Love Again, History Larry Stylinson

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Summary

Harry acaba de perder a su gran amor en un accidente. Decide dejar todo y refugiarse en la soledad de una ciudad desconocida. Louis iba a celebrar su cumpleaños con su novio, y de un momento a otro, está cantando en la calle para sobrevivir. Una infidelidad unirá sus vidas. ¿Podrá volver a amar? No contiene SMUT, pero es LT.

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Complete
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9
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18+

Duele

Una rosa blanca. La más bella y pura flor hacía un último homenaje al que fue el amor de su vida. La vio caer lentamente sobre el tétrico féretro que comenzaba su viaje hasta el fondo del nicho.

Así se sentía también caer, su alma destrozada y su vida sin un motivo para seguir. Los últimos rayos de sol trataban de hacerse paso en medio de las nubes que lloraban su pérdida, sin lograrlo. El frío calaba los huesos, y el viento susurraba palabras de dolor en sus oídos.

Sentía la boca seca. Tan seca como estaban las plantas que con tanto amor habían cuidado entre los dos; tan seca como la arcilla que olvidaron en algún lugar del alegre patio que compartieron por 6 años.

Sentía el corazón desgarrado, ya inutilizable. Así como las cortinas de su habitación que rasgó de un solo tirón para descargar un poco de su dolor después de una pelea; así como su ropa aquel día de verano cuando la pasión urgía entre sus cuerpos enamorados.

Lentamente las personas se marcharon. Tenían una razón para respirar, no como él que a cada segundo moría un poco más. Sintió las manos de su madre en sus mejillas, pero no podía escuchar sus palabras. Pasó lo mismo con su hermana, con sus poco amigos, no importaba, nada de lo que pudieran decir importaba. Se perdió un instante mientras miraba las hojas de los árboles meciéndose cada vez con más fuerza, y una suave sonrisa adornó su rostro cuando recordó todas esas tardes tirados en el pasto, descubriendo figuras en las nubes y tratando de contar las hojas del gran manzano que adornaba la esquina del parque.

Ya no habría más paseos. Tampoco sus quejas por levantarse temprano para aprovechar el día juntos, ni sus pucheros por aguantar el frío de las mañanas londinenses. No más salidas a escuchar a alguna banda en vivo, ni a los mercados pintorescos.

No más discusiones sobre cómo tomar el té. Si con azúcar o con limón, o si era imprescindible que las galletas llevaran chips o arándanos.

Ya no importaba.

Todos sus recuerdos empezarían a diluirse, porque no tendría la fuerza para mantenerlos latentes. Ni siquiera sabía si podía caminar, su cuerpo no respondía, y sus ojos estaban nublados. Las palabras yacían desmayadas en alguna parte de su boca, y sus manos estaban vacías. Vacías de él, de su Thom, de su pareja por 7 años, de su amor, de su mejor amigo y su complemento. Vacías de su voz, de su risa tan medida, de los susurros al despertar enredados en el otro. Vacías de su compañía, de su piel, de sus ojos marrones como el chocolate que tanto disfrutaba.

No más conversaciones junto al ventanal de la sala que decoraron juntos, ni confesiones al desayuno ni duchas compartidas al terminar un largo día de trabajo. No más risas por culpa de sus malos chistes, ni opiniones distintas sobre actualidad. No más besos dulces, ni besos apresurados, no más besos. Ni miradas cómplices, ni tomarse de las manos al salir. No más discusiones que terminen en la gran cama llena de cojines que tanto le molestaban, no más hacer el amor con su amor... No más abrazos ni acurrucarse, no más ser la cuchara grande; tampoco más canciones inventadas a la hora de dormir ni pies helados ni peleas por las mantas.

Nada.

No quedaba nada.

Y dolía tanto.

La noche llegó, y no recuerda cómo llegó a su casa, la que había sido su hogar y ahora sólo eran paredes viejas y muebles usados. Se quedó intentando entrar, una hora completa. Miraba la cerradura, mientras apretaba las llaves en su mano derecha. No quería volver a sentir todo ese dolor, no quería que nada ni nadie le recordara a su novio, aquel que le había pedido matrimonio en medio de una incómoda cena donde ninguno de sus amigos llegó para compartir ese momento...

No quería. De verdad que no.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano, entró por segunda vez desde el accidente. La primera vez no la recuerda, sólo sabe que estuvo ahí para cambiar su traje de trabajo, por uno negro completo. Tampoco recuerda cómo se vistió o si estaba solo. Seguía siendo muy confuso y la verdad, ya daba igual.

Tomó una maleta y guardó algunas cosas. Un poco de ropa, documentos importantes. Pidió un transporte, y se dirigió al aeropuerto. De lo único que estaba seguro es de que, si se quedaba ahí, moriría de pena. Le daba lo mismo morir, pero en ese preciso instante sólo quería alejarse de todo y todos. El primer vuelo que encontró, iba a Chicago.

Casi once horas después estaba instalado en un pequeño departamento, en un segundo piso, con una sola ventana que daba a una plaza bastante concurrida, a pesar de los árboles desnudos y de la falta de colores. El ruido a ratos era ensordecedor, pero nada importaba. Sólo se quedó sentado en el suelo, con su abrigo y sus zapatillas puestas, mirando la pared oscura y desnuda frente a él. ¿Cuánto tiempo estuvo así? Nadie lo sabría jamás. No sentía nada, hambre, frío, calor, sólo estaba respirando. Las lágrimas se secaron en sus mejillas, y los recuerdos empezaron otra vez.

