, solo disfrutaba su privacidad y el hecho de pasar inadvertido en cualquier espacio, aunque deseaba ser un poco más alto su baja estatura era algo que lo beneficiaba un montón para ser prácticamente invisible, era amable con todos sus compañeros y tenían una relación cordial, pero amigos tenía pocos, solo algunos con los que mantenía el contacto de su pequeña ciudad de la cual emigró cuando sus padres se marcharon en busca de un nuevo aire y para tratar de olvidar la infidelidad de su madre con el hombre de la tienda.

De eso ya cinco años, al menos era el último antes de irse a la universidad, por fin sería libre de estudiar materias que no le interesaban, tenía la esperanza que ahí estudiaría solo cosas que le gustaran en vez de matarse estudiando logaritmos que no tenía idea cómo funcionaban en el mundo real.

Solo deseaba alejarse de ese lugar, conocer gente con auras distintas, iniciar su vida adulta, encontrar el amor lejos de los estúpidos que conocía y quien sabe, quizás empezar una familia antes de que se volviera demasiado viejo para ello. Podían llamarlo romántico empedernido pero añoraba un amor pasional y lindo, alguien que lo envolviera con sus fuertes brazos y lo guiara cuando se sintiera desamparado en ese enorme mundo, alguien que le recordara con palabras suaves lo mucho que lo amaba, alguien que viera más allá de sus enormes gafas, de sus brackets y sus enormes sudaderas que usaba para ocultar su sobre desarrollado cuerpo. Sus curvas se habían formado mucho más rápido y mucho más pronunciado que los chicos de su misma condición y aquello le molestaba de sobre manera.

Se ganaba muchas miradas sucias que solo se enfocaban en su cuerpo de hombres de todas las edades. Había pasado por una etapa donde ni siquiera quería salir de casa para que nadie lo mirara porque odiaba la forma morbosa en que todos lo observaban cuando ponía un pie fuera de casa.

Incluso había escuchado que algunos de sus compañeros hablaban a sus espaldas que su cuerpo era de esa forma porque ya se había acostado con un hombre lo que era completamente falso y si así fuera no era un tema que tuviera que hablar. Ya solo quería que se acabara la maldita escuela.

Su tren de pensamientos se detuvo abruptamente cuando Park ChanYeol se rio como un desquiciado, gritando y golpeando todo a su alrededor pese a que todos estaban en el aula y que el profesor también estaba presente.

―Oye ¿podrías callarte? –preguntó en voz alta para tratar de llamar la atención de esos imbéciles.

―No. –dijo ChanYeol para luego seguir riéndose como si nada.

Ante su indiferencia sintió cierto calor en su estómago que lo hizo ver rojo de la furia, cegado por la rabia levantó la voz, ―Algunos tratamos de poner atención, no seas un imbécil.

―¿Por qué si quiera lo intentas si no sirves para eso? –el idiota del amigo de ChanYeol se rio lo que lo puso aún más rabioso, no era exactamente un secreto lo mucho que le costaba pero no era algo de lo que tuvieran que burlarse un par de babosos buenos para nada.

Sin poder contenerlo le lanzó su estuche directo a la nunca de ChanYeol quien reaccionó poniéndose de pie para hacer el amago de golpearlo antes de que el profesor llegara para detenerlo lo que era bueno porque el imbécil era realmente alto y podía romperle la cara con un solo golpe, tristemente ambos terminaron castigados por el director.

Terminó los dos últimos meses del año escolar limpiando el aula todas las tardes con el imbécil de Park ChanYeol a modo de reprimenda. Ninguno se hablaba por lo que se hacía más largo, todos podían decir que ChanYeol era realmente guapo pero a su parecer no tenía nada que lo impresionara, podía ser alto pero no dejaba de ser un chico flacucho con ojos grandes y cabello largo, nada impresionante si le preguntaban.

Su director pensó que con ese castigo lograría que ambos se hicieran cercanos pero fracaso miserablemente porque ChanYeol no dijo palabra alguna y él no estaba dispuesto a iniciar la conversación porque su orgullo era demasiado grande como para eso.

