A las manos de un amante
Querido H –
Queridas manos:
Les escribo esto porque las extraño. No hay otra manera de empezar esto, es posiblemente lo único que extraño de ese cabrón. Es que son tan… lindas, sí. Lindas es la palabra, y espero que le incomode a él leerla como a mí me incomoda el extrañarlas en las noches por culpa suya.
Es que extraño sus dedos largos y delgados que sabían moverse de la manera exacta y… hacer cosas maravillosas como tocar la guitarra. Dios, como extraño todas las cosas que podía hacer con ustedes, lindas. Extraño observarlas en la cocina, tomando con tanta seguridad los utensilios y esa destreza para moverse con los cuchillos, dejándome probar sus creaciones.
Tantos manjares llevaron a mis labios con sus dedos divinos.
Extraño su delicadeza al tocarme, lindas, a pesar de la aspereza de su piel. Incluso extraño sus uñas enterrándose en los rollitos de mis caderas al tomarme con fuerza para
Pero no debería de extrañarlas, sé eso. Aunque sean lo único que extrañe de él, pensar en ustedes me encamina a muchos recuerdos que no me sirven pues necesito olvidarlo todo.
Debería de despedirme de ustedes con esta carta. Decirles que ya no me robara el sueño recordar sus caricias o sus dedos enredándose en mis cabellos, no debería decir que recuerdo las formas exactas que crean sus venas saltonas ni el filo de sus nudillos huesudos o cada uno de los lunares que las adornan. O ese sencillo pero precioso tatuaje que poseen. Ni sus anillos.
Me permitiré, en cambio, decirles que aunque he comenzado esto diciendo cuanto las extraño, mi propósito era decir que las he remplazado por otras manos. En realidad, varias. Van y vienen… Pero no entrare en detalles.
Espero que ustedes, lindas, extrañen la suavidad de mi tacto y después de esto caigan en el tormento de saber que también voy a olvidarles.
Y sí, definitivamente voy a despedirme de ustedes…