Recordó el día lunes. Discutieron porque Thom había olvidado el cumpleaños de su hermana Kathy. Acabaron en la cama, como siempre, pero ese día no hubo un abrazo al terminar. Su novio se había levantado molesto aún, y salió dando un portazo tan fuerte que el vaso sobre la encimera de la cocina se había caído, llenando el piso de pequeños y afilados trozos de vidrio. Harry sintió un extraño dolor en su pecho cuando lo vio salir, pero se levantó a limpiar y a llamar a su hermana para disculparse por no ir a la celebración. Se quedó esperando a que Thom volviera, pero las horas pasaban y nadie sabía dónde estaba.

Hasta que su teléfono sonó y una voz extraña y ajena le preguntó si era pariente de Thomas Collins. Y lo supo. Manejó en estado de shock al hospital, tampoco recuerda cómo lo hizo, apenas pudo avisarle a Zayn, gran amigo y su abogado. Todo lo que se repetía en su mente era esa voz tan fría, que le explicaba que su novio había cruzado la avenida principal con el semáforo en rojo. Un auto lo arrolló, dejando su vida pendiendo de un delgado hilo. Cerca del lugar encontraron una caja de chocolates que había comprado hacía cinco minutos en la tienda favorita de Katherine. Sus aburridos zapatos estaban a diez metros del accidente, alguien encontró su celular con la pantalla trizada.

Al ser una avenida importante, la ambulancia llegó muy rápido y lo trasladaron para someterlo a cirugía de manera urgente. Si lograba sobrevivir, seguramente estaría paralizado desde el cuello hacia abajo. Pero no pasó. Antes de siquiera estabilizarlo, ya había perdido esa batalla. Parecía que todo estaba en cámara lenta cuando vieron salir al doctor, abatido por perder una vida tan joven. Sólo 24 años, tenía 24.

24 años y 10 meses y 27 días.

Después las falsas lamentaciones, los abrazos que no pidió, las palabras que se suponía debían consolarlo. Y eso era todo: Toda su historia de amor moría en una fría y dura camilla de hospital, despojándolo de toda ilusión y esperanza de un juntos por siempre.

Llevaba días sin hablar, sin ver a nadie. El dolor era demasiado, la rabia aparecía por ratos. Pobre Harry, sin su amor a sus 25 años, pobre Harry sin un futuro ni la promesa de un mañana menos desgarrador.

Cerca de un mes pasó encerrado. Tomaba agua, y comía algo de vez en cuando. Ese día despertó, como siempre, tirado en alguna parte del frío piso, y decidió llamar a su mamá. Sabía que seguramente estaba preocupada, pero él no podía con tanto, no en esos momentos. Al quinto tono, la voz sollozante de su mamá le dolió. Muy escuetamente le dijo que estaba fuera del país, y que necesitaba esa soledad. Prometió volver a llamar pronto.

No recordaba cuándo se había bañado por última vez. Quizás por esa razón la vecina de al lado le llevaba comida de vez en cuando: Parecía una persona desamparada. Y lo era. Eso era lo más triste.

¿Por qué no tuvieron más tiempo?

¿Por qué tenía que aprender a amar así, si después no tendría a quién amar?

¿Por qué discutió tanto por el color de las sábanas, y no se preocupó de llenarla de más amaneceres desnudos?

¿Por qué sentía que los besos de buenos días debían haber sido más dulces y no tan fríos?

¿Por qué no le regaló más revistas, de esas aburridas que le gustaban sobre viajes y yates?

Había tantos porqués que jamás tendrían respuestas, pero que, cuando aparecían, destrozaban un poco más su afligido corazón.

Volvió a mirar su teléfono. Muchos Mensajes y llamadas perdidas, sobre todo de Zayn. Él y Thom nunca se llevaron, y aún no podía entenderlo, tal vez algún día. Pulsó el botón de llamado, y tal como se lo esperaba, al primer tono la voz dulce lo envolvió en calidez.

“Hermano, ¿ónde estás?”

“Lejos. No podía seguir ahí, sólo quiero que sepas que estoy vivo, y que necesito que arregles todas esas cosas legales que no me importan, pero que hay que hacer... ¿Puedes hacerlo sin mí?”

“Yo me encargo, no te preocupes. Sólo necesito pedirte, que me llames de vez en cuando. Te extraño y no quiero que estés solo pasando por todo esto, sobre todo porque...”

“¿Por qué? ¿Vas a insistir en que él no me merecía? Por la mierda Zayn ¡acaba de morir!”

“Ojalá algún día puedas abrir los ojos. Ese día seguiré a tu lado para no dejarte caer. Adiós hermano, te quiero”

Harry lanzó el teléfono a la desordenada cama, sintiendo un cúmulo de sensaciones extrañas. Siempre le creyó a su novio, cuando le decía que Zayn estaba enamorado en secreto de él y que quería separarlos. Incluso, ahora recordaba, que una vez inventó que su dulce amigo intentó sobrepasarse con él, y si no hubiese sido por el testimonio de su hermana y su madre, le hubiese creído. Quizás debía recordar más cosas, quizás ya no valía la pena. Pero algo le decía que había estado demasiado cegado con la posesividad de Thom.

No ahora. No, por favor.

Apenas estaba encontrando resignación en algunos momentos, como para estrellarse de nuevo frente a una pared de cemento.

¿Y si su historia de amor, no había sido realmente amor?