Pudo decir que paso todos sus años de preparatoria odiando a Park ChanYeol. El idiota que compraba dos leches de fresa para dejarlo sin nada cuando solo quedaba una en la tienda, el que le cerraba la puerta del vestuario en la cara cuando sabía que iba detrás, el que siempre se robaba sus lápices azules y el que le hacía conejito en todas las fotos de grupo como clase, había tantas razones porque lo odiaba pero en especial porque sus compañeros le comentaban como ChanYeol siempre decía que él era un enano aburrido y feo ¿qué le había hecho? ¿Por qué le hablaba así?

Tristemente si pensó que podría escapar de Park ChanYeol se equivocó. Tuvo tan mala suerte que en su primera clase de su primer día de universidad se dio cuenta que el idiota estaba a en unas filas más atrás. Ni siquiera era una clase obligatoria sino que una clase extra que quiso tomar ¿por qué tenía que tener esa suerte? Ambos se dieron una mirada de desprecio al tener que rencontrarse donde pensaron que nunca más se verían.

Aunque ChanYeol había cambiado un poco su look, en vez de ese cabello largo usaba un flequillo corto que le llegaba a mitad de la frente y el cabello realmente corto, le daba un aire distinto, más joven, quizás también debió cambiarse la imagen para su nueva etapa en la vida.

Ciertamente su año empezó diferente cuando en su primera clase le asignaron como compañero de clase a nadie menos que Park ChanYeol, trató de convencer al profesor de que lo asignara con alguien más y el idiota alto hizo lo mismo por su parte. Todo en vano porque no los cambiaron.

Tuvieron que comenzar a trabajar juntos al día siguiente, muy a regañadientes quedaron en juntarse en la cafetería cercana al campus para iniciar su proyecto comunitario de la clase de civismo que ambos tomaron.

Estaba tan molesto que llego cinco minutos más tarde de lo acordado para castigar a ChanYeol, aunque pensó que el idiota haría lo mismo pero para su sorpresa no fue así. El más alto estaba ubicado en un lugar cercano a la ventana con dos batidos de fresa mientras tecleaba sin cansancio.

―Hola. –dijo tímido por alguna razón.

ChanYeol lo miró con mala cara, entrecerrando los ojos pero sin decir nada realmente desagradable, ―Toma asiento, te pedí un batido de fresa.

Le hizo caso porque por alguna razón ChanYeol tenía un aura muy intimidante en esa ocasión, cuando puso su boca sobre el batido el delicioso sabor bailó en sus papilas gustativas haciéndolo bailar despacito como hacía cada vez que comía algo delicioso.

―¿Te gustó? –preguntó ChanYeol con una mueca burlesca que lo hizo detenerse en el acto.

―Eh sí ¿Cuánto te debo por esto? –preguntó avergonzado mientras sacaba su libreta de notas de su mochila para evitar mirarlo.

―Yo invito. –respondió ChanYeol encogiéndose de hombros, ―Solo terminemos con esto de una vez.

Asintió comenzando a leer su parte asignada para comenzar a dar ideas sobre el tema. Pensó que ChanYeol lo irritaría y lo haría sentir menos pero aceptó sus ideas y le hizo pequeñas modificaciones para que fuera más rápidas y prolijas. No estaba tan mal, quizás hubieran quedado como conocidos que eran amables de no ser porque vio el fondo de pantalla del computador del más alto.

―¿Te gusta One Piece? –preguntó exaltado logrando asustar a ChanYeol quien en cosa de segundos abandonó su expresión seria por una de emoción.

―¿Quién es tu personaje favorito? –ChanYeol sonrió ampliamente y por primera vez en la vida le pareció bastante guapo.

―Zoro. –contestó enseñándole una foto de su colección de figuras.

―Suficientemente bueno, el mío es Ace. –dijo ChanYeol enseñándole sus respectivas figuritas.

―No merecía morir. –mencionó tratando de darle consuelo como si fuera un personaje de la vida real.

―Lo sé, me decepcione mucho, pero pude superarlo ¿qué más te gusta? ¿Naruto? –ChanYeol le sonrió suavemente y no pudo evitar hacer lo mismo, estaba emocionado.

―Claro que sí, es mi infancia.

―¿En serio? La mía también...

El resto de la tarde se la pasaron hablando de anime como dos otakus vergonzosos, se preguntó cómo es que nunca se dio cuenta que a ChanYeol le gustaban las mismas cosas sonsas que a él si ChanYeol ni siquiera hacía el esfuerzo de ocultarlo sino que era un friki orgulloso.

Se despidieron acordando reunirse al día siguiente pero con la condición de que sería en la casa de ChanYeol, cosa que aceptó porque estaba más cerca de la universidad lo que le era realmente conveniente.

Al llegar un delicioso olor a pasta hizo rugir su estómago, tocó esperando que no rugiera de nuevo o sería muy vergonzoso. ChanYeol le abrió usando un mandil rosa, haciéndose un lado para invitarlo a entrar.

―Hice pasta con mariscos, dime que no eres alérgico, por favor. –rogó ChanYeol mientras terminaba de poner la mesa.

―Claro que no, me encantan. –dijo tomando asiento en el lugar que le indicaron, tal parecía que estaban solos en casa. ―¿Cómo es que lograste hacer esto antes de que llegara?

―No tuve mi última clase así que me vine e hice algo rápido. –ChanYeol le dejo su humeante plato en frente, hasta le sirvió un poco de vino blanco que no se atrevió a rechazar porque ciertamente ya era mayor de edad y beber un poco era lo que se suponía los adultos hacían.

Cuando llevó el primer bocado a su boca el sabor lo hizo delirar, no sabía si era porque estaba muerto de hambre o porque era una obra maestra, pero estaba delicioso y no dudo en hacérselo saber.

―Está delicioso. –comentó sin dejar de agitar su tenedor. ―Cocinas muy bien.

―Muchas gracias, mi mamá tiene un restaurante y a veces la ayudo así que aprendí algunas recetas, me alegra que te gustara.

Sintió mucha vergüenza, pero cuando ChanYeol le ofreció un segundo plato no pudo negarse, ansiaba más, necesitaba más de esa delicia. No esperaba que su némesis de la escuela además de ser un friki gustara también de cocinar, parecía que su verdadera personalidad distaba mucho de la idea que tenía de él en su cabeza.

Quizás si hubieran hablado antes se hubieran evitado varias discusiones tontas y peleas sin sentido. Pero no fue así, no se lamentaba mucho del pasado porque no valía la pena hacerlo, no había nada que pudiera arreglarse mirando hacia atrás.

Al menos era reconfortante saber que ChanYeol no era el idiota que había creído.

De hecho, sí era un idiota, pero uno que caía realmente bien. Su relación comenzó a cimentarse a una velocidad increíble, tenían tanto en común y sus personalidades no chocaban para nada como había esperado. Al contrario, ChanYeol leía su mente y siempre le daba lo que quería. ¿Una malteada de fresa a las ocho de la mañana? ChanYeol la tenía para él ¿Un par de guantes porque hacía frío? ChanYeol le daba los suyos.

Pasaron de no soportarse a verse literalmente todos los días. Incluso cuando acabaron el trabajo siguieron viéndose, incluso cuando conoció más gente y se hizo cercano a ellos ChanYeol seguía cerca y no podía quejarse.

Como ahora que lo esperaba fuera del edificio principal para irse juntos, ChanYeol lo acompañaría hasta su casa porque unos tipos lo habían seguido la otra vez y terminó asustado por el acoso a su persona por lo que ChanYeol se comprometió a ir a dejarlo a casa cada día aunque a veces Baek debía esperarlo.

Hacía un frío horrendo y la lluvia lo estaba mojando, pero no quería volver a dentro cuando ya se había dado el trabajo de salir. Afortunadamente ChanYeol salió en unos segundos sonriendo ampliamente, pero frunció el ceño al verlo temblar frente a las inclemencias del clima.

―¿Te das cuenta que te estás mojando, no? –preguntó ChanYeol mirándolo de arriba abajo.

―Gracias, capitán obviedad. –rodó los ojos con irritación ante aquello.

―Ven. –dijo ChanYeol, pero sin esperar a que se acercara lo tomó del brazo y lo abrazó de modo que su enorme abrigo los protegiera a ambos, era tan cálido y al mismo tiempo tan grande que percibía sin disturbio lo grande que era ChanYeol. ―Pareces un cachorrito mojado, abrázate a mí hasta que lleguemos a la parada.

Debía verse extraño considerando que no eran más que casi amigos, pero se aferró a él como lo haría un gatito y se permitió calentarse tanto como quiso, casi gimiendo quedito cuando ChanYeol le acarició el cabello por alguna extraña razón.

Esperaba que ChanYeol se burlara o algo, pero estuvo extrañamente callado, taciturno y discreto. Supuso que quizás le incomodaba la cercanía de sus cuerpos así que trató de alejarse, siendo impedido por el agarre del más alto en su cintura, quien con una sola mirada le hizo saber que debía quedarse ahí.

Cuando llegó el autobús ambos buscaron un lugar lejano del resto de las personas, ChanYeol se quitó el abrigo y los cubrió a ambos con él para luego poner música para ambos.

―Quiero escuchar una canción. –dijo pidiéndole su teléfono a ChanYeol quien se le entregó sin diatriba. ―Es de mi grupo de chicas favoritas.

Ante los primeros sonidos ChanYeol le dio una sonrisa de lado. ―¿Te gusta SNSD? –preguntó éste cubriéndolos mejor.

―Son mi grupo favorito. –respondió algo avergonzado cuando ChanYeol no dijo nada más, pero siguió escuchando el disco hasta llegar a casa con el más alto aun cuidando que no pasara más frío, quiso invitarlo a pasar, pero cuando éste dijo que iba a irse ya porque tenía cosas que hacer desistió de la idea, quizás la próxima vez.

Hablar con Park por mensajes era parte de su rutina diaria, su madre le preguntaba constantemente si tenía novio o por qué no dejaba su teléfono en paz, no importaba cuantas veces le dijera que solo era alguien de la universidad seguía burlándose. No le veía lo malo cuando siempre tenían tanto de que hablar. ChanYeol siempre tenía un tema de conversación y nunca dejaba espacio a los silencios incomodos, no podía pedir más.

Sentado en la mesa de los comedores universitarios se dispuso a tomar un refresco hasta su siguiente clase cuando ChanYeol apareció con dos bandejas de comida dejando una frente a él.

―Come eso. –le ordenó ChanYeol antes de que pudiera preguntar por qué lo hacía.

―No tengo hambre. –respondió, lo cierto es que estaba siguiendo una dieta recomendada por su madre y en ella no podía almorzar, pero no pensaba decirle eso a ChanYeol.

―Claro que la tienes, mírate cómo estas, todo flaco, no queda nada de tus lindas mejillas, comete todo ahora. –Al ver que no lo hacía ChanYeol tomó uno de los servicios, lo llenó de comida y lo dirigió a su boca donde no tuvo más opción que aceptar lo que se le estaba dando pese a que no quería comerlo. Todo lo estaban viendo, sintió tal bochorno que sus mejillas se calentaron y decidió comer por su cuenta para no llamar más la atención, sobre todo porque cada vez que insistía en que estaba satisfecho ChanYeol tomaba la cuchara con comida y la dirigía a su boca haciendo el sonido del avioncito como si fuera una clase de bebé.

―Soy un adulto, mayor que tú de hecho ¿lo recuerdas? –comentó cuando su bandeja quedó vacía y ya no corría riesgo de ser avergonzado otra vez.

―Hasta los adultos necesitan comer. –le respondió ChanYeol sonriendo mientras apretaba sus mejillas cuidando no pasar a llevar sus lentes.

―¿Qué eres? ¿Mi niñera? –cuestionó cruzándose de brazos tratando de no hacer pucheros, no es que le costara normalmente, es solo que ChanYeol sacaba en él un lado que no sabía que poseía. Para no ser del todo amigos era algo sorprendente.

―Me gusta cuidar de mis amigos, es todo. –ChanYeol se encogió de hombros.

Aquello no le gustó del todo ¿Acaso trataba así a todos sus amigos? ¿A todos realmente? ¿Los alimentaba? ¿Les prestaba abrigo? ¿Les hablaba cada día a sus amigos? ¿Acariciaba su cabello así? Él no hacía eso con sus amigos, no era justo, no podía ser así con todos o crearía malos entendidos, lo decía en serio, cualquiera de ellos podría confundirse con esas actitudes, no él, claro, porque ellos ni siquiera eran amigos, eran casi amigos aun, aún faltaba tiempo para considerarse así. Por eso él no iba a confundirse, pero el resto lo haría y sería un problema.

Quizás ChanYeol no debería ser tan amistoso, de hecho, quizás ChanYeol no debería tener tantos amigos.

Bien, ChanYeol podría llamarse su amigo, es decir lo eran ¿no?

No por nada ChanYeol lo cuidaba y protegía de todos. Nunca había tenido otras intenciones con él y eso quedaba claro, por ejemplo cuando quedó atrapado en la lluvia y ChanYeol lo llevó a su casa para prestarle ropa seca y su ducha. Como ambos eran amigos y ChanYeol nunca se había insinuado se desnudó en su habitación con el alto ahí mismo, pero éste evitó mirarlo y se mantuvo juicioso.

Sabía que la gente miraba su cuerpo, no trataba de ser pretencioso, es solo que siempre lo hacía porque les extrañaba su forma para bien o para mal, pero ChanYeol no dijo ni miró nada, igual que cuando iban a la escuela y nunca se inmiscuía en esas sucias conversaciones que tenían sus compañeros de su cuerpo, era un buen muchacho, sin duda.

―Quiero un helado ¿vamos por uno? –le preguntó a ChanYeol mientras ambos estaban estudiando en la biblioteca.

―No quiero. –susurró ChanYeol sin dejar de ver su libro, sin darle mucha atención.

―Por favor. –rogó tirando de la manga del más alto, tratando de no subir demasiado la voz para no ser regañados. ―Te invito uno. –ofreció logrando que ChanYeol rodara los ojos tratando de reprimir una sonrisa.

―Vale. –exclamó ChanYeol comenzando a guardar sus cosas.

De inmediato se prendó al brazo de ChanYeol dando saltos que captaron la atención de todos, tuvo que reprimirse a sí mismo si no quería ser tema de conversación de la gente chismosa.

Y era bastante si era sincero, antes le costaba admitir lo guapo que era ChanYeol ahora no tenía tal problema. Aun no le parecía la gran cosa, pero tampoco podía decir que era feo. Es solo que el resto de la universidad no dejaba de mencionar lo atractivo que era Park ChanYeol y lo mucho que querían meterse en sus pantalones. Parecían no quererlo mucho porque según se interponía entre aquellos desconocidos y ChanYeol. Siendo una pared difícil de atravesar, esas eran sus palabras, claro que no estaba de acuerdo con ello, pero por más que les hiciera entender que podían acercarse nada funcionaba.

Así desistió y dejó que la gente siguiera sus propias ideas, aun así trataba de no aumentar ese rencor que le tenían. Pero cada vez que se alejaba era ChanYeol quien lo buscaba, lo abrazaba, lo alimentaba, le apretaba las mejillas o le prestaba su ropa cuando tenía frío.

De hecho comenzaba a acumular ropa de ChanYeol en su casa por montones, se sentía culpable pero era tan suavecita y olía delicioso.

Trataba de compensárselo pagándole el almuerzo de vez en cuando, sus salidas al cine o lo que quisieran hacer. Pasaban el 80% de su tiempo libre juntos, incluso si tenía otros amigos, de hecho estos le preguntaban si tenía una especie de relación con ChanYeol a lo que debía decir que no, qué cómo podían pensar algo así cuando era obvio que recién estaban aprendiendo a llevarse mejor pese a que ya se conocían hace más de seis meses.

Pensó en ello mientras esperaba su helado, ChanYeol insistió en que solo compraran uno doble y lo comieran juntos a lo que aceptó porque amaba ahorrar dinero. Pero no esperaba que ChanYeol lamiera directamente la única cuchara que le dieron, no pudo dejar de pensar en eso cada vez que comía un poco, literalmente eso había estado en la boca de su amigo y no le importaba para nada.

―Baek. –ChanYeol le llamó la atención. ―Tengo un regalo para ti.

―¿En serio? –ChanYeol asintió entusiasmado. ―Dámelo. –ordenó.

―Claro, te encantará. –ChanYeol sacó de su bolsillo un par de papeles que le tendió, intrigado los tomó, dándose cuenta de inmediato que eran un par de entradas para el concierto de SNSD. Sus ojos comenzaron a brillar en el momento. Nunca nadie le había dado algo tan lindo, estaba tan feliz que podía besar a ChanYeol sin pena.

―No puedo creer que hicieras esto por mí. –exclamó sin dejar de ver los papales en sus manos. ―Se suponen estaban agotadas.

―Lo estaban, pero mi hermana conoce a alguien que conoce a alguien que me las vendió y ahora podemos ir juntos a verlas. –asintió a cada palabra de ChanYeol, la idea era maravillosa, ―Pero... –sin más ChanYeol se las arrebató, ―a cambio debes darme algo a cambio cuando termine el concierto.

―¿Qué cosa? –indagó.

―No puedo decírtelo ahora, tiene que ser cuando terminemos con eso, así que dices que sí o no. –ChanYeol se abanicó con las entradas pareciendo uno de esos estafadores cualquiera, no sabía qué iba a pedirle Chan, pero tampoco quería perder la oportunidad de ir a un lugar así, aunque tenía miedo de que le pidiera hacer el ridículo o algo de ese tipo, era tímido, no podría con la vergüenza. Aunque si era sincero ¿cuándo tendría otra oportunidad así? Quizás nunca.

―Bien, bien, solo espero no sea algo tan horrible. –musitó con un puchero.

―Tranquilo, no te lanzaré un estuche lleno de lápices a la nuca como lo hiciste conmigo.

Ante aquel recuerdo prefirió cubrir su rostro con sus manos para no verse así de deplorable. Fuera lo que fuera que Chanyeol le pidiera no podía ser tan malo como para no ir al concierto de un grupo que le gustaba tanto.

Tampoco creía que ChanYeol fuera pedirle hacer algo tan horrible, confiaba en él y si habiendo tenido tantas oportunidades de burlarse o hacerle daño no lo hizo, dudaba que ese fuera el momento, quizás solo le pediría una figura de acción de colección o algo de ese tipo y quería tenerlo contento para que dijera que sí.

A su bolsillo le dolería bastante, pero lo aceptaría de todas formas porque ese era un concierto agotado, ni el papa podría conseguir un boleto. No iba a ser nefasto y rechazar el mejor regalo que le habían hecho en su vida. Park ChanYeol de todas maneras sería piadoso con él como siempre lo era.

Para el día del concierto no se produjo demasiado, menos es más y siguió su filosofía al pie de la letra. Usando solo una sudadera rosa, pantalones deportivos anchos y zapatillas que combinaran. No podía hacer mucho con su aspecto cuando usaba gafas y esos aparatos dentales que lo convertían en el típico cliché de nerd.

Pero bien, no pensaba conquistar a esas chicas, no tenía oportunidad, solo deseaba cantar con ellas y bailar hasta que se le entumecieran los pies, le daba igual si ChanYeol lo veía haciendo el ridículo, debían superar esa etapa en algún momento y qué mejor que ahora.

ChanYeol pasó por él y juntos emprendieron el viaje al recinto. La fila era larga pero se hizo amena con su amigo cuidándolo, dándole agua para hidratarse y protegiéndolo de los empujes con su enorme cuerpo. Tenía tanta suerte de tener un acompañante así de alto al que nadie se atrevería a martirizar o aplastar para conseguir un mejor puesto.

Cantó tanto, lo mismo que gritó y bailó. ChanYeol solo tarareó las canciones más conocidas, pero no parecía realmente interesado, eso sí, jamás se apartó de su lado, ni por un segundo, lo que le dio la seguridad que necesitaba para disfrutar del concierto a sus anchas.

Eran tan así que cuando se acaloró, ChanYeol lo abanicó y le dio más agua. Cuando se cansó ChanYeol lo cargó en sus hombros, solo unos minutos porque era consciente de que pesaba mucho. Estaba algo avergonzado porque debían verse como una pareja, pero su mente estaba tan distraída que decidió empujar eso a un lado recóndito de su cerebro donde no le molestara. Por una vez no quería sobre pensar las cosas y simplemente digerirlas tal como vinieran.

Antes sobre pensó las cosas y decidió que ChanYeol era un idiota cuando nunca fue así, ahora no deseaba hacer lo mismo, prometía cambiar, ahora sería más tolerante y amable. La clase de persona que quieres en tu vida por un largo tiempo. La persona con la que no temes hablar de cosas privadas porque sabes que no va a juzgarte. Lo sería, sería tan agradable que ChanYeol siempre querría ser su amigo. No sabría si llamarlo promesa, pero sin duda se trataba de un propósito.

Con ChanYeol se dio cuenta que podía ser libre, quería atesorar esa sensación de por vida, quería alguien así que lo acompañara por siempre. También se merecía algo como eso, era una buena persona, merecía cosas lindas.

Cuando el discurso final comenzó ChanYeol lo abrazó por la espalda, lo que en cierto modo le gustó, pero también le incomodó, era un contacto demasiado íntimo para un par de amigos, sin importar que tan cercanos fueran. No era cosa de segundos o un ligero toque sino que ChanYeol envolvió sus brazos sobre su estómago mientras apoyaba su barbilla sobre su cabeza. Trató de pensar que ChanYeol lo estaba usando como un objeto sobre el que reposar, el descarado, pero era complicado cuando al mismo tiempo ChanYeol acariciaba sus manos con sus dedos pulgares, un pequeño masaje suave que se sentía tanto extraño como bien.

Estaba tan tenso por la posición, pero sentía que si era el primero en moverse perdería en su pequeña batalla imaginaria porque dudaba que ChanYeol le dijera algo al respecto. Si lo hiciera parecía un poco acosador y ChanYeol podía ser cualquier cosa menos eso.

Cuando la canción de fondo indicó que el concierto había acabado tuvo deseos de echarse a llorar. Su primer concierto había sido tan satisfactorio y dudaba mucho que pudiera asistir a otro, por eso guardaría ese lindo recuerdo en su corazón de por vida. Nunca olvidaría quien le permitió disfrutar de ese concierto tampoco. Nadie más que Park ChanYeol, su enemigo de la escuela. La persona que más odiaba en esa época y la que más lo desesperaba. El mandril cerebro de maní del que siempre se quejaba porque era todo lo que supuestamente odiaba en la vida. Solo que no era así realmente. ChanYeol era sensible, amable y complaciente, muy risueño y divertido además de un excelente cuidador, amigo de los amigos y el gigante más bonachón que había conocido.

Nunca más hablaría mal de alguien sin conocerlo, esa experiencia debía ser indicio suficiente de que estaba mal siempre esperar lo peor de las personas y tacharlos de ser lo peor cuando ni siquiera habían cruzado más de dos palabras de manera civilizada, quizás si lo hubieran hecho se hubieran llevado gratas sorpresas.

Y ahora que lo pensaba bien, dudaba mucho que ChanYeol haya hablado mal de él en la escuela como sus compañeros habían dicho que hacía. Chan no hablaba mal de nadie, parecía indiferente a eso, por supuesto que se defendía si alguien lo ofendía o respondía mal si lo atacaban, pero nunca lo vio iniciar un conflicto, de hecho nunca lo había visto iniciar nada con otras personas, nunca hablaba primero o cosas de ese tipo.

Solo con él ChanYeol daba el primer paso y...le gustaba, le gustaba mucho sentirse así de especial. Le gustaba tanto que decidió que quería que fuera así por siempre.

Por eso que ChanYeol lo tomara por los hombros y estrellara sus bocas en un beso largo, húmedo e incómodo porque él nunca había dado un beso en su vida lo tomó por sorpresa. ¿Park ChanYeol lo estaba besando? ¿Era eso cierto o se había desmayado?

Ni siquiera sabía cómo poner la boca, pero ChanYeol fue tan voraz que marcó el ritmo en todo momento. Arrastrándolo en un torbellino donde no dejaba de pensar en sí lo estaba haciendo tan bien como ChanYeol porque le gustaba mucho la sensación y no quería que nunca acabara. Aunque eso no era posible, tuvieron que separarse por aire contra su voluntad.

No tenía idea de qué había significado eso, pero quería volver a hacerlo.

―Baek, me gustas desde hace un tiempo, quiero que me des una oportunidad de demostrarte que podemos funcionar.

¿Si decía que sí se ganaría muchos besos? Porque si era de esa forma no dudaría ni un segundo, pero al mismo tiempo había otras cosas en su cabeza que lo atormentaban.

―No tengo nada de experiencia en estas cosas. –comentó sincero.

―Ni yo, pero podemos aprender juntos, no quiero que sea nadie más que tú, así que ¿aceptas?

Ante aquella proposición asintió, permitiendo que ChanYeol tomara su rostro para quitarle los lentes y embarcarse en un nuevo beso. La vida a veces podía ser tan dulce.